miércoles, febrero 02, 2011

Respuestas a algunas preguntas interesantes.


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¿Se hunden los barcos hasta el fondo del mar o llega un momento en que la
presión les impide seguir bajando?


Un objeto se hunde en el agua si es más denso que ella. La densidad del agua es de un gramo por centímetro cúbico, y las sustancias como la piedra o los metales son mucho más densos que eso. Los barcos, aunque están construidos de grandes masas de acero, flotan porque en su interior encierran grandes espacios de aire. La densidad media del acero y demás materiales de construcción más el volumen de aire dentro del barco es menor que la del agua. Si por accidente, entra agua en el barco, la densidad media de los materiales de construcción más el agua del interior es mayor que la del agua, y el barco se hunde.
A medida que se hunde, va experimentando presiones cada vez mayores. En la superficie del océano, la presión (debida a la atmósfera) es de 1.034 gramos por centímetro cuadrado de superficie. Diez metros más abajo, el peso de esa columna de agua añade otros 1.034 gramos por centímetro cuadrado a la presión, y lo mismo para cada uno de los diez metros siguientes. La presión en el fondo del lugar más profundo del océano que se conoce es de mil cien veces la presión atmosférica, lo que equivale a más de una tonelada por centímetro cuadrado. Tales presiones no tienen, sin embargo, ningún efecto sobre el empuje hacia arriba que experimenta un objeto al hundirse. La presión actúa en todas las direcciones por igual, hacia abajo, hacia arriba y lateralmente, de manera que el objeto sigue hundiéndose, sin hacer ningún caso del aumento de presión. Pero hay otro factor. La presión comprime el agua y aumenta así su densidad. ¿No podría ser que, como consecuencia de ese aumento de presión, el agua se hiciese tan densa que el objeto dejara de hundirse y quedará flotando en las profundidades del mar? ¡No! El efecto de compresión es muy pequeño. Incluso a una presión de 1 tonelada por centímetro cuadrado, la densidad del agua aumenta sólo de 1 a unos 1,05 gramos por centímetro cúbico. Un sólido que tuviera una densidad de 1,02 gramos por centímetro cúbico se hundiría, efectivamente en el agua, pero quedaría flotando a unos cinco kilómetros de profundidad. Los materiales de construcción ordinarios, sin embargo, tienen densidades muy superiores a 1,05. La densidad del aluminio es 2,7 y la del acero 7,8 gramos por centímetro cúbico. Los barcos metálicos se hundirían hasta el fondo de los abismos más profundos sin la menor posibilidad de flotar. Pero supongamos que el océano fuese más profundo aún. ¿Llegaría un momento en que una barra de aluminio por poner un ejemplo, alcanzase una profundidad máxima? La respuesta sigue siendo, ¡no! Si los océanos tuviesen una profundidad de 68 kilómetros (en lugar de unos 11 como máximo), la presión en el fondo alcanzaría unas 7 toneladas por centímetro cuadrado y la densidad del agua 1,3 gramos por centímetro cúbico. Pero para entonces el agua ya no sería líquida, sino que se convertiría en una sustancia sólida llamada “hielo VI”. (El hielo VI es más denso que el agua, mientras que el hielo I, el hielo ordinario, es menos denso.) Por consiguiente, el aluminio o cualquier otra sustancia de densidad mayor que 1,3 gramos por centímetro cúbico descenderían hasta cualquier profundidad oceánica mientras el agua siguiese siendo líquida, y en último término iría a posarse sobre una superficie sólida que podría ser el fondo marino o ese hielo VI. El agua ordinaria nunca puede hacerse suficientemente densa para hacer flotar al aluminio y mucho menos al acero.









¿Qué dice el teorema de Gödel? ¿Demuestra que la verdad es inalcanzable?





Desde los tiempos de Euclides, hace ya dos mil doscientos años, los matemáticos han intentado partir de ciertos enunciados llamados “axiomas” y deducir luego de ellos toda clase de conclusiones útiles. En ciertos aspectos es casi como un juego, con dos reglas. En primer lugar, los axiomas tienen que ser los menos posibles. En segundo lugar, los axiomas tienen que ser consistentes. Tiene que ser imposible deducir dos conclusiones que se contradigan mutuamente.
Cualquier libro de geometría de bachillerato comienza con un conjunto de axiomas:
• por dos puntos cualesquiera sólo se puede trazar una recta
• el total es la suma de las partes, etc.
Durante mucho tiempo se supuso que los axiomas de Euclides eran los únicos que podían constituir una geometría consistente y que por eso eran “verdaderos”. Pero en el siglo XIX se demostró que modificando de cierta manera los axiomas de Euclides se podían construir geometrías diferentes, “no euclidianas”. Cada una de estas geometrías difería de las otras, pero todas ellas eran consistentes. A partir de entonces no tenía ya sentido preguntar cuál de ellas era “verdadera”. En lugar, de ello había que preguntar cuál era útil.De hecho, son muchos los conjuntos de axiomas a partir de los cuales se podría construir un sistema matemático consistente: todos ellos distintos y todos ellos consistentes. En ninguno de esos sistemas matemáticos tendría que ser posible deducir, a partir de sus axiomas, que algo es a la vez así y no así, porque entonces las matemáticas no serían consistentes, habría que desecharlas. ¿Pero qué ocurre si establecemos un enunciado y comprobamos que no podemos demostrar que es o así o no así? Supongamos que digo: “El enunciado que estoy haciendo es falso.” ¿Es falso? Si es falso, entonces es falso que esté diciendo algo falso y tengo que estar diciendo algo verdadero. Pero si estoy diciendo algo verdadero, entonces es cierto que estoy diciendo algo falso y sería verdad que estoy diciendo algo falso. Podría estar yendo de un lado para otro indefinidamente. Es imposible demostrar que lo que he dicho es o así o no así. Supongamos que ajustamos los axiomas de la lógica a fin de eliminar la posibilidad de hacer enunciados de ese tipo. ¿Podríamos encontrar otro modo de hacer enunciados del tipo “ni así ni no así”? En 1931 el matemático austriaco Kurt Gödel presentó una demostración válida que para cualquier conjunto de axiomas siempre es posible hacer enunciados que, a partir de esos axiomas, no puede demostrarse ni que son así ni que no son así. En ese sentido, es imposible elaborar jamás un conjunto de axiomas a partir de los cuales se pueda deducir un sistema matemático completo. ¿Quiere decir esto que nunca podremos encontrar la “verdad”? ¡Ni hablar! Primero: el que un sistema matemático no sea completo no quiere decir que lo que contiene sea “falso”. El sistema puede seguir siendo muy útil, siempre que no intentemos utilizarlo más allá de sus límites. Segundo: el teorema de Gödel sólo se aplica a sistemas deductivos del tipo que se utiliza en matemáticas. Pero la deducción no es el único modo de descubrir la “verdad”. No hay axiomas que nos permitan deducir las dimensiones del sistema solar. Estas últimas fueron obtenidas mediante observaciones y medidas, otro camino hacia la “verdad”.






¿Qué son los números primos y por qué les interesan a los matemáticos?






Un número primo es un número que no puede expresarse como producto de dos números distintos de sí mismo y uno. El 15 = 3 × 5, con lo cual 15 no es un número primo; 12 = 6 × 2 = 4 × 3, con lo cual 12 tampoco es un número primo. En cambio 13 = 13 × 1 y no es el producto de ningún otro par de números, por lo cual 13 es un número primo. Hay números de los que no hay manera de decir a simple vista si son primos o no. Hay ciertos tipos, en cambio, de los cuales se puede decir inmediatamente que no son primos. Cualquier número, por largo que sea, que termine en 2, 4, 5, 6, 8 ó 0 o cuyos dígitos sumen un número divisible por 3, no es primo. Sin embargo, un número que acabe en 1, 3, 7 ó 9 y cuyos dígitos sumen un número no divisible por 3, puede que sea primo, pero puede que no. No hay ninguna fórmula que nos lo diga. Hay que ensayar y ver si se puede escribir como producto de dos números más pequeños.
Una manera de encontrar números primos consiste en escribir todos los números del 2 al más alto posible, por ejemplo el 10.000. El primero es 2, que es primo. Lo dejamos donde está y recorremos toda la lista tachando uno de cada dos números, con lo cual eliminamos todos los números divisibles por dos, que no son primos. De los que quedan, el número más pequeño después del 2 es el 3. Este es el siguiente primo. Dejándolo donde está, tachamos a partir de él uno de cada tres números, deshaciéndonos así de todos los divisibles por 3. El siguiente número sin tachar es el 5, por lo cual tachamos uno de cada cinco números a partir de él. El siguiente es el 7, uno de cada siete; luego el 11, uno de cada once; luego el 13..., etc. Podría pensarse que después de tachar y tachar números llegará un momento en que todos los números mayores que uno dado estarán tachados y que por tanto no quedará ningún número primo superior a un cierto número primo máximo. En realidad no es así. Por mucho que subamos en los millones y billones, siempre quedan números primos que han escapado a todas las tachaduras. El matemático griego Euclides ya en el año 300 a. C. demostró que por mucho que subamos siempre tiene que haber números primos superiores a esos. Tomemos los seis primeros números primos y multipliquémoslos: 2 × 3 × 5 × 7 × 11 × 13 = 30.030. Sumando 1 obtenemos 30.031. Este número no es divisible por 2, 3, 5, 7, 11 ni 13, puesto que al dividir siempre dará un resto de 1. Si 30.031 no se puede dividir por ningún número excepto él mismo, es que es primo. Si se puede, entonces los números de los cuales es producto tienen que ser superiores a 13. De hecho 30.031 = 59 × 509. Esto mismo lo podemos hacer para el primer centenar de números primos, para el primer billón o para cualquier número. Si calculamos el producto y sumamos 1, el número final o bien es un número primo o bien es el producto de números primos mayores que los que hemos incluido en la lista. Por mucho que subamos siempre habrá números primos aún mayores, con lo cual el número de números primos es infinito. De cuando en cuando aparecen parejas de números impares consecutivos, ambos primos: 5, 7; 11, 13; 17, 19; 29, 31; 41, 43. Tales parejas de primos aparecen por doquier hasta donde los matemáticos han podido comprobar. ¿Es infinito el número de tales parejas de primos? Nadie lo sabe. Los matemáticos, creen que sí, pero nunca lo han podido probar. Por eso están interesados en los números primos. Los números primos presentan problemas aparentemente inocentes pero que son muy difíciles de resolver, y los matemáticos no pueden resistir el desafío. ¿Qué utilidad tiene eso? Ninguna; pero eso precisamente parece aumentar el interés.






Se dice que un centímetro cúbico de una estrella de neutrones pesa miles de
millones de toneladas. ¿Cómo es posible?



Un átomo tiene aproximadamente 10-8 centímetros de diámetro. En los sólidos y líquidos ordinarios los átomos están muy juntos, casi en contacto mutuo. La densidad de los sólidos y líquidos ordinarios depende por tanto del tamaño exacto de los átomos, del grado de empaquetamiento y del peso de los distintos átomos. De los sólidos ordinarios, el menos denso es el hidrógeno solidificado, con una densidad de 0,076 gramos por centímetro cúbico. El más denso es un metal raro, el osmio, con una densidad de 22,48 gramos por centímetro cúbico. Si los átomos fuesen bolas macizas e incomprensibles, el osmio sería el material más denso posible y un centímetro cúbico de materia jamás podría pesar ni un kilogramo, y mucho menos toneladas. Pero los átomos no son macizos. El físico neozelandés Ernest Rutherford demostró ya en 1909 que los átomos eran en su mayor parte espacio vacío. La corteza exterior de los átomos contiene sólo electrones ligerísimos, mientras que el 99,9% de la masa del átomo está concentrada en una estructura diminuta situada en el centro: el núcleo atómico. El núcleo atómico tiene un diámetro de unos 10-13 centímetros (aproximadamente 1/100.000 del propio átomo). Si los átomos de una esfera de materia se pudieran estrujar hasta el punto de desplazar todos los electrones y dejar a los núcleos atómicos en contacto mutuo, el diámetro de la esfera disminuiría hasta 1/100.000 de su tamaño anterior. De modo análogo, sí se pudiera comprimir la Tierra hasta dejarla reducida a un balón de núcleos atómicos, toda su materia quedaría reducida a una esfera de unos 130 metros de diámetro. En esas mismas condiciones, el Sol mediría 13,7 kilómetros de diámetro. Y si pudiéramos convertir toda la materia conocida del universo en núcleos atómicos en contacto, obtendríamos una esfera de sólo algunos cientos de millones de kilómetros de diámetro, que cabría cómodamente dentro del cinturón de asteroides del sistema solar.
El calor y la presión que reinan en el centro de las estrellas rompen la estructura atómica y permiten que los núcleos atómicos empiecen a empaquetarse unos junto a otros. Las densidades en el centro del Sol son mucho más altas que la del osmio, pero como los núcleos atómicos se mueven de un lado a otro sin impedimento alguno, el material sigue siendo un gas. Hay estrellas que se componen casi por entero de tales átomos destrozados. La compañera de la estrella Sirio es una “enana blanca” no mayor que el planeta Urano, y sin embargo tiene una masa parecida a la del Sol. Los núcleos atómicos se componen de protones y neutrones. Todos los protones tienen cargas eléctricas positivas y se repelen entre sí, de modo que en un lugar dado no se pueden reunir más de un centenar de ellos. Los neutrones, por el contrario, no tienen carga y en condiciones adecuadas es posible empaquetar un sinfín de ellos para formar una “estrella de neutrones”. Los pulsares, según se cree, son estrellas de neutrones. Si el Sol se convirtiera en una estrella de neutrones, toda su masa quedaría concentrada en una pelota cuyo diámetro sería 1/100.000 del actual y su volumen (1/100.000)3 ó 1/1.000.000.000.000.000 (una milbillónésima) del actual. Su densidad sería por tanto 1.000.000.000.000.000 (mil billones) de veces superior a la que tiene ahora. La densidad global del Sol hoy día es de 1,4 gramos por centímetro cúbico. Si fuese una estrella de neutrones, su densidad sería de 1.400.000.000.000.000 gramos por centímetro cúbico. Es decir, un centímetro cúbico de una estrella de neutrones puede llegar a pesar 1.400.000.000 (mil cuatrocientos millones) de toneladas.






¿Qué es un agujero negro?



Para entender lo que es un agujero negro empecemos por una estrella como el Sol. El Sol tiene un diámetro de 1.390.000 kilómetros y una masa 330.000 veces superior a la de la Tierra. Teniendo en cuenta esa masa y la distancia de la superficie al centro se demuestra que cualquier objeto colocado sobre la superficie del Sol estaría sometido a una atracción gravitatoria 28 veces superior a la gravedad terrestre en la superficie. Una estrella corriente conserva su tamaño normal gracias al equilibrio entre una altísima temperatura central, que tiende a expandir la sustancia estelar, y la gigantesca atracción gravitatoria, que tiende a contraerla y estrujarla. Si en un momento dado la temperatura interna desciende, la gravitación se hará dueña de la situación. La estrella comienza a contraerse y a lo largo de ese proceso la estructura atómica del interior se desintegra. En lugar de átomos habrá ahora electrones, protones y neutrones sueltos. La estrella sigue contrayéndose hasta el momento en que la repulsión mutua de los electrones contrarresta cualquier contracción ulterior. La estrella es ahora una “enana blanca”. Si una estrella como el Sol sufriera este colapso que conduce al estado de enana blanca, toda su masa quedaría reducida a una esfera de unos 16.000 kilómetros de diámetro, y su gravedad superficial (con la misma masa pero a una distancia mucho menor del centro) sería 210.000 veces superior a la de la Tierra. En determinadas condiciones la atracción gravitatoria se hace demasiado fuerte para ser contrarrestada por la repulsión electrónica. La estrella se contrae de nuevo, obligando a los electrones y protones a combinarse para formar neutrones y forzando también a estos últimos a apelotonarse en estrecho contacto. La estructura neutrónica contrarresta entonces cualquier ulterior contracción y lo que tenemos es una “estrella de neutrones”, que podría albergar toda la masa de nuestro sol en una esfera de sólo 16 kilómetros de diámetro. La gravedad superficial sería 210.000.000.000 veces superior a la de la Tierra. En ciertas condiciones, la gravitación puede superar incluso la resistencia de la estructura neutrónica. En ese caso ya no hay nada que pueda oponerse al colapso. La estrella puede contraerse hasta un volumen cero y la gravedad superficial aumentar hacia el infinito. Según la teoría de la relatividad, la luz emitida por una estrella pierde algo de su energía al avanzar contra el campo gravitatorio de la estrella. Cuanto más intenso es el campo, tanto mayor es la pérdida de energía, lo cual ha sido comprobado experimentalmente en el espacio y en el laboratorio. La luz emitida por una estrella ordinaria como el Sol pierde muy poca energía. La emitida por una enana blanca, algo más; y la emitida por una estrella de neutrones aún más. A lo largo del proceso de colapso de la estrella de neutrones llega un momento en que la luz que emana de la superficie pierde toda su energía y no puede escapar .Un objeto sometido a una compresión mayor que la de las estrellas de neutrones tendría un campo gravitatorio tan intenso, que cualquier cosa que se aproximara a él quedaría atrapada y no podría volver a salir. Es como si el objeto atrapado hubiera caído en un agujero infinitamente hondo y no cesase nunca de caer. Y como ni siquiera la luz puede escapar, el objeto comprimido será negro. Literalmente, un “agujero negro”. Hoy día los astrónomos están buscando pruebas de la existencia de agujeros negros en distintos lugares del universo.





¿Que es la cuarta dimension?



La palabra “dimensión” viene de un término latino que significa “medir completamente”. Vayamos, pues, con algunas medidas. Supongamos que tienes una línea recta y que quieres marcar sobre ella un punto fijo X, de manera que cualquier otra persona pueda encontrarlo con sólo leer tu descripción. Para empezar, haces una señal en cualquier lugar de la línea y la llamas “cero”. Mides luego y compruebas que X está exactamente a dos pulgadas de la marca del cero. Si está a uno de los lados, convienes en llamar a esa distancia + 2; si está al otro, - 2. El punto queda así localizado con un solo número, siempre que los demás acepten esas “convenciones”: dónde está la marca del cero, y qué lado es más y cuál menos. Como para localizar un punto sobre una línea sólo se necesita un número, la línea, o cualquier trozo de ella es “uni-dimensional” (“un solo número para medir completamente”). Pero supón que tienes una gran hoja de papel y que quieres localizar en ella un punto fijo X. Empiezas en la marca del cero y compruebas que está a cinco pulgadas... ¿pero en qué dirección? Lo que puedes hacer es descomponer la distancia en dos direcciones. Tres pulgadas al norte y cuatro al este. Sí llamamos al norte más y al sur menos y al este más y al oeste menos, podrás localizar el punto con dos números: +3, +4. O también puedes decir que está a cinco pulgadas del cero y a un ángulo de 36,87º de la línea este-oeste. De nuevo dos números: 5 y 36,87º. Hagas lo que hagas, siempre necesitarás dos números para localizar un punto fijo en un plano. Un plano, o cualquier trozo de él, es bidimensional.
Supón ahora que lo que tienes es un espacio como el interior de una habitación. Un punto fijo X lo podrías localizar diciendo que está a cinco pulgadas, por ejemplo, al norte de la marca cero, dos pulgadas al éste de ella y 15 pulgadas por encima de ella. O también dando una distancia y dos ángulos. Hagas lo que hagas, siempre necesitarás tres números para localizar un punto fijo en el interior de una habitación (o en el interior del universo). La habitación, o el universo, son, por tanto, tridimensionales. Supongamos que hubiese un espacio de naturaleza tal, que se necesitaran cuatro números, o cinco, o dieciocho, para localizar un punto fijo en él. Sería un espacio cuatridimensional, o de cinco dimensiones, o de dieciocho dimensiones. Tales espacios no existen en el universo ordinario, pero los matemáticos sí pueden concebir estos “hiperespacios” y calcular qué propiedades tendrían las correspondientes figuras matemáticas. E incluso llegan a calcular las propiedades que se cumplirían para cualquier espacio dimensional: lo que se llama “geometría n-dimensional”. Pero, ¿y si lo que estamos manejando son puntos, no fijos, sino variables en el tiempo? Si queremos localizar la posición de un mosquito que está volando en una habitación,tendremos que dar los tres números que ya conocemos: norte-sur, este-oeste y arriba abajo. Pero luego tendríamos que añadir un cuarto número que representara el tiempo, porque el mosquito habrá ocupado esa posición espacial sólo durante un instante, y ese instante hay que identificarlo. Lo mismo vale para todo cuanto hay en el universo. Tenemos el espacio, que es tridimensional, y hay que añadir el tiempo para obtener un “espacio-tiempo” cuatridimensional. Pero dándole un tratamiento diferente que a las tres “dimensiones espaciales”. En ciertas ecuaciones clave en las que los símbolos de las tres dimensiones espaciales tienen signo positivo, el símbolo del tiempo lo lleva negativo. Por tanto, no debemos decir que el tiempo es la cuarta dimensión. Es sólo una cuarta dimensión, diferente de las otras tres.






¿Que es, en pocas palabras, la teoria de la relatividad de Einstein



Según las leyes del movimiento establecidas por primera vez con detalle por Isaac Newton hacia 1680 - 1689, dos o más movimientos se suman de acuerdo con las reglas de la aritmética elemental. Supongamos que un tren pasa a nuestro lado a 20 kilómetros por hora y que un niño tira desde el tren una pelota a 20 kilómetros por hora en la dirección del movimiento del tren. Para el niño, que se mueve junto con el tren, la pelota se mueve a 20 kilómetros por hora. Pero para nosotros, el movimiento del tren y el de la pelota se suman, de modo que la pelota se moverá a la velocidad de 40 kilómetros por hora. Como ves, no se puede hablar de la velocidad de la pelota a secas. Lo que cuenta es su velocidad con respecto a un observador particular. Cualquier teoría del movimiento que intente explicar la manera en que las velocidades (y fenómenos afines) parecen variar de un observador a otro sería una “teoría de la relatividad”. La teoría de la relatividad de Einstein nació del siguiente hecho: lo que funciona para pelotas tiradas desde un tren no funciona para la luz. En principio podría hacerse que la luz se propagara, o bien a favor del movimiento terrestre, o bien en contra de él. En el primer caso parecería viajar más rápido que en el segundo (de la misma manera que un avión viaja más aprisa, en relación con el suelo, cuando lleva viento de cola que cuando lo lleva de cara). Sin embargo, medidas muy cuidadosas demostraron que la velocidad de la luz nunca variaba, fuese cual fuese la naturaleza del movimiento de la fuente que emitía la luz. Einstein dijo entonces: supongamos que cuando se mide la velocidad de la luz en el vacío, siempre resulta el mismo valor (unos 299.793 kilómetros por segundo), en cualesquiera circunstancias. ¿Cómo podemos disponer las leyes del universo para explicar esto? Einstein encontró que para explicar la constancia de la velocidad de la luz había que aceptar una serie de fenómenos inesperados. Halló que los objetos tenían que acortarse en la dirección del movimiento, tanto más cuanto mayor fuese su velocidad, hasta llegar finalmente a una longitud nula en el límite de la velocidad de la luz; que la masa de los objetos en movimiento tenía que aumentar con la velocidad, hasta hacerse infinita en el límite de la velocidad de la luz; que el paso del tiempo en un objeto en movimiento era cada vez más lento a medida que aumentaba la velocidad, hasta llegar a pararse en dicho límite; que la masa era equivalente a una cierta cantidad de energía y viceversa. Todo esto lo elaboró en 1905 en la forma de la “teoría especial de la relatividad”, que se ocupaba de cuerpos con velocidad constante. En 1915 extrajo consecuencias aún más sutiles para objetos con velocidad variable, incluyendo una descripción del comportamiento de los efectos gravitatorios. Era la “teoría general de la relatividad” Los cambios predichos por Einstein sólo son notables a grandes velocidades. Tales velocidades han sido observadas entre las partículas subatómicas, viéndose que los cambios predichos por Einstein se daban realmente, y con gran exactitud. Es más, sí la teoría de la relatividad de Einstein fuese incorrecta, los aceleradores de partículas no podrían funcionar, las bombas atómicas no explotarían y habría ciertas observaciones astronómicas imposibles de hacer. Pero a las velocidades corrientes, los cambios predichos son tan pequeños que pueden ignorarse. En estas circunstancias rige la aritmética elemental de las leyes de Newton; y como estamos acostumbrados al funcionamiento de estas leyes, nos parecen ya de “sentido común”, mientras que la ley de Einstein se nos antoja “extraña”.





¿Qué es el principio de incertidumbre de Heisenberg?





Antes de explicar la cuestión de la incertidumbre, empecemos por preguntar: ¿qué es la certidumbre? Cuando uno sabe algo de fijo y exactamente acerca de un objeto, tiene certidumbre sobre ese dato, sea cual fuere. ¿Y cómo llega uno a saber una cosa? De un modo o de otro, no hay más remedio que interaccionar con el objeto. Hay que pesarlo para averiguar su peso, golpearlo para ver cómo es de duro, o quizá simplemente mirarlo para ver dónde está. Pero grande o pequeña, tiene que haber interacción. Pues bien, esta interacción introduce siempre algún cambio en la propiedad que estamos tratando de determinar. O digámoslo así: el aprender algo modifica ese algo por el mismo hecho de aprenderlo, de modo que, a fin de cuentas, no lo hemos aprendido exactamente. Supongamos, por ejemplo, que queremos medir la temperatura del agua caliente de un baño. Metemos un termómetro y medimos la temperatura del agua. Pero el termómetro está frío, y su presencia en el agua la enfría una chispa. Lo que obtenemos sigue siendo una buena aproximación de la temperatura, pero no exactamente hasta la billonésima de grado. El termómetro ha modificado de manera casi imperceptible la temperatura que estaba midiendo. O supongamos que queremos medir la presión de un neumático. Para ello utilizamos una especie de barrita que es empujada hacia afuera por una cierta cantidad del aire que antes estaba en el neumático. Pero el hecho que se escape este poco de aire significa que la presión ha disminuido un poco por el mismo acto de medirla. ¿Es posible inventar aparatos de medida tan diminutos, sensibles e indirectos que no introduzcan ningún cambio en la propiedad medida? El físico alemán Werner Heisenberg llegó, en 1927, a la conclusión que no. La pequeñez de un dispositivo de medida tiene un límite. Podría ser tan pequeño como una partículasubatómica, pero no más. Podría utilizar tan sólo un cuanto de energía, pero no menos. Una sola partícula y un solo cuanto de energía son suficientes para introducir ciertos cambios. Y aunque nos limitemos a mirar una cosa para verla, la percibimos gracias a los fotones de luz que rebotan en el objeto, y eso introduce ya un cambio. Tales cambios son harto diminutos, y en la vida corriente de hecho los ignoramos; pero los cambios siguen estando ahí. E imaginemos lo que ocurre cuando los objetos que estarnos manejando son diminutos y cualquier cambio, por diminuto que sea, adquiere su importancia. Si lo que queremos, por ejemplo, es determinar la posición de un electrón, tendríamos que hacer rebotar un cuanto de luz en él, o mejor un fotón de rayos gamma, para “verlo”. Y ese fotón, al chocar, desplazaría por completo al electrón. Heisenberg logró demostrar que es imposible idear ningún método para determinar exacta y simultáneamente la posición y el momento de un objeto. Cuanto mayor es la precisión con que determinamos la posición, menor es la del momento, y viceversa. Heisenberg calculó la magnitud de esa inexactitud o “incertidumbre” de dichas propiedades, y ese es su “principio de incertidumbre”. El principio implica una cierta “granulación” del universo. Si ampliamos una fotografía de un periódico, llega un momento en que lo único que vemos son pequeños granos o puntos y perdemos todo detalle. Lo mismo ocurre si miramos el universo demasiado cerca. Hay quienes se sienten decepcionados por esta circunstancia y lo toman como una confesión de eterna ignorancia. Ni mucho menos. Lo que nos interesa saber es cómo funciona el universo, y el principio de incertidumbre es un factor clave de su funcionamiento. La granulación está ahí, y eso es todo. Heisenberg nos lo ha mostrado y los físicos se lo agradecen.







En la bomba atómica se convierte materia en energía. ¿Es posible hacer lo contrario y convertir energía en materia?



Sí que es posible convertir energía en materia, pero hacerlo en grandes cantidades resulta poco práctico. Veamos por qué. Según la teoría especial de la relatividad de Einstein, tenemos que e = mc2 donde e representa la energía, medida en ergios, m representa la masa en gramos y c es la velocidad de la luz en centímetros por segundo. La luz se propaga en el vacío a una velocidad muy próxima a los 30.000 millones (3 × 1010) de centímetros por segundo. La cantidad c2 representa el producto c × c, es decir, 3 × 1010×3 × 1010 ó 9 × 1020Por tanto, c .2 es igual a 900.000.000.000.000.000.000. Así pues, una masa de un gramo puede convertirse, en teoría en 9 x 1020 ergios de energía. El ergio es una unidad muy pequeña de energía. La kilocaloría, de nombre quizá mucho más conocido, es igual a unos 42.000 millones de ergios. Un gramo de materia, convertido a energía, daría 2,2 × 1010 (22.000 millones) de kilocalorías. Una persona puede sobrevivir cómodamente con 2.500 kilocalorías al día, obtenidas de los alimentos ingeridos. Con la energía que representa un solo gramo de materia tendríamos reservas para unos 24.110 años, que no es poco para la vida de un hombre. O expresémoslo de otro modo: si fuese posible convertir en energía eléctrica la energía representada por un solo gramo de materia bastaría para tener luciendo continuamente una bombilla de 100 vatios durante unos 28.200 años. O bien: la energía que representa un solo gramo de materia equivale a la que se obtendría de quemar unos 32 millones de litros de gasolina. Nada tiene de extraño, por tanto, que las bombas nucleares, donde se convierten en energía cantidades apreciables de materia, desaten tanta destrucción. La conversión opera en ambos sentidos. La materia se puede convertir en energía, y la energía en materia. Esto último puede hacerse en cualquier momento en el laboratorio. Una partícula muy energética, un fotón de rayos gamma, puede convertirse en un electrón y un positrón sin grandes dificultades. Con ello se invierte el proceso, convirtiéndose energía en materia. Ahora bien la materia formada se reduce a dos partículas ligerísimas, de masa casi despreciable. ¿Podrá utilizarse el mismo principio para formar una cantidad mayor de materia, lo suficiente para que resulte visible?¡Ah! Pero la aritmética es implacable. Si un gramo de materia puede convertirse en una cantidad de energía igual a la que produce la combustión de 32 millones de litros de gasolina, entonces hará falta toda esa energía para fabricar un solo gramo de materia. Aun cuando alguien estuviese dispuesto a hacer el experimento y correr con el gasto de reunir toda esa energía (y quizás varias veces más, a fin de cubrir pérdidas inevitables) para formar un gramo de materia, no lo conseguiría. Sería imposible producir y concentrar toda esa energía en un volumen suficientemente pequeño para producir de golpe un gramo de materia. Así pues, la conversión es posible en teoría, pero completamente inviable en la práctica. En cuanto a la materia del universo, se supone, desde luego, que se produjo a partir de energía, pero en unas condiciones que sería imposible reproducir hoy día en el laboratorio.











¿Por qué la Luna muestra siempre la misma cara hacia la Tierra?



La atracción gravitatoria de la Luna sobre la Tierra hace subir el nivel del océano a ambos lados de nuestro planeta y crea así dos abultamientos. A medida que la Tierra gira de oeste a este, estos dos bultos, de los cuales uno mira siempre hacia la Luna y el otro en dirección contraria, se desplazan de este a oeste alrededor de la Tierra.

Al efectuar este desplazamiento, los dos bultos rozan contra el fondo de los mares poco profundos como el de Bering o el de Irlanda. Tal rozamiento convierte energía de rotación en calor, y este consumo de la energía de rotación terrestre hace que el movimiento de rotación de la Tierra alrededor de su eje vaya disminuyendo poco a poco. Las marcas actúan como un freno sobre la rotación de la Tierra, y como consecuencia de ello los días terrestres se van alargando un segundo cada mil años.

Pero no es sólo el agua del océano lo que sube de nivel en respuesta a la gravedad lunar. La corteza sólida de la Tierra también acusa el efecto, aunque en medida menos notable. El resultado son dos pequeños abultamientos rocosos que van girando alrededor de la Tierra, el uno mirando hacia la Luna y el otro en la cara opuesta de nuestro planeta. Durante este desplazamiento, el rozamiento de una capa rocosa contra otra va minando también la energía de rotación terrestre. (Los bultos, claro está, no se mueven físicamente alrededor del planeta, sino que, a medida que el planeta gira, remiten en un lugar y se forman en otro, según qué porciones de la superficie pasen por debajo de la Luna.)

La Luna no tiene mares ni mareas en el sentido corriente. Sin embargo, la corteza sólida de la Luna acusa la fuerza gravitatoria de la Tierra, y no hay que olvidar que ésta es ochenta veces más grande que la de la Luna. El abultamiento provocado en la superficie lunar es mucho mayor que el de la superficie terrestre. Por tanto, si la Luna rotase en un período de veinticuatro horas, estaría sometida a un rozamiento muchísimo mayor que la Tierra. Además, como nuestro satélite tiene una masa mucho menor que la Tierra, su energía total de rotación sería ya de entrada, para períodos de rotación iguales, mucho menor.

Así, pues, la Luna, con una reserva inicial de energía muy pequeña, socavada rápidamente por los grandes bultos provocados por la Tierra, tuvo que sufrir una disminución relativamente rápida de su período de rotación. Hace seguramente muchos millones de años debió de decelerarse hasta el punto que el día lunar se igualó con el mes lunar. De ahí en adelante, la Luna siempre mostraría la misma cara hacia la Tierra.

Esto, a su vez, congela los abultamientos en una posición fija. Uno de ellos mira hacía la Tierra desde el centro mismo de la cara lunar que nosotros vemos, mientras que el otro apunta en la dirección contraria desde el centro mismo de la cara que no vemos. Puesto que las dos caras no cambian de posición a medida que la Luna gira alrededor de la Tierra, los bultos no experimentan ningún nuevo cambio ni tampoco se produce rozamiento alguno que altere el período de rotación del satélite. La Luna continuará mostrándonos la misma cara indefinidamente; lo cual, como veis, no es ninguna coincidencia, sino consecuencia inevitable de la gravitación y del rozamiento.

La Luna es un caso relativamente simple. En ciertas condiciones, el rozamiento debido a las mareas puede dar lugar a condiciones de estabilidad más complicadas. Durante unos ochenta años, por ejemplo, se pensó que Mercurio (el planeta más cercano al Sol y el más afectado por la gravedad solar) ofrecía siempre la misma cara al Sol, por el mismo motivo que la Luna ofrece siempre la misma cara a la Tierra. Pero se ha comprobado que, en el caso de Mercurio, los efectos del rozamiento producen un período estable de rotación de 58 días, que es justamente dos tercios de los 88 días que constituyen el período de revolución de Mercurio alrededor del Sol.






¿De dónde vino la sustancia del universo? ¿Qué hay más allá del borde del universo?



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La respuesta a la primera pregunta es simplemente que nadie lo sabe.

La ciencia no garantiza una respuesta a todo. Lo único que ofrece es un sistema para obtener respuestas una vez que se tiene suficiente información. Hasta ahora no disponemos de la clase de información que nos podría decir de dónde vino la sustancia del universo.

Pero especulemos un poco. A mí, por mi parte, se me ha ocurrido que podría haber algo llamado “energía negativa” que fuese igual que la “energía positiva” ordinaria pero con la particularidad que cantidades iguales de ambas se unirían para dar nada como resultado (igual que + 1 y - 1 sumados dan 0).Y al revés: lo que antes era nada podría cambiar de pronto y convertirse en una pompa de “energía positiva” y otra pompa igual de “energía negativa”. De ser así, la pompa de “energía positiva” quizá se convirtiese en el universo que conocemos, mientras que en algún otro lado existiría el correspondiente “universo negativo”.

¿Pero por qué lo que antes era nada se convirtió de pronto en dos pompas de energía opuesta?

¿Y por qué no?

Si 0 = (+ 1) + (- 1), entonces algo que es cero podría convertirse igual de bien en + 1 y - 1. Acaso sea que en un mar infinito de nada se estén formando constantemente pompas de energía positiva y negativa de igual tamaño, para luego, después de sufrir una serie de cambios evolutivos, recombinarse y desaparecer. Estamos en una de esas pompas, en el período de tiempo entre la nada y la nada, y pensando sobre ello.

Pero todo esto no es más que especulación. Los científicos no han descubierto hasta ahora nada que se parezca a esa “energía negativa” ni tienen ninguna razón para suponer que exista; hasta entonces mi idea carecerá de valor.

¿Y qué hay más allí del universo? Supongamos que contesto: no-universo.

El lector dirá que eso no significa nada, y quizá esté en lo cierto. Por otro lado, hay muchas preguntas que no tienen respuesta sensata (por ejemplo, “¿qué altura tiene arriba?”), y estas preguntas son “preguntas sin sentido”.

Pero pensemos de todos modos sobre ello.

Imagínese el lector convertido en una hormiga muy inteligente que viviese en medio del continente norteamericano. A lo largo de una vida entera de viaje habría cubierto kilómetros y kilómetros cuadrados de superficie terrestre y con ayuda de unos prismáticos inventados por él mismo vería miles y miles de kilómetros más. Naturalmente, supondría que la tierra continuaba sin fin.

Pero la hormiga podría también preguntarse si la tierra se acaba en algún lugar. Y entonces se plantearía una pregunta embarazosa: “Sí la tierra se acaba, ¿qué habrá más allá?”

Recuérdese bien: la única experiencia está relacionada con la tierra. La hormiga nunca ha visto el océano, ni tiene la noción de océano, ni puede imaginarse más que tierra. ¿No tendría que decir: “Si la tierra de hecho se acaba, al otro lado tiene que haber no-tierra, sea lo que fuese eso”, y no estaría en lo cierto?

Pues bien, si el universo se define como la suma total de la materia y energía y todo el espacio que llenan, entonces, en el supuesto que el universo tenga un fin, tiene que haber no-materia y no-energía inmersas en el no-espacio al otro lado. Dicho brevemente, no-universo sea lo que fuere eso.

Y si el universo nació como una pompa de energía positiva formada, junto con otra de energía negativa, a partir de nada, entonces más allá del universo hay nada, o lo que quizá sea lo mismo, no-universo.







El tiempo, ¿es una ilusión o existe realmente? ¿Cómo habría que describirlo?



El tiempo, para empezar, es un asunto psicológico; es una sensación de duración. Uno come, y al cabo de un rato vuelve a tener hambre. Es de día, y al cabo de un rato se hace de noche.

La cuestión de qué es esta sensación de duración, de qué es lo que hace que uno sea consciente que algo ocurre "al cabo de un rato", forma parte del problema del mecanismo de la mente en general, problema que aún no está resuelto.

Tarde o temprano, todos nos damos cuenta que esa sensación de duración varía con las circunstancias. Una jornada de trabajo parece mucho más larga que un día con la persona amada; y una hora en una conferencia aburrida, mucho más larga que una hora con los naipes. Lo cual podría significar que lo que llamamos un "día" o una "hora" es más largo unas veces que otras. Pero cuidado con la trampa. Un período que a uno le parece corto quizá se le antoje largo a otro, y ni desmesuradamente corto ni largo a un tercero.

Para que este sentido de la duración resulte útil a un grupo de gente es preciso encontrar un método para medir su longitud que sea universal y no personal. Si un grupo acuerda reunirse "dentro de seis semanas exactamente", sería absurdo dejar que cada cual se presentara en el lugar de la cita cuando, en algún rincón de su interior, sienta que han pasado, seis semanas. Mejor será que se pongan todos de acuerdo en contar cuarenta y dos períodos de luz-oscuridad y presentarse entonces, sin hacer caso de lo que diga el sentido de la duración.

En el momento que elegimos un fenómeno físico objetivo como medio para sustituir el sentido innato de la duración por un sistema de contar, tenemos algo a lo que podemos llamar "tiempo". En ese sentido, no debemos intentar definir el tiempo como esto o aquello, sino sólo como un sistema de medida.

Las primeras medidas del tiempo estaban basadas en fenómenos astronómicos periódicos: la repetición del mediodía (el Sol en la posición más alta) marcaba el día; la repetición de la Luna nueva marcaba el mes; la repetición del equinoccio vernal (el Sol de mediodía sobre el ecuador después de la estación fría) marcaba el año. Dividiendo el día en unidades iguales obtenemos las horas, los minutos y los segundos.

Estas unidades menores de tiempo no podían medirse con exactitud sin utilizar un movimiento periódico más rápido que la repetición del mediodía. El uso de la oscilación regular de un péndulo o de un diapasón introdujo en el siglo XVII los modernos relojes. Fue entonces cuando la medida del tiempo empezó a adquirir una precisión aceptable. Hoy día se utilizan las vibraciones de los átomos para una precisión aún mayor.

Pero ¿quién nos asegura que estos fenómenos periódicos son realmente "regulares"? ¿No serán tan poco de fiar como nuestro sentido de la duración?

Puede que sí, pero es que hay varios métodos independientes de medir el tiempo y los podemos comparar entre sí. Si alguno o varios de ellos son completamente irregulares, dicha comparación lo pondrá de manifiesto. Y aunque todos ellos sean irregulares, es sumamente improbable que lo sean de la misma forma. Si, por el contrario, todos los métodos de medir el tiempo coinciden con gran aproximación, como de hecho ocurre, la única conclusión que cabe es que los distintos fenómenos periódicos que usamos son todos ellos esencialmente regulares. (Aunque no perfectamente regulares. La longitud del día, por ejemplo, varía ligeramente.)

Las medidas físicas miden el "tiempo físico". Hay organismos, entre ellos. El hombre, que tienen métodos de engranarse en fenómenos periódicos (como despertarse y dormirse) aun sin referencia a cambios exteriores (como el día y la noche). Pero este "tiempo biológico" no es, ni con mucho tan regular como el tiempo físico.

Y también está, claro es, el sentido de duración o "tiempo psicológico". Aun teniendo un reloj delante de las narices, una jornada de trabajo sigue pareciéndonos más larga que un día con la persona amada.






Si no hay nada más rápido que la luz, ¿qué son los taquiones, que al parecer se mueven más deprisa que ella?



La teoría especial de la relatividad de Einstein dice que es imposible hacer que ningún objeto de nuestro universo se mueva a una velocidad mayor que la de la luz en el vacío. Haría falta una cantidad infinita de energía para comunicarle una velocidad igual a la de luz, y la cantidad “plus quam infinita” necesaria para pasar de ese punto sería impensable.

Pero supongamos que un objeto estuviese moviéndose ya más deprisa que la luz.

La luz se propaga a 299.793 kilómetros por segundo. Pero, ¿qué ocurriría si un objeto de un kilogramo de peso y de un centímetro de longitud se estuviera moviendo a 423.971 kilómetros por segundo? Utilizando las ecuaciones de Einstein comprobamos que el objeto tendría entonces una masa de - kilogramos y una longitud de + centímetros.

O dicho con otras palabras: cualquier objeto que se mueva más deprisa que la luz tendría que tener una masa y una longitud expresadas en lo que los matemáticos llaman “números imaginarios” (véase pregunta 6). Y como no conocemos ninguna manera de visualizar masas ni longitudes expresadas en números imaginarios, lo inmediato es suponer que tales cosas, al ser impensables, no existen.

Pero en el año 1967, Gerald Feinberg, de la Universidad Columbia, se preguntó si era justo proceder así. (Feinberg no fue el primero que sugirió la partícula; el mérito es de O. M. Bilaniuk y E. C. G. Sudarshan. Pero fue Feinberg quien divulgó la idea.) Pudiera ser, se dijo, que una masa y una longitud “imaginarias” fuesen simplemente un modo de describir un objeto con gravedad negativa (pongamos por caso): un objeto que, dentro de nuestro universo, repele a la materia en lugar de atraerla gravitatoriamente.

Feinberg llamó “taquiones” a estas partículas más rápidas que la luz y de masa y longitud imaginarias; la palabra viene de otra que en griego significa “rápido”. Si concedemos la existencia de estos taquiones, ¿podrán cumplir los requisitos de las ecuaciones de Einstein?

Aparentemente, sí. No hay inconveniente alguno en imaginar un universo entero de taquiones que se muevan más deprisa que la luz pero que sigan cumpliendo los requisitos de la relatividad. Sin embargo, en lo que toca a la energía y a la velocidad, la situación es opuesta a lo que estamos acostumbrados.

En nuestro universo, el “universo lento”, un cuerpo inmóvil tiene energía nula; a medida que adquiere energía va moviéndose cada vez más deprisa, y cuando la energía se hace infinita el cuerpo va a la velocidad de la luz. En el “universo rápido”, un taquión de energía nula se mueve a velocidad infinita, y cuanta más energía adquiere más despacio va; cuando la energía se hace infinita, la velocidad se reduce a la de la luz.

En nuestro universo lento ningún cuerpo puede moverse más deprisa que la luz bajo ninguna circunstancia. En el universo rápido, un taquión no puede moverse más despacio que la luz en ninguna circunstancia. La velocidad de la luz es la frontera entre ambos universos y no puede ser cruzada.

Pero los taquiones ¿realmente existen? Nada nos impide decidir que es posible que exista un universo rápido que no viole la teoría de Einstein, pero el que sea posible no quiere decir que sea.

Una posible manera de detectar el universo rápido se basa en la consideración que un taquión, al atravesar un vacío con velocidad superior a la de la luz, tiene que dejar tras sí un rastro de luz potencialmente detectable. Naturalmente, la mayoría de los taquiones irían muy, muy deprisa, millones de veces más deprisa que la luz (igual que los objetos corrientes se mueven muy despacio, a una millonésima de la velocidad de la luz).

Los taquiones ordinarios y sus relámpagos de luz pasarían a nuestro lado mucho antes que nos pudiésemos percatar de su presencia. Tan sólo aquellos pocos de energía muy alta pasarían con velocidades próximas a la de la luz. Y aún así, recorrerían un kilómetro en algo así como 1/300.000 de segundo, de modo que detectarlos exigiría una operación harto delicada.







¿Qué tienen de noble los gases nobles?



Los elementos que reaccionan difícilmente o que no reaccionan en absoluto con otros elementos se denominan "inertes". El nitrógeno y el platino son ejemplos de elementos inertes.

En la última década del siglo pasado se descubrieron en la atmósfera una serie de gases que no parecían intervenir en ninguna reacción química. Estos nuevos gases, helio, neón, argón, criptón, xenón y radón, son más inertes que cualquier otro elemento y se agrupan bajo el nombre de "gases inertes".

Los elementos inertes reciben a veces el calificativo de "nobles" porque esa resistencia a reaccionar con otros elementos recordaba un poco a la altanería de la aristocracia. El oro y el platino son ejemplo de "metales nobles", y por la misma razón se llamaba a veces "gases nobles" a los gases inertes. Hasta 1962 el nombre más común era el de "gases inertes", quizá porque lo de nobles parecía poco apropiado en sociedades democráticas.

La razón que los gases inertes sean inertes es que el conjunto de electrones de cada uno de sus átomos está distribuido en capas especialmente estables. La más exterior, en concreto, tiene ocho electrones. Así la distribución electrónica del neón es (2, 8) y la del argón (2, 8, 8). Como la adición o sustracción de electrones rompe esta distribución estable, no pueden producirse cambios electrónicos. Lo cual significa que no se pueden producir reacciones químicas y que esos elementos son inertes.

Ahora bien, el grado de inercia depende de la fuerza con que el núcleo, cargado positivamente y situado en el centro del átomo, sujeta a los ocho electrones de la capa exterior. Cuantas más capas electrónicas haya entre la exterior y el centro, más débil será la atracción del núcleo central.

Quiere esto decir que el gas inerte más complejo es también el menos inerte. El gas inerte de estructura atómica más complicada es el radón. Sus átomos tienen una distribución electrónica de (2, 8, 18, 32, 18, 8). El radón, sin embargo, está sólo constituido por, isótopos radiactivos y es un elemento con el que difícilmente se pueden hacer experimentos químicos. El siguiente en orden de complejidad es el xenón, que es estable. Sus átomos tienen una distribución electrónica de (2, 8, 18, 18, 8).

Los electrones más exteriores de los átomos de xenón y radón están bastante alejados del núcleo y, por consiguiente, muy sueltos. En presencia de átomos que tienen una gran apetencia de electrones, son cedidos rápidamente. El átomo con mayor apetencia de electrones es el flúor, y así fue como en 1962 el químico canadiense Neil Bartlett consiguió formar compuestos de xenón y flúor.

Desde entonces se ha conseguido formar también compuestos de radón y criptón. Por eso los químicos rehuyen el nombre de "gases inertes", porque, a fin de cuentas, esos átomos no son completamente inertes. Hoy día se ha impuesto la denominación de "gases nobles" y existe toda una rama de la química que se ocupa de los "compuestos de gases nobles".

Naturalmente, cuanto más pequeño es el átomo de un gas noble, más inerte es, y. no se ha encontrado nada que sea capaz de arrancarles algún electrón. El argón, cuya distribución electrónica es (2, 8, 8), y el neón, con (2, 8), siguen siendo completamente inertes. Y el más inerte de todos es el helio, cuyos átomos contienen una sola capa electrónica con dos electrones (que es lo máximo que puede alojar esa primera capa).

La maquinaria de la división celular es extraordinariamente complicada. El proceso consta de numerosos pasos en los que la membrana nuclear desaparece, el centrosoma se divide, los cromosomas forman réplicas de sí mismos, son capturados en la red en la red formada por los centrosomas divididos y se reparten en lados opuestos de la célula. Luego se forma una nueva membrana nuclear a ambos lados, mientras la célula se constriñe por el medio y se divide en dos.





¿Por qué las células de la sangre se reponen cada pocos meses, mientras que la mayoría de las células del cerebro duran toda la vida?





Los cambios químicos involucrados en todo esto son, sin duda alguna, mucho más complicados todavía. Sólo en los últimos años se han empezado a vislumbrar algunos de ellos. No tenemos ni la más ligera idea, por ejemplo de cuál es el cambio químico que hace que la célula deje de dividirse cuando ya no hace falta que lo haga. Si supiéramos la respuesta, podríamos resolver el problema del cáncer, que es un desorden en el crecimiento celular, una incapacidad de las células para dejar de dividirse.

Una criatura tan compleja como el hombre tiene (y debe tener) células extraordinariamente especializadas. Las células pueden realizar ciertas funciones que todas las demás pueden también realizar, pero es que en cada caso llevan su cometido hasta el extremo. Las células musculares han desarrollado una eficacia extrema en contraerse, las nerviosas en conducir impulsos eléctricos, las renales en permitir que pasen sólo ciertas sustancias y no otras. La maquinaria dedicada en esas células a la función especializada es tanta, que no hay lugar para los mecanismos de la división celular. Estas células, y todas las que poseen un cierto grado de especialización, tienen que prescindir de la división.

En términos generales podemos decir que una vez que un organismo ha alcanzado pleno desarrollo, ya no hay necesidad de un mayor tamaño, ni necesidad, por tanto, de más células.

Sin embargo, hay algunas que están sometidas a un continuo desgaste. Las células de la piel están en constante contacto con el mundo exterior, las de la membrana intestinal rozan con los alimentos y los glóbulos rojos chocan contra las paredes de los capilares. En todos estos casos, el rozamiento y demás avatares se cobran su tributo. En el caso de la piel y de las membranas intestinales, las células de las capas más profundas tienen que seguir siendo capaces de dividirse, a fin de reponer las células desprendidas por otras nuevas. De hecho, las células superficiales de la piel mueren antes de desprenderse, de modo que la capa exterior constituye una película muerta de protección, dura y resistente. Allí donde el rozamiento es especialmente grande, la capa muerta llega a formar callo.

Los glóbulos rojos de la sangre carecen de núcleo y, por consiguiente, de esa maquinaria, de división celular que está invariablemente concentrada en los núcleos. Pero en muchos lugares del cuerpo, sobre todo en la médula de ciertos huesos, hay células provistas de núcleos que se pueden dividir y formar células hijas; éstas a su vez, pierden gradualmente el núcleo y se convierten glóbulos rojos.

Algunas células que normalmente no se dividen una vez alcanzado el pleno desarrollo pueden, sin embargo hacerlo cuando hace falta una reparación. Un hueso, por ejemplo, que hace mucho que ha dejado de crecer, puede volver a hacerlo si sufre una rotura; crecerá lo justo para reparar la fractura y luego parará. (¡Qué lástima que las células nerviosas no puedan hacer lo propio!)

La vida de una célula concreta hasta ser reemplazada depende normalmente de la naturaleza y la intensidad de las tensiones a que está expuesta, por lo cual es muy difícil dar datos exactos. (Se ha comprobado qué la piel exterior de la planta de una rata queda completamente reemplazada, en ciertas condiciones, en dos semanas.) Una excepción son los glóbulos rojos, que están sometidos a un desgaste continuo e invariable. Los glóbulos rojos del hombre tienen una vida predecible de unos ciento veinticinco días.

martes, febrero 01, 2011

Un poco de humor no viene nada mal.....

Años de casados....

Después de 20 años de casados, una pareja estaba acostada en la cama una noche cuando la esposa sintió a su marido acariciarle de una manera que no lo había hecho en bastante tiempo. Sus caricias eran muy sensuales, empezando por la nuca hasta llegar a su espalda. Después acaricio sus hombros, bajando lentamente hacia sus senos y parando justo después de su ombligo. Después puso su mano en el interior de su brazo izquierdo, acariciando el lado de su seno, bajando por su costado, sobre la nalga hasta llegar a la pantorrilla. Siguió hacia arriba por el interior de su pierna parándose en la ingle. Repitió, las mismas caricias en el lado derecho y de repente se paró, se dio la vuelta y se puso a ver la televisión. La esposa, que estaba muy excitada, le preguntó con una voz muy dulce: "Lo que estabas haciendo estaba maravilloso. ¿Por qué paraste? Y él le respondió:


"Ya encontré el control".


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Sandalias para hacer el amor salvajemente

Una pareja de recién casados va a pasar la luna de miel a Pakistán. Allí,mientras pasean por el mercado, oyen a un vendedor de Sandalias que parece escapado de las Mil y una Noches.
- Bengan, baisanos, bengan a mi humilde diendita, aquí bodrán combrar algo fabuloso -los incita.
El joven matrimonio entra y allí el vendedor les muestra un Par de sandalias a las que les atribuye poder mágico.
'Con ellas, bodrán hacer el amor salvajemente, como gamellos enfurecidos' les dice.
La mujer se tienta por el comentario del vendedor, pero el hombre, atlético y viril, dice que no las necesita.
-'Bruébalas, baisano, no te arrebentirás'- insiste el vendedor.
Como su mujer esta cada vez más interesada, el hombre termina por acceder (como le ocurre a todos los hombres). Y de repente...apenas se las ha calzado......, ¡¡una mirada feroz se dibuja en su rostro!!.. ¡¡unas ansias incontenibles!!... ¡una furia que su esposa jamás había visto! Veloz como una fiera en celo, el joven marido agarra al vendedor paquistaní por las nalgas, le baja los pantalones y se arroja sobre él para violarlo.
-'¡¡¡Bará, bará, bará, gabrón!!!'- grita desesperado el vendedor con lágrimas en los ojos: -'¡¡Te las busiste al revés, hijo de buta, te las busiste al revés!!!



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UN MES DE ATRASO!!!
Una pastusa le dice al marido: 'Fíjate que tengo un mes de atraso. Creo que vamos a tener un niño.
El médico me dijo que mañana me dirá el resultado de los análisis y entonces lo sabremos con toda seguridad.
En eso suena el teléfono. Es una llamada de la oficina de cobros de la Energía.
La sra. contesta, y le dicen:
- Somos de la Energía y queremos comunicarle que en nuestros archivos aparece que usted tiene un mes de atraso'.
La señora se sorprende y pregunta: -
'¿Pero cómo pueden saberlo?'
- 'Porque nuestras computadoras llevan el registro de todos los atrasos'.
La señora, turbada, le pasa el teléfono al marido y le dice:
- 'Oye, son los de la energía y ya saben que tengo un mes de atraso'.
El marido, extrañado, toma el teléfono y les pregunta:
- '¿Es verdad que saben lo del mes de atraso?'
- 'En efecto - le responden - y le estamos avisando que deben realizar inmediatamente el pago correspondiente al atraso'.
- '¿Un pago? ¿De veras? no joda.... ¿Y qué pasa si no quiero pagar?'
- 'Pues entonces personal nuestro tendría que ir para su casa y se lo cortamos'.
- '¡Carajo! ¿como así? y en ese caso, ¿qué podría hacer mi esposa?'
- 'Pues realmente no sé. ¡Pienso que probablemente tendría que arreglárselas con una vela!'



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Años esperando......


Luego de haberse peleado con su última novia, un hombre decidió ir de vacaciones para olvidar el trauma de la pelea. Se fue en un crucero por el Océano Pacífico y lo pasó fabuloso... hasta que se hundió el barco.

Pudo llegar a una isla desierta. No había nada, sólo bananas y cocos. Después de unos 4 meses, estaba sentado en la playa cuando ve que se acerca remando un botecito la mujer más hermosa del mundo. El hombre no lo puede creer y le pregunta:

- ¿De dónde has venido?? Cómo has llegado hasta aquí??

- Ella le responde: "remé desde el otro lado de la isla. Naufragué aquí cuando se hundió el crucero donde iba de vacaciones hace tres años.

El diálogo continúa...

- Qué increíble! Que suerte que tuviste que un bote te llevó a la costa!

- Oh, ¿este bote? Yo hice este bote con materiales crudos de la isla. Los remos fueron hechos de ramas de árboles. Entretejí el fondo del bote con hojas de palmeras y los lados del bote fueron hechos superponiendo hojas de gomeros. Los dos extremos los recubrí con hojas de eucalipto

- Pero dónde encontraste las herramientas?

- Ah, eso no fue ningún problema. En el lado sur de la isla hay un estrato muy inusual de roca aluvial que se ve expuesto. Lo trituré y quemé los trozos a una determinada temperatura en el horno de barro que me hice. Se convirtió en una especie de hierro dúctil y eso usé para hacer las herramientas. El tipo queda anonadado.

- ¿Qué te parece si remamos hasta mi casa?, le dice ella.

Luego de un rato de remar, llegan a un pequeño embarcadero. El hombre no puede creer lo que ve. Delante de él hay un camino hecho de piedras lisas que llega a un hermoso bungalow pintado en azul y blanco. Mientras que van caminando hacia la casa, ella dice:

- No es nada del otro mundo, pero yo la llamo 'mi casa'. Por favor sientate. ¿Qué te doy de beber?

- Nada , gracias. No soportaría tener que tomar jugo de coco una vez más. Es lo único que he bebido en todos estos meses, no lo soporto más.

- Ah!, pero no es sólo jugo de coco. Yo me hice una pequeña destilería para producir alcohol. ¿No te gustaría una piña colada?

Tratando de disimular su total asombro, el hombre acepta y se sientan a charlar. Luego de haber charlado un rato y haberse contado sus historias, ella le dice:

- Me voy a refrescar un poco y a ponerme algo más cómodo. A ti te gustaría darte una ducha y afeitarte? Hay una rasuradora en el armario del baño.

A estas alturas el hombre ya no cuestiona nada. Va al baño y encuentra una navaja muy afilada hecha de hueso de tortuga con un mecanismo de eslabón giratorio. El hombre piensa: "Esta mujer es INCREIBLE. ¿Qué más tendrá para sorprenderme?

Al volver a la sala, encuentra a la mujer con hojas de vid puestas en lugares estratégicos y oliendo a perfume de gardenias. Ella le pide que se siente a su lado.

- "Dime", le dice ella muy sugestiva y prácticamente echándosele encima, "Hemos sido náufragos durante muchos meses. Tú has estado muy solitario. Estoy segura que debe haber algo que quieres hacer inmediatamente, AHORA MISMO…ALGO QUE HAS AÑORADO DESESPERADAMENTE… ¿no es así?

Ella lo mira directamente a los ojos mientras parpadea.
El traga saliva excitadamente y se le empiezan a caer lágrimas por sus mejillas mientras dice....
-NO JODÁS... ¡NO ME DIGAS QUE TAMBIÉN TIENES " DIRECTV " PARA VER LA CHAMPIONS LEAGUE??!!!!!


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lunes, enero 31, 2011

Nunca Menos - Candombe homenaje a Néstor Kirchner



NUNCA MENOS (Letra)
Lágrimas que riegan todo el suelo en primavera
de tu mañana azul
que llora y ríe
...nombre que se talla para siempre en la madera
...de los que sin estar
están y viven

Voces que te nombran y se aferran al color
de esa insolencia alegre
que inventaste
ríos muchedumbres de un subsuelo que volvió
para quedarse acá
para quedarse

¿Será verdad
que te fuiste con la historia
o será que aún no despertamos
y que con una antorcha nueva
en cada mano
vas a volver
cubriéndonos de gloria?

Nada más al sur de esa indómita armadura
hecha de ayeres
blindada de ausencias
mágica de amores y de sueños que perduran
sin arrumbarse
en ninguna puerta

Todas esas risas que viniste a restaurar
desde un recóndito
rincón dormido
hoy cubren las paredes que no pueden derrumbar
los que sin luz ni sol
están perdidos

¿Será verdad
que te fuiste con la historia
o será que aún no despertamos
y que con una antorcha nueva
en cada mano
vas a volver
cubriéndonos de gloria?

Y esos mil jirones que dejaste en el camino
serán retazos si
de una bandera
marcas imborrables en el cuerpo
que elegimos
llevar hasta el final

y nunca menos

(Coro murguero)


Nunca menos
que ese fuego en la mirada
que las voces acalladas
retomando la canción
Nunca menos
que tu nombre en las banderas
que tu plaza siempre llena
de esperanza y de pasión
Nunca menos
que pañuelos en tu casa
Nunca menos
que justicia sin perdón
Nunca menos
que el paisaje repetido
de este sur tan aguerrido
y gritando al fin que no

Nunca menos
que esas risas desdentadas
aguantando la parada
que supieron conquistar
Nunca menos
que un enjambre de morochos
arruinándoles la foto
a los que no vuelven más
Nunca menos
que los pibes en el centro
Nunca menos
que vivir con dignidad
Nunca menos
que la Patria que soñamos
Nunca menos
Ni un paso atrás

miércoles, enero 26, 2011

El vendedor de panchos que fue juez en Nuremberg


A las 2 de la madrugada del 29 de abril de 1945 un ordenanza tocaba a la puerta de la habitación que Traudl Junge, secretaria personal de Adolf Hitler, ocupaba en el bunker, su presencia era requerida con urgencia por el führer por lo que luego de lavarse rápidamente la cara bajó al estudio de este. Al llegar lo encontró muy silencioso; al verla le preguntó cortésmente si había podido descansar algo, cuando ella contestó afirmativamente Hitler le pidió que se pusiera cómoda pues tenía que dictarle un texto que llevaría cierto tiempo y necesitaba que la transcripción se realizara lo más rápido posible.

El texto en cuestión era nada más y nada menos que el testamento político del hombre cuyas ideas y acciones habían provocado toda una orgía de sangre. El resultado final fue un documento de trece páginas: En la primera parte Hitler hacía un intento de justificar lo que había hecho, en la segunda expulsaba del partido nazi a Göering y a Himmler por haber negociado con el enemigo, al tiempo que nombraba a sus sucesores en el mando. Eran sus deseos que a su muerte se constituyese un gobierno dirigido por el almirante Dönitz como presidente del Reich.


Todo esto dio origen a lo que se conocería como el Gobierno de Dönitz, una especie de opera bufa que pretendía dar continuidad al Tercer Reich luego de la muerte de Adolf Hitler. Este gobierno tuvo reuniones de gabinete hasta que Albert Speer miembro del mismo y antiguo ministro de armamento del Reich advirtió a Dönitz que solo estaban haciendo el ridículo y que lo mejor era afrontar la realidad de la derrota. El 7 de mayo de 1945 acordaron la rendición incondicional en todos los frentes.

Mientras esto ocurría las fuerzas armadas de las potencias ocupantes estaban dedicadas a la caza de los principales jerarcas nazis y de todo aquel que pudiera estar implicado en crímenes de guerra. En pocos meses había sido capturada una buena parte de esta gente y se discutía la manera de hacer justicia, unos abogaban por el fusilamiento inmediato sin formula de juicio y otros por el establecimiento de un tribunal internacional que se encargara de juzgar a los acusados, esta última propuesta fue la que prevaleció.


El 20 de noviembre de 1945 dio comienzo en el Palacio de Justicia de la derruida ciudad de Nuremberg un juicio cuyos expedientes abarcarían 4 millones de palabras, 2.630 pruebas de la fiscalía, 2.700 de la defensa y 300.000 declaraciones que fueron vertidas por 67 secretarias en cinco millones de hojas de papel. De todo esto participarían jueces, fiscales, abogados defensores, testigos y 250 corresponsales de prensa de distintos países. En aquello que parecía un enjambre de abejas estaba presente en calidad de juez, el oficial de las Reales Fuerzas Aéreas Británicas, Harold Lesser.

Lesser estuvo muy vinculado a los procesos condenatorios de Hermann Göering y Rudolf Hess y presenció la ejecución de varios de los jerarcas nazis en octubre de 1946. Casi una década después Harold Lesser se hallaba en Caracas dedicado a preparar hamburguesas y perros calientes para los clientes de La Cabaña un local ubicado en las inmediaciones de la piscina del lujoso Hotel Tamanaco.

Los sorprendidos periodistas le preguntaron la razón de tan extraño giro en su vida y el oficial inglés les respondió que lo único que deseaba era poder vivir en un país donde nadie lo conociera, un sitio en el que la gente no tuviera que ver con su pasado y donde pudiera comenzar una nueva vida alejado de los terribles recuerdos de la guerra.


-¿Y por qué vino a Venezuela? Le inquirieron

- Porque oí hablar muy bien de este país y de sus gentes y me dijeron que acá se podía ganar buen dinero.

- ¿Esta contento de estar acá?

- Más de lo que parece, en realidad nunca pensé que terminara haciendo esto como medio de subsistencia, pero prefiero mil veces estar aquí que en Europa

- ¿y eso?

- Mira, en la actualidad (1954) Alemania esta comenzando a ser de nuevo un país poderoso, los que antes eran sus enemigos ahora son sus aliados y se dan las manos escondiendo también el puñal por lo que de ningún modo me interesa estar en un lugar en el que se me conozca por las cosas que hice. Yo serví por 8 años consecutivos como oficial de la RAF y combatí durante toda la guerra, luego me incorporé como juez en los procesos de Nuremberg y Hamburgo. Escuché las declaraciones de aquellos criminales y presencié sus ejecuciones, fui testigo de cómo lloraban fingiendo estar arrepentidos.

- ¿Teme usted a los alemanes? Preguntó un periodista.

- No, más bien temo a los que ahora están entregados a negociaciones de carácter político con dicha nación por lo que no tengo interés en que se me conozca como miembro del tribunal que se encargó de condenar a los criminales de guerra de Alemania.


A continuación expresó que en ningún momento sintió compasión por aquellos hombres y que tenía la firme convicción de que recibieron un justo castigo.

- Están muy presentes en nuestros ojos y corazones las atrocidades de aquella masacre, el nazismo es un monstruo que sigue vivo. Su vigencia es un peligro para la paz de los pueblos, no solo de Europa sino del mundo entero.

- Yo presencié – dijo- el proceso de ejecución de los altos jefes del nazismo y los vi caer sin que el menor remordimiento asomara en ellos. Murieron como vivieron.

El capitán Harold Lesser aseguraba en aquella entrevista que su deficiente español no le alcanzaba para describir todas las monstruosidades que vivió en la guerra por lo que prefería no extenderse en detalles.

-Por eso y porque tengo que cuidarme- Aclaró.

Por todo eso aquel hombre prefería ser un anónimo camarero del Hotel Tamanaco, sitio donde sus días transcurrían preparando perros calientes y hamburguesas.

- Y lashamburgueses” son las que más se venden- dijo en tono quejumbroso a los periodistas, sería porque aquel emparedado le recordaba a la ciudad de Hamburgo, lugar de dolorosas memorias.

Referencias:

HEYDECKER Joe y LEEB Johannes. El proceso de Nuremberg Barcelona Editorial Bruguera 5ta. Edición, 1965. pp 96-97

SERENY Gitta. Albert Speer el arquitecto de Hitler: Su lucha con la verdad. Barcelona Editorial Vergara 1ra. Edición, 2006. pp 609-621

sábado, enero 22, 2011

Jean-Bertrand Aristide



Crédito fotográfico: © FAO/G. Diana

Resumen

La tormentosa historia reciente de Haití ha girado en torno a la figura, muy controvertida, de Jean-Bertrand Aristide, el sacerdote salesiano paladín de los pobres que con un discurso de izquierda e impregnado de la Teología de la Liberación se convirtió en 1991, tras décadas de dictaduras, en el primer presidente elegido democráticamente desde la independencia en 1804. Rápidamente derrocado por oficiales reaccionarios y repuesto manu militari por la comunidad internacional en 1994, el carismático Aristide agotó su mandato dos años después y en 2001 regresó al poder con otra mayoría avasalladora. Su segundo mandato naufragó estrepitosamente por el estancamiento económico, la falta de fondos y la explosión de una violencia política que sus actitudes radicales contribuyeron a agravar. En 2004, una caótica revuelta de cabecillas facciosos iniciada en provincias le acorraló en Puerto Príncipe; amenazado por los rebeldes pero presionado también por Estados Unidos y Francia, el mandatario marchó a un exilio forzoso en Sudáfrica.

Biografía

1. De las homilías liberacionistas a la Presidencia de la República
2. El frustrado experimento democrático de 1991: golpe de estado y expulsión del país
3. Restitución por la comunidad internacional en 1994 y conclusión del mandato en 1996
4. Ruptura del Lavalas, ascendiente sobre Préval y regreso al poder en 2001
5. Los desafíos del segundo mandato: cúmulo de problemas y acentos autoritarios
6. La violenta revuelta de 2004 y la caída de Aristide
7. En el exilio sudafricano


1. De las homilías liberacionistas a la Presidencia de la República

Nacido en el seno de una familia de campesinos pobres del Departamento Sud, en la península del sudoeste, a la edad de tres años quedó huérfano y fue recogido por los padres salesianos, que le proporcionaron la educación primaria. Tras graduarse en 1974 en el Colegio de secundaria Notre Dame de Cap-Haïtien, regentado por la Congregación de la Santa Cruz, completó sus estudios de noviciado en el seminario que la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco tenía en La Vega, en la vecina República Dominicana. Al cabo de un año regresó para estudiar Filosofía y Escolástica en el Gran Seminario Notre Dame de Cazeau y Psicología en la Universidad Estatal de Haití, por la que se licenció en 1979 con una tesina titulada Remise en question de la mission de la croix à la Croix des Missions.

Aristide ingresó de acólito en la parroquia de Sainte Croix de la localidad de Croix des Missions, junto a Puerto Príncipe, y también debutó como locutor de un programa radiofónico religioso, actividad en la que despuntaron sus inclinaciones contestatarias frente al Gobierno despótico de Jean-Claude Duvalier, alias Baby Doc (continuador en 1971 de la feroz dictadura dinástica inaugurada en 1957 por su padre, François Duvalier, Papá Doc) y que motivó la intervención de sus superiores salesianos, quienes le instaron a completar su formación en el extranjero con cargo a los recursos de la orden.

Durante seis años, Aristide realizó estudios bíblicos en Roma, Jerusalén y Canadá, estancias que aprovechó para aprender los idiomas italiano, hebreo e inglés, respectivamente, y que añadió al español y al portugués, que ya conocía, además de sus dos lenguas vernáculas, el francés y el créole. Ésta última era y es la lengua mestiza ampliamente hablada por las masas negras, que componían los estratos más bajos de la sociedad, en tanto que las clases acomodadas y la reducida élite burguesa, preferentemente mulata o blanca, siempre habían hecho del francés dejado por los colonizadores europeos uno de sus signos de distinción social.

En mitad de su formación canónica en el extranjero, en julio de 1982, el postulante retornó temporalmente a Haití para recibir la ordenación sacerdotal y ejercer su primer magisterio en la parroquia de Saint Joseph, que los salesianos regentaban en Croix-des-Bossales, un barrio de la deprimida área septentrional de Puerto Príncipe. A su regreso definitivo, en enero de 1985, la orden le encomendó la dirección del programa de estudios de su Escuela Nacional de Artes y Oficios (ENAM) en Puerto Príncipe y le confirió la titularidad de la parroquia de Saint Jean Bosco en La Saline, populoso suburbio chabolista asomado al mar y lindero con Croix-des-Bossales.

Menudo, enteco, de aspecto frágil y tímido, rasgos que acentuaban unos anchos lentes, el padre Aristide, apodado Titid por su feligresía, adquirió celebridad en La Saline trabajando con los parroquianos en obras sociales, denunciando en sus homilías la miseria y la explotación de que eran objeto la inmensa mayoría de los haitianos pobres y pregonando la Teología de la Liberación, guitarra en mano y expresándose en créole, todo lo cual le permitió penetrar profundamente en la cultura popular y en la mentalidad, llena de temores, amargura y anhelos, de sus paisanos de color, que acudían en tropel a escucharle. No tardó en convertirse en un personaje conocido en todo el país y del que se hacían eco los corresponsales extranjeros, que le señalaban como el más virulento fustigador del orden establecido.

Sus sermones galvanizadores contribuyeron a extender el clima de descontento popular que en febrero de 1986 cristalizó en la revuelta que derrocó a Duvalier y le obligó a huir al exilio, una vez perdido el favor del Gobierno estadounidense. Desde entonces y a lo largo de 1987, el salesiano no se cansó de denunciar, en el altar de la iglesia o a pie de calle, encabezando las manifestaciones de sus fieles, a la junta militar del general Henri Namphy, subida al poder tras la caída de Baby Doc, que comparó con "Satán".

Por esta época, Aristide fue objeto de varios intentos de asesinato por paramilitares de extrema derecha, bandas que actuaban impunemente al estilo de los escuadrones de la muerte centroamericanos y que seguían activas a pesar del anuncio de la disolución de los temidos y odiados Tontons Macoute (literalmente, los tíos del saco), la guardia pretoriana del duvalierismo que había practicado a su antojo el terrorismo de Estado. En agosto de 1987 Aristide resultó herido de levedad cuando unos desconocidos detuvieron con una barricada y a continuación incendiaron el vehículo en el que viajaba junto con otros sacerdotes por una carretera al norte de la capital.

Pero el atentado más conocido y que más indignación generó en las opiniones públicas nacional e internacional se produjo el 11 de septiembre de 1988, días antes del golpe de Estado que reemplazó a Namphy por el general Prosper Avril como el dictador militar de turno, cuando hombres armados con pistolas, machetes y porras asaltaron la parroquia de Saint Jean Bosco, convertida en el centro del movimiento Ti Église (La Pequeña Iglesia) impulsado por Aristide, en pleno servicio religioso: él salvó la vida, pero al menos 13 fieles resultaron muertos y 77 más heridos. En cuanto al edificio, fue pasto de las llamas. La prensa consideró que el bárbaro ataque contra Saint Jean Bosco precipitó la intervención de un sector del Ejército preocupado por el caos político y las condenas internacionales al régimen neoduvalierista de Namphy.

Las agresiones y las intimidaciones no arredraron al sacerdote, que continuó lanzando diatribas contra la corrupción y los abusos del Gobierno militar, la rapacidad de las clases dirigentes y el abismo socioeconómico que les separaba del pueblo llano. Pero también contra lo que él consideraba una política imperialista de Estados Unidos hacia su país. Su oratoria encendida se escuchaba también en las ondas, y la emisora Radio Soléil se convirtió en el altavoz permanente de sus sermones, que vieron así multiplicada su audiencia, y de sus llamamientos a resistir con la no violencia a los "criminales en el poder".

Este intenso activismo, descrito como revolucionario de izquierdas, era bastante más de lo que la jerarquía católica estaba dispuesta a tolerar, así que sólo había transcurrido un mes desde la masacre de Saint Jean Bosco cuando Aristide recibió una misiva directamente desde la casa central de la Sociedad Salesiana en Roma, donde se le ordenaba abandonar su misión pastoral en Haití y trasladarse a Canadá.

Confortado por miles de seguidores que salieron a manifestarse en su apoyo, Aristide se negó a dejar el país. En diciembre de 1988, la orden salesiana -al parecer, por instigación del nuncio apostólico en Puerto Príncipe- tomó la decisión drástica de expulsar al rebelde de su seno con el argumento de que estaba "incitando al odio y la violencia", si bien respetó su estatus clerical, el cual sólo podía suspender el Vaticano, y ese castigo -pese a lo divulgado habitualmente por los medios de comunicación- nunca se produjo. Aristide continuó siendo un sacerdote, bien que privado de las funciones ministeriales, a menos que ingresara en otra orden o se incardinara como cura diocesano, pasos que tampoco tomó.

Aunque no podía ejercer la labor pastoral, Aristide siguió participando en actividades religiosas y benéficas al frente del hogar de acogida para huérfanos La Fanmi Se Lavi (La Familia es la Vida). Más aún, se dedicó abiertamente al activismo político, multiplicando los mensajes de esperanza y de unidad en las barriadas negras, y criticando al régimen castrense de Avril y luego al ejecutivo cívico-militar de transición tutelado por el general Hérard Abraham, el cual, cosa insólita en un alto mando militar haitiano, se avino a abrir un proceso democrático sin subterfugios fraudulentos ni excesos represivos.

El 18 de octubre de 1990 Aristide aceptó presentarse a las elecciones presidenciales convocadas por la presidenta interina, Ertha Pascal-Trouillot, como el candidato del Lavalas (palabra créole que denomina al torrente que baja de la montaña después de una tormenta, que todo lo lava), un movimiento prodemocracia que aglutinaba a asociaciones cívicas, eclesiásticos liberacionistas, sindicatos, partidos y organizaciones de la izquierda no comunista. El más importante componente del Lavalas, que adoptó el símbolo del gallo rojo, era el Frente Nacional para el Cambio y la Democracia (FNCD), a su vez una coalición encabezada por el Comité Nacional del Congreso de Movimientos Democráticos (Konakom), de talante socialdemócrata y con Víctor Benoït de líder.

En las trascendentales elecciones presidenciales del 16 de diciembre de 1990, primeras plenamente democráticas en los 187 años de historia de Haití como Estado independiente, Aristide demostró a las claras la inmensa popularidad de que gozaba en las capas más desfavorecidas de la población y arrolló con el 67,5% de los votos a una decena de contrincantes. El más adelantado de los rivales fue, con el 14,2% de los sufragios, Marc-Louis Bazin, político conservador del agrado de Estados Unidos y líder del Movimiento para la Instauración de la Democracia en Haití (MIDH), que se había aliado al Partido Nacionalista Progresista Revolucionario (PANPRA, socialdemócrata), dando lugar a la Alianza Nacional para la Democracia y el Progreso (ANDP). En tercer lugar quedó Louis Dejoie, del Partido Agrícola e Industrial Nacional (PAIN). En las legislativas, que requirieron una segunda vuelta el 20 de enero, el FNCD obtuvo una mayoría simple de 27 diputados sobre 83, seguido por la ANDP con 17 escaños y el PAIN con seis.


2. El frustrado experimento democrático de 1991: golpe de estado y expulsión del país

El 7 de febrero de 1991 Aristide tomó posesión de la jefatura del Estado con un mandato de cinco años. La histórica ceremonia del traspaso de poderes se produjo exactamente un mes después de frustrar el Ejército leal a las órdenes del general Abraham un movimiento golpista de inequívoco sello involucionista que encolerizó a los aristidianos y desencadenó una ola de represalias criminales contra conocidos elementos ultraderechistas. El cabecilla de la intentona fue nada menos que Roger Lafontant, quien fuera ministro del Interior y jefe de los Tontons Macoute bajo Jean-Claude Duvalier.

Como presidente de la República, Aristide aparcó provisionalmente los contenidos más radicales de su mensaje político y solicitó la cooperación de Estados Unidos y de Francia, consciente de lo abrumador de la empresa que se había comprometido a realizar ante sus esperanzados seguidores: no ya eliminar, sino reducir las injusticias sociales y la espantosa miseria del país "a un nivel digno de pobreza". Para eso, hacían falta grandes aportaciones económicas internacionales, ya que las arcas del Estado estaban exangües y podar el presupuesto del Ejército, que integraban 7.000 uniformados, resultaba peligroso.

Entonces, Haití era con diferencia el país menos desarrollado de América y sus indicadores sociales presentaban un cuadro más deplorable que el de varios estados de África subsahariana: la esperanza de vida andaba en los 56 años, la tasa de mortalidad infantil rozaba el 10%, el analfabetismo afectaba al 53% de la población adulta y el PIB dividido por cada uno de sus 6,5 millones de habitantes daba un cociente de 400 dólares. Para colmo de males, la exigua economía formal, basada en la exportación de productos agrícolas con precios inestables en los mercados internacionales -cacao, café, azúcar de caña- y en una incipiente industria de manufacturas subcontratadas destinadas también a los mercados foráneos, estaba en recesión y la inflación alcanzaba el 25%.

Revestido de poderes especiales por la Asamblea Nacional y respaldado por el FNCD y algunas formaciones menores, Aristide formó un Gobierno a cuyo frente colocó al dirigente del FNCD y amigo personal René Préval, planteó una serie de actuaciones urgentes para dignificar las condiciones de los trabajadores (introducción del salario mínimo), emprendió una campaña de alfabetización y propició una drástica reducción de las violaciones de los Derechos Humanos. En estos primeros momentos existía una gran confianza en la gestión del antiguo salesiano, ahora que los proveedores internacionales -gobiernos como el francés y el estadounidense, y organizaciones como la Comunidad Europea, el FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)-, respondían positivamente a los llamamientos del presidente y desbloqueaban partidas de ayuda al desarrollo, líneas de crédito y subvenciones al comercio.

Sin embargo, como la intentona de Lafontant puso de manifiesto, el movimiento de reacción contra el nuevo orden democrático empezó incluso antes del traspaso de poderes. Los potentados rurales, la alta burguesía urbana y el estamento militar, impregnados de conservadurismo, siempre habían temido las prédicas redentoristas, más que meramente populistas, del sacerdote, y ahora que el eclesiástico metido a estadista tenía el mando político, avizoraban un gran peligro para sus privilegios.

En las semanas y meses posteriores a la asunción presidencial, un rosario de denuncias de complots, motines de unidades policiales y militares, y detenciones de antiguos tontons macoute del círculo de Lafontant con aviesas intenciones fue tensando el ambiente y brindó la antesala propicia para el golpe de Estado. Las apelaciones por Aristide y miembros del Gobierno a los militantes del FNCD y las masas populares, que sin necesidad de ser espoleadas desde arriba ya exteriorizaban su ansiedad de mejoras en sus maltrechos estándares de vida, para que defendieran en la calle a las autoridades legítimas sirvieron para disparar los miedos de los poderes fácticos a una revolución social inminente. Llegado agosto, la Cámara de Diputados amagó con lanzar una moción de censura contra Préval y su Gabinete por la escasa materialización de las reformas prometidas, que obstaculizaba una función pública corrupta e ineficiente.

Así, el 30 de septiembre de 1991, a ocho meses escasos de llegar a la Presidencia, Aristide fue derrocado en un sangriento golpe de Estado dirigido por el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Raoul Cédras, quien justificó la acometida porque había que "pararle los pies a este aprendiz de dictador". El triunfante cuartelazo produjo una treintena de muertos. Capturado en el Palacio Nacional por los soldados, en los que afloró algún amago de lincharle, Aristide recobró la libertad a las pocas horas y al día siguiente por la mañana le fue permitido subirse a un avión enviado por el Gobierno de Venezuela y emprender el camino del exilio con primera parada en Caracas, donde el presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez le acogió con los brazos abiertos.

Cédras y sus compañeros de junta, el general del Ejército Philippe Biamby y el teniente coronel de la Policía Joseph-Michel François, completaron su acción golpista el 8 de octubre, cuando sus hombres asaltaron el edificio de la Asamblea Nacional y, literalmente a punta de pistola, obligaron a los aterrorizados senadores a declarar vacante la jefatura del Estado y a investir al juez Joseph Nérette, magistrado del Tribunal Supremo, presidente provisional de la República. En la misma sesión se decidió cesar también a Préval y su Gobierno. Tres días después, Nérette nombró un primer ministro interino en la persona del activista humanitario Jean-Jacques Honorat, quien como él se plegó a hacer de títere de los militares, los cuales optaron por disfrazar su poder de facto con una fachada de legalidad constitucional. Un mes después, el Gobierno de Honorat emitió sendas órdenes de detención contra Aristide y Préval.

El fatal ciclo de los gobiernos truncados por la fuerza de las armas, y últimamente envenenado por una herencia duvalierista que no terminaba de resolverse, había vuelto a las andadas en Haití. La penúltima defenestración de un mandatario civil se remontaba a tres años atrás, en junio de 1988, cuando Leslie Manigat, elegido con fraude, con una abstención superior al 90% y bajo un clima de terror en las elecciones de enero de aquel año, fue despedido del cargo por el mismo hombre que le había proyectado, el general Namphy, quien no toleró su destitución por Manigat como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Ahora, sin embargo, Aristide no tenía ninguna intención de resignarse a su remoción y de aceptar los hechos consumados, máxime porque el golpe concitó la condena unánime de los gobiernos amigos y de las organizaciones internacionales de las que Haití era miembro, empezando por la ONU y la OEA. La Comunidad del Caribe (CARICOM), integrada por los estados anglófonos de la región, también rechazó la ruptura constitucional en Puerto Príncipe. La OEA decretó el embargo comercial con carácter inmediato y el Gobierno de Estados Unidos ordenó la congelación de los fondos haitianos en su territorio.


3. Restitución por la comunidad internacional en 1994 y conclusión del mandato en 1996

Tan solo dos días después del golpe, Aristide voló a Washington, donde se cercioró de que la OEA y la ONU seguían considerándole el presidente legítimo y elevó un llamamiento a la resistencia civil y no violenta de los haitianos, sobre los que empezó a abatirse una terrible represión. Cientos de sus partidarios fueron asesinados por paramilitares y soldados a lo largo y ancho del país. En la degollina perecieron también, en confusas circunstancias, personajes dispares como Lafontant, asesinado en la penitenciaría donde cumplía cadena perpetua, y Sylvio Claude, líder del Partido Demócrata Cristiano de Haití (PDCH), quemado vivo por las turbas, al parecer militantes del FNCD que le señalaron como una de las conexiones civiles del golpe.

La restauración de Aristide en el poder, que se antojaba ineluctable porque la comunidad internacional en bloque, con un prurito legalista nunca observado antes frente a cualquiera entre las docenas de golpes de Estado que habían acabado con gobiernos democráticos en países en desarrollo en las últimas décadas, no estaba dispuesta a aceptar un estatus quo político dictado por los militares, ahora que los procesos democráticos habían culminado en todo el continente, con la excepción de Cuba y su sistema comunista.

La Administración republicana de George Bush en Estados Unidos no simpatizaba especialmente con Aristide, de cuyo izquierdismo siempre había recelado, pero estaba muy preocupada por la posible llegada a sus costas de una avalancha de boat people haitianos y, después de la remoción del régimen norieguista en Panamá, tampoco quería ninguna dictadura en el Caribe que perjudicara su política de acoso a la Cuba castrista. Con todo, el proceso de reposición de Aristide fue muy tortuoso y, al final, la actitud recalcitrante del triunvirato militar de facto no dejó otra opción que resolver la crisis manu militari.

Las diplomacias de Francia, Estados Unidos y Venezuela, y las delegaciones y enviados especiales de la ONU y la OEA se involucraron en una serie de rondas de negociación con los golpistas y los representantes de los partidos parlamentarios que habían acogido con indisimulada satisfacción el golpe de Estado o que aspiraban a desarrollar un papel neutral y conciliador para la resolución de la crisis, en algunas de las cuales participó personalmente Aristide como parte interesada. Las conversaciones buscaron fórmulas de consenso para el retorno del orden constitucional sobre la base de un nuevo gobierno multipartito, pero fracasaron una y otra vez en torno al punto fundamental: la vuelta de Aristide al país y al poder.

Las acciones unilaterales de los golpistas y sus colaboradores políticos civiles estorbaron también al único desenlace que aceptaban Aristide y la OEA. Así, el 2 de junio de 1992 Nérette, siguiendo instrucciones de los militares, designó primer ministro a Bazin, quien obtuvo la confianza parlamentaria con el boicot del FNCD y que el 19 de ese mes se puso a gobernar en coalición con el PANPRA. Ese mismo día, Nérette cesó en su cargo y Bazin se convirtió también en presidente de la República en funciones. Aristide se apresuró a declarar nula y sin efecto el recambio institucional, pero este rechazo empezó a irritar a la Administración Bush, que consideraba prioritaria la recuperación del orden y la estabilidad por el país caribeño, con o sin, por el momento, Aristide al mando. Ahora bien, la llegada a la Casa Blanca en enero de 1993 de la Administración demócrata de Bill Clinton significó una implicación más decidida de Estados Unidos, que se arrogó un papel señero de mediador y dispuesto a hacer cumplir los acuerdos firmados.

En febrero de 1993, las presiones generalizadas arrancaron del Gobierno de Bazin y de la junta que lo manejaba un acuerdo para el despliegue de una Misión Civil Internacional (MICIVIH), formada por observadores de la ONU y la OEA, para verificar la situación de los Derechos Humanos en el país. El 16 de marzo Aristide fue recibido con carácter privado por Clinton en Washington. El 8 de junio Bazin presentó la dimisión, lo que se interpretó como otra muestra de debilidad de Cédras.

Siete días después, la Asamblea Nacional, a modo de gesto de buena voluntad, aprobó una resolución por la que reconocía a Aristide como el presidente legítimo, si bien la reposición era simbólica y además estaba condicionada a la designación de un primer ministro aceptable por todas las partes, a la validez de todas las decisiones políticas y administrativas adoptadas desde el 30 de septiembre de 1991 -entre ellas, el nombramiento de Cédras como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y las elecciones senatoriales parciales de enero de 1993, ganadas por la antigua oposición-, a la garantía de que se concedería una "amnistía general" y a que la comunidad internacional levantara sus sanciones. La ONU no se sintió impresionada por este movimiento y tan sólo un día después, el 16 de junio, el Consejo de Seguridad resolvió imponer a Haití un embargo petrolero y financiero.

Parecía abrirse camino la solución negociada. El 27 de junio Aristide y Cédras, aunque sin verse las caras, comenzaron en Governors Island, Nueva York, unas conversaciones preliminares facilitadas por el enviado especial de la ONU, el ex canciller argentino Dante Caputo, y el Gobierno estadounidense. El 3 de julio quedó ultimado un documento de "paz" al pie del cual estamparon sus firmas Cédras y, al día siguiente, Aristide. Los acuerdos de Governors Island establecían el regreso de Aristide a Haití para el 30 de octubre después de nombrar a un primer ministro de su gusto, aunque sujeto a la ratificación parlamentaria. Cédras y François tendrían que darse de baja en el Ejército y la Policía, respectivamente, y el Consejo de Seguridad de la ONU procedería al levantamiento de las sanciones, cosa que en efecto sucedió el 27 de agosto. Tres días después se instaló en Puerto Príncipe el jefe de Gobierno nombrado por Aristide el 16 de agosto, el empresario sin filiación Robert Malval.

El 6 de septiembre Aristide aprovechó el compás de espera para ser recibido en el Elíseo por François Mitterrand; se trató de la primera visita oficial de un mandatario haitiano a la antigua metrópoli colonial desde la independencia en el levantamiento revolucionario de 1804. El 23 del mismo mes, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el envío de una Misión de 1.500 policías civiles, MINUH, con el mandato de asistir a las autoridades locales en la implementación de los acuerdos de Governors Island. Pero cuando los efectivos de la MINUH se disponían a desembarcar en Puerto Príncipe, el 11 de octubre, los partidarios de la junta, blandiendo armas y profiriendo amenazas en las mismas instalaciones portuarias, crearon un clima de inseguridad tal que consiguieron abortar la operación. Sin solución de continuidad, una nueva oleada de terror, con asesinatos y hostigamientos, se cebó en los simpatizantes de Aristide y en los miembros del Gobierno Malval, uno de los cuales, el titular de Justicia, Guy Malary, fue acribillado a balazos el 14 de octubre. Medios de comunicación audiovisuales y escritos fueron intervenidos o censurados.

El desafío de Cédras y su gente condujo al restablecimiento de las sanciones por la ONU el 13 de octubre, al bloqueo naval por unidades de la Armada de Estados Unidos tres días después y, finalmente, a la imposición del embargo total por el Consejo de Seguridad el 6 de mayo de 1994, medida solicitada por Aristide con la alegación de que, dada la extrema penuria que padecía su pueblo, los únicos perjudicados por la interrupción del trasiego comercial serían los golpistas y sus familias. El 12 de mayo, el octogenario juez Émile Jonassaint, presidente de la Corte de Casación del Tribunal Supremo, fue colocado por los militares como presidente provisional títere y los ministros de Malval vieron usurpados sus despachos por personal adicto al régimen. En las calles, milicianos del Frente Revolucionario para el Avance y el Progreso en Haití (FRAPH), organización político-paramilitar puesta al servicio de la junta, intensificaron sus amenazas y bravatas.

Ante este sombrío panorama, Aristide negó cualquier posibilidad de negociación y solicitó a la comunidad internacional la intervención militar inmediata como el único modo de restaurar la constitucionalidad y detener las violaciones de los Derechos Humanos. El cansancio y la frustración por el enroque del triunvirato golpista se adueñaron también del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Administración Clinton. Ésta, además, asistía alarmada a la salida masiva de balseros haitianos con destino a la base militar de Guantánamo, en Cuba. Él éxodo por mar, tan temido por Washington, había comenzado.

Como resultado, el 31 de julio de 1994, el Consejo de Seguridad, por la resolución 940, autorizó la creación de una Fuerza Multinacional (FMN) de 21.000 soldados –en nueve décimas partes, estadounidenses- para reponer a Aristide por la fuerza. La FMN sería en su momento reemplazada por la MINUH, ampliada a los 6.000 efectivos y convertida en una operación de mantenimiento de la paz a tal efecto. La decisión del máximo órgano responsable de la seguridad internacional era histórica, ya que nunca antes la comunidad internacional se había movilizado con medios bélicos para revertir un golpe de Estado, mientras que para Estados Unidos suponía además su primera intervención militar en el continente contra un régimen derechista en beneficio de un líder que objetivamente podía calificarse de izquierdista.

La operación de invasión, codificada con el nombre explícito de Restaurar la Democracia, comenzó el 19 de septiembre de 1994 sin encontrar oposición alguna, pues Cédras, a través de Jonassaint, había pactado horas antes con el ex presidente estadounidense Jimmy Carter, trasladado en misión de urgencia a Puerto Príncipe, la obtención de garantías de una amnistía total previa a la llegada de Aristide. No obstante, los actos de violencia cometidos por elementos del FRAPH contra los enfervorizados seguidores del presidente obligaron a las tropas norteamericanas a imponer el orden y a desarmar a los paramilitares, que no ofrecieron resistencia.

Carentes ya de cualquier fuerza o apoyo, Cédras, Biamby y François partieron con sus familias al exilio en Panamá y la República Dominicana el 13 de octubre, un día después de dimitir Jonassaint, mientras que Malval y sus ministros recobraron los puestos de los que habían sido desalojados en mayo. El 15 de octubre Aristide regresaba triunfalmente a Puerto Príncipe procedente de Washington, escoltado por una comitiva de altos cargos estadounidenses, con el secretario Warren Christopher a la cabeza, y entre el delirio de decenas de miles de seguidores. Al mismo tiempo, el Consejo de Seguridad de la ONU anulaba el régimen de sanciones. La crisis desatada por el golpe de Estado de septiembre de 1991 había terminado.

En los días siguientes, el presidente formó un Gobierno de coalición que incluyó a representantes del MIDH y a cuyo frente colocó al independiente Smarck Michel, un hombre de negocios seleccionado para transmitir el mensaje de un rumbo económico más pragmático. Además, sometiéndose a las presiones del Vaticano, Aristide anunció la colgadura formal de los hábitos religiosos, aparentemente para simbolizar su renuncia al radicalismo revolucionario que aún pudiera achacársele, como si la estricta condición de laico sirviera para borrar su adscripción a la Teología de la Liberación. Consciente de que su restitución presidencial había sido gracias a un compromiso sin precedentes de Estados Unidos, Aristide multiplicó los llamamientos a la no violencia y a la reconciliación nacional, una actitud cautelosa que mereció los elogios de las cancillerías extranjeras.

Para prevenir futuras intentonas golpistas y acabar de una vez por todas con una amenaza inveterada al Estado de derecho haitiano, el presidente decretó la disolución de las Fuerzas Armadas, a las que se refirió como un "cáncer", y la creación, supervisada por la MINUH, de una Policía Nacional (PNH) de carácter civil e integrada por 6.000 agentes. Por lo demás, la situación de la seguridad se fue normalizando. El 31 de marzo Aristide de 1995 recibió en Puerto Príncipe a Clinton y al secretario general de la ONU, Boutros Boutros-Ghali, en la víspera de la ceremonia de la transferencia del mando de la FMN a la MINUH. 2.400 soldados del contingente estadounidense se quedaron como personal adscrito a la MINUH, hasta la celebración de las elecciones.

Los comicios legislativos se celebraron a tres vueltas el 25 de junio, el 23 de julio y el 17 de septiembre de 1995. A pesar de la supervisión de los 180 observadores de la OEA y de la vigilancia de los cascos azules, los policías internacionales de la MINUH y la PNH, se registraron numerosas irregularidades y el proceso resultó en su conjunto sumamente confuso y bronco. Algunas de las irregularidades fueron meros errores de organización, pero otras (intimidaciones, destrucción de papeletas, quema de urnas) constituyeron manipulaciones en toda regla que para la oposición estaban destinadas a favorecer la lista oficialista Plataforma Política Lavalas, liderada por el nuevo partido montado por los partidarios del presidente, la Organización Política Lavalas (OPL), y también integrada por el Movimiento de la Organización del País (MOP) y el Partido Louvri Barye (PLB).

En una mudanza preocupante que vaticinaba turbulencias políticas, el FNCD, otrora pilar de Aristide, concurrió enfrentado con el presidente y a la hora de denunciar las violaciones del procedimiento electoral no se mordió la lengua. Uno de sus líderes, Evans Paul, notorio tribuno de la resistencia a la dictadura de Cédras y que hasta hacía muy poco había sonado como el probable sucesor de Aristide, resultó derrotado en la reelección como alcalde de la capital. El MIDH de Bazin y el centrista Movimiento por la Reconstrucción Nacional (MRN) de René Theodore se sumaron al boicot electoral. Finalmente, la OPL y sus aliados conquistaron una mayoría absoluta de 68 diputados y 17 senadores, abultada cuota de poder legislativo, de ribetes hegemónicos, que, manipulaciones aparte, volvía a demostrar el masivo respaldo ciudadano al ex sacerdote, pero produjo también inquietud en una oposición fragmentada y con dificultades para implantarse en los estratos populares.

El 16 de octubre dimitió el primer ministro Michael por las reticencias de Aristide a adoptar el programa de austeridad demandado por el FMI como condición para conceder a Haití un crédito stand-by. Su sustituta fue la ministra de Exteriores, Claudette Werleigh, personalidad más dúctil a los deseos del jefe del Estado. Dio la sensación de que Aristide no quería erosionar su vasta base de apoyos dando el aval a una decisión económica perentoria pero impopular, ahora que se acercaba el final de su mandato.

De mala gana, el antiguo eclesiástico aceptó no descontar de su período presidencial los años pasados en el exilio y, de entrada porque se lo impedía la Constitución, no se postuló para el segundo mandato consecutivo en las elecciones presidenciales celebradas el 17 de diciembre de 1995. Boicoteadas por la mayor parte de la oposición (MIDH, MRN, PANPRA, FNCD), crecientemente hostil al oficialismo, y validadas por los monitores internacionales, las votaciones fueron ganadas por el candidato de la OPL, el ex primer ministro Préval, que barrió con el 87,9% de los votos a trece contrincantes, de los cuales sólo tenía relevancia el socialista Víctor Benoït. La bajísima participación, del 28%, puso un nubarrón adicional a la jornada democrática, ya deslucida por el boicot generalizado de la oposición.


4. Ruptura del Lavalas, ascendiente sobre Préval y regreso al poder en 2001

El 7 de febrero de 1996, 18 días después de contraer matrimonio con la mulata Mildred Trouillot, abogada haitiana y estadounidense de adopción que le había servido como asesora legal durante el exilio, Aristide entregó los atributos presidenciales a Préval. La efeméride sería recordada como el primer traspaso entre presidentes elegidos democráticamente en Haití. Con sus cotas de popularidad intactas, el ex mandatario continuó presente en la vida nacional. En un primer momento lo hizo de manera discreta, pasando la mayor parte del tiempo en su villa al norte de Puerto Príncipe, dedicado a formar una familia y a poner en marcha la Fundación Aristide por la Democracia, con el objetivo de auxiliar al Gobierno en las campañas de alfabetización y de apoyar iniciativas locales de desarrollo comunal.

Pero el apartamiento de la política duró sólo unos meses. La reanudación del diálogo crediticio entre el Gobierno del primer ministro nombrado por Aristide, Rosny Smarth, y el FMI, y, ligado a ello, el anuncio por el presidente de un plan de racionalización económica consistente en la privatización de empresas del Estado deficitarias, la reducción de la plantilla de funcionarios y la organización de un sistema tributario moderno, sumieron al partido del poder en una grave crisis interna que enfrentó a los partidarios de Préval y a un nutrido sector del ala izquierda cuyo caudillo natural no podía ser sino Aristide. La escisión era imparable y en noviembre de 1996, el mes en que nació la primera de sus dos hijas, Christine, el ex presidente bendijo la creación de la Fanmi Lavalas (Familia Lavalas), partido personalista que debía allanar el terreno para su regreso a la Presidencia en las próximas elecciones y que de entrada se concentró en regatearle parcelas de poder a la OPL y a Préval, cuyo quinquenio presidencial iba a caracterizarse por el enfrentamiento permanente con la Asamblea Nacional, la cual le vetó el nombramiento de dos primeros ministros tras la renuncia de Smarth.

La Fanmi Lavalas participó en las elecciones del 6 de abril de 1997 para renovar los consejos locales y 11 escaños de la Asamblea Nacional, nueve del Senado y dos de la Cámara de Diputados. La segunda vuelta, prevista para el 22 de abril, no llegó a celebrarse en medio de una fenomenal polémica por las acusaciones opositoras al Consejo Electoral Provisional (CEP) de parcialidad en favor de los aristidianos. El 9 de junio siguiente, Smarth presentó la dimisión haciéndose eco de aquellas denuncias y como protesta también por las interferencias de Aristide en el proceso de diálogo con el FMI. En octubre de 1999 el ex presidente obligó a Préval a cesar al ministro de Seguridad Pública, Robert Maurel, al que unas amenazas de muerte le empujaron a abandonar el país.

El partido de Aristide hizo la más contundente demostración de arraigo popular en las legislativas del 21 de mayo y el 30 de julio de 2000, cuando acaparó nada menos que 72 de los 82 diputados y 26 de los 27 senadores, aunque en virtud también del boicot general de la oposición, que volvió a poner el grito en el cielo por las intimidaciones que realizaban a su antojo los prosélitos de Aristide. Los partidos opositores se negaron a participar en la segunda ronda y los monitores de la OEA también rehusaron supervisarla, después de que el presidente del CEP se viera obligado a renunciar y, acto seguido, a poner tierra de por medio, atemorizado por las conminaciones de Préval y Aristide a que avalara el primer escrutinio. En cuanto al partido de Préval, ahora llamado Organización del Pueblo en Lucha (OPL), quedó completamente laminado por la FL y sólo obtuvo un diputado.

Las legislativas de mayo y julio fueron percibidas como el anticipo de lo que iba a suceder en las presidenciales del 26 de noviembre, a las que Aristide se presentaba aureolado como el verdadero hombre fuerte del país, por delante de un Préval sumamente debilitado. Dicho y hecho, Aristide avasalló con el 91,8% de los votos a seis adversarios, ninguno de los cuales tenía entidad. Todos los cabezas de facción con cierto relieve se desentendieron de un proceso cuyo resultado estaba cantado de antemano, mientras que la comunidad internacional, decepcionada por la negativa de las autoridades a revisar el recuento de los comicios de mayo, decidió no enviar observadores. El CEP manejó un nivel de participación del 60%, pero nadie fuera del oficialismo aceptó esta cifra; según la oposición, el índice real no había excedido el 10%, lo que convertía a la elección en una "farsa".

Inasequible a las preocupaciones, Aristide declaró que su propósito era traer la "paz en la mente y en la tripa" a todos los haitianos y "construir una nación de amor enraizada en la democracia", nada más lejos de la intención, imputada por sus enemigos, de planear la implantación de una "dictadura". El 7 de febrero de 2001 el azaroso periplo vital de Aristide comenzó una nueva etapa con la inauguración de su segundo mandato presidencial de cinco años, acto que resultó deslucido por el bajo nivel de las representaciones exteriores (embajadores, fundamentalmente): el único gobernante que asistió fue el primer ministro de Belice, Said Musa. El mismo día, la ONU clausuró en Puerto Príncipe su Misión Internacional Civil de Apoyo (MICAH), que desde marzo de 2000 había asesorado al Gobierno haitiano en el fortalecimiento de las instituciones democráticas y en la observancia de los Derechos Humanos.


5. Los desafíos del segundo mandato: cúmulo de problemas y acentos autoritarios

En febrero de 2001 Aristide regresó a la jefatura del Estado con la comunidad internacional mal encarada y la mayor parte de la ayuda al desarrollo y las líneas de crédito en suspenso y condicionadas a la normalización política. Recuperar la confianza de los donantes foráneos, apaciguar a los partidos de la oposición, arreglar la parálisis institucional y poner orden en las calles, donde los ramalazos de pistolerismo político convivían con una explosión del crimen organizado y la delincuencia común, eran cuatro labores urgentes a las que se sumaba una necesidad no menos perentoria: dar satisfacción a los millones de depauperados que, con desesperación creciente, habían visto en los últimos 15 años sucederse las dictaduras y los gobiernos elegidos sin notar la mínima mejora en sus deplorables condiciones de vida.

Según un reciente estudio de la ONU, el 80% de los haitianos estaba desempleado o subempleado. El porcentaje venía a coincidir con el número de pobres. Dos terceras partes de la población vivían con una dieta alimenticia que no cubría sus necesidades nutricionales básicas. Muy vago sobre las recetas que pensaba aplicar, durante la campaña electoral Aristide habló de crear medio millón de puestos de trabajo, aunque nadie sabía cómo podría realizar tamaña hazaña en ausencia de inversiones públicas o privadas. El presidente tampoco aclaró si iba a dejar atrás su hostilidad a las fórmulas fondomonetaristas para insuflar oxígeno a las ahogadas finanzas públicas y poner coto a la inflación, que había vuelto a escalar por encima del 10%. Todo ello, en una coyuntura de desplome económico: el año iba a terminar con un crecimiento negativo del PIB del 1,1%, mientras que el crecimiento demográfico se situaba en el 1,3%. Semejante desequilibrio abocaba al país a un empobrecimiento exorbitante de impredecibles consecuencias sociales y políticas.

El cúmulo de problemas era ingente y las circunstancias que rodearon la investidura del nuevo ejecutivo no invitaron al optimismo. De entrada, 15 partidos de la oposición, agrupados bajo el paraguas de la Convergencia Democrática (CD) y capitaneados por Evans Paul, advirtieron que no reconocían la legitimidad de Aristide. Ya el mismo 7 de febrero, la CD celebró un acto paralelo en el que eligió "presidente provisional" al ex ministro de Justicia y activista humanitario Gérard Gourgue, y reiteró su demanda de nuevas elecciones legislativas en el más breve lapso.

Como consecuencia de este desafío, la CD no fue invitada a participar en las conversaciones para la formación del nuevo Gobierno encabezado por Jean-Marie Chérestal, miembro de la Fanmi Lavalas y ministro en el primer Ejecutivo de Aristide, quien le nombró para el cargo el 9 de febrero. El Gabinete de Chérestal tomó posesión el 2 de marzo e, inesperadamente, incluyó a personalidades conservadoras como Bazin, quien aceptó tomar la cartera de Planificación y Cooperación Internacional, e incluso a viejos nombres del duvalierismo, teóricamente reconvertidos a los hábitos democráticos.

El nombramiento de Chérestal, servidor público con amplia experiencia ministerial y en la interlocución económica con el extranjero, fue visto como una apuesta de Aristide para obtener el desbloqueo de fondos internacionales por valor de 500 millones de dólares, suma equivalente al 172% del conjunto de las exportaciones haitianas. En parte para congraciarse con el FMI, en parte porque no había otro remedio ante el agotamiento de las arcas públicas, el Gobierno continuó la política de la administración precedente de ir liberalizando los precios subsidiados de ciertos productos básicos, como los combustibles, al tiempo que intentaba mantener a flote las campañas de lucha contra el sida y el analfabetismo. Mientras las delegaciones negociaban fatigosamente en las palestras internacionales, en casa, Aristide se las vio y se las deseó para capear una inagotable sucesión de disturbios, asaltos, sediciones y agitaciones violentas de toda laya que abocaron al país al callejón sin salida.

El 28 de julio de 2001, hombres armados y vestidos con ropas de camuflaje, presuntamente antiguos oficiales del Ejército, atacaron tres estaciones policiales en otras tantas localidades del norte y el sur así como la Academia de la PNH en Puerto Príncipe, matando a cinco agentes. En noviembre, la norteña Cap-Haïtien, segunda ciudad del país, vivió dos jornadas de huelga general convocada por la CD y que terminó en serios desórdenes públicos. Al cabo de un mes, el 17 de diciembre, un comando formado por una treintena de hombres penetró en el Palacio Nacional cuando Aristide no se hallaba en el edificio y se abrió paso a tiro limpio antes de ser rechazado por el servicio de seguridad. Ocho personas resultaron muertas en la refriega, entre rebeldes, defensores y transeúntes, y a su término, miles de encolerizados militantes de la Fanmi Lavalas, algunos portando machetes y armas cortas de fuego, salieron a la caza y captura de los rebeldes en fuga, a cuatro de los cuales dieron muerte cerca de la frontera dominicana. La furia vengativa de estos exaltados no se detuvo ahí y la emprendieron también, con total impunidad, con inmuebles de los partidos opositores.

El poder habló de un intento de golpe de Estado de elementos desmovilizados del Ejército y de la propia PNH, y en particular señaló al ex comisario Guy Philippe, destituido el año anterior por Préval bajo la acusación de conspirar y quien en lo sucesivo, desde su exilio a caballo entre la República Dominicana y Ecuador, iba a proyectar su sombra amenazadora. Puerto Príncipe reclamó a las autoridades de Santo Domingo la entrega de Philippe cuando tuvieron constancia de que el fugitivo se ocultaba en el país vecino, y la visita de Aristide al presidente Hipólito Mejía el 16 de enero de 2002 estuvo centrada en este punto, aunque el mandatario haitiano se vino con las manos vacías. Por lo demás, en las redadas que sucedieron a la intentona fue detenido el ex coronel Guy François, un oficial que había conspirado para derrocar al dictador Avril en 1989. Los dirigentes de la oposición civil se desentendieron de los sucesos del 17 de diciembre y los valoraron como la excusa ideal del Gobierno para intentar silenciarles a ellos.

No habían transcurrido 48 horas desde la decepcionante entrevista en Santo Domingo cuando Chérestal, dignatario muy impopular en las bases de la Fanmi Lavalas, envió la carta de dimisión a Aristide como resultado del cúmulo de críticas de que venía siendo objeto dentro y fuera del oficialismo por su incapacidad para revertir las fortunas económicas; más aún, se le acusaba de enriquecimiento ilícito con motivo de la reciente adquisición para su disfrute de una residencia valorada en 1.700.000 dólares, un dispendio que a los parlamentarios les parecía intolerable.

El 14 de marzo la Asamblea invistió al hombre de toda confianza designado por Aristide, Yvon Neptune, hasta ahora presidente del Senado y presidente en funciones de la Fanmi Lavalas, considerado un duro del oficialismo. En el primer aniversario del inicio del mandato, poco o nada tenía Aristide que celebrar. Para entonces, un buen número de intelectuales, activistas sociales y antiguos compañeros de luchas políticas habían abandonado al presidente, que empezó a endurecer su discurso contra la oposición y a culpabilizar al "terrorismo económico" de los gobiernos extranjeros por el marasmo general, si bien aquellos dejaron claro que no habría ayuda hasta que Gobierno y oposición se pusieran de acuerdo sobre la celebración de nuevas elecciones legislativas.

El caso era que cada vez más malhechores cometían sus delitos invocando al presidente, quien parecía no querer reaccionar ante los desmanes cometidos en su nombre, aunque por otro lado no resultaba fácil discernir dónde empezaba el delito común camuflado de acción partidista y dónde la violencia política espontánea o planificada dirigida contra quienes eran considerados enemigos. La PNH acaparó buena parte de las denuncias de brutalidad, corrupción y tráfico de drogas -un porcentaje sustancial y creciente de la cocaína colombiana en tránsito a Estados Unidos hacía escala en Haití-, y se convirtió en objeto de luchas de poder por los diversos grupos políticos que aspiraban a controlar la única fuerza armada del país.

La muestra más convincente de la progresiva deriva autoritaria de la presidencia de Aristide fue la persecución desatada por bandas presuntamente incontroladas contra periodistas y comunicadores críticos con el poder, algunos de los cuales fueron asesinados y otros más tuvieron que abandonar el país. Estas violaciones de los Derechos Humanos se venían produciendo desde el último año de la administración de Préval, pero ahora adquirieron tal gravedad que la ONG Reporteros Sin Fronteras actualizó su lista de gobernantes "predadores" de la libertad de prensa con la inclusión de Aristide, que pasó a compartir este deshonor con dictadores y autócratas de todo el mundo.

El 5 de julio de 2002 Aristide se apuntó un importante tanto en sus esfuerzos para romper el aislamiento exterior que atenazaba a Haití con el ingreso del país como miembro pleno, tras un lustro de provisionalidad, en la CARICOM. La decisión fue adoptada por el núcleo de países miembros anglófonos con un criterio más político que económico, ya que el empobrecido país francófono, con una renta per cápita diez veces menor que las de Bahamas o Barbados y urgentemente necesitado de ayuda, bien poco podía contribuir al desarrollo del mercado común del bloque caribeño. De todas maneras, una de arena y otra de cal, puesto que pocos días después, el secretario general adjunto de la OEA, Luigi Einaudi, arrojó la toalla en sus intentos de sentar en una mesa de diálogo a Gobierno y oposición. La CD dejó muy claro que a menos que Aristide desarmara a sus partidarios y que los autores de los ataques a sus sedes fueran llevados ante la justicia, no habría nada que negociar. Fracasó así la tercera misión de Einaudi en lo que iba de año.

A principios de agosto Aristide encajó un nuevo y serio sobresalto con la caída temporal de Gonaïves, cuarto núcleo urbano del país, bajo el control de una muchedumbre armada que acorraló a los efectivos policiales leales al Gobierno, prendió fuego al Ayuntamiento y al tribunal local de justicia, y llamó a la insurrección nacional. Los medios de comunicación identificaron a algunos revoltosos como antiguos seguidores del sacerdote salesiano que se consideraban "traicionados" por éste al acordarse de ellos únicamente para que le sirvieran como tropa de choque contra la oposición.

Dato muy inquietante para el Gobierno, a la cabeza de los disturbios de Gonaïves estuvo Amiot Métayer, conocido cabecilla de una banda de violentos relacionados con el narcotráfico de tremebundo nombre, el Ejército Caníbal, cuyos servicios represivos había prestado a Aristide hasta que éste ordenó su arresto y encarcelamiento en relación con los incendios provocados que siguieron al fallido golpe del 17 de diciembre del año anterior. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, los ministros Bazin y Jean-Baptiste Brown, titular de Justicia, resignaron el 20 y el 29 de septiembre, respectivamente. La pérdida por Aristide de estos dos políticos respetados y moderados sólo podía hacer más difícil el entendimiento con la CD.

En noviembre de 2002 la agitación antigubernamental se trasladó de nuevo a Cap-Haïtien, escenario de manifestaciones más nutridas de lo habitual que, excitadas por el vehemente Evans Paul, exigieron lisa y llanamente la dimisión de Aristide y su ingreso en prisión por "ladrón" y "dictador". En el propio Puerto-Príncipe se desarrollaron protestas de los estudiantes por las injerencias del Ministerio de Educación en los órganos de gobierno de la Universidad y la subida de las tasas académicas.

La nueva oleada de malestar se nutría del reciente derrumbe de un esquema piramidal de inversiones, que dejó sin los ahorros de toda una vida a decenas de miles de haitianos, y del imparable encarecimiento de la cesta de la compra, con la moneda nacional, el gourde, devaluado un 40% en los últimos doce meses. Los rumores de que el Gobierno se disponía a atajar la crisis de liquidez del Estado y el desplome monetario mediante la conversión a gourdes de los depósitos bancarios en dólares y rentados con un tipo de interés superreducido desató una cascada de reintegros en metálico: en tan sólo tres días, las cajas de los bancos vieron esfumarse 20 millones de dólares, con el consiguiente agravamiento de la penuria financiera.

Un cierto clima de polarización social y enfrentamiento civil, a semejanza, -aunque menos cívico y más descontrolado- del vivido en Venezuela bajo Hugo Chávez se instaló en el país insular. Las marchas de protesta empezaron a ser puntualmente replicadas y, en ocasiones, enfrentadas físicamente, con el resultado de muchos heridos y algunos muertos, por contramanifestantes lealistas que aseguraban estar dispuestos a todo para defender al presidente y el Gobierno, desde el cual recibían expresiones de justificación. La aparición de barricadas en la capital, la proliferación de patrullas de "autodefensa" a cargo de las "organizaciones populares" de la Fanmi Lavalas y la inhibición de las fuerzas del orden alarmaron a la comunidad empresarial, que acusó a las autoridades políticas de tolerar un "clima de terror" en el país. El 4 de diciembre, buena parte de la actividad comercial, bancaria y escolar cesó por una huelga nacional convocada por las asociaciones patronales y estudiantiles. En Cap-Haïtien, Gonaïves y Petite Goâve, al oeste de Puerto Príncipe, la PNH se enfrentó a los manifestantes.

Aristide se mostró desafiante: no tenía ninguna intención de dimitir, sus oponentes lo único que pretendían era "sabotear el progreso de Haití" y los proveedores de fondos estaban socavando la estabilidad del país. La situación realmente se enquistó por la incapacidad de unos y de otros para consensuar un adelanto electoral, por el numantinismo de Aristide y por el fracaso de la oposición civil a la hora de capitalizar todo el malestar social en auge y el descontento de la comunidad internacional. Lo único que cambió a lo largo de 2003 fue el nivel de la violencia, siempre hacia arriba.

De estratagema populista tacharon los detractores del presidente su decreto del 4 de abril de 2003 por el que el vudú pasaba a ser reconocido como "religión de pleno derecho", con un estatus legal similar al del Catolicismo dentro del Estado aconfesional que asienta la Constitución de 1987; en lo sucesivo, los sacerdotes vuduistas podrían solicitar al Gobierno licencia para practicar bautizos, celebrar matrimonios y conducir funerales. Estudiosos y practicantes de este culto sincrético y popular que hunde sus raíces en las creencias traídas en el siglo XVIII por los esclavos africanos procedentes del golfo de Guinea acogieron encantados la sorprendente iniciativa presidencial, en un país del que muchas veces se ha dicho, medio en serio, medio en broma, que es "un 80% católico y un 100% vuduista".

A mediados de mayo, el Gobierno anunció con satisfacción que había alcanzado un acuerdo con el FMI (instado por la OEA para que fuera flexible) sobre la recepción de un crédito de entre 100 y 150 millones de dólares para financiar el crecimiento y luchar contra la pobreza sujeto a la presentación y el cumplimiento durante 12 meses de un plan de estabilización del gourde con las metas de reducir el déficit público del 5,2% al 2,7% y la inflación del 13% al 10% anual. Dos meses después, fue el BID el organismo multilateral de crédito que accedió a aflojar su faltriquera, inyectando 220 millones a los programas educativos y sanitarios del Gobierno.

En 2003, sin embargo, las buenas noticias desde el exterior fueron opacadas por el cada vez más sombrío panorama interno. El 25 de julio, pistoleros sin identificar emboscaron una comitiva del Ministerio del Interior en una carretera del Departamento Centre y mataron a cuatro funcionarios. Con estas víctimas ascendían a 25 las personas asesinadas por bandas de dudosa naturaleza -sicarios políticos o bandoleros sin escrúpulos, o ambas cosas a la vez- en el altiplano central desde comienzos de año. El 22 de septiembre fue encontrado en la cuneta de una carretera local en la localidad costera de Saint Marc el cadáver balaceado del Amiot Métayer, el hampón revuelto contra Aristide después de haberle prestado sus servicios, lo que desató algaradas de los enfurecidos integrantes del Ejército Caníbal. El 25 de noviembre recibió la visita de los pistoleros en su residencia de Cap-Haïtien Jean-Robert Lalane, activista de la coalición opositora Frente del Distrito Norte y apologista de la dimisión de Aristide desde los micrófonos de su emisora Radio Maxima; Lalane resultó herido en el atentado y salvó la vida.

En diciembre, la crisis entró aparentemente en un punto de no retorno. Puerto Príncipe se convirtió en el centro de manifestaciones antigubernamentales prácticamente diarias con los estudiantes como punta de lanza. La intervención contundente de las fuerzas antidisturbios y las bandas de civiles lealistas organizados, los violentos Chimères, dejó una retahíla de heridos en el otro bando. Varias estaciones de radio privadas se vieron obligadas a suspender sus emisiones por las agresiones y las amenazas de turbas que, cada vez con menos disimulo, gozaban del patrocinio y el respaldo del Gobierno. Incluso el rector de la Universidad, Pierre-Marie Pacquiot, fue apaleado en un asalto al recinto académico y tuvo que ser hospitalizado. En todo el país, los fallecidos por la violencia política desde mitad de septiembre sumaban la cuarentena.


6. La violenta revuelta de 2004 y la caída de Aristide

En estas tristes condiciones se conmemoró el 1 de enero de 2004 el bicentenario de la proclamación de la independencia, primera de una república negra en el mundo y segunda en América, por los generales Dessalines, Pétion y Christophe, continuadores de la lucha emprendida en 1791 por esclavo liberto Toussaint L'Ouverture; entonces, la liberación de los franceses costó una enorme efusión de sangre, y ahora, los estallidos de violencia que habían jalonado estos dos siglos se cernían sobre la presidencia de Aristide, a punto de pasar a los anales políticos de este malhadado país como el último en una larga lista de tribunos populares que, más tarde o más temprano, por autoritarismo, autismo o incompetencia, terminaron arruinando las esperanzas de las masas de desheredados que los habían proyectado al poder y quedaron abocados a la caída.

La presencia en Puerto Príncipe del presidente sudafricano Thabo Mbeki con motivo del 200º aniversario de la independencia suscitó esperanzas de que este país pudiera realizar una labor de mediación neutral en el desbarajuste político, pero el propio huésped se encargó de descartar esa posibilidad; a cambio, Mbeki anunció la próxima firma de unos acuerdos de cooperación bilaterales y la concesión de 1,5 millones de dólares para sufragar las festividades del bicentenario.

Por su parte, la llamada Plataforma Democrática de la Sociedad Civil y de los Partidos Políticos de la Oposición presentó una "alternativa de transición" consistente en la salida del "régimen irresponsable, criminal y despótico" de Aristide y su sustitución por un presidente interino seleccionado entre los jueces de la Corte de Casación y asistido por un Consejo de Gobierno de transición con mandato hasta la celebración de elecciones. La CARICOM recibió en Jamaica a una delegación de la Plataforma, a la que propuso la designación de un primer ministro independiente y el despliegue de una fuerza policial multinacional. Aristide se mostró dispuesto a negociar el nombramiento de un nuevo primer ministro y un gobierno abierto a los partidos de la oposición y la sociedad civil, pero insistió en agotar su mandato en 2006. La Plataforma dejó claro que la dimisión de Aristide y la disolución de los brutales chimeres eran precondiciones para cualquier arreglo de la crisis. El progresivo enconamiento del conflicto, con demasiado odio y resentimiento desatados, no propiciaba la facilitación extranjera.

El 5 de febrero de 2004, cuando los muertos en el último medio año superaban la cincuentena, los espectros de la anarquía generalizada, la devastación de las infraestructuras del país y la guerra civil asomaron en provincias con la captura de la ciudad de Gonaïves, emblema de la independencia nacional por ser el epicentro de la revuelta anticolonial de los esclavos y libertos en el siglo XVIII -amén de origen a finales de 1985 del alzamiento que terminó derrocando a Duvalier semanas después-, por las huestes reorganizadas del Ejército Caníbal, que ahora se hacía llamar Frente de Resistencia Revolucionario de Artibonite (FRRA) y, sin solución de continuidad, también Frente para la Liberación y la Reconstrucción Nacionales (FLRN), el cual no perdonaba el asesinato de su jefe Amiot Métayer. Aparentemente, esta banda de malhechores con ínfulas de guerrilla de liberación pasó a estar dirigida por el hermano del ejecutado, Butteur Métayer, y dos de sus lugartenientes, Winter Etienne y Milfort Ferdinand, alias Ti Will, los cuales se proclamaron respectivamente jefe regional de la Policía, alcalde y comisario de la "ciudad liberada" de Gonaïves.

Los rebeldes, comportándose como hordas de saqueadores y asesinos, tomaron los edificios gubernamentales y las comisarías, vaciaron la prisión y pusieron en fuga a los agentes de la PNH no sin antes linchar hasta la muerte a algunos de ellos. Dos días después, el intento por parte de 150 policías de recuperar la ciudad fracasó estrepitosamente con el resultado de 18 muertos en ambas partes. Para el Gobierno, quienes se habían hecho fuertes en Gonaïves eran "terroristas" con pretensiones de un "golpe de Estado". La portuaria Saint Marc, al sur de Gonaïves y también en el Departamento Artibonite, cayó igualmente en manos del FRRA/FLRN y fue pasto de un pillaje que no respetó ni las llantas de los vehículos.

El 10 de febrero los gubernamentales anunciaron la reconquista de Saint Marc en batalla campal a la vez que Grand-Goâve, Dondon y otras localidades, con lo que contuvieron el avance de la rebelión hacia el sur y Puerto Príncipe, si bien esta victoria no iba a poder sostenerse por la enorme debilidad, cuantitativa y cualitativa, de la única fuerza armada que podía oponer Aristide a unos enemigos extremadamente agresivos y a los que no les faltaban ni pertrechos, ni reclutas ni apoyo de los paisanos. La reacción vengativa de los chimeres por los sucesos en el centro-norte no se hizo esperar, y en Cap-Haïtien prendieron fuego a los edificios que alojaban a dos radios antigubernamentales. También se reportaron desmanes revanchistas en las ciudades recuperadas. En Puerto Príncipe, los partidos de la Plataforma estaban divididos sobre si brindar respaldo político a la caótica insurgencia armada, cuyas confusas proclamas patrióticas y democráticas chirriaban con las atrocidades que perpetraban, o si mantener las distancias y seguir apostando por el cambio pacífico; por el momento prevaleció lo segundo.

El 13 de febrero Aristide comunicó a la OEA y la CARICOM que aceptaba su propuesta de enviar una fuerza policial internacional y se sintió vindicado por la afirmación del secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, de que ni su país ni la comunidad internacional iban a aceptar un desenlace inconstitucional de la crisis, palabras que volvían a reflejar, sobre todo, el temor a que un colapso del régimen desatara el éxodo de miles de haitianos por mar en el intento de llegar a Guantánamo o a Florida.

Pero sobre el terreno, el balance de fuerzas se estaba desnivelando inexorablemente en contra de Aristide. El día 15, las dos hijas del presidente, Christine y Michaëlle, de cinco y siete años de edad, tomaron un avión que las puso a buen recaudo en Fort Lauderdale, Florida. El 16, Hinche, capital del Departamento Centre, fue capturada por una exigua tropa de mercenarios que tenía como jefe a Louis-Jodel Chamblain, antiguo sargento del Ejército y uno de los jefes de los paramilitares del FRAPH durante la dictadura de Cédras, sobre el que pendían dos condenas a cadena perpetua en rebeldía por crímenes políticos y que recientemente se había infiltrado desde la República Dominicana junto con Guy Philippe. Los dos facciosos amenazaron con realizar un fulgurante avance sobre Puerto Príncipe y entraron en conversaciones con el FLRN para coordinar sus respectivas insurgencias. La fusión de las fuerzas a las órdenes de los comandantes Métayer, Etienne, Chamblain y Philippe dio lugar al Frente de Reconstrucción -también referido a veces como de Resistencia- Nacional (FRN).

La virtual guerra civil que asolaba el país americano tomaba por momentos el cariz de una conflagración propia de África occidental: una rebelión caótica y sin dirección unificada, la emergencia de señores de la guerra ávidos de conquistar la capital y sin un programa político creíble, y el hundimiento de los servicios elementales a lo largo y ancho del país, amenazando con provocar una catástrofe humanitaria. La caída de Hinche y la entrada en escena de Chamblain y Philippe, viejos enemigos de Aristide con los bolsillos repletos de dólares de dudosa procedencia, desataron todas las alarmas en el Gobierno, que hasta entonces había intentado restar gravedad a la crisis e insistido en su capacidad para derrotar a los insurrectos.

Aristide y el primer ministro Neptune urgieron a la comunidad internacional a que interviniese con una fuerza de paz, pero de París y Washington sólo recibieron expresiones de respaldo y exhortaciones a hallar una "solución política", si bien los franceses se mostraron más receptivos que los estadounidenses al envío de soldados de interposición sin mediar un cese de hostilidades en firme. El Departamento de Estado empezó a dar signos de impaciencia e informalmente pidió a Aristide que considerara opciones como la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas y la dejación del poder a un órgano de gobierno con carácter temporal, hasta la investidura del ganador de esos comicios. Ni Aristide, que se ofreció a "dar la vida" para "defender la democracia en el país", aceptó aquel extremo, ni la oposición civil, y con más énfasis el FRN, dieron su brazo a torcer ante la posibilidad de una intervención militar extranjera que obviamente contravenía sus intereses.

Temiendo quedarse solo, el 21 de febrero Aristide aceptó de buen grado el plan internacional elaborado con el concurso de los gobiernos de Estados Unidos, Francia y Canadá, más la OEA y la CARICOM, según el cual debía nombrar un nuevo primer ministro, formar un gobierno de unión nacional con los partidos de la Plataforma, delegar el control sobre una nueva fuerza de Policía y convocar elecciones legislativas anticipadas. Punto fundamental, se le permitía conservar la Presidencia hasta completar el mandato en febrero de 2006. En resumidas cuentas, se trataba de un plan abiertamente favorable. Sin embargo, el FRN y la Plataforma, viendo la victoria al alcance de la mano, se apresuraron a declarar que ya no cabía otra salida que la marcha incondicional del ex salesiano.

La misión internacional concedió de plazo hasta la última hora del 23 de febrero al conjunto de la oposición haitiana para que se plegara al plan de paz, pero ésta no se amilanó. El 22, los milicianos de Philippe se adueñaron de Cap-Haïtien sin gran esfuerzo y provocaron las destrucciones de rigor, mientras que otro grupo del FRN se presentó en los arrabales de Puerto Príncipe con estrépito de tiros, provocando el pánico en la capital y excitando los ánimos de los milicianos chimeres, los únicos que parecían estar dispuestos a resistir ante el abandono de sus puestos por un número crecientes de policías. Las incursiones rebeldes se aproximaron peligrosamente hasta el barrio de Petite Place Cazeau, a tiro de piedra de la residencia privada de Aristide y muy cerca también del Aeropuerto Internacional Toussaint L'Ouverture.

El día 23, la Administración de George W. Bush despachó un pelotón de marines para proteger la Embajada estadounidense, mientras que Francia pidió a sus nacionales que abandonasen el país. Cuando el ultimátum internacional a los rebeldes expiró sin novedad, el Departamento de Estado de Estados Unidos les concedió otras 24 horas para que "reflexionaran", pero tampoco en esta ocasión se recibió respuesta. El 25, Aristide, impotente, manifestó a los corresponsales extranjeros que si la comunidad internacional no intervenía para parar a los "terroristas y criminales", todos iban a ver "miles de personas muertas" en Puerto Príncipe, donde las barricadas y los puestos de guardia levantados por una heteróclita, pero numerosa, tropa de policías, chimeres y voluntarios civiles hacían presagiar, ciertamente, un baño de sangre cuando llegasen los sediciosos. El presidente aseguró estar en condiciones de lanzar contra los atacantes a "cerca de un millón" de partidarios.

La perspectiva de encontrar la primera resistencia fuerte en la capital disuadió de lanzar un asalto inmediato a Philippe, que justificó el parón de su avance para "dar una oportunidad a la paz", aunque a Aristide le advirtió que, si le capturaban, le juzgarían por el "crimen de alta traición". El desafío y las amenazas de los rebeldes precipitaron la decisión de Francia y Estados Unidos de desplegar una fuerza de interposición con carácter urgente, pero con un cambio total de postura política: la presidencia de Aristide se consideraba ya indefendible y, en consecuencia, retiraban su apoyo al mandatario. Para Aristide, este fue el golpe de gracia. El día 27, mientras el Gobierno perdía las ciudades de Cayes y Mirebalais, y los pillajes y los enfrentamientos causaban una decena de muertos en Puerto Príncipe, los gobiernos de Francia, Estados Unidos y Canadá solicitaron implícitamente la marcha de Aristide al instarle a que "extrajera las consecuencias" de la crítica situación.

La primera reacción del presidente fue no darse por enterado de la demanda de dimisión, pero en menos de 48 horas los hechos consumados produjeron el acto final. En la noche del sábado 28 Aristide sostuvo con diplomáticos franceses y estadounidenses una reunión tormentosa. El resultado de este encuentro fue la firma por el presidente de una carta de renuncia que, redactada en créole, decía lo siguiente: "La Constitución no debe ser escrita con la sangre del pueblo haitiano. Si esta noche mi renuncia es la decisión que puede evitar un baño de sangre, estoy de acuerdo en irme. Acepto marcharme en la esperanza de que habrá vida, y no muerte". El domingo, 29 de febrero, por la mañana temprano, el ya ex mandatario, con la banda presidencial colgándole todavía del hombro -luego, presentando la misma guisa que en su apoteósico retorno en octubre de 1994- se dirigió al aeropuerto, se subió a un avión de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y despegó con rumbo desconocido. Un reducido séquito le acompañaba, entre ellas su esposa Mildred, su cuñado y dos guardaespaldas.

Todo en el mismo día, Boniface Alexandre, presidente de la Corte de Casación del Tribunal Supremo, juraba la asunción de las funciones de presidente provisional de la República tal como establecía la Constitución en caso de vacancia del presidente titular; el FRN anunció su aceptación del plan de paz internacional y la deposición de las armas, luego finalmente no se iba a producir la invasión violenta de Puerto Príncipe; el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, mediante la resolución 1.529, el despliegue inmediato de una Fuerza Multinacional Interina (FMI) por un período inicial de tres meses; dicho y hecho, comenzaron a llegar las avanzadillas, un centenar largo de marines de Estados Unidos y unas decenas de soldados canadienses de operaciones especiales, del contingente internacional, cuya fuerza prevista era de 3.600 hombres. En las horas y días siguientes, la FMI iba a ir tomando cuerpo en Puerto Príncipe y otros puntos sensibles del país con la adición de más unidades estadounidenses y canadienses, y la incorporación de efectivos franceses y chilenos.

El 1 de marzo, mientras Philippe, Chamblain y sus hombres, reciamente armados y vistiendo prendas militares, entraban entre los vítores de sus partidarios en un Puerto Príncipe aterrorizado por los chimeres en la víspera y se plantaban ante el Palacio Nacional con pretensiones de investirse de poderes militares nacionales antes de que Estados Unidos les quitara la idea de la cabeza y les obligara a desmovilizar a sus huestes, el avión de Aristide aterrizó en el aeropuerto de Bangui, capital de la República Centroafricana, después de hacer escala en la isla caribeña de Antigua.

El sorprendente destino parecía ser un alto provisional, hasta encontrar un país de acogida que podría ser Sudáfrica. El Gobierno de Panamá le había ofrecido el asilo y por eso se especuló con un exilio en el país centroamericano, que de haberse producido habría colocado a Aristide en la irónica paradoja de tener al general Cédras como compañero de infortunio. Costa Rica también se ofertó como país de exilio, en este caso temporal. En la confusión que rodeó estas horas, se habló de lugares tan dispares como Marruecos, Taiwán y la Guayana Francesa como aquellos en los que Aristide podría emprender su nueva vida.


7. En el exilio sudafricano

El mismo 1 de marzo, mientras ya estaban en curso unas gestiones discretas con el Gobierno sudafricano para la concesión del asilo, Aristide realizó desde el apartamento de Bangui puesto a su disposición por el presidente centroafricano, el general François Bozizé (un dictador militar que hacía justo un año había derrocado y condenado al exilio al anterior mandatario civil elegido en las urnas, Ange-Félix Patassé), unas sorprendentes afirmaciones a la cadena CNN vía telefónica que crearon una controversia añadida a los dramáticos acontecimientos en Haití, que desde el inicio de la rebelión en Gonaïves habían provocado muchas docenas de muertos (según partes periodísticos, las víctimas podrían ascender a las 300).

Según el ex presidente, en la noche del día 28 una comitiva de "agentes" y "militares" estadounidenses se había presentado en su mansión (más tarde destrozada y saqueada, en su sótano se encontró una caja fuerte camuflada que contenía 350.000 dólares en efectivo pero en mal estado de conservación, billetes que al parecer Aristide y su esposa renunciaron a llevarse, no así el dinero que supuestamente habían atesorado otras dos cajas halladas vacías) y le obligó a firmar un documento por el que renunciaba al poder bajo la amenaza de que en caso contrario habría un "baño de sangre" y "miles de personas serían asesinadas". Siempre según la versión del antiguo sacerdote, una vez hecho lo que le pedían, sus captores le llevaron al aeropuerto y le subieron al avión contra su voluntad y sin decirle a dónde le llevaban, todo lo cual no podía calificarse sino de "golpe de Estado". En los días siguientes, el mandatario depuesto reiteró sus mensajes porfiados, hizo un llamamiento a la "resistencia pacífica" de sus seguidores frente a la "ocupación" de Haití y los rebeldes "narcotraficantes" y "terroristas", e insistió en que él seguía siendo "el presidente democrático electo".

El Gobierno de Washington desmintió tajantemente que Aristide hubiese sido "secuestrado" o forzado a tomar decisiones por personal civil o militar de Estados Unidos, y aseguró que el mandatario había solicitado la custodia de fuerzas de seguridad a la Embajada para asistirle en la evacuación. Los gobiernos de la CARICOM, con el jamaicano de Percival Patterson a la cabeza, expresaron su profundo malestar por la implicación de "partes occidentales" en la "sospechosa" partida de Aristide, demandaron una investigación internacional independiente de las alegaciones del ex presidente y decidieron no enviar tropas a la FMI. En opinión de Patterson, si se demostraba que Aristide había sido empujado a dimitir y huir contra su voluntad, "Haití y los líderes y gobiernos de toda la región elegidos democráticamente" estarían ante un "precedente muy peligroso".

El 4 de marzo, el Gobierno sudafricano anunció que concedería el asilo a Aristide si éste lo solicitaba, pero el ex presidente tenía otros planes por el momento. El 12 de marzo tomó posesión en Puerto Príncipe un Gobierno apartidista presidido por Gérard Latortue, antiguo ministro de Exteriores y funcionario internacional sin filiación política, cuya elección correspondió a un "Consejo de Sabios" con el visto bueno de la comunidad internacional y en particular de la potencia tutelar, Estados Unidos. El 15 de marzo Aristide despegó de Bangui compartiendo vuelo con una delegación de legisladores estadounidenses y jamaicanos, así como con miembros del lobby afroamericano prohaitiano TransAfrica (que sustentaba la teoría de una conspiración urdida por la CIA, el subsecretario de Estado Roger Noriega y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, John Negroponte), y tomó tierra en Jamaica en respuesta a la invitación cursada por el primer ministro Patterson para una estancia de diez semanas en la isla, condicionada a que no hiciera declaraciones. Fue en Kingston donde el matrimonio Aristide se reunió con sus hijas, el 19 de marzo.

Las nuevas autoridades haitianas y el Gobierno de Washington reaccionaron negativamente a este viaje por creer que atizaría las tensiones en Haití, pero el Gobierno jamaicano lo justificó por razones familiares, para que el huésped pudiera reencontrarse con sus hijas venidas desde Nueva York. El 22 de marzo llegó la noticia de que el Gobierno de Nigeria (que ya brindaba un exilio condicionado y sumamente polémico al antiguo déspota liberiano Charles Taylor, removido del poder en Monrovia en agosto de 2003 en unas circunstancias muy similares a las acaecidas en Puerto Príncipe días atrás) otorgaba el asilo temporal a Aristide a petición de la CARICOM. Con este cambio, Patterson respondía a las protestas del Ejecutivo de Latortue, quien, por su parte, estaba generando otra fuerte controversia por su actitud amistosa hacia Philippe y su soldadesca, a los que llamó "combatientes por la libertad", y a los gestos de desagrado de la Casa Blanca.

Sin embargo, Aristide rehusó dar su visto bueno a este plan de instalarse en Nigeria, a la vez que los mandatarios de la CARICOM hablaban de promover en la Asamblea General de la ONU un debate que clarificase la posible injerencia exterior en los sucesos que habían conducido al desenlace del 29 de febrero. El 13 de mayo el Gobierno sudafricano confirmó la concesión del asilo temporal a Aristide, quien dio públicamente su conformidad el 30 de mayo. Ese mismo día, la familia Aristide se montó en el avión oficial sudafricano que la condujo a su refugio "temporal", puntualizó en todo momento el ex presidente, quien a la vez desmintió categóricamente la imputación, formulada por el Gobierno de Latortue, de haberse lucrado con el tráfico de drogas. "Nos marchamos de Haití sin ningún dinero", afirmó. El expatriado aterrizó el 31 de mayo en Johannesburgo, donde fue recibido con los máximos honores por el presidente Mbeki y varios ministros de su Gobierno. Aristide, su familia y sus guardaespaldas se instalaron en un inmueble próximo a Pretoria a expensas del Estado sudafricano.

En los siguientes meses, Aristide, a través del Ministerio de Exteriores sudafricano, hizo saber su reclamación de que se celebraran "elecciones libres" en Haití. A su vez, él fue acusado por Latortue de orquestar, desde el otro lado del mundo, los violentos disturbios protagonizados en Puerto Príncipe por sus partidarios, que exigían a las autoridades interinas la luz verde para su regreso, una posibilidad remota desde el momento en que el Departamento de Estado había dejado claro su veto con el pretexto de que la repatriación del dirigente no provocaría más que desestabilización. En abril de 2005 Aristide acusó a Estados Unidos, Francia y Canadá de ser cómplices del "holocausto negro" que venía perpetrándose en Haití en el último año y denunció que la "represión" sufrida por sus partidarios había causado "10.000 muertos" hasta el momento.

Aristide sostuvo su promesa de regresar ("no sé cuando, pero lo haré") a lo largo de 2005 y la redobló poco antes de la asunción presidencial el 14 de mayo de 2006 de Préval, ganador de las accidentadas elecciones generales del 7 de febrero. Aunque habían sido estrechos colaboradores y amigos dentro de una relación de jerarquía, Aristide y Préval hacía años que no sintonizaban y, aseguraba el entorno del segundo, ya ni siquiera se hablaban. El antiguo panadero, al que había iniciado en las luchas políticas el sacerdote, libró una campaña electoral en la que guardó mutismo sobre el futuro inmediato de su predecesor. Además, concurrió montado en la plataforma partidista Fwon Lespwa (Frente de la Esperanza), que aglutinó el apoyo tanto de los sectores de la vieja OPL que le habían sido fieles durante su mandato de 1996-2001 como de muchos miembros, pasados y presentes, de la Fanmi Lavalas.

La situación era ambigua. Préval recibió el respaldo tácito de un sector mayoritario de la Fanmi Lavalas, pero oficialmente el partido de su ex mentor practicó el boicot en protesta por el encarcelamiento del ex primer ministro Neptune (no así en las legislativas, a las que la Fanmi Lavalas sí se presentó, aunque sólo consiguió mantener dos senadores y un diputado). Si bien se abstuvo de pedir el voto para él, Aristide veía con buenos ojos un triunfo de Préval en la creencia de que un Gobierno del Fwon Lespwa allanaría su regreso a Haití. La Fanmi Lavalas se integró con un representante en el Gobierno de coalición sexpartito inaugurado el 17 de mayo y con Jacques-Édouard Alexis de primer ministro, pero Préval dio largas a los aristidianos, limitándose a constatar que la Constitución no impedía una repatriación como la de Aristide porque todo ciudadano haitiano tenía derecho a ingresar en su país sin visado. Sin embargo, el Gobierno no hizo ningún movimiento en esa dirección y los deseos de Aristide quedaron frustrados de nuevo.

En febrero de 2009, en el quinto aniversario de la rebelión de 2004, miles de seguidores de Aristide desfilaron por las calles de Puerto Príncipe en demanda del regreso de su líder. El ex presidente seguía arrojando su larga sombra sobre el paisaje político haitiano, pero su influencia real era limitada. Con su jefe prácticamente maniatado en el exilio, la Fanmi Lavalas fue pasto de las luchas entre facciones que se disputaban el control del partido en ausencia de Titid. Las trifulcas intestinas fueron aprovechadas por el oficialismo, que descalificó a los candidatos, divididos en dos listas rivales, presentados para las elecciones senatoriales del 19 de abril. En noviembre, el CEP se reafirmó en esta estrategia prohibiendo al partido participar en las próximas elecciones legislativas, programadas para febrero de 2010, con el argumento de que no había presentado la documentación en regla. Desde Pretoria, Aristide calificó la decisión del CEP de "golpe de Estado electoral".

La voz de Aristide volvió a escucharse con intensidad tres días después del catastrófico terremoto del 12 de enero de 2010, que devastó Puerto Príncipe, causó más de 200.000 muertos y sumió en la ruina total a un país que ya venía transitando por la cuerda floja. Así, el ex presidente comunicó su fuerte deseo de regresar para ayudar a sus paisanos en todo lo que pudiera. Con gesto compungido y acompañado de su mujer, leyó en el aeropuerto de Johannesburgo un comunicado donde decía lo siguiente: "Estamos listos para partir hoy, mañana o cuando sea para unirnos al pueblo de Haití, compartir con él su sufrimiento, ayudar a reconstruir el país y conducirlo de la miseria a la pobreza con dignidad". El retorno de Aristide no se materializó, pero su Fundación por la Democracia se sumó a los esfuerzos humanitarios, movilizando su red de médicos, enfermeros y voluntarios sobre el terreno, y cooperando en la instalación de hospitales de campaña y de carpas para refugiados.

Jean-Bertrand Aristide está en posesión de los premios Monseñor Óscar Romero de Justicia Social (otorgado por el Center for Human Rights & Constitutional Law de Los Ángeles en 1992), el Ecuménico Martin Luther King al Estadista Internacional, el Aix-la-Chapelle de la Paz y el de la Educación en Derechos Humanos de la UNESCO (1996).

Ha escrito los siguientes libros, la mayoría de los cuales tienen naturaleza autobiográfica: Pouki? (1978); Soulever la table (1986); 100 vese dechoukaj: va t-en Satan (1986); La vérité!, en vérité!: dossier de défense présenté à la Sacrée Congrégation pour les Religieux et les Instituts Séculiers (1989); In the Parish of the Poor: Writings from Haiti (1990); Haïti, un an après le coup d'État (1992); Tout homme est un homme = Tout moun se moun (en coautoría con Christophe Wargny, 1992); Théologie et politique (1992); Dignité (en coautoría con Christophe Wargny, 1994); Névrose vétéro-testamentaire (1994); Peace, Justice and Power: My Return to Haiti, the United States and the New World Order (1995); Investir dans l'humain: livre blanc de Fanmi Lavalas sous la direction de Jean-Bertrand Aristide (1999); Media's Dark Age: The Rise & Fall of Western Journalism (en coautoría con Lenora Foerstel y Ben Bagdikian, 1999); Eyes of the Heart: Seeking a Path for the Poor in the Age of Globalization (2000); y Shalom 2004 (2003).