Un lugar donde poner cosas que me interesan que a su vez me gusta compartir, mucho humor ya que la vida es para disfrutar con una sonrisa, y también importante información sobre el cambio en nuestra querida América. Si alguien quiere informarme de algo, me pueden escribir a danielperi@live.com.ar
domingo, julio 11, 2010
Miguel Juárez Celman, el presidente que mandó el matrimonio civil al Congreso como parte de la reforma laica de la sociedad iniciada por Sarmiento.
Los curas tuvieron el monopolio de los casamientos hasta que hace 122 años se instauró el matrimonio civil, que buscaba incluir a una minoría: los inmigrantes de otra religión o de ninguna. La Iglesia decía que era “el fin de la familia”, que atentaba contra el orden natural y que habría “resultados funestos” en la sociedad.
Por Emilio Ruchansky
No eran homosexuales y lesbianas a quienes se pretendía incluir en el Código Civil en 1888, cuando se debatió la reforma de la legislación para instaurar el matrimonio civil en la Argentina. Eran miles de inmigrantes los principales beneficiarios, que por no haber en el país sacerdotes de su culto o no profesar una religión, como explicaba el entonces presidente Miguel Juárez Celman, se veían “en la dura alternativa de traicionar su conciencia o de privarse del derecho de formar un hogar amparado por las leyes”. Al igual que en estos días, la discusión en el Senado pasaba por igualar los derechos de una minoría y la Iglesia veía la reforma como una amenaza a la familia y una violación a “la ley de Dios”, tal como repitió el arzobispo porteño Jorge Bergoglio 122 años después de la aprobación del matrimonio civil.
El Código Civil había sido redactado por Dalmacio Vélez Sársfield e instituido en 1869. En lo que respecta al matrimonio y las relaciones familiares, ese texto sólo se limitaba a convalidar jurídicamente el código canónico. El hombre, apunta Susana Torrado en su libro Historia de la familia en la Argentina moderna, seguía siendo “el jefe indiscutido”, y la mujer, sin permiso de su marido, no podía ejercer públicamente alguna profesión “o comprar al contado o al fiado objetos destinados al consumo ordinario de la familia”, por ejemplo.
El matrimonio seguía, por este código, siendo religioso, y debía ser celebrado según los preceptos de la Iglesia Católica. Además, agrega Torrado, “se excluye el matrimonio meramente civil, incluso para contrayentes que no fueran de la fe católica, los que debían casarse según las leyes y los ritos de la iglesia a la que pertenecieran”. Si no profesaban religión alguna, no había forma de que pudieran casarse. En 1880, en pleno modelo agroexportador y cuando gobernar era poblar (por eso no es casualidad la iniciativa de Juárez Celman: el plan era atraer a los ingleses, que eran protestantes), la Iglesia manejaba la educación y registraba nacimientos, casamientos y defunciones.
Tras luchar y perder en 1886 frente al proyecto sarmientino de una educación pública, gratuita y laica, la Iglesia comenzó una campaña contra la instauración del matrimonio civil, que no impedía ni impide que los cónyuges se casen luego según el rito religioso. Todavía no había empezado la discusión en el Senado, cuando el arzobispo porteño, Federico Aneiros, envió una carta de advertencia que se leyó en el recinto y consta en el diario de sesiones. “¿Con qué derecho puede hacerse a un lado la legislación divina, cristiana y canónica en cuanto al matrimonio?”, protestaba el arzobispo, que en el mismo párrafo aseguraba: “La ley divina o canónica nos rige con posesión completa desde el primer día de nuestra civilización”.
Para Aneiros, el proyecto violaba “la ley natural” porque, entre otras cláusulas, establecía edades mínimas para casarse: 12 para la mujer, 14 para el hombre. “Para aquella violación se da por causa la libertad más amplia de conciencia ¿y de quiénes?, de los inmigrantes; pero, ¿es justo que por éstos, por muchos que sean, haya que amoldarse la inmensa multitud de los habitantes del país? ¿Y esos inmigrantes, casi todos no son católicos?”, escribió el arzobispo porteño. Este pensamiento, casi calcado, es el que ahora difunde por ejemplo Antonio Marino, el obispo auxiliar de La Plata, quien entiende que “el derecho a casarse no es un derecho universal”.
Hasta 1888, la ley debía sostener el culto católico y la cúpula eclesiástica no ocultaba su temor de que el matrimonio civil la perjudicara, según Aneiros, “incitando, facilitando y tentando a todos a prescindir de la Iglesia para casarse, habiendo tantos tan fáciles de caer en esa tentación”. El obispo de Córdoba, Fray Reginaldo, también envió una carta al Senado “suplicando” para “bien de la patria y la religión” que no se apruebe el matrimonio civil, que “produciría otros resultados funestos a la sociedad argentina”. Para Reginaldo, las leyes eclesiásticas sobre el matrimonio satisfacían “todas las necesidades del pueblo argentino”.
El 23 de junio pasado, el obispo de San Justo, Baldomero Carlos Martini, y su auxiliar, Damián Santiago Bitar, imitaron a sus antecesores y enviaron una carta al presidente del Senado, Julio Cobos. Nuevamente el objetivo era desestimar los derechos de las minorías. “Se adujo que no podrían coartarse los afectos de dichas ‘minorías sexuales’ –escribieron–. En realidad, todos los afectos quedan al margen del derecho y de las leyes. Si los afectos tuvieran alguna relevancia jurídica, debería haber un registro público de amigos, ya que se trata del afecto más universal y abarcativo en la vida de toda persona humana.”
Como ahora, en 1888 también se juntaron firmas para frenar el tratamiento de la ley. El 9 de septiembre de ese año, según recopila Torrado en su libro, en La Prensa apareció una noticia breve que indicaba: “El cura del partido (de General Alvear) declaró el último Domingo, escomulgado á todo el que, estando presente en la misa, no firmase la petición al Congreso en contra del matrimonio civil. Sin embargo, a escepción de unas once viejas y veintidós chicos de escuela, nadie quiso firmar” (sic).
Hace unas semanas, alrededor de 400 mil familias de alumnos de colegios católicos y parroquiales bonaerenses recibieron por mail o en el cuaderno de comunicaciones una “invitación” a firmar una declaración contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Jujuy, el abogado Fernando Bóveda pidió al obispo local que excomulgue a los diputados y senadores nacionales de esa provincia que hubieran votado o vayan a votar a favor del ley, “dado que a los nombrados se les debe exigir un mayor compromiso con los principios cristianos”.
El tema de fondo era, como ahora, la ampliación de derechos. Cuando el presidente Juárez Celman ingresó el proyecto en el recinto, mandó la siguiente nota: “Las leyes que reglamenten el matrimonio deben inspirarse en el mismo espíritu liberal de la Constitución, para que sea una verdad la promesa de ‘asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino’”. Incluso insistió en que un contrato “de tanta trascendencia” no debía entregarse “a los ritos de las diversas religiones que existan en la República; tanto más, cuanto que muchos de sus habitantes no profesan culto externo alguno”.
Para rechazar estos argumentos, el obispo Aneiros aseguró sobre los inmigrantes que no profesaban una religión: “Aquellos seres, tan raros, también pueden casarse, no obstante su infidelidad, pues no es éste un impedimento indispensable”. Es decir, Aneiros no consideraba que se violentara a una pareja al obligarla a casarse por Iglesia si quería contraer matrimonio. Así negaba lo que Juárez Celman reclamaba respetar: “la libertad de conciencia, la hermosa conquista de la civilización”.
Claro que, como se puede leer en el diario de sesiones, el matrimonio civil no era sólo un reclamo de los inmigrantes (aunque resultaba conveniente a muchos criollos que así se creyera). El senador Aristóbulo del Valle mencionó la historia del casamiento de Gretnagreen, que tiene paralelismo con lo ocurrido en Tierra del Fuego, lugar al que tuvieron que viajar Alex Freyre y José María Di Bello para convertirse en el primer matrimonio homosexual de América latina.
Resulta que en Gretnagreen, Escocia, cualquier pareja heterosexual podía casarse mientras existiera consentimiento de las partes, más allá de la religión. Muchos lo hacían en la casa de un herrero que vivía cerca de la frontera donde se guardaba un registro de matrimonios. “Llegó un momento en el que el presidente del consejo, el canciller de la Monarquía y el lord guardasellos de Inglaterra eran casados en Gretnagreen”, contó el senador. En Argentina, dio fe Del Valle, los matrimonios entre “niñas disidentes y caballeros católicos se celebran en Montevideo o Colonia”. En medio de estos debates de la primacía religiosa sobre la vida civil también se escondía un problema económico. La Iglesia cobraba, y cobra aún, para realizar la ceremonia religiosa del casamiento. Y el tema fue mencionado por el ultracatólico Manuel Pizarro en la sesión del 1º de septiembre de 1888. “Se dice que los curas no casan a muchos porque esos muchos son pobres”, advirtió el senador santafesino. Y enseguida encontró la forma de enmendar esta injusticia divina, con tal de no aprobar el matrimonio civil: “Pongámosles un sueldo a los curas, y entonces el pueblo no será explotado, se casarán todos sin dificultades de ningún género”.
“La civilización superior”
Para los senadores que llevaron al recinto la posición eclesiástica, la Iglesia representa “una autoridad moral superior al pueblo y superior a la historia”. Así lo expresó, y consta en actas, el senador por Córdoba Pedro Funes. Luego, como muchos diputados y senadores en la actualidad, aseguró que la igualdad de derechos, para los inmigrantes en este caso, no “era una suprema necesidad” y se embarcó en un discurso basado en la intolerancia religiosa a la que representaba.
“Los únicos que no tendrían sacerdotes ni ancianos, ni amigos para casarse ante ellos serían los que desconocen la existencia de Dios. Mas no comprendo que haya algún ateo; no puede ser. Un ser racional, es imposible que no comprenda, que no sienta, que no vea la primera verdad. Si hay alguno que realmente no cree que hay leyes naturales y divinas, ni cree que hay deber, ni tiene sentimientos; que no ama, ni desea ser amado, es un anormal que merece compasión por su desgracia”, dijo Funes. Y recién empezaba su discurso.
Los ateos, infirió el senador cordobés, son seres descreídos, irreligiosos, indiferentes. “¿Pero qué tiene que ver esta otra parte: yo traigo libertad para los que no tienen religión?”, se quejó Funes para pasar a los pronósticos apocalípticos, como algunas diputados y diputadas lo hicieran cuando se dio media sanción al matrimonio para personas del mismo sexo. “La mujer va a ser una sierva, un instrumento de capricho, de placer, como en Turquía y Asia”, señaló y habló de una “ola de incredulidad, de irreligiosidad” que al desbordarse hará “desaparecer la buena fe y que se sientan los desastres económicos y políticos”.
Antes de darle la palabra al ultracatólico senador Manuel Pizarro, propuso una serie de “facilidades” para casarse a los inmigrantes que no fueran católicos, algo así como los proyectos de unión civil que circulan ahora en el Senado y se disfrazan como “igualitarios”. Pizarro se tomó dos sesiones completas para expresar su rechazo al proyecto de matrimonio civil. Empezó diciendo: “Este proyecto es contrario al dogma de la existencia de Dios, es contrario al dogma de la soberanía de los pueblos”.
Luego, este senador por Santa Fe defendió “las leyes providenciales”, aduciendo que “no es posible modificar la naturaleza de los seres, desnaturalizar el matrimonio, desnaturalizar la sociedad y el hombre mismo, despojándolo de su carácter religioso y moral”. Al igual que los actuales opositores al llamado “matrimonio gay”, para Pizarro esta ley (y todas las leyes civiles) carecían de autoridad moral, de sanción moral y “de base en la opinión y las costumbres públicas”. En fin, el matrimonio civil era para él “una institución enemiga de la opinión nacional”.
“¿No hay sacerdote de un culto? ¿Y a mí que me importa? ¿Acaso esto quiere decir que no hay libertad en el país? Si no tiene sacerdote que bendiga su unión, costéelo o no se case. ¿Por qué no vienen también a decirnos: ‘no tengo mujer con quien casarme’; deme el Estado mujer”. Esto decía Pizarro, quien en medio de la sesión del 1º de septiembre de 1888 decía pertenecer “a la más alta y encumbrada civilización del mundo en el pasado, el presente y el porvenir de las naciones: la civilización cristiana. ¡Soy argentino y soy cristiano!”.
Casarse civilmente era para Pizarro ser individualista y egoísta y permitiría la poligamia. “Es el sepulcro de libertad política de los pueblos”, decía sobre este proyecto, que “degrada la especie humana y envilece a nuestra civilización” y pone en peligro “el destino de la especie humana en cuanto a su conservación”. Cualquier parecido con la actualidad, no es pura coincidencia.
“Un contrato entre personas”
Con 21 senadores presentes y 8 ausentes, la sesión del 20 de septiembre de 1888 del Senado tuvo sólo dos oradores: Manuel Derqui y Aristóbulo del Valle. Ambas fueron exposiciones extensas y a favor del matrimonio civil. Derqui comenzó haciendo algunas observaciones al proyecto enviado por el Poder Ejecutivo. Simplificó, por ejemplo, el inciso 2 del artículo 17 que exigía, para casarse, las partidas de nacimiento y de matrimonio (religioso) de los respectivos padres. Pidió que sólo se pidieran los nombres y apellidos de los padres, su nacionalidad, profesión y domicilio, porque esas partidas eran “difíciles de conseguir”.
Luego Derqui se concentró en las críticas eclesiásticas al proyecto, aclarando, para empezar, que el matrimonio era “un contrato” y por lo tanto el Estado tiene “derecho perfecto de legislarlo”. “Se ha querido ver en esta ley un ataque o acto de hostilidad a la religión, quizá por la sola razón de no mantener las disposiciones del Código Civil, que dejaban confiado a los ministros de aquélla (la Iglesia) lo que se relaciona con celebración del contrato”, dijo Derqui. Y después aclaró que el oficial público “no podrá oponerse a que los esposos, despues de prestar consentimiento ante él, hagan bendecir en el mismo acto su unión, por un ministro de su culto”.
La cuestión es similar por estos días, cuando los defensores del matrimonio para parejas del mismo sexo informan que en nada afecta esta reforma a los casamientos heterosexuales, ni a la Iglesia, porque lo que está en debate es una ley civil. Derqui fue preciso en este punto. “No puede haber confusión de autoridad entre la Iglesia y Estado: son dos organismos, dos instituciones completamente distintas e independientes. Difieren en sus medios de acción y difieren en sus fines: la una en lo espiritual, no dispone a dar sanción a sus preceptos, sino de medios espirituales; el Estado, por el contrario, tiene a su alcance para compeler al cumplimiento de sus leyes, medios adecuados a la índole y naturaleza de sus funciones, al ejercicio de su acción propia.”
Para dejar en claro las atribuciones, Derqui citó a un serie de canonistas, entre ellos a Santo Tomás de Aquino. En todos encontró que reconocían que matrimonio “es un contrato, elevado después a sacramento, sin perder por esto aquel carácter y siendo ajeno a la religión todo lo que es contrato, la divergencia que motiva el debate no puede nacer de una dificultad que no existe”.
A su turno, Aristóbulo del Valle hizo un repaso histórico sobre los países europeos donde se gobernaba según los principios religiosos, sean católicos o protestantes. Su conclusión: “Donde quiera que se establece el consorcio entre la Iglesia y el Estado y que la religión inviste y adquiere el carácter oficial, inmediatamente se hace despótica y tiránica (...). La intolerancia ha resistido al trascurso de los siglos”. Esto último fue ejemplificado con un hecho ocurrido en 1775 en Francia.
“Luis XVI fue llamado a jurar y un hombre de gobierno, Turgot, le pidió que eliminara de su juramento, en el acto de la consagración, la parte en que se obligaba a exterminar a los infieles –relató Del Valle–. Luis XVI era un hombre discreto y buen rey. Vaciló, lo consultó con su ministro, señor Maurepas, y este le contestó: ‘El señor Turgot tiene la más completa razón; pero los fanáticos son más temibles que los heréticos’. Luis XVI juró.” Luego recordó que la intolerancia religiosa en Inglaterra era tal hasta 1829 que un católico no podía sentarse en el Parlamento y hasta 1958 tampoco pudieron entrar los judíos.
la guerra de Dios
Miguel Juárez Celman, el presidente que mandó el matrimonio civil al Congreso como parte de la reforma laica de la sociedad iniciada por Sarmiento.
Los curas tuvieron el monopolio de los casamientos hasta que hace 122 años se instauró el matrimonio civil, que buscaba incluir a una minoría: los inmigrantes de otra religión o de ninguna. La Iglesia decía que era “el fin de la familia”, que atentaba contra el orden natural y que habría “resultados funestos” en la sociedad.
Por Emilio Ruchansky
No eran homosexuales y lesbianas a quienes se pretendía incluir en el Código Civil en 1888, cuando se debatió la reforma de la legislación para instaurar el matrimonio civil en la Argentina. Eran miles de inmigrantes los principales beneficiarios, que por no haber en el país sacerdotes de su culto o no profesar una religión, como explicaba el entonces presidente Miguel Juárez Celman, se veían “en la dura alternativa de traicionar su conciencia o de privarse del derecho de formar un hogar amparado por las leyes”. Al igual que en estos días, la discusión en el Senado pasaba por igualar los derechos de una minoría y la Iglesia veía la reforma como una amenaza a la familia y una violación a “la ley de Dios”, tal como repitió el arzobispo porteño Jorge Bergoglio 122 años después de la aprobación del matrimonio civil.
El Código Civil había sido redactado por Dalmacio Vélez Sársfield e instituido en 1869. En lo que respecta al matrimonio y las relaciones familiares, ese texto sólo se limitaba a convalidar jurídicamente el código canónico. El hombre, apunta Susana Torrado en su libro Historia de la familia en la Argentina moderna, seguía siendo “el jefe indiscutido”, y la mujer, sin permiso de su marido, no podía ejercer públicamente alguna profesión “o comprar al contado o al fiado objetos destinados al consumo ordinario de la familia”, por ejemplo.
El matrimonio seguía, por este código, siendo religioso, y debía ser celebrado según los preceptos de la Iglesia Católica. Además, agrega Torrado, “se excluye el matrimonio meramente civil, incluso para contrayentes que no fueran de la fe católica, los que debían casarse según las leyes y los ritos de la iglesia a la que pertenecieran”. Si no profesaban religión alguna, no había forma de que pudieran casarse. En 1880, en pleno modelo agroexportador y cuando gobernar era poblar (por eso no es casualidad la iniciativa de Juárez Celman: el plan era atraer a los ingleses, que eran protestantes), la Iglesia manejaba la educación y registraba nacimientos, casamientos y defunciones.
Tras luchar y perder en 1886 frente al proyecto sarmientino de una educación pública, gratuita y laica, la Iglesia comenzó una campaña contra la instauración del matrimonio civil, que no impedía ni impide que los cónyuges se casen luego según el rito religioso. Todavía no había empezado la discusión en el Senado, cuando el arzobispo porteño, Federico Aneiros, envió una carta de advertencia que se leyó en el recinto y consta en el diario de sesiones. “¿Con qué derecho puede hacerse a un lado la legislación divina, cristiana y canónica en cuanto al matrimonio?”, protestaba el arzobispo, que en el mismo párrafo aseguraba: “La ley divina o canónica nos rige con posesión completa desde el primer día de nuestra civilización”.
Para Aneiros, el proyecto violaba “la ley natural” porque, entre otras cláusulas, establecía edades mínimas para casarse: 12 para la mujer, 14 para el hombre. “Para aquella violación se da por causa la libertad más amplia de conciencia ¿y de quiénes?, de los inmigrantes; pero, ¿es justo que por éstos, por muchos que sean, haya que amoldarse la inmensa multitud de los habitantes del país? ¿Y esos inmigrantes, casi todos no son católicos?”, escribió el arzobispo porteño. Este pensamiento, casi calcado, es el que ahora difunde por ejemplo Antonio Marino, el obispo auxiliar de La Plata, quien entiende que “el derecho a casarse no es un derecho universal”.
Hasta 1888, la ley debía sostener el culto católico y la cúpula eclesiástica no ocultaba su temor de que el matrimonio civil la perjudicara, según Aneiros, “incitando, facilitando y tentando a todos a prescindir de la Iglesia para casarse, habiendo tantos tan fáciles de caer en esa tentación”. El obispo de Córdoba, Fray Reginaldo, también envió una carta al Senado “suplicando” para “bien de la patria y la religión” que no se apruebe el matrimonio civil, que “produciría otros resultados funestos a la sociedad argentina”. Para Reginaldo, las leyes eclesiásticas sobre el matrimonio satisfacían “todas las necesidades del pueblo argentino”.
El 23 de junio pasado, el obispo de San Justo, Baldomero Carlos Martini, y su auxiliar, Damián Santiago Bitar, imitaron a sus antecesores y enviaron una carta al presidente del Senado, Julio Cobos. Nuevamente el objetivo era desestimar los derechos de las minorías. “Se adujo que no podrían coartarse los afectos de dichas ‘minorías sexuales’ –escribieron–. En realidad, todos los afectos quedan al margen del derecho y de las leyes. Si los afectos tuvieran alguna relevancia jurídica, debería haber un registro público de amigos, ya que se trata del afecto más universal y abarcativo en la vida de toda persona humana.”
Como ahora, en 1888 también se juntaron firmas para frenar el tratamiento de la ley. El 9 de septiembre de ese año, según recopila Torrado en su libro, en La Prensa apareció una noticia breve que indicaba: “El cura del partido (de General Alvear) declaró el último Domingo, escomulgado á todo el que, estando presente en la misa, no firmase la petición al Congreso en contra del matrimonio civil. Sin embargo, a escepción de unas once viejas y veintidós chicos de escuela, nadie quiso firmar” (sic).
Hace unas semanas, alrededor de 400 mil familias de alumnos de colegios católicos y parroquiales bonaerenses recibieron por mail o en el cuaderno de comunicaciones una “invitación” a firmar una declaración contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Jujuy, el abogado Fernando Bóveda pidió al obispo local que excomulgue a los diputados y senadores nacionales de esa provincia que hubieran votado o vayan a votar a favor del ley, “dado que a los nombrados se les debe exigir un mayor compromiso con los principios cristianos”.
El tema de fondo era, como ahora, la ampliación de derechos. Cuando el presidente Juárez Celman ingresó el proyecto en el recinto, mandó la siguiente nota: “Las leyes que reglamenten el matrimonio deben inspirarse en el mismo espíritu liberal de la Constitución, para que sea una verdad la promesa de ‘asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino’”. Incluso insistió en que un contrato “de tanta trascendencia” no debía entregarse “a los ritos de las diversas religiones que existan en la República; tanto más, cuanto que muchos de sus habitantes no profesan culto externo alguno”.
Para rechazar estos argumentos, el obispo Aneiros aseguró sobre los inmigrantes que no profesaban una religión: “Aquellos seres, tan raros, también pueden casarse, no obstante su infidelidad, pues no es éste un impedimento indispensable”. Es decir, Aneiros no consideraba que se violentara a una pareja al obligarla a casarse por Iglesia si quería contraer matrimonio. Así negaba lo que Juárez Celman reclamaba respetar: “la libertad de conciencia, la hermosa conquista de la civilización”.
Claro que, como se puede leer en el diario de sesiones, el matrimonio civil no era sólo un reclamo de los inmigrantes (aunque resultaba conveniente a muchos criollos que así se creyera). El senador Aristóbulo del Valle mencionó la historia del casamiento de Gretnagreen, que tiene paralelismo con lo ocurrido en Tierra del Fuego, lugar al que tuvieron que viajar Alex Freyre y José María Di Bello para convertirse en el primer matrimonio homosexual de América latina.
Resulta que en Gretnagreen, Escocia, cualquier pareja heterosexual podía casarse mientras existiera consentimiento de las partes, más allá de la religión. Muchos lo hacían en la casa de un herrero que vivía cerca de la frontera donde se guardaba un registro de matrimonios. “Llegó un momento en el que el presidente del consejo, el canciller de la Monarquía y el lord guardasellos de Inglaterra eran casados en Gretnagreen”, contó el senador. En Argentina, dio fe Del Valle, los matrimonios entre “niñas disidentes y caballeros católicos se celebran en Montevideo o Colonia”. En medio de estos debates de la primacía religiosa sobre la vida civil también se escondía un problema económico. La Iglesia cobraba, y cobra aún, para realizar la ceremonia religiosa del casamiento. Y el tema fue mencionado por el ultracatólico Manuel Pizarro en la sesión del 1º de septiembre de 1888. “Se dice que los curas no casan a muchos porque esos muchos son pobres”, advirtió el senador santafesino. Y enseguida encontró la forma de enmendar esta injusticia divina, con tal de no aprobar el matrimonio civil: “Pongámosles un sueldo a los curas, y entonces el pueblo no será explotado, se casarán todos sin dificultades de ningún género”.
“La civilización superior”
Para los senadores que llevaron al recinto la posición eclesiástica, la Iglesia representa “una autoridad moral superior al pueblo y superior a la historia”. Así lo expresó, y consta en actas, el senador por Córdoba Pedro Funes. Luego, como muchos diputados y senadores en la actualidad, aseguró que la igualdad de derechos, para los inmigrantes en este caso, no “era una suprema necesidad” y se embarcó en un discurso basado en la intolerancia religiosa a la que representaba.
“Los únicos que no tendrían sacerdotes ni ancianos, ni amigos para casarse ante ellos serían los que desconocen la existencia de Dios. Mas no comprendo que haya algún ateo; no puede ser. Un ser racional, es imposible que no comprenda, que no sienta, que no vea la primera verdad. Si hay alguno que realmente no cree que hay leyes naturales y divinas, ni cree que hay deber, ni tiene sentimientos; que no ama, ni desea ser amado, es un anormal que merece compasión por su desgracia”, dijo Funes. Y recién empezaba su discurso.
Los ateos, infirió el senador cordobés, son seres descreídos, irreligiosos, indiferentes. “¿Pero qué tiene que ver esta otra parte: yo traigo libertad para los que no tienen religión?”, se quejó Funes para pasar a los pronósticos apocalípticos, como algunas diputados y diputadas lo hicieran cuando se dio media sanción al matrimonio para personas del mismo sexo. “La mujer va a ser una sierva, un instrumento de capricho, de placer, como en Turquía y Asia”, señaló y habló de una “ola de incredulidad, de irreligiosidad” que al desbordarse hará “desaparecer la buena fe y que se sientan los desastres económicos y políticos”.
Antes de darle la palabra al ultracatólico senador Manuel Pizarro, propuso una serie de “facilidades” para casarse a los inmigrantes que no fueran católicos, algo así como los proyectos de unión civil que circulan ahora en el Senado y se disfrazan como “igualitarios”. Pizarro se tomó dos sesiones completas para expresar su rechazo al proyecto de matrimonio civil. Empezó diciendo: “Este proyecto es contrario al dogma de la existencia de Dios, es contrario al dogma de la soberanía de los pueblos”.
Luego, este senador por Santa Fe defendió “las leyes providenciales”, aduciendo que “no es posible modificar la naturaleza de los seres, desnaturalizar el matrimonio, desnaturalizar la sociedad y el hombre mismo, despojándolo de su carácter religioso y moral”. Al igual que los actuales opositores al llamado “matrimonio gay”, para Pizarro esta ley (y todas las leyes civiles) carecían de autoridad moral, de sanción moral y “de base en la opinión y las costumbres públicas”. En fin, el matrimonio civil era para él “una institución enemiga de la opinión nacional”.
“¿No hay sacerdote de un culto? ¿Y a mí que me importa? ¿Acaso esto quiere decir que no hay libertad en el país? Si no tiene sacerdote que bendiga su unión, costéelo o no se case. ¿Por qué no vienen también a decirnos: ‘no tengo mujer con quien casarme’; deme el Estado mujer”. Esto decía Pizarro, quien en medio de la sesión del 1º de septiembre de 1888 decía pertenecer “a la más alta y encumbrada civilización del mundo en el pasado, el presente y el porvenir de las naciones: la civilización cristiana. ¡Soy argentino y soy cristiano!”.
Casarse civilmente era para Pizarro ser individualista y egoísta y permitiría la poligamia. “Es el sepulcro de libertad política de los pueblos”, decía sobre este proyecto, que “degrada la especie humana y envilece a nuestra civilización” y pone en peligro “el destino de la especie humana en cuanto a su conservación”. Cualquier parecido con la actualidad, no es pura coincidencia.
“Un contrato entre personas”
Con 21 senadores presentes y 8 ausentes, la sesión del 20 de septiembre de 1888 del Senado tuvo sólo dos oradores: Manuel Derqui y Aristóbulo del Valle. Ambas fueron exposiciones extensas y a favor del matrimonio civil. Derqui comenzó haciendo algunas observaciones al proyecto enviado por el Poder Ejecutivo. Simplificó, por ejemplo, el inciso 2 del artículo 17 que exigía, para casarse, las partidas de nacimiento y de matrimonio (religioso) de los respectivos padres. Pidió que sólo se pidieran los nombres y apellidos de los padres, su nacionalidad, profesión y domicilio, porque esas partidas eran “difíciles de conseguir”.
Luego Derqui se concentró en las críticas eclesiásticas al proyecto, aclarando, para empezar, que el matrimonio era “un contrato” y por lo tanto el Estado tiene “derecho perfecto de legislarlo”. “Se ha querido ver en esta ley un ataque o acto de hostilidad a la religión, quizá por la sola razón de no mantener las disposiciones del Código Civil, que dejaban confiado a los ministros de aquélla (la Iglesia) lo que se relaciona con celebración del contrato”, dijo Derqui. Y después aclaró que el oficial público “no podrá oponerse a que los esposos, despues de prestar consentimiento ante él, hagan bendecir en el mismo acto su unión, por un ministro de su culto”.
La cuestión es similar por estos días, cuando los defensores del matrimonio para parejas del mismo sexo informan que en nada afecta esta reforma a los casamientos heterosexuales, ni a la Iglesia, porque lo que está en debate es una ley civil. Derqui fue preciso en este punto. “No puede haber confusión de autoridad entre la Iglesia y Estado: son dos organismos, dos instituciones completamente distintas e independientes. Difieren en sus medios de acción y difieren en sus fines: la una en lo espiritual, no dispone a dar sanción a sus preceptos, sino de medios espirituales; el Estado, por el contrario, tiene a su alcance para compeler al cumplimiento de sus leyes, medios adecuados a la índole y naturaleza de sus funciones, al ejercicio de su acción propia.”
Para dejar en claro las atribuciones, Derqui citó a un serie de canonistas, entre ellos a Santo Tomás de Aquino. En todos encontró que reconocían que matrimonio “es un contrato, elevado después a sacramento, sin perder por esto aquel carácter y siendo ajeno a la religión todo lo que es contrato, la divergencia que motiva el debate no puede nacer de una dificultad que no existe”.
A su turno, Aristóbulo del Valle hizo un repaso histórico sobre los países europeos donde se gobernaba según los principios religiosos, sean católicos o protestantes. Su conclusión: “Donde quiera que se establece el consorcio entre la Iglesia y el Estado y que la religión inviste y adquiere el carácter oficial, inmediatamente se hace despótica y tiránica (...). La intolerancia ha resistido al trascurso de los siglos”. Esto último fue ejemplificado con un hecho ocurrido en 1775 en Francia.
“Luis XVI fue llamado a jurar y un hombre de gobierno, Turgot, le pidió que eliminara de su juramento, en el acto de la consagración, la parte en que se obligaba a exterminar a los infieles –relató Del Valle–. Luis XVI era un hombre discreto y buen rey. Vaciló, lo consultó con su ministro, señor Maurepas, y este le contestó: ‘El señor Turgot tiene la más completa razón; pero los fanáticos son más temibles que los heréticos’. Luis XVI juró.” Luego recordó que la intolerancia religiosa en Inglaterra era tal hasta 1829 que un católico no podía sentarse en el Parlamento y hasta 1958 tampoco pudieron entrar los judíos.
Argentina: el pasado negro de Duhalde... ¿presidenciable?
Hay rastros de sangre, muertos y desaparecidos en la carrera política del Dr. Eduardo Duhalde. Ex intendente de Lomas de Zamora, ex gobernador de la pProvincia de Buenos Aires, vicepresidente de Carlos Saúl Menem y ex presidente provisorio, y que hoy aspira nuevamente a la presidencia, comenzó su carrera política de la mano de los fascistas de la Triple A y El Caudillo, la revista del terrorismo de estado dirigida por Felipe Romeo.
La burocracia sindical de la UOM (Victorio Calabró, entonces Gobernador después de la renuncia forzada de Bidegain, y Lorenzo Miguel, de las 62) derrocaron al intendente provisional de Lomas de Zamora, Pablo Turner, quien era apoyado por la JP, el 15 de mayo de 1974. En su lugar pusieron a un oscuro concejal, el entonces joven abogado de la burocracia sindical, Eduardo Duhalde.
Bandas armadas presionaron a otros dos concejales para que renunciaran al puesto, mientras la Triple A desembarcaba en Lomas de Zamora para liquidar a Pablo Turner y sus partidarios de la Juventud Peronista que eran fuertes en la Universidad local y en algunos barrios.
El apoyo a Duhalde de El Caudillo y la Triple A
Duhalde tomó dos decisiones en 1973: empezó a militar en el Sindicato de Empleados Municipales y, meses más tarde, se afilió al Partido Justicialista de Lomas de Zamora.
En cuestión de meses consigue ganarse la confianza de los principales dirigentes de la 62 Organizaciones, fue nombrado secretario de organización del Sindicato de Municipales de Lomas de Zamora y en 1973 logra el segundo lugar como concejal de su ciudad natal.
Roberto Ortiz, que ocupaba el cargo de intendente, fue destituido por un juicio político por un hecho de corrupción. Su sucesor, Pablo Turner, que ocupaba el puesto de primer concejal, también fue destituido, esta vez porque la burocracia sindical lo consideraba un “zurdo.”
Duhalde asumió como intendente de Lomas de Zamora, con treinta y dos años de edad, el 8 de agosto de 1974, pocas semanas después de la muerte de Juan Domingo Perón.
Durante los meses previos, casi desde su afiliación al PJ, Duhalde comenzó a reunirse asiduamente no solo con miembros de las 62, sino con reconocidos dirigentes de la Triple A como Felipe Romeo, Director de El Caudillo, y con elementos de la ultraderecha dirigida en la Provincia de Buenos Aires por el Gobernador Victorio Calabró, de la UOM.
Desde marzo de 1974, los efectivos de la Triple A, la Juventud Sindical Peronista (JSP) los elementos de la ultraderecha comenzaron a operar contra el intendente Turner y a exigir su reemplazo por Duhalde. Duhalde mantuvo numerosas reuniones en la Ciudad de Buenos Aires, Temperley, Lomas de Zamora y otras localidades con elementos de estas organizaciones.
Felipe Romeo comenzó una campana en El Caudillo a favor de Duhalde y contra Turner. En la edición N° 29 del 31 de mayo de 1974 publica un articulo de dos paginas escrito por el mismísimo Romeo titulado “Lomas de Zamora: Expectativa Peronista” .
Allí se ataca furibundamente al intendente Pablo Turner a quien llama “perfecto burócrata Marxista”, defiende al destituido ex intendente Ortiz afirmando que fue la víctima de una conspiración Marxista diseñada por el entonces Gobernador Bidegain y el propio Turner (cuando en realidad había sido destituido por robar fondos de la municipalidad).
El articulo de El Caudillo afirma que, bajo Turner, Lomas de Zamora “se había convertido en ‘aguantadero’ de cuanto guerrillero y delincuente se hallase prófugo” y que repartía agua y elementos de construcción a las unidades básicas de la Tendencia. En aquella época, así era como se dictaban las sentencias de muerte de la Triple A.
Remata el articulo de este pasquín de la Triple A afirmando que “Eduardo Duhalde tiene la oportunidad de revertir el proceso de anarquía, corrupción y marxistizacion, imponiendo a su gestión una política peronista. Los peronistas y el pueblo todo de Lomas de Zamora, mantienen una esperanzada expectativa.”
Junto a esta propaganda incitatoria comienzan el mismo mes los ataques armados contra unidades básicas, amenazas y las muertes, in crescendo, culminando en la “Masacre de Pasco” menos de un año después.
En la misma edición de El Caudillo se publica una extensa entrevista al Dr. Duhalde bajo el titulo “Habla el Dr. Duhalde, el nuevo intendente.” El artículo glorifica al personaje y entre otras preguntas se le indaga sobre su opinión sobre el discurso de Perón del 1° de Mayo de 1974, cuando expulsa a la Tendencia y los Montoneros de Plaza de Mayo. Así contesta Duhalde, para satisfacción de los redactores de El Caudillo:
“Existe una masa minoritaria contagiada de infantilismo revolucionario, que pretenden ser mas peronistas que el Líder y que además pretenden implementar proyectos políticos propios. Bien a las claras el General Perón ha puesto fuera del Movimiento a quienes se automarginaron del proceso. A quienes no interpretan que el peronismo es un gran movimiento nacional que tiene un único conductor y que todo lo que se haga fuera de su idea rectora deja de ser peronismo.”
El Caudillo, que se dedicaba a hacer propaganda esos años por la destitución de Gobernadores como Bidegain, Cepernic, Obregón Cano y otros a los que les endilgaba simpatías con la izquierda peronista y contra quienes lanzó a la Triple A como avanzada militar de sus derrocamientos, rara vez utilizaba los mismos métodos en cuestiones municipales.
Con Lomas de Zamora y con Duhalde, hizo una excepción.
Luego sobrevendrían los asesinatos de la Triple A, bajo el gobierno de Duhalde, en Lomas de Zamora y también con la participación de la Policía Provincial con la que Duhalde mantenía una buena conexión.
Duhalde, que era un hombre agradecido, demostró repetidamente su gratitud por esta ayuda.
La Masacre de Pasco
El 21 de marzo de 1975, Duhalde recibe nuevamente la colaboración de la Triple A. Ese día ocho autos modelo Ford Falcon y Torino más un colectivo, y algunos otros vehículos de apoyo que ayudaban a cortar el trafico en las intersecciones (algunos testigos hablan de hasta 16 vehículos), tripulados por una patota de mas de 40 miembros de la Triple A, irrumpió a la fuerza casa por casa y secuestró a ocho hombres y una mujer, todos militantes de la JP alineada en la entonces ala izquierda del peronismo.
La Policía de la Provincia había recibido órdenes estrictas de dejar “zona liberadas” las zonas donde vivían los secuestrados.
La operación de búsqueda y secuestro tomó alrededor de tres horas en las cuales la caravana de vehículos circuló con absoluta libertad por las calles de Lomas de Zamora, Temperley y zonas circundantes, con los hombres de civil mostrando sus armas automáticas y escopetas Itaka a través de las ventanillas de los vehículos.
Los secuestrados eran el concejal lomense Héctor Lencina, presidente del bloque de la Juventud Peronista en el legislativo municipal y principal dirigente opositor del intendente Eduardo Duhalde, Aníbal Benítez, Héctor Flores, los hermanos Alfredo y Eduardo Díaz -14 y 16 años, respectivamente-, Germán Gómez, Rubén Bagninia, Omar Caferatta, y Gladys Martínez.
Todos fueron subidos al colectivo y trasladados a un terreno baldío ubicado en la entonces avenida Pasco, donde los fusilaron y, a continuación, resultaron volados con dinamita, por lo cual los restos quedaron desperdigados en los alrededores y sin identificación posible. A esta acción se le llamo “Masacre de Pasco”.
Así narra la operación de la Triple A la Agencia Universitaria de Noticias y Opinión de la Universidad de Lomas de Zamora lo que sucedió entonces (ver nota completa en
http://www.auno.org.ar/lee
“Ese día, según los testigos, 16 "lanchas" (autos) con cuatro hombres cada una llevó a cabo el operativo que recorrió Temperley este para buscar al concejal de la Juventud Peronista (JP), Héctor Lencina, y a varios más, entre los cuales estuvieron Héctor Flores, Aníbal Benítez, Germán Gómez, Eduardo y Alfredo Díaz, Omar Cafferata, Gladis Martínez y Rubén Bagnina.
”Héctor Flores era el referente del barrio "Los Pinos" y se acercó a la JP -representada institucionalmente por los entonces concejales Héctor Lencina, César Dolinsky y Hugo Sandoval-cuando se organizó la toma de un complejo de viviendas en ese barrio.
Pero la relación no duró demasiado. Irma Santacruz, entonces vicepresidente del Concejo Deliberante (que había obtenido su banca por la JP, de la que luego se alejaría) lo tentó para ser su secretario. Flores aceptó y esto lo ubicó más cerca de ella y del sector que respondía a Eduardo Alberto Duhalde, que ejerció la intendencia luego de que fuera destituido Pablo Turner, militante de la JP.
Santacruz dijo alguna vez que cuando la Triple A se llevó a Flores de su casa, en realidad la habían ido a buscar a ella...
De todos modos, su secretario estaba tildado en las listas negras; algunos testigos hablan de peleas y discusiones directas entre él y los dirigentes del sector más ortodoxo del peronismo.
”Aníbal Benítez, cafetero del Concejo Deliberante. Ese era el trabajo que los concejales de la JP le habían conseguido para que no siguiera desempleado. Benítez conocía a Héctor Lencina del barrio, del trabajo que como militante de la JP realizaba.
Había participado de las tomas de los hospitales Estévez, Español, Gutiérrez (hoy Alende) y Gandulfo, colocando interventores que regularizan la atención de los pacientes de una manera acorde al presupuesto que parecía quedar siempre entre los directivos.
La noche de la masacre estaba en la casa de Lencina, quizá compartían un cafecito mientras veían un partido de Independiente. Y tal vez Gloria, la mujer de Aníbal, estaba cerca de ellos atenta a su bebé de cinco días y a Alejandro, el hijo de Héctor.
”Héctor Lencina fue uno de los más valiosos cuadros políticos de Lomas de Zamora. No bien asumió como concejal en mayo de 1973, conformó el bloque de la JP luego de renunciar a la presidencia del Frejuli, el espacio que aglutinó a todo el ajusticiáis.
Esta fractura enfrentó en las tablas a dos sectores del peronismo; Lencina era el referente de la JP y Eduardo Alberto Duhalde pasó a serlo del ala más ortodoxa.
El día de la masacre, Lencina estaba en la casa que alquilaba y cuya entrada tenía un pasillo lindero al bar de don Pascual. La "Orga" (Montoneros) le había advertido "levantar" (desocupar) esa casa.
Esa noche, en el bar, los clientes estaban boca abajo en el piso, tal como lo habían ordenado los matones de la caravana de la AAA. Héctor pudo haberse resistido y morir en combate; Aníbal no era un cuadro militar. Sin embargo, el motivo por el que se entregaron fue la presencia de sus hijos. Lencina y Benítez fueron subidos a los autos. A Alejandro lo rescató su madre, que había estado dando vueltas por el barrio ante la advertencia de lo que sucedía; los dos fueron llevados a Morón. Gloria y su bebe fueron llevados por Hugo Sandoval, mientras Dolinsky cumplía la tarea de reconocer los cuerpos de sus compañeros.
”Germán Gómez y los hermanos Alfredo y Eduardo Díaz. Gómez, mayor en edad, estaba más comprometido con la agrupación, y como cuadro político en formación representó Santa Rosa en las reuniones que el Consejo de Juventud lomense de la JP realizaba en distintas zonas con dos representantes por barrio.
“Los hermanos Díaz tenían edad para estar en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), pero debido a sus empleos colaboraban con la JP desde el barrio; y aquí fue donde conocieron a Lencina. Daban una mano en la salita de primeros auxilios que ellos mismo habían construido al lado de la casa del concejal; compartían asado, falda y corazón con un poco de vino y guitarras junto a Héctor, Sandoval y Dolinsky.
“La comida y la música eran el recreo luego de reparar un cruce de calle, extender una red de agua o arreglar una vereda; entre la (dama)"Juana" de vino, la pala y la música surgían las consignas.
Las compras de los materiales de obra se realizaban, la mayoría de las veces, con fondos de la comuna. Los trabajos se hacían luego de que los concejales de la Juventud consultaran a los vecinos sobre los déficit del barrio.
Otras veces, los materiales eran aportados por los adherentes a la JP, como Germán Gómez, que daba una mano luego de volver de su trabajo en el puerto. Los hermanos Díaz se encargaban de organizar torneos de fútbol que permitían juntar el dinero para más obras; ambos vieron cómo "reventaban" la casa de Lencina y corrieron a advertirle a Gómez, pero fue tarde porque la Triple A ya había ido por él.
”Omar Cafferata, Gladis Martínez, Rubén Bagnani. Los tres eran "compañeros de la JP", así los reconocían en el barrio San José, donde tenían una casa sobre la calle Salta, aunque su trabajo territorial no fuera allí. Omar y Gladis estaban casados y llegaron a Temperley escapando de los servicios de inteligencia. Junto con Rubén, habían "levantado" casa tras casa desde la Capital Federal.
Sus secuestros fueron la última parada antes de que los 16 autos se detuvieran en el baldío de Sánchez y Santiago del Estero, en José Mármol, e hiciera explotar sus cuerpos y los de sus otros seis compañeros.”
El único beneficiario de esta matanza y de otros 15 asesinatos cometidos en distintas circunstancias en Lomas de Zamora, en esa época, por la Triple A, era el intendente Dr. Eduardo Duhalde ya que todos las víctimas adultas eran miembros destacados de la oposición al intendente ortodoxo y realizaban trabajos de base para derrotarlo políticamente.
La venganza contra Pablo Turner
Pablo Turner, el intendente provisional que Duhalde había derrocado en mayo de 1974 se salvo milagrosamente de la matanza de 1975 y continuo dedicándose a tareas territoriales en oposición a Duhalde y la política de derecha. Sin embargo, la larga mano de la venganza del terrorismo de estado lo alcanzaría después del golpe militar de 1976.
Turner fue el único jefe comunal de la denominada "Tendencia revolucionaria" representativo de las organizaciones políticas del peronismo de izquierda.
También, el único intendente lomense perseguido y víctima del terrorismo de Estado.
Se había "exiliado" en Chaco, donde fue detenido por la policía provincial. Fue trasladado a Buenos Aires, torturado y asesinado. Su cuerpo apareció en Avellaneda, el 16 de mayo de 1976. Aún permanece sepultado en una fosa común.
Así describe hoy Ailín Bullentini en la agencia de noticias de la Universidad de Lomas de Zamora al desaparecido dirigente de la izquierda peronista:
“Trabajador del sector gráfico, miembro de la CGT de los Argentinos y uno de los más relevantes militantes del movimiento peronista, Pedro Pablo Turner fue el primer y único intendente que representó a la denominada "Tendencia revolucionaria" en el partido de Lomas de Zamora y que luego fue víctima del terrorismo de Estado, que lo asesinó el 16 de mayo de 1976. Su cuerpo fue encontrado en el partido de Avellaneda. Su gestión al frente del gobierno municipal, entre 1973 y 1974, es recordada por el trabajo conjunto entre dirigentes y la comunidad.
”Su compañeros de militancia lo recordaron como “el encargado de la difusión” de la Tendencia. Los aires de apertura democrática que llegaron durante los primeros años de la década de 1970 se cimentaron en 1972.
El Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), que aglutinaba a todos los sectores del peronismo, de cara a las elecciones abiertas del 73 reservó para Turner la posición de primer concejal lomense en la lista que llevó a la presidencia de la Nación a Héctor Cámpora.
El segundo concejal fue el recién recibido y flamante abogado del Sindicato de Trabajadores Municipales, Eduardo Alberto Duhalde. El intendente electo ese año fue Ricardo Ortiz.
”El período de Ortiz como jefe comunal fue más bien breve. Luego de ocho meses y tras encontrar irregularidades en su gestión, el Concejo Deliberante decidió desplazarlo del cargo. Fue así que en octubre de 1973, Pablo Turner, que además de ser primer concejal era presidente del Concejo, asumió como nuevo intendente.
”El cambio instaló en la ilusión de los militantes de la JP la sensación de que, a partir de allí, eran ellos los que tendrían las riendas del municipio.
”Su gestión, signada por la concreción de obras públicas en los barrios más postergados, puede ser definida como la unión entre la comunidad y los dirigentes a través del trabajo en conjunto.
”En diálogo con AUNO, el ex concejal de la bancada de la JP Hugo Sandoval definió a la
administración del joven intendente como "una etapa en la que el pueblo y los representantes (en el gobierno) trabajaron codo a codo para mejorar la realidad cotidiana de los vecinos".
”Las necesidades nacían de las organizaciones partidarias de cada barrio, que presentaban los proyectos en el Concejo. Los dirigentes, a través de la estructura municipal se encargaban de conseguir los materiales y las maquinarias, mientras que la mano de obra provenía de los mismos vecinos y de los militantes.
”El denominado "Operativo Chacho Peñaloza", en el que se realizaron mejoras en la infraestructura urbana en la zona de Provincias Unidas, fue uno de los ejemplos que más rápido aparecieron en el recuerdo de Sandoval, que también relató los arreglos del ex Camino Negro y el tendido de la red de agua potable en la localidad de Villa Albertina, visibilizado en el tanque de la plaza de Santa Marta, con el cual se habilitó el servicio para más de cinco mil personas.
”Sin embargo, el ex concejal reconoció que las cosas no eran tan fáciles. Al igual que la conformación de la lista que los llevó al triunfo, las secretarías del gobierno municipal fueron divididas entre las diferentes ramas del peronismo que conformaban el Frejuli. Así, mientras la JP tomó el control de Obras Públicas, Salud y Gobierno, la rama conservadora del movimiento mantuvo bajo su poder a la Secretaría de Hacienda. "Nosotros podríamos tener miles de proyectos, pero sin la plata, las cosas se complicaban siempre", reconoció Sandoval.
”La primavera juvenil comenzó a tambalear a mediados de 1974. Según Sandoval, "los de afuera no lo veían como peronista, sino cómo un reaccionario, un 'zurdo', y eso, por aquellos tiempos, empezaba a ser una amenaza".
”El fin llegó con una denuncia por presunta malversación de fondos por la compra de cuatro mil ladrillos para una sociedad de fomento y la concesión de la recolección de residuos de la que Turner no salió bien posicionado.
”Paralelamente, la ortodoxia peronista fue posando en el abogado Duhalde esperanzas de retomar la gestión. Finalmente, en mayo de 1974 Turner fue destituido de su cargo y reemplazado por quien 27 años después llegara a la Presidencia de la Nación a través de otro golpe palaciego.
”En el sur del Conurbano, el hecho que mostró ese terror desatado fue la "Masacre de Pasco", en el que nueve militantes de la agrupación fueron secuestrados en la localidad de Temperley, luego fusilados y sus cuerpos posteriormente dinamitados en un terreno baldío de José Mármol, en Almirante Brown.”
”¿Qué fue, entonces, del hombre de Budge? Si bien no volvió a ocupar un cargo dirigencial en el municipio, se mantuvo activo en la arena política del territorio. Hasta que en 1976 partió hacia la provincia de Chaco.
Allí lo fue a buscar la policía provincial. No tuvieron éxito en la búsqueda, pero fue Turner quien se presentó por su propia voluntad en la comisaría. Estuvo preso un mes y medio, y su causa en manos del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). Sin embargo, su cadáver fue encontrado en el partido bonaerense de Avellaneda el 16 de mayo, torturado. Aún hoy, 32 años después, permanece en una fosa común.”
La familia de Turner recibió, con el tiempo, un certificado de defunción, pero su cuerpo nunca les fue entregado.
Es de destacar que los elementos de la policía provincial que viajaron al Chaco a buscar a Turner incluían hombres de la Triple A, algunos conocidos por el Dr. Duhalde. Es importante notar que esa acción policial se hizo con la autorización de las FFAA que ya habían dado el golpe y sostenían el poder, y el terror, en todo el territorio nacional.
El agradecimiento de Duhalde a la ultra derecha y la Triple A
Inmediatamente después de asumir como intendente de Lomas de Zamora, el Dr. Eduardo Duhalde nombro como sus principales colaboradores a docenas de miembros de la ultraderecha del sindicalismo, las 62 y la burocracia sindical incluyendo a Rogelio Policarpo como Secretario de Gobierno, Felipe Lociccero, en Bienestar Social, Alberto Larcamon en Obras y Servicios Públicos y Carlos Rosente en Economía y Hacienda.
Miembros de la Juventud Sindical Peronista (JSP) y de la Triple A, así como de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), parte estudiantil de la organización terrorista de estado,
también obtuvieron cargos en la administración municipal.
Alberto Durán, un connotado juez de la ultra derecha, conectado en los 70 con el terrorismo de estado, que sirvió luego a la dictadura militar fue promovido de juez en Lomas de Zamora, a juez federal durante el breve lapso en que Eduardo Duhalde fue presidente. El juez Alberto Durán era también protector y amigo de los peores elementos de la Barra Brava de Gimnasia y Esgrima, infectada de ex miembros de la Triple A. Incluyendo Marcelo Gustavo Amuchastegui, el “Loco Fierro”, según el periodista Gustavo Veiga. El Loco Fierro murió en su ley en un tiroteo con la policía de Rosario durante un robo en los 90.
Durante una ausencia de Carlos Saúl Menem de la Argentina en el 2003 por sus funciones, Eduardo Duhalde asumió la presidencia como es protocolar, ya que era su vicepresidente. En ejercicio de ese poder transitorio dictó una amnistía de numerosos miembros de la Triple A que se hallaban encarcelados.
Uno de los liberados por Duhalde fue Luis Oscar Mao, pariente de Carlos Mao, entonces secretario privado de Duhalde (Pagina 12, 20/6/08), del que también se sospecha pertenencia a la organización del terrorismo de estado, por entonces el secretario privado de Duhalde.
A instancias de Eduardo Duhalde, Menem también incluyó en lista de amnistiados a Juan Domingo López, funcionario de carrera que ocupó el área de Tránsito de Lomas de Zamora desde 1998 y seguía firme en su puesto junto al contemporáneo intendente Jorge Rossi.
López es el mismo que integró la Triple A desde 1973 y que fue procesado y condenado por los secuestros y asesinatos del obrero naval Enrique Valverde en Boulogne y del presidente del Concejo Deliberante de Chacabuco, Miguel Máximo Gil.
Ambos hechos ocurrieron en abril de 1975. Ex militante de la derecha peronista, fue delegado normalizador de la Juventud Peronista de la República Argentina (bautizada por sus opositores como Jotaperra), brazo juvenil de la Triple A dirigida a nivel nacional por Julio Yessi, estrecho colaborador de López Rega, hasta 1975.
López cayó detenido el 24 de marzo de 1976, fue condenado a cadena perpetua y terminó salvado por Carlos Menem el 7 de octubre de 1989 con el decreto 1003, uno de los cuatro que firmó el ex gobernador riojano cuando indultó a 220 militares y 70 civiles.
Luego de su liberación por el decreto de amnistía, fue puesto a cargo de la Dirección de Transito de Lomas de Zamora desde 1998, por las influencias de Duhalde, y a fines de marzo del 2008, fiel a su historia, intento asesinar a balazos al inspector municipal Carlos Leyes y al delegado sindical municipal José Nadal. Las víctimas denunciaron que la policía y la fiscalía protegieron nuevamente a López (Crítica, 12/4/08).
Tanto López como Mao participaron juntos en asesinatos de la Triple A, con otros personajes como Sergio Mario Ibáñez y Miguel Trerotola. Juntos tal cual declaro el propio Mao, asesinaron al dirigente peronista opositor a la derecha del partido en Chacabuco, Miguel Gil. También habrían actuado como “grupo de tareas” de la Triple A en el conurbano bonaerense, incluyendo Lomas de Zamora. López era miembro también de la CNU (Concentración Nacional Universitaria) y en aquellos años, “delegado normalizador” de la juventud.
A principios del 2007, cuando se reinició la investigación de la Triple A, Duhalde declaró “el pasado del peronismo esta cerrado” y se sumó a la burocracia sindical en su demanda “No jodan con Perón.” Al mismo tiempo, Duhalde se ofreció como abogado defensor de Isabel Perón cuando dos jueces pidieron su extradición para que enfrentase un juicio por los crímenes de terrorismo de estado bajo su gobierno.
El 27 de abril del 2007 llegó al colmo de la justificación política del terrorismo de estado y de la ayuda inestimable que le brindo la Triple A y El Caudillo para lanzar su carrera política cuando declaro al Diario Perfil que “En la época que Perón vivía, la Triple A era un movimiento político como puede ser el Movimiento Evita.” Una mentira atroz, ya que la Triple A nació en 1973 como una forma de terrorismo de estado y nunca fue un movimiento político.
Ahora proclama que hay que terminar con los juicios de crímenes de lesa humanidad y que el desea “gobernar con los que quieren y los que no quieren a Videla.” Se ha pronunciado repetidamente para que cesen los juicios por delitos de lesa humanidad y “por el olvido y la reconciliación” todo lo cual, observamos, tiene que ver mas con sus propios intereses para que no se investigue su pasado, que con cualquier otra cosa.
El hombre que termino su breve mandato presidencial en el 2002 sobre los cadáveres de Kosteki y Santillán, asesinados por su querida “maldita policía” en Avellaneda, terminó esa fase de su vida política como la empezó en 1974: con muertos y sangre, mucha sangre.
Ahora se dispone, según sus propias palabras, volver a gobernar como “dialoguista”. Cuando con quien debería dialogar es con la Justicia.
sábado, julio 03, 2010
faltan solo 5 minutos para que termine Argentina - Alemania
Felicidade sim
A felicidade é como a pluma
Que o vento vai levando pelo ar
Voa tão leve
Mas tem a vida breve
Precisa que haja vento sem parar
A felicidade do pobre parece
A grande ilusão do carnaval
A gente trabalha o ano inteiro
Por um momento de sonho
Pra fazer a fantasia
De rei ou de pirata ou jardineira
Pra tudo se acabar na quarta-feira
Tristeza não tem fim
Felicidade sim
A felicidade é como a gota
De orvalho numa pétala de flor
Brilha tranqüila
Depois de leve oscila
E cai como uma lágrima de amor
A felicidade é uma coisa boa
E tão delicada também
Tem flores e amores
De todas as cores
Tem ninhos de passarinhos
Tudo de bom ela tem
E é por ela ser assim tão delicada
Que eu trato dela sempre muito bem
Tristeza não tem fim
Felicidade sim
A minha felicidade está sonhando
Nos olhos da minha namorada
É como esta noite, passando, passando
Em busca da madrugada
Falem baixo, por favor
Pra que ela acorde alegre com o dia
Oferecendo beijos de amor
miércoles, junio 23, 2010
¿POR QUE NADIE QUIERE SER DE DERECHA?
El hijo del padre, hábil a la hora de captar el cambio de atmósfera, hace borrón y cuenta nueva respecto de sus votos nada progresistas en los últimos dos años (votó en contra de todas las leyes de avanzada que se presentaron en el Congreso de la Nación, desde la reestatización jubilatoria, la recuperación de Aerolíneas Argentinas hasta llegar, por supuesto y como gran coronación, al rechazo de la ley de servicios audiovisuales); su objetivo, ahora, es construir su candidatura desde la perspectiva de alguien que se presenta como un genuino exponente del progresismo argentino (de ese que lleva dentro suyo un antiguo gorilismo y que suele desconfiar de la falta de prolijidad del plebeyismo populista, de un progresismo aferrado a lo políticamente correcto, al life style y al sacrosanto temor que desde siempre le han causado las multitudes). Incluso el Grupo Clarín, casi al borde del precipicio y sin saber de qué modo salir de su propio atolladero causado por sus oscuridades impresentables, últimamente se le ha dado por describir las atrocidades cometidas durante la dictadura videlista, focalizando en torturas y desapariciones y como adelanto de un improbable mea culpa.
Nadie quiere, en estos días que corren, salvando los editoriales del siempre liberal-conservador diario de los Mitre, definir su identidad política acercándose peligrosamente a la derecha de la pantalla. Nadie quiere, en estos días de festejos y alegrías heredadas del Bicentenario y que se continúan en estas semanas mundialistas en las que la selección argentina amenaza con transformar en mito a Maradona de la mano de Messi y de un equipo que venía de punto y en un par de partidos ha pasado a ser banca incluso contra gran parte de la prensa nacional, ser presentado como un animal de derecha.
Nadie, en especial aquellos que pelean por una suerte de candidatura peronista neoliberal, desea que les recuerden su ostensible inclinación hacia el poder concentrado y hacia las recetas conservadoras (Macri, de todos ellos, es el que lleva la delantera en una carrera de la que nadie quiere ser el ganador, porque la meta es ser identificado como el heredero de Menem).
Con diversos grados de astucia, y en eso De Narváez demuestra que aprende rápido y que tiene alrededor suyo a un ejército de asesores que permanentemente le susurran cosas al oído, los impresentables de un peronismo prostibulario se afanan por demostrar que ellos nada tienen que ver con ese fantasma horrible que viste los ropajes de la derecha. El problema es que nadie parece creerles porque la foto, por sí sola, es más que elocuente allí donde se presentan juntos Eduardo Duhalde, Rodríguez Saa, Ramón Puerta, De Narváez, Juan Carlos Romero, Felipe Solá y, como haciéndose el distraído, el enigmático y siempre escurridizo ex piloto de Fórmula 1 muy acostumbrado a bajarse del auto antes de llegar a la meta.
Lo cierto es que esta truope que se asemeja a una tienda de los milagros, a la que también hay que agregar al entrerriano Busti y al chubutense Das Neves, sabe que tiene que desmarcarse del espectro que la acosa, un espectro que los lleva directamente hacia lo peor de la última década y que los muestra ocupando sin mediatintas el costado derecho de la política argentina, en especial allí donde el kirchnerismo se ofrece como el heredero de las tradiciones nacional populares del peronismo y desde el radicalismo, y tal vez en alianza con el socialismo santafesino y algo de lo que quede de la coalición cívica, amenaza con expropiar el imaginario progresista y republicano que tanto atrae a la clase media.
Los “federal-peroconservadores
No deja de ser interesante y algo extraño que al gobierno de Cristina Fernández se lo empiece a correr por izquierda cuando, como sucedió hasta ahora, se lo hizo por derecha y en consonancia con los intereses económicos más concentrados.
Los radicales, pese a las declaraciones inoportunamente reaccionarias y prejuiciosas de Sanz al afirmar que la asignación universal lo único que había logrado es aumentar el consumo de paco y el juego de azar entre los pobres y a la figura cada vez más conservadora de Cobos, parecen haber encontrado en Ricardo Alfonsín la figura que los puede colocar en el andarivel democrático y progresista, ese que parecieron haber olvidado y que, con olvidos de por medio, intentan recuperar en concordancia con socialistas y seguidores de Carrió (la gente de Proyecto Sur no parece estar dispuesta a jugar ese juego de engaños y de diluciones y preferirá, quizás, insistir con Pino Solanas en la soledad de su candidatura). Su jugada es astuta aunque dependerá de la memoria que tenga una parte significativa de la clase media a la hora de elegir repetir más de lo mismo y sabiendo que los radicales han llevado al país hacia el precipicio cada vez que fueron gobierno desde la recuperación de la democracia.
Lo positivo de la emergencia de Alfonsín en detrimento de la de Cobos es que ofrece la oportunidad de que la batalla electoral tienda a girar hacia carriles en los que los adversarios buscarán mostrarse, cada uno, como el mejor exponente de un proyecto de transformación y redistribución en el país. Eso incluso acelera lo que ha caracterizado al kirchnerismo que ha optado, en casi todas las oportunidades, por la profundización y no por el repliegue ante los avances de las corporaciones y de la oposición en esos momentos difíciles que se abrieron desde el voto no positivo del pequeño señor Cobos.
De todos modos, el camino hacia octubre de 2011 es demasiado largo y siendo Argentina un país tan complejo y laberíntico, tan zigzagueante y caprichoso, es aventurado imaginar que el actual escenario se mantenga intocado. Lo que sí parece ser evidente, si se sostiene el crecimiento de Ricardo Alfonsín, es que el mayor desafío al que se enfrentará el kirchnerismo no vendrá desde el seno del peronismo, no será un desafío marcado por la impronta de un neomenemismo o de un conservadurismo duhaldista, sino que adquirirá los rasgos de una alianza neoprogresista heredera, aunque bajo otras circunstancias históricas, de aquella otra alianza que llevó al gobierno a De la Rúa y al Chacho Alvarez con los resultados conocidos y sufridos.
Un progresismo vacío, retóricamente republicano y muy débil ante los poderes económicos se enfrentará al único gobierno democrático que después del 55 logró mantener su modelo pese a los claros avances destituyentes a los que tuvo que enfrentarse a partir de la rebelión gauchócrata. Será cuestión de seguir de cerca este duelo que, por esas extrañas parábolas de la realidad nacional, encuentra a los adversarios tratando de mostrarse como los más consecuentes en la búsqueda de un proyecto progresista.
Lo que al menos sí se sabe es que uno está en el gobierno afanándose por profundizar políticas que mejoren la distribución y el trabajo, a la vez que continúen en la senda de políticas de memoria y justicia, en medio de una brutal crisis económica mundial, y los otros han tratado de bombardear sistemáticamente ese camino aunque ahora se envuelvan en ropajes progresistas.
viernes, junio 18, 2010
para aprender.....
Las vicisitudes de la dulce Aurora, simbolizan el nacimiento de la Nación Argentina
SOBRE CÓMO UNA ÓPERA ITALIANA SE VOLVIÓ EN “SALUDO A LA BANDERA”
Fue compuesta en Milán por el músico Héctor Panizza
La ópera “Aurora” fue encargada a Héctor Panizza por el gobierno argentino en 1906.
Inspirada en un trágico hecho de la historia local –narrado en un relato de Héctor Cipriano Quesada y Luigi Illica- fue compuesta por el autor en su departamento de Milán y lleva el nombre de la protagonista femenina, quien simboliza el nacimiento de la Nación Argentina.
La ópera está fuertemente influenciada por la cultura italiana, por cuanto Panizza (hijo de italianos) concurrió al Real Conservatorio de Milán (que hoy lleva el nombre de Giuseppe Verdi), y además porque Illica, uno de los autores del texto, fue un reconocido libretista de Giacomo Puccini.
La parte instrumental fue completada en Londres, pero, en ocasión del debut, los cantantes fueron italianos, Cesare Assanti, Amedeo Bassi, Giuseppe La Puma y Titta Ruffo, quienes llegaron a la Argentina desde Génova.
“Aurora” fue representada por primera vez el 5 de septiembre de 1908 en el Teatro Colón de Buenos Aires, inaugurado ese mismo año.
En aquel histórico momento, mientras se alzaba el telón, en un profundo clima emotivo, todos los presentes escucharon la voz del tenor Amedeo Bassi, quien moduló el aria en italiano:
“Alta pel cielo, un’aquila guerriera,
ardita s’erge in volo trionfale.
Ha un’ala azzurra, del color del mare,
ha un’ala azzurra, del color del cielo.
“Così nell’alta aurora irradiale,
il rostro d’or punta di freccia appare,
porpora il teso collo e forma stelo,
l’ali son drappo e l’aquila è bandiera.
“È la bandiera del Paese mio,
nata dal sole; e ce l’ha data Iddio!”
El melodrama se desarrolla en la ciudad de Córdoba, en el interior de la Argentina, en mayo de 1810.
A un convento de la Compañía de Jesús llega un cesto de flores que un fiel devoto envía a la Virgen de los Dolores.
En el cesto hay también un mensaje clandestino, enviado desde Buenos Aires:
“Muchachos: saluden a la Aurora!
Ella brilla triunfal en el límpido cielo de la Patria!
Empieza la lucha por la Independencia!”
Entonces aún bajo dominio español, la ciudad de Córdoba estaba sojuzgada férreamente por la represión.
El gobernador Ignacio del Puente (interpretado por el barítono Titta Ruffo), había reaccionado con fuerza brutal para restaurar el orden después de la revolución estallada en el Río de la Plata, dando enseguida una proclama:
“¡En Buenos Aires flamea un estandarte rebelde e indigno!
¡¡¡Lo ahogaré en su propia sangre!!!”
Lo que Del Puente aún no sabe es que un joven patriota se ha enamorado de su hija Aurora (intepretada por la soprano Maria Farletti).
Por ella, Mariano (protagonista de la ópera) se bate con heroico coraje, pero es capturado como espía.
El gobernador no acepta esa historia de amor y jura la muerte de Mariano, diciendo:
“¡Antes que padre, soldado!”.
Los amantes consiguen escapar, pero la historia termina trágicamente, con Aurora herida mortalmente por el fuego de las armas de las tropas de su padre, y con el inmenso amor de Mariano:
“Te amaré por toda la eternidad, porque el cielo es Aurora, y es Aurora de la Patria!”.
Si bien se notan algunos errores históricos (los jesuitas habían sido expulsados por la Corona en el siglo XVIII y la bandera argentina fue creada en 1812), permanece de todas maneras el gran valor artístico de la ópera, al cual se agrega la dimensión afectiva y el profundo significado cultural que la han convertido en patrimonio de la argentinidad.
“Aurora” fue representada en numerosas temporadas, siempre con gran éxito, pero su definitiva consagración popular se produjo con la traducción al español, a 35 años de su estreno.
Y ello no obstante las dificultades encontradas para conservar la métrica y la melodía del aria, de cuyos arreglos se ocuparon Angelo Pettita (un italiano con muy buen conocimiento del idioma español) y Josué Quesada (hijo de uno de los autores).
La nueva versión fue presentada en la noche de gala del 9 de julio de 1945, en un sugestivo marco de público y con la presencia de las máximas autoridades argentinas de entonces, el presidente Edelmiro J. Farrel y el vicepresidente, coronel Juan Domingo Perón.
Desde entonces y mediante un decreto gubernamental, se estableció que el aria de “Aurora”, con el nombre de “Saludo a la Bandera”, convirtiese en canción a la bandera y fuese de interpretació
No obstante la denominación oficial de “Saludo a la Bandera” es conocida por todos como “Aurora”, la canción que más de 9.500.000 de niños y muchachos entonan cada mañana en las escuelas.
También los adultos conservan entre sus más bellos recuerdos aquellos versos inolvidables que dicen:
“Alta en el cielo un aguila guerrera,
audaz se eleva en vuelo triunfal.
Azul un ala, del color del cielo,
azul un ala, del color del mar.
Así en el alta aurora irradial,
punta de flecha el aúreo rostro imita,
y forma estela al purpurado cuello.
El ala es paño, el águila es bandera.
Es la bandera de la Patria mía,
del sol nacida, que me ha dado Dios.”
El éxito de las representaciones de “Aurora” no reconoce épocas.
Desde 1999, el tenor argentino Darío Volontè ofrece su voz para interpretar a Mariano.
El 2 de abril de 2002, en ocasión de la conmemoración por los combatientes de las Islas Malvinas –cuando el Colón alzó el telón para honrar a los caídos-, en un clima de gran emoción y participación popular- Volonté cerró aquella memorable noche en su doble condición de tenor y sobreviviente del hundimiento del crucero “General Belgrano”.
De José Rodolfo Maragó
Fuentes: folleto alusivo del Teatro Colón de Buenos Aires y diario Clarín
Derechos exclusivos de La Voce di Sant’Onofrio (2004
martes, junio 15, 2010
NOS MEAN Y DICEN QUE LLUEVE: LA VOCACIÓN DE MENTIR
*Hugo Presman
Sebreli sabe que miente o en caso contrario ha entrado en una paulatina decrepitud.
Si Huergo miente sobre un hecho visto por millones, que pasará cuando nos cuenta sobre conversaciones del poder económico.
Un grafiti que podía leerse en algunas paredes de Buenos Aires en los días aciagos de diciembre del 2001 decía: Nos mean y Clarín dice que llueve.
Eso es lo que hace impúdicamente el Ingeniero Héctor A. Huergo, el principal propagandista del modelo sojero, director de Clarín Rural que el sábado 29 de mayo escribió: -¿Le faltó algo a la fastuosa celebración del Bicentenario en Buenos Aires? No mucho. En la parafernalia de los espectáculos, sólo faltó mostrar el campo. Poca cosa. Es apenas nuestro presente y futuro.
El espectáculo artístico de Fuerza Bruta el 25 de Mayo, organizado por el gobierno nacional, fue televisado por 6 canales.
Lo vieron, in situ, más de dos millones de personas.
Y a pesar de ello, de existir más de veinte millones de testigos, el ingeniero miente.
El acto número 6 se tituló
FOLKLORE. LOS FRUTOS DE LA TIERRA.
Entre otras cosas se dijo: -Por la riqueza de sus tierras, allá por el Centenario, la Argentina fue llamada el granero del mundo.
La expansión de la frontera agrícola, el desarrollo del sistema ferroviario, el alambrado de los campos, y la llegada masiva de inmigrantes para solucionar la escasez de mano de obra permiten la puesta en producción de millones de hectáreas.
Cien años más tarde, las tierras de la Patria siguen brindando con generosidad sus frutos.
Las economías regionales progresan.
La vid, el olivo, las frutas, el tabaco, el azúcar, la yerba mate, el algodón, la horticultura, son fuentes de trabajo y prosperidad.
Los colonos y los gauchos de ayer, los campesinos hoy.
Hombres y mujeres que nos ofrecen su esfuerzo diario, conservan sus tradiciones, su música y sus danzas.
Si Huergo nos miente sobre un hecho visto por millones, que pasará cuando nos cuenta sobre conversaciones del poder económico.
-Nos mean, y Clarín nos dice que llueve.
JUAN JOSÉ SEBRELI Y SU CRÍA
Hace muchos años que el prometedor sociólogo, autor por entonces de Buenos Aires, vida cotidiana y alienación, extravió el rumbo, o tal vez decidió encarnar el mismo una acertada frase de ese libro, escrito cuando coqueteaba con el marxismo y se aproximaba al peronismo: -Siempre habrá quién no pudiendo cambiar la sociedad de clases, decide cambiar de clase.
Muchos años después se sintió seducido por Ricardo López Murphy y es consultado o escribe columnas en La Nación.
En este diario publicó el domingo 30 de mayo bajo el título de -Dejar el populismo para llegar a 2016 la siguiente falsedad, coronación de otras: -El régimen de Videla fue uno de los mayores estatizadores.
Sebreli sabe que miente o en caso contrario ha entrado en una paulatina decrepitud.
Salvo la Ítalo, un negociado de Martínez de Hoz, nada se estatizó en materia de economía.
No se privatizaron empresas estatales, porque los militares aún conservaban la posición ideológica que las empresas estatales estratégicas estaban vinculadas a la defensa nacional.
Sólo tiene razón el desorientado ensayista si considera que la dictadura establishment- militar, como dijo un oyente del programa radial EL TREN, estatizó la muerte y la desaparición de personas.
Un discípulo del autor del brebaje gorila Los deseos imaginarios del peronismo, el diputado de la Coalición Cívica Fernando Iglesias autor de ¿Que significa hoy ser de izquierda? , escrito cuando votaba por López
Murphy, borronea en la revista Noticias del 28 de mayo bajo el título Un país sin futuro, una serie de dislates entre los que sobresale la siguiente mentira: -y como si los millones de emigrantes que dejaron entonces Europa por la Argentina y la prefirieron como destino entre todos los países de América y los miles que abandonan a diario el país en la dirección opuesta fueran víctimas de una alucinación.
El que está alucinado o enceguecido por el odio, es el verborrágico e insustancial legislador de profesión polemista, quién muy suelto de cuerpo puede sostener que se van argentinos de la Argentina por miles, cuando es exactamente al revés, y hay un retorno de muchos que se fueron con la crisis del 2001 y ahora vuelven atraídos por las mayores posibilidades actuales de nuestro país y la crisis europea.
LA INTERPRETACIÓN DICHARACHERA DE CARRIÓ
El mismo camino, pero ahora interpretativo, recorre la imaginativa dirigente apocalíptica Elisa Carrió, quien sostiene que los 6 millones de personas que se volcaron a las calles del centro porteño lo hicieron porque la crisis incentiva las ganas de divertirse.
Eso es muy claro y preciso: los griegos y los españoles, no dejan de celebrar los despidos con fiestas masivas y multitudinarias, rebosantes de alegría, que todos vemos mediante la televisión en las calles de Atenas y Madrid.
EL MEJOR PERIODISTA SEGÚN NOTICIAS, PERIODISMO PURO
Joaquín Morales Solá, el mejor periodista del año 2009 según la revista Noticias, la misma que sindica a Néstor Kirchner como representante del fachoprogresismo y a la Presidente de bipolar, defiende incondicionalmente la adopción groseramente irregular de los hijos de Ernestina Herrera de Noble, para lo cual no duda en tergiversar los hechos e instrumentar el derecho.
En eso no está sólo.
Lo acompaña la casi totalidad de la oposición que tiene en Clarín su eje amalgamador, y en Elisa Carrió, su actriz dramática emblemática.
Mientras la imitadora de Casandra afirma con el tono de circunstancias: -Marcela y Felipe deben saber que yo estoy aquí o -Le dije a Marcela en la Expoagro: Dios está con vos, el periodista que sin pudor llama a su programa televisivo Desde el llano auspiciado por las principales empresas, escribió en el 2002, cuando fue detenida la principal accionista del medio hegemónico: -Una noche fría de ese tiempo ingrato, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, nos sorprendió con el relato de la adopción de sus hijos.
Había también lágrimas, muchas lágrimas, en sus ojos, pero correspondían a las emociones que despierta la alegría.
El relato incluía la forma en que esas criaturas habían llegado a sus brazos.
Un bebe tenía una hermosa sonrisa y el otro no paraba de llorar, decía.
Incluía, también, los farragosos trámites de la adopción entre jueces, médicos y abogados.
Más de 25 años después, la señora de Noble sigue llorando por esos hijos.
Su detención dispara una primera injusticia: una madre no debería ser detenida sólo por serlo.
Sea cual fuere el antecedente biológico de sus hijos, lo cierto es que los crió con la devoción y el cariño de una madre.
Hoy el mismo escriba afirma bajo el título Historia de cinismos y persecuciones:
En ese contexto de un pasado omnipresente debe incluirse el proceso judicial de ultraje y vejación que sufrieron los jóvenes Herrera Noble, hijos de la directora de Clarín.
Aun cuando fueran víctimas de las violaciones de los derechos humanos en los 70 (lo que no está probado),
¿Por qué los sometieron a un proceso de acoso y persecución propio de victimarios?
¿Por qué la humillación humana a personas que no hicieron nada?
El derecho a la verdad del pasado, que existe, no es más importante que el derecho a la intimidad de las personas en el presente, que también existe.
La Justicia no está habilitada, además, para ordenar la cacería y el maltrato de ningún argentino inocente.
Morales Solá, Carrió, y la casi totalidad de la oposición arrodillada ante Clarín, no tienen el menor pudor de ocultar que lo que aquí se está tratando de dilucidar desde hace 9 años, es si se ha perpetrado el delito de apropiación de bebes de padres desaparecidos.
En ninguno de esos razonamientos entra la posibilidad que eventualmente los padres biológicos hayan sido torturados, asesinados, arrojados al mar y sus hijos repartidos como botín de guerra.
Carrió sabe de derecho y por eso su posición y su actuación son una antología del asco.
El establishment económico y periodístico y sus sirvientes políticos recurren a un sentimentalismo barato para evitar que se llegue a la verdad.
Contaron hasta ahora con jueces a los que el poder del multimedio había adoptado.
Debería estar claro que la exposición pública desafortunada de los jóvenes, son consecuencia directa del escamoteo alevoso que su madre adoptiva y su grupo de prominentes abogados han hecho en casi una década para evitar realizar una prueba de ADN.
Si no hubiere nada que ocultar, hace 9 años las dudas estarían despejadas
Nos siguen meando, pero Clarín y sus cómplices dicen que llueve.