Mostrando las entradas con la etiqueta TRIBUTOS-Liber Seregni. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta TRIBUTOS-Liber Seregni. Mostrar todas las entradas

sábado, noviembre 19, 2016

Liber Seregni, un lider ocultado por el sistema



A 12 AÑOS DE SU MUERTE

EL LEGADO DE SEREGNI

Por Leonardo Pereyra

Se cumplieron 12 años de la muerte de Líber Seregni, el general del Ejército que fundó al Frente Amplio en 1971, fue una especie de mito viviente por años dentro de esa fuerza política y terminó en su casa, olvidado, rodeado apenas por sus más fieles seguidores.
Hoy algunos grupos reivindican sus ideas, una plaza y una tura llevan su nombre pero ¿es el seregnismo una corriente de ideas como pudo serlo el batllismo o el wilsonismo?
Para este especial escribieron columnas el presidente Tabaré Vázquez y el exmandatario colorado Julio Marìa Sanguinetti, así como dos militares que estuvieron muy cerca del general actuando como sus secretarios. También se contó con el aporte de sus dos secretarios políticos más conocidos: Carlos Baraibar y Oscar Bottinelli.

Poco antes de morir a los 87 años, ya débil pero todavía muy lúcido, el general Líber Seregni recibió en su casa a Tabaré Vázquez y a Danilo Astori, quienes por entonces se disputaban la conducción de la coalición de izquierda dejando al descubierto diferencias que los estaban separando más de la cuenta en el camino al poder.
Por eso, a Seregni, defensor a ultranza de la unidad de la izquierda, se le alegró la cara cuando los vio entrar juntos al cuarto en donde transcurrían sus últimos días de vida.
Según contó Astori, aquel 19 de julio de 2004 Seregni lo señaló y le dijo: “Tú tienes la conducción económica” del Frente Amplio; luego miró a Vázquez y agregó: “Tú tienes la conducción política”.
“La conducción económica está sujeta a la conducción política”, les aconsejó el general con una euforia que desmentía la enfermedad que lo mataría un 31 de julio, menos de dos semanas después de ese episodio.
Cuando Vázquez ganó las elecciones de ese año cumplió con el último mensaje del líder histórico de la izquierda y dejó la conducción económica en manos de Astori.
Diez años después, la coyuntura vuelve a encontrar al gobierno del Frente Amplio en una actitud que parece ortodoxamente seregnista: con Vázquez en la conducción política y Astori en la económica.
Pero las cosas no son tan simples y esos hechos no informan necesariamente de una prevalencia del seregnismo en el Frente Amplio. Entre otras cosas porque antes de la muerte de Seregni, buena parte de sus propios compañeros se encargaron de defenestrarlo.
Y, además, porque desde aquella tarde de julio de 2004 a este comienzo del tercer gobierno de la izquierda, a los planes del “general del pueblo” se le cruzó en el camino un imprevisto llamado José Mujica. El exguerrillero había entrado al Frente Amplio en 1989 con el resto del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), después de una relación compleja que ya tenía varias décadas de antigüedad. Cuando el Frente Amplio nació, el 5 de febrero de 1971, los tupamaros renegaban del camino de las urnas y consideraban a la coalición como una expresión más de la política burguesa.
A su vez, los guerrilleros nunca fueron santos de la devoción de Seregni. El general llegó a comparar las torturas aplicadas por los militares con los interrogatorios que los tupamaros les propinaron a sus secuestrados. Su viuda, Lilí Lerena, dijo más de una vez que le preocupaba la llegada al gobierno de Mujica.
Cuando Seregni murió en 2004, Mujica era un senador con buen predicamento que, recién en las elecciones de ese año, dio el gran salto convirtiendo al Movimiento de Participación Popular (MPP) en la fuerza más votada del Frente Amplio.
Luego Mujica fue presidente. Y hoy los tupamaros y sus aliados controlan la mitad de la Cámara de Diputados y buena parte del Senado.
Entonces ¿dónde está el seregnismo en este Frente Amplio de hoy? ¿Se ha ido esfumando con el paso de los años?

EL PRINCIPIO


El peso de Seregni fue fundamental para la fundación del Frente Amplio en 1971 y, desde la cárcel, fue un estímulo para que la coalición de izquierda siguiera viva pese a los golpes de los dictadores.
Tras la reapertura democrática, Seregni volvió a ser una figura indispensable para mantener la unidad de un pacto que juntaba a comunistas, socialistas, blancos, colorados, socialdemócratas y cristianos.
Ese “conshensho” que pregonó con su particular dicción, perduró hasta 1989 cuando la lista 99 de Hugo Batalla y el Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Juan Pablo Terra se fueron del Frente Amplio.
El general sintió un golpe terrible tras ser abandonado por aquellos dirigentes en los que mayormente se había apoyado para tomar la decisión de impulsar la fundación de un frente plural, antioligárquico y antiimperialista.
Además, ese año el Frente Amplio aceptó incorporar al MLN-Tupamaros, un grupo con el que, como ya fue dicho, Seregni tenía diferencias varias.
Sin embargo, la ruptura no apagó la fuerza electoral del Frente Amplio ni la habilidad de mando de Seregni.
Como ejemplo de aquella capacidad de Seregni para que sus compañeros cumplieran sus decisiones, el exsenador Carlos Baraibar –quien fue su secretario privado desde 1985 hasta 1994- contó a El Observador un hecho ocurrido antes de las elecciones nacionales de 1989 cuando el general aún era fuerte y la figura del entonces independiente Astori iba en ascenso.
Por aquellos días el FA resolvió que Astori encabezara todas las listas al Senado de la coalición pero nadie daba el primer paso para aceptar pagar con una de sus bancas el ingreso a la Cámara Alta del hoy ministro de Economía.
Entonces Seregni mandó a Baraibar a reunirse con la dirección del Partido Comunista –que, se preveía, iba a votar muy bien con su lista 1001- para pasarle un contundente mensaje: el lugar de Astori debía ser cedido por el PCU y eso se llevaría adelante “con el Partido Comunista, sin el Partido Comunista o contra el Partido Comunista”.
Los participantes del encuentro se sorprendieron y protestaron ante lo que consideraban un atropello. Allí estaban presentes entre otros, José Luis Massera, Enrique Rodríguez y Esteban Valenti, hoy excomunista que asesora a Astori. Pero finalmente el PCU cedió ante el reclamo del general.
La fórmula presidencial en aquellas elecciones fue Seregni-Astori –confirmando la fortaleza de ambas figuras- en tanto que Tabaré Vázquez se quedó con la intendencia de Montevideo y empezó su imparable ascenso.

LOS ÚLTIMOS AÑOS.


Después de las elecciones de 1994, en las que Vázquez fue el candidato presidencial, el peso de Seregni empezó a declinar hasta que debió renunciar a la Presidencia del Frente Amplio en febrero de 1996.
“No puedo permanecer un momento más en la presidencia”, dijo el general en un acto callejero para celebrar los 25 años de la fundación de la coalición de izquierda. Un grito de la multitud y decenas de llantos acompañaron el anuncio. Pero no hubo vuelta atrás.
Seregni se había comprometido ante blancos y colorados a darles una respuesta sobre la propuesta de reforma electoral que instauraba el balotaje, pero el Frente Amplio evitó pronunciarse formalmente.
Seregni se sintió desautorizado aunque permaneció firme –junto a Astori- en la defensa de un cambio electoral que el resto de los frentamplistas consideraba un invento para impedir la llegada de la izquierda al poder.
Luego, los hechos se sucedieron en catarata: la reforma fue aprobada por un escaso margen; Vázquez asumió la presidencia del Frente Amplio y le ganó las elecciones internas a Astori; después perdió el balotaje de 1999 contra el colorado Jorge Batlle pese a haber tenido más votos en la primera vuelta.
Entonces, buena parte de los frenteamplistas culparon a Seregni y a Astori de la derrota y la estrella del general se apagó casi completamente. Aquellos que lo ovacionaban, que le pedían consejo o acataban sus decisiones, empezaron a escasear. El 5 de febrero de 2001 en los festejos de los 30 años de fundación del Frente Amplio en el Velódromo Municipal, Seregni no estuvo en el estrado. Sencillamente, no había sido invitado. De cualquier manera, el mítico conductor del FA no tenía previsto ir puesto que, presumía, alguna agresión de la platea podía arruinar la fiesta.

EL FINAL


Y el olvido siguió marcando presencia. “Seregni casi siempre festejaba su cumpleaños en un lugar público y el último lo celebró en el salón de actos de La Spezia. Aquel 31 de diciembre éramos pocos los que estábamos. Fue una concurrencia muy moderada, por decirlo de algún modo”, recordó Baraibar
El fundador y conductor de la izquierda se recluyó cada vez más en su apartamento de la avenida 18 de julio mientras observaba, desde el costado de la historia y sin poder hacer nada, las vacilaciones, los enfrentamientos y ciertas mezquindades de una izquierda que se encontraba en las puertas del poder.
Por eso, cuando ya enfermo vio entrar a Vázquez y a Astori a su habitación, consideró que esa unidad sería la mejor herencia que podía dejar para la pervivencia del Frente Amplio. Murió con esa idea un 31 de julio de 2004, sin llegar a ver a la izquierda en el gobierno.
Después, Astori y sus aliados fundaron el Frente Líber Seregni como muestra de adhesión formal al viejo líder. Pero el resto de los sectores también reivindican las concepciones del general e incluso Mujica lo considera un “símbolo de la unidad de la izquierda”. Hoy la sede central del Frente Amplio se llama Líber Seregni y su salón de actos se denomina La Huella de Seregni y una plaza y hasta la ruta interbalnearia llevan su nombre.
Son otros tiempos muy diferentes a aquellos en los que este hombre de cuna batllista ejerció su poder unificador; y también distintos son los días a aquel en el cual sus propios compañeros lo dejaron afuera del cumpleaños de la fuerza política a la que le había entregado buena parte de sus sueños y de sus desvelos.

“NOS LLEVÓ A LA LUZ PUNTUAL”

POR TABARÉ VÁZQUEZ. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA


Fue un amante apasionado de la vida y vivió tan plenamente cada momento de la suya que la última vez que nos vimos -no nos lo dijimos explícitamente, pero ambos sabíamos que no habría otra- al despedirnos me dijo con esa sonrisa con que solía pedir o más bien ordenar, que en el futuro en vez de conmemorar la fecha de su muerte festejáramos la de su nacimiento.
Le prometí cumplir y creo que todos quienes lo conocimos y respetamos su indicación lo hemos hecho. Y lo haremos especialmente el próximo año, centenario del nacimiento de quien por encima de fronteras generacionales o identidades partidarias, es un referente insoslayable en el Uruguay de nuestros días.
Admito que al recibir la propuesta de publicar una columna con motivo del 11 aniversario del fallecimiento del Gral. Seregni me pregunté si aceptarla no sería faltar al compromiso antes mencionado. Y si la acepté, es porque me propuse que esta nota no sea una de esos obituarios con los que a veces se amortaja definitivamente al homenajeado, sino una reflexión personal y terrenal para compartir con los lectores.
Los once años transcurridos desde el 31 de julio de 2004 han abarcado varios triunfos electorales y períodos de gobierno nacional y departamental del Frente Amplio, la fuerza política que Seregni lideró previamente.
Él, y en él tantos otros precursores y fundamentales anónimos, tuvo la lucidez, el coraje y la grandeza de conducirnos a "la luz puntual" tras la larga noche dictatorial que lo castigó con especial ensañamiento.
¿Que en todo presente hay varios futuros posibles? Es cierto. Pero no todo futuro posible es necesariamente mejor, y el que ayudó a forjar Seregni fue el mejor dentro de lo posible.
Recuperada la democracia, Seregni fue factor fundamental para consolidarla y, en el contexto de ese complejo proceso, aportó una mirada estratégica y un proyecto de país con sentido progresista.
Hoy es fácil comentar las dificultades, señalar insuficiencias y establecer matices respecto a lo que fue aquel proceso y el papel que en el mismo desempeñó el general Seregni, pero las urgencias de aquellas circunstancias no podían esperar el juicio de este presente. Más aún: éste no hubiera sido posible sin aquéllas. ¿Que en todo presente hay varios futuros posibles? Es cierto. Pero no todo futuro posible es necesariamente mejor, y el que ayudó a forjar Seregni fue el mejor dentro de lo posible.
En todo caso a nosotros corresponde mejorarlo acorde con las circunstancias ahora existentes y con sentido del momento histórico. Esto es, cambiando lo que haya que cambiar para el progreso y bienestar de todos y con audacia, inteligencia, realismo y lealtad a los valores y principios que nos identifican
En esa tarea, que no es exclusiva de nadie sino derecho y responsabilidad de todos, la sociedad uruguaya en su conjunto también cuenta con Seregni. Es que su condición de ciudadano uruguayo y soldado artiguista, su visión estratégica de la nación, su lealtad institucional, su convicción democrática, su compromiso republicano, su agudeza para entender los pliegues de la realidad, su sensibilidad respecto a los problemas cotidianos de la gente y en especial de los más humildes, su disposición al diálogo, su respeto a todos los compatriotas, su afecto a los compañeros y su obsesión por la unidad como clave de una estrategia de cambios progresistas, no son reliquias ni adornos, sino instrumentos de navegación hacia un Uruguay mejor para todos los uruguayos.
Hoy, como ayer, Seregni está entre nosotros. Y mañana también.

UN LEGADO DE CONCORDIA

POR JULIO MARÍA SANGUINETTI


Solo la perspectiva del tiempo da la medida de los hombres y los hechos. Cuando hoy evocamos a Seregni, despojado de las hojarascas que inevitablemente genera la vida política, nos encontramos con un grande de la democracia uruguaya. No solo fue el político que amalgamó las fuerzas dispersas de la izquierda uruguaya para llevarlas a un horizonte de acción pacífica sino un ciudadano que entró maduro a la vida política y, sin embargo, dejó en ella un rastro indeleble. Alcanzó su mayor estatura con el estoicismo que soportó la injusta prisión de la dictadura y la convocatoria de paz que hizo a su término. A partir de ese día, nunca cultivó el resentimiento, guardando silencio sobre los vejámenes a que había sido sometido.
Sin él, no habría culminado el Pacto del Club Naval, que puso fecha y hora al fin de la dictadura. En ese difícil trayecto encontramos al demócrata pero también al caballero fiel a su palabra.
Destacado oficial del arma de artillería, cumplió una larga trayectoria, culminada como Jefe de División. Al retirarse, en 1968, comenzó una carrera política que lo llevó, desde la formación batllista que siempre invocó, a liderar el conglomerado de partidos que formó el Frente Amplio. Había intentado una coalición adentro del Partido Colorado, pero al fracasar ésta, se lanzó a esa aventura que cambiaría los ejes de la política nacional.
Personalmente, le conocí por los años 60. Arreciaban turbulencias políticas fuertes, aparecían grupos neonazis, ciertos dramáticos episodios económicos comenzaban a erosionar nuestra institucionalidad. Nos acercamos a él con espíritu patriótico y mantuvimos luego una larga relación que con los años se hizo amistad, pese a las diferencias políticas que nos separaron cuando él formó el Frente Amplio. Los años de la dictadura, como es natural, nos volvieron a acercar. A él le tocó la peor parte, pero aun desde la prisión mantuvo el contacto con los partidos que – desde el impuesto silencio- alentábamos una salida pacífica.
Creyó siempre en las soluciones negociadas. Su formación le atribuía una constante aproximación táctica a cada situación, sin nunca perder de vista el objetivo estratégico final. Con su colaboración estrecha, procuramos los caminos para una transición institucional en la que fue importante, decisivo protagonista. Sin él, no habría culminado el Pacto del Club Naval, que puso fecha y hora al fin de la dictadura. En ese difícil trayecto encontramos al demócrata pero también al caballero fiel a su palabra, que también nos honró siempre con el tributo de su confianza, en tiempos en que estábamos librados a la “buena fe de los hombres”.
Nunca abandonó su orgullo de militar. Nos consta lo que le dolió la ruptura con su institución. Realmente lo sentía como la peor injustica. Recuerdo el feliz día en que dejó la prisión, sereno de talante y físicamente intacto. Mucho habíamos batallado para su liberación y a las pocas horas de lograrlo, nos visitó en nuestra casa. En una charla muy personal, Marta le pregunta cómo había podido resistir tan bien esos años duros. “Mi formación militar”, fue su respuesta. El 4 de marzo de 1985, cuando tuve el honor de ocupar la Presidencia de la República, pude clausurar los procedimientos emprendidos contra él y así restituirle plenamente su condición de general uruguayo, con cuyas insignias fue velado el día de su muerte.
Creyó siempre en las soluciones negociadas. Su formación le atribuía una constante aproximación táctica a cada situación, sin nunca perder de vista el objetivo estratégico final.
Su acción política fue siempre de trazado de caminos constructivos. Creía en los acuerdos y en las políticas de Estado, a las que dedicó semanarios y conferencias, una vez que dejó la conducción de la fuerza política que había fundado. Formado en la matriz ideológica del Batllismo, si su derrotero lo llevó por otros caminos, su visión nunca dejó de ser la de un país más justo, más próspero, siempre democrático, republicano y laico.
Pese a su condición militar, su memoria se asocia a la paz, a la reconciliación nacional después del golpe de Estado.
La paz ofrece victorias tanto o más grandes que las de la guerra. Ellas le atribuyen grandeza a su paso por la vida cívica del país y quedan como un legado de concordia cívica y dignidad personal.

CALLADITO

POR GABRIEL PEREYRA
(COLUMNA PUBLICADA EL 1 DE AGOSTO DE 2004)


Se fumó 10 años y cuatro meses de cana y lo hizo calladito. Cuando salió no exhibió las huellas de la tortura ni las usó, como muchos lo hicieron después, para ganar votos o simpatías. En lugar de eso llamó a la reconciliación nacional. Lo proscribieron. Pudo lanzar la consigna de que las elecciones eran con él o con nadie, pero no, se lo bancó calladito.
Luego mantuvo la temperatura de una olla de grillos con forma de Mesa Política, en épocas donde ni su condición de militar lo habilitaba a pegar un grito para acallar los chillidos. Cuando el caldo iba tomando color, lo desplazaron de la cocina, el cucharón pasó a otras manos y se tuvo que ir por la puerta de atrás, como si fuera uno más.
Los mediocres tuvieron sus 10 minutos de gloria, y se lo bancó calladito. Hasta hubo espacio para que algún subnormal le gritara traidor en un comité de base, donde unos años antes lo habían idolatrado como a un semidios. Y se lo bancó calladito. De golpe, los adversarios políticos, los que le habían dicho de todo durante las campañas electorales, lo empezaron a valorar, lo comparaban con lo que se venía y lo invitaban a seminarios de diverso color e ideología.
Aceptó respetuoso las invitaciones, las retribuyó y siguió para adelante, calladito, sin reproches ante el cinismo político que lo rodeaba. Ahora, los que fueron sus camaradas de armas y luego sus verdugos, le reconocen los galones de general, sacan su foto del baúl y la ponen adonde siempre debió estar.
Dicen que en su lecho doliente se sintió feliz por la noticia, pero pidió a los suyos que no la propalaran. En medio de su dolor, la disfrutó calladito. Sobreviviente al gruñido de los gorilas, al grito de los mediocres y a la lisonja de los traidores, Líber Seregni tendrá que figurar también en otras galerías porque si falta su foto nadie podrá entender la historia.

“FALTA GRANDEUR, GENERAL”

TENIENTE PRIMERO (RETIRADO) EROS CARBAJAL
SECRETARIO PERSONAL DE SEREGNI ANTES DEL GOLPE DE ESTADO


El general Seregni tuvo dos hijas, Bethel y Giselle, pero durante su experiencia política como fundador y Presidente del Frente Amplio se rodeó de un grupo de jóvenes con los cuales convivió el día a día y que en cierta forma fuimos sus hijos varones adoptados.
Comenzábamos la jornada con un hora y media de caminata, todas las mañanas, siempre dentro del parque Rodó. Allí comentábamos lo más destacado de la jornada anterior y me marcaba las tareas para realizar por la tarde en su secretaria, correspondencia, entrevistas, etc. A pesar de ser él 24 años mayor que yo, tenía un paso que me llevaba de arrastro.
A las cuatro de la tarde lo recogía para ir a la Presidencia y ahí estábamos hasta nueve o diez de la noche; luego otros compañeros lo acompañaban a sus visitas sorpresa a los Comités de Base, hasta la medianoche.
Nos enseñó mucho; estar a su lado era un continuo aprendizaje. Cuando a veces se nos escapaba algún “anti”, enseguida nos corregía: “Muchachos, no todos los de Peñarol son malos ni todos los de Nacional son buenos...aflojen….”. Creo que su obsesión era la unidad del Frente, sin quitarle mérito a los miles de frenteamplistas ni a sus líderes políticos, sin la autoridad y el respeto que emanaba del general no hubiese sido posible conformar esta fuerza política. Estuve sentado a su lado en todas las Mesas Ejecutivas, desde la fundación hasta el día de su detención.
Cuando veía sentados a Juan Pablo Terra junto a Arismendi, o Benedetti al lado de Rodriguez Camuso, no podía creer que todas las resoluciones salieran por unanimidad. Más ahora con casi 50 años encima y ver la facilidad que tiene la derecha para unirse y la izquierda para desunirse.
A veces, cuando la agenda lo permitía, nos íbamos los tres con Lily, su señora y compañera, una semana a alguna playa. Ahí aprovechaba a descansar, leer o preparar algún discurso importante, pero sobre todo largas caminatas de horas por la orilla del agua. Casi ni hablábamos, se veía que estaba concentrado y no lo interrumpía. Un día al mediodía cuando el sol apretaba, me extrañó que no se sacase la camisa. Aparte se lo comenté a Lily y me dijo: “Es por vos, no quiere que le veas las cicatrices de los cigarrillos que le apagaron en el pecho…”. Ni en las charlas más íntimas, jamás le oí una crítica para sus carceleros torturadores. La misma altura que demostró en el discurso desde el balcón de su casa el día de su liberación, el amor que sentía por su Ejército y las Fuerzas Armadas en general, le hacía obviar el triste papel de unos pocos que mancillaron décadas de democrática tradición.
Cuando veía sentados a Juan Pablo Terra junto a Arismendi, o Benedetti al lado de Rodriguez Camuso, no podía creer que todas las resoluciones salieran por unanimidad. Más ahora con casi 50 años encima y ver la facilidad que tiene la derecha para unirse y la izquierda para desunirse.
En una de las tantas salidas al interior estábamos en Mercedes. Los “peludos”, obreros rurales que alternaban su tarea entre la zafra de la caña en Bella Unión y la de la remolacha en Mercedes, pidieron una entrevista con él, pero solicitaron que “estuviese solo”. Les explicamos que por razones de seguridad no acostumbrábamos dejarlo solo, así que aceptaron que fuésemos los dos. El que actuaba de portavoz, curtido, barbudo de pelo largo, le dijo: “General, cuando vienen compañeros de la ciudad vemos que saben mucho de política y nosotros no. Eso nos deja mal…”. Lo miró cálidamente, respetuosamente, y le dijo: “Compañero, más importante que una cultura política es una conciencia política y de eso nadie les va a enseñar a ustedes”.
Sería una redundancia repetir que “detrás de cada gran hombre….”, pero su compañera Lily fue una persona importante en su etapa política, siempre apoyándolo, acompañándolo y luego siendo la persona que más luchó por conseguir su justa libertad.
Seregni era un gran “escuchador”; hacía sus discursos, iba a entrevistas de TV y radio como una tarea política, pero lo que le gustaba de verdad era escuchar a todo el mundo. Creo que ahí se alimentaba para demostrar su gran espíritu de justicia y humanidad cuando emitía una opinión.
Una vez Zelmar Michelini me dijo: “Dentro de 40 o 50 años, cuando se escriba la historia del Frente desapasionadamente….”; veo que estamos en esa fecha y no recordamos en su verdadera estatura a este gran estadista pero, más que nada, hermosa persona humana. No es necesario tirar de hemeroteca, para ver que en ningún discurso importante del Frente se le menciona.
Ya en su retiro, cuando mateando le preguntaba por actitudes de algunos políticos que no comprendía, siempre me respondía lo mismo: Falta grandeur “. Ahora muchos años después, al ver los giros de la política y sus mentores, no sólo en nuestro pequeño y querido Uruguay sino en todo el mundo, si lo pudiese ver una vez más le diría: “General ,como siempre…..usted tiene razón, falta grandeur“.

SEREGNI: EL ESTRATEGA CULTOR DEL FA

OSCAR A. BOTTINELLI


La mayor fortaleza de Liber Seregni fue su visión estratégica y su capacidad de conducción estratégica. Sus mayores logros: uno, haber incidido decisivamente en una transición de la dictadura a la democracia en los tiempos y en las formas más rápidos y menos dolorosos, hecho con sacrificio propio y sin mezquindades, sin perderse en las trampas de la táctica; y dos, haber hecho sobrevivir al Frente Amplio contra todos los embates internos y externos, al punto que recién se consolidó como tal a un año largo de su muerte, a los 35 años de vida. Su mayor debilidad: la conducción táctica. Su mayor problema como líder: la permanente incompatibilidad entre su papel de conductor y su papel de elaborador de síntesis entre corrientes diversas, en que uno y otro rol se saboteaban mutuamente. Su mayor fracaso: no haber logrado la “Concertación” , ni haber sido entendido en su propósito; “Concertación” concebida no solo como un programa para hacer restaurar la vida en democracia, sino como modelo estratégico de país al estilo del pacto sueco de 1937 entre la socialdemocracia, la burguesía y los sindicatos, que supuso el basamento del modelo de desarrollo de Suecia por más de medio siglo largo. Su mayor dolor: cuando su Frente Amplio, al cumplir los 30 años de vida, le niega nada menos que a él el derecho a estar en el estrado; cuando el Frente Amplio le niega su papel histórico, el que reconocerá recién en los meses previos a su muerte y le vuelve a negar en la noche del pasado 26 de octubre. Su mayor sabiduría, la mayor valentía existencial: al cumplir 87 años tomar conciencia que se avecinaba un deterioro físico terminal y procesar con dignidad su retiro de la vida pública. Su mayor legado, el “discurso del balcón”, el 19 de marzo de 1984, apenas salido de la Cárcel Central tras 10 años de prisión: “fuimos, somos y seremos una fuerza constructora, obreros de la construcción de la Patria del futuro que queremos […] ni una palabra negativa, ni una consigna negativa […] tenemos que bregar para alcanzar la pacificación de los espíritus, la pacificación nacional”.

LA PASIÓN Y LA MESURA

BRIG. GRAL. (RETIRADO) JOSÉ LUIS VILLAMIL ECHEÑO *


Rememorar una figura de la dimensión del general Seregni en unas pocas líneas constituye un desafío que seguramente está fuera de mi alcance.
Sin embargo asumimos con gusto, consciente de las limitaciones, el compromiso de escribir una nota, con motivo de cumplirse un año más de su desaparición física.
Me pongo a pensar en Seregni y lo primero que recuerdo es un hombre de cabeza fría y corazón caliente, que nunca perdía la calma; no era eufórico ni se mostraba deprimido, las procesiones personales y políticas que sin duda las tenía, las guardaba en su interior.
Poseedor de un profundo y sano amor propio, de porte gallardo y gran resistencia física, los achaques de los años, que todos tenemos, los sabía sobrellevar. Nunca se le oía quejarse.
Era el conductor político, seguro en el timón, que siente que tiene influencia entre los hombres y sobre todo la capacidad y responsabilidad de manejar los hilos de acontecimientos históricos trascendentes.
ERA PASIÓN Y MESURA.
La pasión, era su motor para luchar por una causa, la de construir y consolidar un Frente Amplio como herramienta política sustancial del pueblo uruguayo, que rescatando el ideario artiguista fuera el instrumento para construir un futuro mejor, en paz, más democrático, desarrollado y justo socialmente.
Desterraba cualquier atisbo de vanidad y demagogia, en beneficio de los grandes objetivos políticos y nacionales.
Era un estadista con todas las de las ley, previendo siempre en sus actos la mañana siguiente y sin imputarle a nadie las consecuencias de su proceder.
Para Seregni no había atajos y profesaba un visceral rechazo por los procesos políticos mesiánicos, aun en aquellos casos llenos de buenas intenciones.
LEGALISTA
Su culto y lealtad a la Constitución Nacional y las instituciones republicanas, tuvo una de sus pruebas de fuego en el año 68, cuando estaba en el apogeo de su prestigio profesional y comandaba la División de Ejército 1, en pleno gobierno en crisis de Pacheco Areco.
En ese marco optó por pedir su pase a retiro al discrepar con la conducción autoritaria del mando superior, que instaba al Ejército a involucrarse en la represión del descontento social, cuando al mismo tiempo numerosas voces lo instaban a encabezar una acción disidente desde las Fuerzas Armadas.
LIBERAR A LOS PRESOS
A lo largo de los difíciles y dramáticos años 72 y 73 siempre bregó por las salidas institucionales.
Rechazó las propuestas de exiliarse que le fueron hechas, en medio de aquel panorama inseguro y oscuro, en los primeros tiempos de la dictadura. Con la heroicidad propia de aquéllos que no sólo profesan la más profunda convicción y fe en lo justo de su lucha, sino que están seguros de no doblegarse ante la adversidad.
A la salida en libertad, nos legó aquel inolvidable saludo y discurso desde el balcón de su casa, que dio la vuelta al mundo.
Acto seguido, antepuso cualquier interés o apetencia política personal, ante la urgencia de liberar a aquellos que sufrían prisión o exilio político.
Desechó siempre el personalismo en política. “El FA –decía- es un instrumento para transitar una etapa histórica del país”; “no admite tener ataduras personalistas”. Siempre antepuso y predicó que el interés general del país y de la fuerza política estaba por delante de los intereses sectoriales o personales.
Por último no podemos dejar de recordar la grandeza humana y política que le supuso renunciar a la Presidencia del Frente Amplio al entender que no podía hacer algo más, que tenía que detenerse, so pena de traspasar los límites que su ética le imponía.
En cuanto a la relación entre Seregni y los militares que lo acompañaban en su gestión, en mi caso el trato era muy parecido o igual al que sostenía con el resto de los compañeros civiles que colaboraban con él.
“MI GENERAL”
Yo siempre me refería a él como “mi general”, pero con un afecto y respeto por su persona que iba mucho más allá de lo formal. Como decimos los militares, su trato siempre era paternal y digno en su mejor expresión, con una calidez que nos hacía sentir parte de su familia.
Me atrevo a decir que la relación no sólo era de compañeros sino de amigos, en esa forma de amistad respetuosa que imponían las diferencias de edad, de jerarquía en lo militar y político y sobre todo por la dimensión personal del propio Seregni.
El se dirigía a mí tuteándome como a la mayoría de sus colaboradores, pero por supuesto mi trato hacia él siempre fue de usted.
No se me ocurre más que adherir y reiterar una frase que se la he escuchado más de una vez al compañero presidente de la República doctor Tabaré Vázquez, “los hombres como Seregni, y yo agrego las mujeres como Lilí , no mueren, se siembran”
Respecto a los temas políticos que involucraran a las FFAA, si bien eran asuntos de la incumbencia de Seregni como presidente del Frente Amplio y de la Mesa Política, no recuerdo que fuera habitual que los tratara o priorizara en el grupo de colaboradores, salvo en algún ocasional reportaje. Pienso que ponía especial cuidado en no incursionar en estos temas que habían sido encomendados en la comisión de Defensa del Frente Amplio que presidía el general Licandro.
Tampoco acostumbrábamos tener charlas recordando tiempos pasados militares, como cuando socializamos con compañeros de promoción. El hecho de pertenecer a armas diferentes y a tiempos de carrera distintos no favorecía conversar sobre tiempos pasados. Creo que no era afecto a emplear el tiempo rememorando lo que pasó, sino que más bien pensaba el presente y futuro.
Por último, Seregni no nos perdonaría que terminemos de hablar de él y no hiciéramos mención a Lilí, su compañera perfecta de ruta, en las buenas y en las malas, en particular en estas últimas. Imprescindible consejera para Seregni, con los pies en la tierra y con una memoria prodigiosa. Para todos aquellos que estábamos cerca, era como una madre que se preocupaba y estaba pendiente de nuestras familias y que siempre nos llenaba de afecto y atenciones.
Para terminar no se me ocurre más que adherir y reiterar una frase que se la he escuchado más de una vez al compañero presidente de la República doctor Tabaré Vázquez, “los hombres como Seregni, y yo agrego las mujeres como Lilí , no mueren, se siembran” .
* Trabajó junto a Seregni a comienzos de la década de 1970. Fue procesado por la Justicia Militar, y tras la recuperación democrática trabajo en el Centro de Estudios Estratégicos fundado por Seregni.

jueves, julio 31, 2014

Recordando a Liber Seregni

Entrevista a Liber Seregni
Fuente: Revista Primera Plana, Nº 456, 26 octubre de 1971.
El Fiat 600 cruza el barrio del Parque Rodó, bordea el boulevard Artigas, frena ante un sobrio edificio de departamentos. Van a dar las diez y media del último viernes, Montevideo amenaza con un día habitual, sin novedades. Hace calor. El ascensor se detiene en el segundo piso; una señora abre la puerta del living sin pretensiones, pero atiborrado de cuadros (algunos de buen gusto). No hay estilo. "Ahora viene el general", se despide. No habrá tiempo de sentarse: el hombre aparece con sus pasos cortos y veloces; por supuesto, tiene los zapatos lustrados, la barba no muestra sombras, el cabello se ha apretado hacia atrás, dócilmente, con fijador. Un pantalón gris, una blanca camisa, impecable, sin corbata; el bigote, convencional, dibuja una sonrisa fácil. "Quisiera que fueran preguntas ágiles, concretas", desafía; no hay que temer ni sospechar: el hombre mira de frente y responde a todo -casi semeja una postura política-, gana con simpatía, diluye la agresión, la mínima trampa de un reportaje.
Habrá de fumar cuatro rubios Nevada, no invitará con café; se levantó una sola vez para ponerse saco y corbata -debía tomarse fotografías en color-; fue el momento para pispear detalles. No sirve de mucho: los libros están en otra habitación, apenas se atisban un par de discos de música clásica y, la sorpresa, un cuadro con la firma de Liber. "Sí, claro que pinto; ahora no, por supuesto. Ese lo firmé hace unos 15 años". En cuanto a la música, "me gusta; sin embargo, lo único que sé tocar es la radio y la televisión".
Habrá otras novedades insólitas. La astronomía -"estudié varios años, me becaron en una universidad mexicana"- se mezcla sin prejuicios con el fútbol: "Soy de Nacional". Hace un mes, como no quería confesar su afición por los tricolores, sus adversarios dijeron que "no se quería definir". Parece más dispuesto para hablar de matemáticas o de física, dos disciplinas que estudió a fondo: "Soy muy frío -reconoce- para analizar los problemas, pero cuando los encaro me vuelvo apasionado". Esa regla de oro quiso que fuera atendida por sus oficiales, cuando les daba clases: "Siempre les decía que es necesario tener una heladera en la cabeza y un calentador en el pecho".
Después de dos horas de grabación, el general Liber Seregni, 54, dos hijas casadas, candidato a la Presidencia del Uruguay por el Frente Amplio -uno de los acontecimientos políticos más sorprendentes de la historia oriental- saludó al corresponsal de Primera Plana en Montevideo, Fernando Ainsa, y al secretario de Redacción Roberto García. En la calle, unas gotas presagiaban la tormenta y el aguacero; desde la residencia presidencial se invitaba a una conferencia de prensa; corría la primera información sobre el secuestro de un anciano periodista, José Pereyra González, redactor responsable del colorado diario El Día; en Canelones, se sostuvo -erraron, el sábado, todos los diarios argentinos-, había caído otra vez el fundador de los Tupamaros, Raúl Sendic. A un mes y horas de las elecciones generales, con uno de los panoramas más confusos y desasosegados de su historia, el Uruguay comenzaba a sacudirse para festejar otro hito democrático, casi un hallazgo en Iberoamérica.
Para empezar, convendría una definición del Frente Amplio. 
Se puede definir de varias maneras. Una, bien real por otra parte, es considerarlo una respuesta natural, auténtica y espontánea, dada por el pueblo oriental en el momento más crítico de su existencia. La continuidad de las tensiones económicas y sociales había desencadenado formas de violencia desconocidas. El incremento de esas tensiones conducía a situaciones de violencia generalizada.
¿Cómo se formó la coalición? 
Los fenómenos de tipo sociopolíticos no tienen un nacimiento preciso: tienen hitos que se marcan por hechos. Hacía tiempo que existían intentos de unificación, todos abortados; el Frente ve la luz luego que el Gobierno instaura un abrupto giro en su economía y florecen las luchas sindicales y estudiantiles. Esas rebeliones crean una unidad entre esos sectores; como la crisis la sufren todos, la unidad se crea en la calle y el Frente surge por esos reclamos, no por los efectos de una componenda política.
Pero debe haber un día. 
Claro, el 7 de octubre de 1970, cuando se produce el Llamado de los Ciudadanos Independientes. A partir de ese momento, es una explosión; los políticos se limitan a institucionalizar ese fenómeno. El 5 de febrero de este año, se establece la partida de nacimiento; antes ya se habían producido las coincidencias, varios grupos políticos habían abandonado sus lemas: esto explica la formidable demostración popular del 26 de marzo, sin antecedentes en la historia uruguaya. Pero, no hay que engañarse: en materia político-social, los hechos no brotan en una mañana.
¿Acaso la Revolución Francesa comenzó con la toma de la Bastilla? ¿El Frente es una especie de lema? 
No. El Frente es una fuerza política. Los lemas carecen de definición, no tienen un programa adecuado a las circunstancias actuales, no están organizados en su conjunto ni poseen una dirección estable.
Verdad, pero quisiera que conteste este planteo para ver si es cierto que el Frente no se maneja como un lema tradicional. Por ejemplo, si uno es partidario del candidato A, quien pertenece al lema colorado, quizá su voto sirva para entronizar a B, un enemigo de A. Entonces, el lema es una trampa, se burla de la decisión del votante. Esto es cierto y, con el caso del Frente, ocurre algo parecido. Si uno es militante comunista y vota a su Partido en la alianza, en caso de ganar le sale de Presidente un general que alguna vez compartiera la política de Jorge Pacheco Areco. 
Un momentito. No le sale, el votante elige la opción. En el Frente hay un solo candidato y un solo programa; los comunistas, utilizando su esquema, para integrarse, antes aceptaron al candidato y al programa. En esto no hay engaños. Por otra parte, quiero aclararle que, como militar, acompañé a Pacheco Areco hasta noviembre del '68, cuando se agudiza el proceso. Renuncié como ciudadano -no compartía esa política- y, como general, no quería que el Ejército tuviese que enfrentar al pueblo.
De cualquier modo, ese contubernio de cristianos, colorados y blancos disidentes, marxistas y socialistas, más que un Frente parece varios frentes. 
La heterogeneidad de ideas no es un problema actual; sencillamente, existe una identidad de la actualidad y del camino a recorrer. Hasta cuándo el camino será conjunto, mi querido amigo, eso está en el futuro.
Es decir, que luego de los comicios habrá quienes se bajen del ómnibus y habrá quienes se suban. 
Yo no tengo la bola de cristal. Lo que sé es que ahora el Frente es la fuerza real de un movimiento real que ya no tiene retroceso.
Se acepta que el Frente sea una agrupación nueva, innovadora. Pero, ¿acaso no hay una contradicción en esos términos cuando se recuerda la lista de políticos preexistentes, intermediarios, con escasa trascendencia electoral que anidan en el movimiento? Esos hombres -quienes, gracias al Frente, volverán al Congreso- poco tienen que ver con las generaciones formadas en comités de base. 
Hay dos cosas en esto. Primero, la realidad de una fuerza política organizada fundamentalmente sobre una base de sustentación popular, que se dio en forma espontánea. Segundo: por supuesto, hay una estructura organizativa y una representación parlamentaria; pero, esos delegados no son necesariamente intermediarios entre la dirigencia del Frente y las organizaciones de base. Es toda la organización la que forma el conjunto. En cuanto a las figuras que provienen del sistema anterior, no podía ser de otra manera: es decir, el Uruguay no cambió la población de un año para el otro, los que estamos ahora somos los mismos que estábamos antes.
Quizá la pregunta deba seguir varios pasos. ¿Usted es candidato exclusivo a la presidencia? 
Exclusivamente, he hecho cuestión sobre el punto.
Bien. En el caso de no ganar, ¿seguiría en el Frente y en la escena política? 
Por supuesto.
Entonces, sin importar el triunfo y gracias a su prestigio, la esperanza que se deposita en el Frente servirá para devolver al Parlamento a los mismos políticos que, con escaso electorado, dudaban de la posible reelección. También, y lo que las agencias internacionales sospechan como lo más grave, el Partido Comunista -el único realmente organizado de la coalición- se asegura una redituable participación en el Parlamento. O sea, que usted va a perpetuar en el teje y maneje político a lo que se supone usted pretende desterrar del Uruguay. 
No es así. Las figuras y grupos que se han incorporado al Frente -inclusive, que lo fundaron- tenían largamente asegurado su continuidad parlamentaria dentro del lema tradicional. Entonces, al revés de lo que usted señala, lo válido es la valentía cívica que tuvieron esos políticos para abandonar la sombrilla protectora y largarse, el año pasado, a esta aventura.
Nadie puede afirmar que tuvieran la reelección garantizada. En el Uruguay, como usted mismo lo dijo, se vive un proceso inédito, encrespado por la violencia. Tanto los Tupamaros como Jorge Pacheco Areco radicalizaron el espectro político, dejaron en el camino a quienes jugaban en la mitad. El Frente, una vez amalgamado, se convirtió en una opción; sus integrando, si hubiesen corrido el albur en forma solitaria, el 29 de noviembre habrían cambiado de profesión. 
Es cierto que, a partir del '68, por culpa de un Gobierno represivo que se acercó o sobrepasó los bordes de la Constitución, se obligó a polarizar el panorama. Antes del Frente y, gracias a esa situación dictatorial, sólo quedaba la alternativa de la violencia; los partidos tradicionales -simples lemas o cooperativas- eran incapaces de salir de este callejón sin salida. La exigencia histórica era el nacimiento de este grupo político, y aquellos que se integraron, en tanto que el Frente crece, crecen ellos mismos. El Frente Amplio no es la suma aritmética de las facciones que lo compusieron; es más que eso, es una alianza que se ha enriquecido en sí misma, por suponer una opción distinta y valedera. El Frente ha ocupado un vacío que nadie podía llenar; no se puede interpretar peyorativamente a quienes se han allanado a un programa en un momento decisivo e histórico.
¿Cuál es la plataforma del Frente? 
Quien sepa en materia política y lea nuestras bases programáticas y las 30 primeras medidas de Gobierno que tenemos planeadas, en caso de triunfar, si tipifica la plataforma dirá que es democrática avanzada. No es ni siquiera un programa socialista. El plan que se propone es nacionalista, liberador -lo que supone el corte de las dependencias con el extranjero-, pero sus estructuras y fines pueden calificarse de democráticos avanzados. Y no más de ahí.
¿Cómo ve la viabilidad de la aplicación de esas medidas? 
Las 30 primeras medidas corresponden al Poder Ejecutivo, están enmarcadas en el actual régimen constitucional, son legales.
Usted habla de cortar la dependencia extranjera, una medida nacionalista bastante de moda. Lo que está de moda, también, es la represalia internacional. Eso, legalmente, no está previsto. ¿Cómo se arregla para responder dentro del marco legal? 
Como usted sabe, la opinión pública está dividida por tercios, mayores o menores pero tercios al fin. Sucede que, por demagogia, necesidades de la hora o sentimientos, las agrupaciones políticas adversarias anuncian sus planes y repiten nuestras consignas (por ejemplo, la reforma agraria, la nacionalización de la banca). De manera que, cuando presentemos los proyectos de ley, podrá discutirse el matiz, pero no el principio. Con nuestra actitud, hemos obligado a dar definiciones; tampoco hay que pensar que somos los únicos portadores de la verdad.
Al parecer, el Frente Amplio ha conseguido buena repercusión en Montevideo. Y el interior, el que decide los resultados, ¿cómo responde? 
Guardando las distancias, se obtuvo la misma respuesta que en la capital. Es que los sectores agropecuarios han sufrido los embates de la crisis. Tanto que, por razones de concientización, se produce un caso interesante: hay muchos estancieros que son frentistas, mientras algunos de sus peones aún permanecen en los lemas tradicionales. Es un problema de cultura, ya llegaremos a cubrir eso; aquí, como en otras partes del mundo, la masa no está bien informada y marcha en dècalage con relación al tiempo.
¿Cómo ve la situación geopolítica del Uruguay en caso de que gane el Frente? 
Somos claros en nuestros programas. Nos interesan el apoyo y la solidaridad de regímenes similares; toda América latina -salvo Brasil- está viviendo la misma situación.
Parecería que la dependencia uruguaya fuera aún mayor que la de otros vecinos. 
La dependencia existe en toda América Latina.
Nadie discute eso, pero en Uruguay de pronto falta querosén -como este año- y lo deben aportar los países cercanos. 
Ese fue un error de planificación.
Cuando habla de cortar con la dependencia, no explica cómo hará el Uruguay para que tenga sentido como país con sus escasos bienes de producción.
Nada se obtiene sin lucha, sin sacrificios, sin esfuerzos. Eso lo sabemos como una petición de principios. El inmovilismo conduce a la muerte, sólo la lucha conduce a la victoria. Hay un juego de opiniones en esa decisión de cortar la dependencia; no hay que olvidar que, aparte de los dos grandes bloques y dentro del sistema capitalista, hay una serie de países que tienen interés de participar en negocios con América Latina.
¿Leyó las críticas del escritor Augusto Céspedes al Gobierno de Torres? Dice que, muchas veces se piensa con ilusión que, luego de romper un lazo y lograr otros, se vivirá la liberación; de pronto, según él cuenta, se descubre que las condiciones son peores que las que tenían. 
Valen las experiencias ajenas. No tenemos que caer en los errores de otro. Pero, cuando se trata la materia económica en un solo campo específico, se yerra; la economía no puede estar aislada de la política, las dos están correlacionadas. El problema del Frente será igual al de cualquier Gobierno que se haga cargo: no podrá satisfacer sus obligaciones exteriores. Nuestra deuda, el año pasado, era de 500 millones, y estimo que ahora trepa a los 530 o más; eso significa dos años y medio del total de las exportaciones que el país hace. Nunca, el Uruguay tuvo una carga tan pesada. La única posibilidad, entonces, es buscar la refinanciación.
¿No la moratoria? 
La moratoria es una medida extrema, mi querido amigo; cuando ya no quedan soluciones, entre morirse de anemia y morirse peleando, la gente prefiere lo último. En suma, nuestro objetivo es la refinanciación y aquí, sin duda, juegan los factores políticos. ¿Cómo van a reaccionar nuestros acreedores?
Con ese plan nacionalista y el respaldo político del comunismo tal vez no reaccionen de buen talante. 
El Partido Comunista es uno de los integrantes del Frente, el Frente no es el PC. No sabemos cómo va a reaccionar nuestro principal acreedor, USA; hasta ahora, ha renegociado con Chile, también con Perú. La política exterior ya no está solidificada: recuerdo que con motivo del viaje de Nixon a China, un funcionario norteamericano se burló de las quejas de un periodista, aún conmovido por las barbaridades que antes solían cruzarse las dos potencias. "Son cosas del pasado -aclaró-, y en la política exterior sólo cuenta el presente y el futuro". Piense, además, que todo acreedor prefiere cobrar aunque sea diferido a no ver un peso.
¿Cuál es el resultado de la autocrítica del Frente? 
Uno se marca metas y tareas a cumplir y, a veces, tiene urgencias sobre el cumplimiento; hay una cosa que ya se tiene en cuenta: no se puede ir más allá ni más rápido de lo que el contexto social está creando.
Ahora, el Frente se convirtió en una alternativa de poder; cuando lo alumbraron, ¿habían imaginado esta posibilidad?
No, sólo pensábamos cumplir una función histórica y trascendente. Conviene aclarar que el próximo 28 de noviembre no se termina el Uruguay, ni mucho menos el Frente.
Se afirma que algunos allegados al Frente lo ven como una caja de resonancia de gente más avanzada ideológicamente. Hasta se habla de utilizarlo como un foco...
Un momentito. En la célebre discusión de los procesos revolucionarios hay dos posiciones: la teoría del foquismo y la de las masas. Una toma la labor de carozo, está altamente concientizada; yo, por mi parte, creo que sólo los pueblos pueden resolver los problemas. Es probable que haya grupos que propugnen lo que usted dice, ya que ninguno de los que integran en el Frente ha perdido individualidad. En todo proceso de cambio siempre hay sectores que quieren ir más rápido y otros que quieren ir más lentamente. Digo que el gran arte es encontrar el tempo de la sinfonía y ese tempo está dado por un saber: tomar la velocidad que permiten los hechos. Siempre digo que quien haya corrido 100, 200 y 400 metros sabe que hay un equilibrio, que si intenta aumentar la velocidad poniendo la cabeza y el tronco demasiado adelantado no puede seguir con la velocidad necesaria para conservar el centro de gravedad, se caen.
¿Se van de boca? 
Se van de boca. Hay que encontrar, entonces, la velocidad que permita el equilibrio logrando el máximo de avance.