domingo, septiembre 27, 2009

Muammar Muhammad abd as-salam Abu minyar al - Gaddafi








Líder de la Revolución; ex presidente de la junta militar
Nacimiento: Sirte, distrito de Sirte (Surt) , 07 de Junio de 1942

Biografía

1. Un coronel revolucionario e idealista
2. Creador de un modelo político singular: socialismo, Islam y democracia directa
3. Años 70: en busca de la unidad árabe con un discurso radical
4. Años 80: intervencionismo africano, patrocinio del terrorismo y enfrentamiento con Estados Unidos
5. Años 90: inhibición exterior y dificultades domésticas; la oposición al régimen
6. Principio de superación del ostracismo y consolidación de la dictadura; los hijos del líder
7. Nuevo perfil de panafricanista y mediador de conflictos
8. Rehabilitación ante Occidente y la baza energética
9. El cuadragésimo aniversario de un autócrata incombustible


1. Un coronel revolucionario e idealista
Nacido al raso en una tienda de la tribu beduina gaddafa, pastores nómadas del desierto de Sirte, en la región de Tripolitania, y de ascendencia árabe-bereber, su familia era tenía un historial nacionalista. Su abuelo paterno murió combatiendo a los italianos que invadieron el país en 1911 y su padre, conocido como Abu Minyar y fallecido en 1985 a una edad casi centenaria, sufrió sus cárceles antes de ganarse la vida como obrero industrial en Sirte. En 1952 el niño entró en la escuela coránica de Sirte y cuatro años después pasó al liceo o escuela secundaria de Sebha, en la región interior de Fezzan.

La revolución egipcia de 1952 liderada por el general Naguib y el coronel Nasser, que produjo el derrocamiento de la monarquía probritánica del rey Faruk I e instauró la república nacionalista en el país vecino, impresionó vivamente al niño Gaddafi, que apenas superada la década de vida se estrenó como propagandista del nasserismo en Libia. En fecha tan temprana como 1956 constituyó junto con otros adolescentes una célula revolucionaria que ambicionaba la caída del rey Idris as-Sanusi, puesto en el trono por los aliados occidentales en 1951 y visto con antipatía por las nuevas generaciones de nacionalistas libios; propenso a la abulia y con problemas de salud, Idris lamentaba no haber podido dar un heredero de su directa descendencia al trono, siendo el primero en la línea de sucesión uno de sus sobrinos, el príncipe Hasan. Pese a la debilidad y el carácter arcaico de su sistema político, la subdesarrollada Libia vislumbraba un futuro de crecimiento y prosperidad gracias a su riqueza petrolera, descubierta en 1959 y comercializada a partir de 1963.

Joven brillante y capacitado, Gaddafi sobresalió en sus estudios hasta que en 1961, fichado por la policía por sus actividades antimonárquicas, fue expulsado del liceo de Sebha, teniendo que concluir la formación secundaria en una escuela de Misurata, en la costa tripolitana, con la ayuda de un tutor particular. Consiguió matricularse en la Universidad de Bengasi y a la edad de 21 años se graduó en Leyes. Sin embargo, decidió no iniciar la carrera de abogado y a cambio, el mismo año 1963, ingresó en el Colegio Militar de Bengasi, donde encontró un terreno abonado para difundir sus ideas republicanas y de paso zafarse de la policía secreta del rey. A mediados de los años sesenta y siguiendo el ejemplo de su ídolo, Nasser, constituyó en la más estricta clandestinidad con otros compañeros de armas un denominado Movimiento Secreto Unionista de Oficiales Libres.

Su actividad subterránea no afectó en lo más mínimo a su carrera militar, que progresó rápida y lustrosamente. En 1965 recibió con los máximos honores el despacho de teniente y a continuación asistió a unos cursos de perfeccionamiento en el Reino Unido, concretamente en el Royal Armoured Corps Centre de Bovington (Dorset), la Academia de Beaconsfield (Buckinghamshire) y, de acuerdo con reseñas biográficas difundidas luego de hacerse con el poder, en la prestigiosa Royal Military Academy de Sandhurst (Berkshire), si bien esta institución niega hoy haber tenido entre sus alumnos al dirigente libio. Otras fuentes limitan su capacitación en el país europeo al British Army Staff College de Camberley (Surrey). En cualquier caso, lo cierto es que en 1966 se reincorporó al Ejército libio y que en agosto de 1969 ascendió a capitán del cuerpo de señaleros.

Su nombre permaneció en el anonimato hasta que el 1 de septiembre de 1969 tomó parte en el golpe de Estado que derrocó el régimen "reaccionario, atrasado y decadente" de Idris, mientras éste se encontraba en Turquía para una cura de reposo. Los golpistas decidieron actuar justamente en la víspera de la puesta en práctica del instrumento de abdicación firmado por Idris el 4 de agosto anterior, por el cual accedía a entregar el trono al príncipe heredero Hasan, quien de hecho ya venía despachando los asuntos del Reino como un regente de hecho.

Revelado como el cerebro del limpio y fulminante movimiento sedicioso, el capitán Gaddafi, con tan sólo 27 años, se puso al frente de la junta militar de doce miembros, el Consejo del Mando de la Revolución (CMR), y anunció los puntos programáticos del nuevo régimen, que exudaban nasserismo y nacionalismo: la neutralidad exterior; la unidad nacional como paso previo para la consecución de la unidad árabe; la prohibición de los partidos políticos; la evacuación de las bases militares británicas y estadounidenses (exigida a las capitales respectivas el 28 de octubre); y la explotación de la riqueza petrolera nacional en beneficio de todo el pueblo. Asimismo, proclamó la República Árabe Libia –el mismo 1 de septiembre- y se hizo ascender a comandante supremo de las Fuerzas Armadas con el rango de coronel.

El 8 de septiembre fue nombrado un Gobierno con Mahmud Sulayman al-Maghribi, un tecnócrata rescatado de las cárceles de la monarquía, de primer ministro y con mayoría de ministros civiles. Una Proclama Constitucional emitida por el CMR el 11 de diciembre dio respaldo legal al nuevo orden de cosas, si bien el ordenamiento político, falto de soportes institucionales, era a todas luces provisional.

Por lo que respecta a los destronados Sanusi, Gaddafi y sus compañeros de levantamiento no se anduvieron con muchas contemplaciones. El príncipe Hasan y numerosos miembros de la familia real fueron puestos bajo arresto domiciliario, situación que iba a prolongarse durante bastantes años y que para el primero empeoró en noviembre de 1971 al caerle una condena a tres años de prisión. En cuanto a Idris, ido al exilio en Egipto (donde iba a fallecer en 1983 a los 94 años), fue juzgado in absentia por el mismo Tribunal Popular que sentenció a su sobrino y condenado a muerte en rebeldía. Otros destacados cortesanos y ex ministros de la monarquía fueron castigados con diversas penas de prisión. La severidad de las condenas estaba cantada desde el anuncio por el CMR en julio de 1970 de que había abortado una conjura para restablecer la monarquía.

En agosto de 1971 Gaddafi desposeyó de sus cargos a la mayoría de los miembros del CMR, cuyos nombres no fueron desvelados hasta enero de 1970, cuando Maghribi fue despedido y el puesto de primer ministro quedó vacante, y acaparó sus funciones. El régimen revolucionario no tardó, pues, en adquirir una naturaleza básicamente personalista. Entre el 10 de enero y el 16 de julio de 1972 Gaddafi, aunque sin adoptar el título de primer ministro, desempeñó la jefatura del Gobierno, reteniendo a la vez la cartera de Defensa, para asegurarse de la correcta ejecución de sus disposiciones.

El 28 de marzo de 1970, al cabo de unas duras negociaciones y en medio de masivas manifestaciones nacionalistas, el hombre fuerte de Libia consiguió la retirada de los últimos soldados británicos de las facilidades aeronavales próximas a Tobruk (la base de Al Adam) y Bengasi. El 11 de junio siguiente, Estados Unidos evacuó asimismo la gran base aérea de Wheelus, cerca de Trípoli, que fue entregada a los egipcios a cambio de instructores militares y que pasó a denominarse base aérea de Okba Ben Nafi (hoy, aeropuerto internacional de Mitiga).

En el terreno económico, las medidas introducidas por Gaddafi y el CMR no dejaron lugar a dudas sobre su alcance revolucionario. En junio de 1970 fueron nacionalizadas algunas compañías petroleras occidentales y en diciembre se hizo lo mismo con las sociedades bancarias con participación de capitales extranjeros. Todos los bancos sin distinción fueron obligados a poseer un mínimo de un 51% de capital de titularidad libia y a destinar la mayoría de los puestos de sus consejos de administración a ciudadanos libios. De todas maneras, la expropiación de la industria petrolera en manos extranjeras no fue completa, si bien una de las compañías afectadas fue, en diciembre de 1971, la poderosa British Petroleum. Las demás multinacionales, a cambio de conservar su integridad, fueron obligadas a pagar más al Estado por sus derechos de explotación. En septiembre de 1973, finalmente, se anunció la nacionalización del 51% de las propiedades de todas las firmas petroleras. Tras esta última intervención, el Estado libio pasó a controlar el 60% de toda la producción petrolera, porcentaje que subió al 70% en los años siguientes.

Simultáneamente, se adoptó un ambicioso programa de obras públicas, dotación de servicios sociales a la población y extensión de la tierra cultivable a costa del desierto. La campaña nacionalizadora se abatió con especial intensidad sobre las propiedades italianas, que tenían una importante presencia en el sector agropecuario: todos los bienes fueron confiscados y los propios colonos y sus descendientes fueron expulsados a su patria de origen. Lo mismo les sucedió a los pocos judíos que quedaban en el país. En líneas generales, el intervencionismo estatal se orientó al control de las grandes empresas, mientras que la pequeña empresa continuó en manos privadas.

Gaddafi depositó su confianza en el modelo de economía planificada y persiguió el control de la producción petrolera para distribuir equitativamente sus rentas. Gracias a esta gestión patrimonial del hidrocarburo, la sociedad libia, con suma rapidez, pasó a disfrutar de uno de los niveles de vida más elevados del mundo árabe, una condición que, pese a los fuertes vaivenes económicos, se ha mantenido hasta el día de hoy.

El devoto musulmán sunní que Gaddafi era, no obstante profesar una ideología política, el panarabismo, conocida entre otras cosas por su secularismo, sacó a relucir una severa escala de valores en materia de costumbres. El coronel impuso la moralización islámica de las conductas sociales, lo que se tradujo en la proscripción del juego, el consumo de alcohol, los locales de alterne, el pelo largo en los hombres y las vestimentas más asociadas a la cultura popular occidental. Pero, por otra parte, en una aparente contradicción –de las muchas que iban a jalonar su chocante trayectoria-, impulsó vigorosamente la posición en la vida pública de las mujeres, cuyo estatus jurídico, opciones profesionales y posibilidades de promoción social se acercaron a los de los hombres en una medida mayor que en cualquier otro país árabe-musulmán, salvo quizá en el vecino Túnez de Habib Bourguiba.

Este esquema represivo que vigilaba el comportamiento cívico y social de los libios se extendió con fuerza a los ámbitos político y sindical a partir de junio de 1971, cuando el CMR adoptó una serie de medidas encaminadas a silenciar cualquier contestación a las disposiciones del régimen militar. Así, se prohibió el derecho de huelga, se impuso una férrea censura informativa y se codificó la pena de muerte para los delitos tipificados como contrarrevolucionarios, amplia denominación penal que permitía al poder hacer un uso discrecional de sus cortapisas a las libertades. Los reos juzgados por los tribunales populares ya no podían apelar sus sentencias ni ser defendidos por otros abogados que los que designara el Estado. El remedo de Constitución que iba a promulgarse en 1977 omitió una declaración de derechos y libertades, cuando menos un capítulo de garantías. El nacionalismo autoritario entusiasmó en estos primeros años de la revolución a los austeros pobladores del desierto de estirpe beduina y a las empobrecidas masas proletarias de las ciudades, pero no así a los sectores más cosmopolitas y educados de la sociedad, que hubieron de acomodarse al torrente de cambios desencadenado por Gaddafi. Quienes no estaban dispuestos a someterse, emigraron al extranjero.


2. Creador de un modelo político singular: socialismo, Islam y democracia directa

Paradigma del dirigente excéntrico, inquieto e impredecible, amante de los uniformes extravagantes (tanto los militares atiborrados de condecoraciones como, desde su plena madurez, los civiles de usanza beduina aunque no menos aparatosos, luego de que en su juventud se limitara a vestir su uniforme convencional de coronel del Ejército libio) y de las declaraciones incendiarias, Gaddafi no se contentó con implantar una dictadura militar al uso y se reveló como un creador de personalísimas doctrinas políticas.

Inspirándose en la China comunista, el 15 de abril de 1973, en un discurso en Zuwarah, proclamó la Revolución Cultural Libia y el 3 de abril de 1975, una vez liberado de todos los cometidos gubernamentales para concentrarse en el trabajo ideológico y la organización de masas, presentó su Libro Verde (obvia emulación sui géneris del Libro Rojo de Mao Zedong), en el que exponía su original concepción del un Islam politizado que no era ni laico ni integrista, y que aparecía trufado de un socialismo de tipo no marxista que para el autor venía a equivaler a la justicia social. El libro se componía de tres volúmenes, que fueron publicados espaciados en el tiempo hasta 1980: La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo; La solución del problema económico: el socialismo; y El fundamento social de la Tercera Teoría Universal.

La ideología verde de Gaddafi convocaba nada menos que al derrocamiento revolucionario de todos los gobiernos del mundo y su sustitución por el "gobierno directo de Alá", fundado en la obediencia de la ley coránica y en el principio islámico de la shura o consulta colectiva de los fieles. La Tercera Teoría Universal, que él oponía tanto al comunismo como al capitalismo, a los que superaba en justicia y eficacia, y que definía como un "socialismo natural", establecía que la fuente de todo derecho y la respuesta a todas las preguntas del hombre estaban en el Corán. De acuerdo con la teoría, el concepto de clases sociales era un artificio de la época colonial extraño al pueblo libio. Un Alto Consejo para la Dirección Nacional fue creado con el fin de inculcar y aplicar en la sociedad los principios de la Tercera Teoría Universal.

Esta filosofía política, extraño híbrido de estatalismo socializante y de religiosidad teocrática pero no clerical, contó con sus partidarios y sus detractores. En 1981, una comisión teológica reunida en La Meca dictaminó el carácter "antiislámico y apóstata" de la Tercera Teoría Universal, luego su artífice se exponía a ser considerado kafir, o no musulmán, por cualquier fiel ortodoxo. Sunní de la escuela malikí, una de las cuatro interpretaciones jurídicas de la rama mayoritaria del Islam y predominante en el Magreb, Gaddafi no hizo en estos años de efervescencia doctrinal ningún intento por disuadir a sus seguidores más devotos de su creencia de que él era nada menos que el Mahdí, el gran caudillo que, según el Profeta, Dios enviará al final de los tiempos para establecer un imperio de justicia islámica sobre la Tierra.

La sharía pasó a prevalecer en el sentido de que todo código legal –empezando por el penal- debía adecuarse a ella, aunque en la práctica su vigencia se ciñó a la regulación de las conductas religiosa y moral, lo que por otro lado no dejaba de afectar a amplias parcelas de la vida de los ciudadanos en un sentido tan restrictivo que bien podía hablarse de fundamentalismo. Ahora bien, años después, Gaddafi, que no creía que la religión tuviera que prevalecer sobre el nacionalismo, iba a dejar claro su rechazo al concepto del Islam fundamentalista. Otra muestra de la intolerancia religiosa del régimen revolucionario fue el decreto de noviembre de 1970, por el que las iglesias católicas quedaban convertidas en mezquitas. Aspecto básico de la Revolución Cultural Libia era la unicidad de la cultura política y religiosa del país: el comunismo, el capitalismo, la democracia liberal, el conservadurismo, el ateísmo y cualquier ideología islamista que no fuera la oficialista (como la profesada por los Hermanos Musulmanes) estaban estrictamente prohibidos.

Para legislar en los aspectos de la vida moderna sobre los que la sharía no se pronunciaba o resultaba inadecuada, Gaddafi puso en marcha un sistema calificado de democracia directa, contrapuesto al sistema representativo clásico importado de Occidente, consistente en asambleas y comités populares superpuestos a tres niveles, local, regional y nacional. Este entramado asambleario, presentado como equivalente a la shura tradicional, sustituyó en la práctica al partido único creado en 1971 de acuerdo con las previsiones de la fusión libio-sirio-egipcia (véase abajo), la Unión Socialista Árabe, que fue finalmente abolido en enero de 1976.

El 2 de marzo de 1977 Gaddafi institucionalizó este singular modelo político con la adopción de una Carta del Poder Popular, o Declaración sobre el Establecimiento de la Autoridad del Pueblo, que reemplazaba a la Proclama Constitucional de 1969 y proclamaba, en su artículo primero, la Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista. El término jamahiriya era un neologismo acuñado por Gaddafi, que aspiraba a universalizarlo para referirse a un nuevo tipo de Estado, traducible por "Estado de las masas" o, más en extenso, "Estado gobernado por el pueblo". La jamahiriya no era una república, sino una forma de gobierno estatal genuinamente diferente.

El artículo segundo de este sucedáneo de Carta Magna reservaba la condición, justamente, de Constitución de Libia al Corán. El artículo tercero consagraba la "democracia directa" como la base del sistema político de la Jamahiriya Libia. El pueblo "ejercía su autoridad", por encima de limitaciones burocráticas, a través de los congresos populares, los comités populares y los sindicatos. Por encima de los congresos y los comités de base, en los que todos los libios adultos tenían el derecho y el deber de participar, regían el Congreso General Popular, con funciones legislativas y ejecutivas supremas, y el Comité General Popular, con funciones gubernamentales. Estas dos instituciones cimeras del Estado entraron en funciones el mismo 2 de marzo y el CMR quedó oficialmente disuelto. A finales de 1977 se sumaron al andamiaje los primeros comités revolucionarios, nuevo cauce de participación popular en los procesos de deliberación y toma de decisiones.

Gaddafi retuvo en sus manos el poder real en calidad de flamante secretario general del Congreso General Popular, mientras que la secretaría general del Comité General Popular, el puesto equivalente a un primer ministro, fue conferida al primero de los numerosos hombres de paja civiles de que iba a rodearse el coronel, Abdel Ati al-Ubaydi. El 1 de marzo de 1979 Gaddafi no tuvo inconveniente en desprenderse de la secretaría del Congreso General Popular –que cedió a Ubaydi- y en seguir adelante como Líder de la Gran Revolución del Primero de Septiembre de la Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista. El coronel, una vez exonerado de todos sus cargos institucionales y constitucionales salvo la comandancia suprema de las Fuerzas Armadas, deseaba seguir sirviendo a su país simplemente como Líder (Quaid) de la Revolución para dedicar todo su tiempo a "preservar" aquella.

Los sucesivos secretarios generales del Congreso General Popular funcionaron desde entonces como los jefes nominales del Estado, pero el régimen no perdió su naturaleza esencialmente militar y Gaddafi continuó mandando en la Jamahiriya como el líder absoluto que era.

Definido como místico y puritano, sobrio y sensible, austero e indiferente a los lujos materiales dentro de su ostentación política, Gaddafi aseguraba sentirse satisfecho con su estilo de vida frugal en compañía de su esposa e hijos, lo que incluía ocasionales escapadas al desierto para retomar el estilo de vida de los beduinos, que hallan su sustento en los dátiles, el pan y la leche de camella, para refugiarse en la contemplación y la oración, y para observar las estrellas, hasta el punto de desarrollar un apasionado interés por la astronomía. Sus interlocutores extranjeros de las décadas de los setenta y los ochenta le describieron como un estadista difícil por sus modales bruscos, su tendencia a romper protocolos y sus salidas teatrales, con una visión simplista o ingenua de las relaciones internacionales, pero que tras su fachada de arrogancia y afectación se adivinaba a un hombre inseguro y depresivo.


3. Años 70: en busca de la unidad árabe con un discurso radical

La política exterior de Gaddafi fue desde el principio ardientemente panarabista y rabiosamente antiisraelí. El libio frecuentó a su admirado Nasser, quien, al cabo de su primer encuentro, el 25 de diciembre de 1969 en Trípoli, con motivo de la boda del coronel con una maestra de escuela, le describió como un oficial "escandalosamente puro e inocente". Los líderes árabes más curtidos veían con un paternalismo condescendiente la concepción romántica que de la unidad árabe tenía el esbelto y juvenil coronel libio.

Tras la muerte de Nasser en septiembre de 1970, Gaddafi entabló los mismos calurosos tratos con el nuevo rais egipcio, Anwar as-Sadat. En una primera etapa, la magnífica marcha del eje Trípoli-El Cairo pareció capaz de realizar el sueño geopolítico de Gaddafi. Al ambicioso proyecto de unificación de los estados árabes de la línea radical se sumaron dos dirigentes nacionales que, como Gaddafi, acababan de hacerse con el poder en sus respectivos países: el general baazista sirio Hafez al-Assad y el general sudanés Jafar an-Numeiry, jefes los dos de los consejos revolucionarios de Damasco y Jartum.

El 17 de abril de 1971 Gaddafi orquestó en Bengasi una conferencia para planificar la puesta marcha de una Federación de Repúblicas Árabes (FRA). A la cumbre asistieron Sadat y Assad, pero no Numeiry, que empezó a descolgarse de una empresa panárabe que no casaba bien con su orientación africanista y su conservadurismo soterrado, además de detraerle recursos para la lucha contra su potente oposición interna. En julio siguiente, Gaddafi ayudó a Numeiry a desbaratar un golpe de Estado procomunista al interceptar el avión que conducía a Jartum a sus cabecillas. A partir de aquí, las relaciones libio-sudanesas se fueron deteriorando hasta llegarse a la ruptura del 6 de julio de 1976, ordenada por Numeiry tras zafarse a duras penas de una violenta embestida guerrillera comandada por opositores entrenados y armados por Trípoli.

En septiembre de 1971 Gaddafi, Sadat y Assad firmaron en Damasco el documento que otorgaba carta jurídica a la FRA. La nueva entidad supraestatal fue ratificada en referéndum en los tres países, y Libia y Egipto (no así Siria, donde ya estaba el Baaz), además, constituyeron la Unión Socialista Árabe como el partido único gobernante. La capital de la FRA sería El Cairo y su primer presidente, Sadat. El proceso de fusión estatal en el seno de la Federación debía culminar el 1 de septiembre de 1973. Sin embargo, como tantos proyectos unificadores de países árabes anteriores y posteriores, de los que éste era el más avanzado y consistente, la FRA nunca vería la luz, para consternación y cólera de Gaddafi.

Las cosas empezaron a torcerse a mediados de 1972, cuando Gaddafi se entrometió en la crisis de las relaciones entre Egipto y la URSS, cuya fuerte presencia en la zona veía con profundo recelo, y el sirio Assad, imitando a Numeiry pero por razones diferentes, empezó a recular. Assad, un socialista laico de lo más estricto (amén de druso, una rama sectaria del shiísmo muy heterodoxa), no podía aceptar el rigorismo religioso que el sunní Gaddafi pretendía imponer en la FRA. Además, el dictador sirio no quiso o no pudo seguir el ejemplo de Sadat, muy elogiado por Gaddafi, de sacudirse de la tutela de la URSS, cuyos materialismo ateo y marxismo-leninismo el libio rechazaba con virulencia por considerarlos incompatibles con el ideal panárabe. El distanciamiento sirio-libio se prolongaría durante toda la década.

Gaddafi siguió adelante, pues, con la sola compañía de Sadat en el proyecto de la construcción de la FRA. En agosto de 1972 los dirigentes formularon la Declaración de Bengasi, que confirmaba la fusión de Libia y Egipto para el 1 de septiembre de 1973. En julio de ese año, los titubeos de Sadat empujaron a Gaddafi a convocar una "sagrada e histórica marcha sobre El Cairo" como medida de presión; 40.000 libios respondieron a la llamada de su impaciente dirigente. Gaddafi, incluso, dimitió teatralmente como jefe del CMR para forzar a Egipto a federarse con su país.

Llegado el 1 de septiembre con la mudanza estatal sin hacer, las partes decidieron ralentizar el proceso, que ahora sería por etapas, aunque no precisaron fechas. A estas alturas, el escepticismo y la desconfianza se habían adueñado de las relaciones personales entre Gaddafi y Sadat: el líder libio estaba irritado por las gentilezas del rais egipcio con el depuesto rey Idris, su exiliado huésped, y por su negativa, en febrero anterior, a enviar aviones de combate en ayuda de un avión de línea comercial libio que, tras internarse en el espacio aéreo israelí (en realidad, el territorio egipcio ocupado del Sinaí), fue derribado sin miramientos por cazas de este país, muriendo 108 de sus 113 ocupantes; este trágico incidente, por cierto, encendió hasta el paroxismo el sentimiento antiisraelí en el país magrebí.

En octubre de 1973 estalló la Guerra de Yom Kippur, la ofensiva sorpresa sirio-egipcia contra Israel. La aportación militar de Gaddafi consistió en una brigada acorazada y dos escuadrones de cazabombarderos Mirage III, sólo uno de cuales estaba gobernado por pilotos libios. En El Cairo, causó cierto estupor que quien venía distinguiéndose como el más ardiente defensor de la destrucción del Estado judío no fuera más generoso en la contribución de tropas y armas a la arriesgada operación bélica. Terminada la guerra, Gaddafi, mientras se sumaba con entusiasmo al embargo petrolero árabe a Occidente, acusó a egipcios y sirios de haber emprendido la lucha con un plan de operaciones limitado y sin una verdadera voluntad de victoria. En cuanto a Sadat, se hizo evidente que ya había perdido todo interés en la FRA o cualquier otra empresa del panarabismo, y que sus verdaderas intenciones apuntaban a la normalización de las relaciones con Estados Unidos y la consecución de un tratado de paz con Israel que le permitiera recuperar la península del Sinaí, perdida en la Guerra de los Seis Días de 1967.

Gaddafi nunca perdonó su viraje geopolítico a Sadat, al que comenzó a mirar como un enemigo. En abril de 1974, el asalto con un balance de varios muertos a la Academia Militar de Heliópolis fue visto por todo el mundo como un intento de golpe contra Sadat y la prensa egipcia acusó a Gaddafi de conspirar para el derrocamiento del rais; el coronel libio lo negó tajantemente. En agosto siguiente, Sadat mismo descargó un diluvio de recriminaciones sobre su antiguo asociado.

Las relaciones fueron empeorando, hasta que en 1977, con Sadat listo para emprender negociaciones de paz con Israel bajo la égida de Estados Unidos, se produjo la ruptura total y definitiva. El cisma resultó ser de lo más violento. En abril y mayo, las respectivas embajadas en Trípoli y El Cairo fueron atacadas por muchedumbres enardecidas. En junio, Gaddafi ordenó la expulsión de los 225.000 egipcios que trabajaban y vivían en su país, y lanzó otra "marcha sobre El Cairo" que fue detenida por el Ejército egipcio en la frontera.

El 21 de julio, Gaddafi, furibundo, lanzó a sus tropas en una operación bélica en toda regla que encontró la contundente contraofensiva egipcia. Destacamentos de infantería, carros blindados y las respectivas fuerzas aéreas libraron intensos combates en los que los libios llevaron con diferencia la peor parte, al sufrir unas 400 bajas y perder un centenar de tanques, vehículos blindados y cazas Mirage. El 24 de julio, una mediación urgente de varios dirigentes árabes arregló un alto el fuego que fue respetado. Sadat, quien aseguró que ya no podía soportar por más tiempo al "lunático libio", se avino a no sacar un mayor partido de su clara superioridad militar, pensando que Gaddafi habría aprendido la lección. De esta manera, el temerario líder libio se libró de sufrir una invasión egipcia que seguramente no habría podido detener.

La breve contienda libio-egipcia del verano de 1977, sin embargo, no amordazó al mandamás de la Jamahiriya. La guerra dialéctica siguió añadiendo epítetos explosivos y a principios de diciembre, luego de efectuar Sadat su histórico viaje a Israel y días antes de comenzar en El Cairo la Conferencia de Paz egipcio-israelí, Gaddafi acogió en Trípoli una conferencia de países árabes (además de Libia, Irak, Argelia, Siria, Yemen del Sur y la OLP) de la que salió el llamado Frente de la Firmeza contra Egipto, cuya primera e inmediata represalia fue la ruptura de las relaciones diplomáticas. Cuando en 1981 el sucesor de Nasser cayó asesinado en un magnicidio tendido por oficiales integristas, Gaddafi celebró alborozado la desaparición del "traidor Sadat".

No fue la primera vez que el coronel se erigía en paladín del radicalismo árabe: el 31 de julio de 1971, luego de los sonoros desplantes de 1970 en las cumbres de Rabat y El Cairo, Gaddafi había conseguido promover en Trípoli la ruptura colectiva de relaciones con Jordania por haber aplastado el año anterior (el cruento Septiembre Negro de 1970) a los fedayines palestinos que operaban en su territorio. Sin embargo, ningún país aceptó entonces sus propuestas de hacer la guerra al rey Hussein, contra el que envió unilateralmente unos cientos de voluntarios del lado de la OLP y conspiró para su derrocamiento. En febrero de 1984, el incendio de la Embajada jordana en Trípoli por una turba alentada por las consignas oficiales que anatemizaban el llamamiento de Ammán al mundo árabe para que levantara las sanciones a Egipto, iba a acarrear la fulminante ruptura de las relaciones diplomáticas. Otro de los monarcas prooccidentales y moderados de la región, el saudí Faysal, fue fustigado incansablemente por el libio.

Los tratos con los vecinos marroquí y argelino, cuajados de profundos altibajos, no fueron mucho mejores. Gaddafi, principal proveedor de armas del Frente Polisario en sus orígenes, animó al rey Hasan II arrebatar el Sáhara Occidental a España por la fuerza, y cuando en noviembre de 1975 Rabat movilizó la Marcha Verde aprovechando que el dictador Francisco Franco se estaba muriendo, Trípoli ofreció la participación de ciudadanos libios en esta exitosa campaña de presión a las autoridades de Madrid para que no descolonizaran el Sáhara con arreglo a los requerimientos de la ONU y entregaran el territorio directamente a Marruecos.

En los tratos de Hasan con Gaddafi pesaba el recuerdo de la posible implicación libia –nunca esclarecida- en los intentos golpistas de principios de los años setenta, sobre todo en el de 1972, a los que el monarca sobrevivió milagrosamente, y de las violentas diatribas del coronel contra la monarquía marroquí. El 15 de abril de 1980 Trípoli, alineándose con Argel, reconoció a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada cuatro años antes por el Frente Polisario, que libraba una guerra de guerrillas contra el Ejército real.

El 30 de junio de 1983, tras muchos años de mutuo boicot, Gaddafi fue recibido por Hasan en Rabat y el 13 de agosto de 1984 los dirigentes celebraron en Uxda un "encuentro de reconciliación" que resultó muy fructífero: el anfitrión obtuvo de su huésped el cese de los suministros de armas a los independentistas saharauis, y las partes acordaron además la apertura de embajadas permanentes en las respectivas capitales y el arranque de una, hasta hacía bien poco impensable, unión libio-marroquí.

Pero esta unión no era más que una entelequia en la veleidosa política regional. El 29 de agosto de 1986 el monarca alauí declaró abrogado el Tratado de Uxda como represalia por la condena de Gaddafi, conjuntamente con Assad, a su encuentro del mes anterior con el primer ministro israelí Shimon Peres, que había ignorado la cuarentena árabe a Israel. Enfurecido por no haber sido consultado previamente, Gaddafi tachó al rey de "traidor a la nación árabe, al pueblo marroquí y a la causa palestina". Las espadas seguirían en alto hasta 1989.

Para el presidente argelino Houari Bumedián, su más inmediato rival por el liderazgo árabe, Gaddafi era un dirigente inmaduro y exaltado del que no podían esperarse más que acciones aventureras, aunque también podía vérsele como un aliado potencial frente a Marruecos, principal y acérrimo adversario de Argelia. El proyecto de fusión libio-tunecina de enero 1974, anunciado por Gaddafi y Bourguiba al cabo de su reunión en Djerba, encolerizó al coronel argelino hasta el extremo de amenazar a sus vecinos orientales con la guerra. Bumedián no podía tolerar una iniciativa que suponía no tanto una muestra del presunto hegemonismo magrebí del régimen de Trípoli como un éxito de su propaganda panarabista, al hilo del fiasco de la FRA con Egipto.

En marzo de 1974, Bourguiba, atemorizado, dio carpetazo al proyecto que habría dado lugar a la llamada República Árabe Islámica, abriendo una etapa de extrema frialdad en las relaciones libio-tunecinas. En febrero de 1976 Gaddafi apaciguó a Bumedián, al que le quedaban menos de tres años de vida, accediendo a firmar un acuerdo de defensa recíproca. Ocho años después, el inesperado Tratado libio-marroquí de 1984 tuvo mucho de respuesta al Tratado de Fraternidad y Concordia argelino-tunecino de 1983.

Tornadizas y tormentosas fueron, en suma, las relaciones de Gaddafi con todos sus vecinos y teóricos aliados árabes, quienes a lo largo de la década de los setenta se apresuraron a señalarle con el dedo acusador en cuanto desbarataban conspiraciones magnicidas de oscura trama: es lo que hicieron Hasan II en 1971 y 1972, Sadat en 1974, Numeiry en 1976 y Bourguiba, en 1975, tan sólo un año después de irse a pique la República Árabe Islámica.


4. Años 80: intervencionismo africano, patrocinio del terrorismo y enfrentamiento con Estados Unidos

Al comenzar la década de los ochenta, Gaddafi imprimió un notable giro a su política exterior. En su búsqueda de nuevos préstamos para la adquisición de armas, abrió una línea de cooperación con la URSS, que visitó por primera vez a últimos de abril de 1981, devolviendo así la visita realizada por el primer ministro Aléksei Kosygin en 1975. Desde este momento, miles de unidades de lo más granado del arsenal convencional soviético (tanques de la clase T, cazabombarderos MiG, bombarderos Tupolev y aviones de ataque Sujoi) arribaron a Libia en aluvión. La asociación con la URSS compensó con creces el alejamiento, bien que nunca completo, de Francia.

Asimismo, Gaddafi se reconcilió con Siria, con la que había renacido la solidaridad árabe a causa de la defección egipcia y compartía apoyos al Irán shií y revolucionario en su guerra contra Irak, país que, a su vez, no mantuvo relaciones diplomáticas con Libia entre octubre de 1980 y septiembre de 1987. Para rubricar el deshielo de sus tratos, Gaddafi y Assad abordaron una unión libio-siria de la que, transcurrido breve tiempo, nunca más se supo. Por otro lado, el líder libio, un tanto como resultado de su renovada cordialidad con Assad, se enemistó por algún tiempo con el sector oficial de la OLP representado por Yasser Arafat.

En las postrimerías de la década, Gaddafi hizo las paces con tres importantes países árabes: el Marruecos de Hasan II, merced a un intercambio de visitas en 1989, en Casablanca el 13 de mayo y en Trípoli el 1 de septiembre -esta última con motivo del vigésimo aniversario de la Revolución, encuentro al que asistieron varios dirigentes de países amigos, incluido Arafat-, permitiendo poner en marcha la Unión del Magreb Árabe (UMA), cuyos objetivos eran básicamente comerciales; el Egipto de Hosni Mubarak, con quien se reunió el 16 de octubre 1989, cita que supuso su primer desplazamiento a Egipto en 16 años y que preludió la normalización de los vínculos a lo largo 1990; y la Jordania del rey Hussein, con la que restableció las relaciones diplomáticas en junio de 1990 tras seis años de ruptura. Por si fuera poco, el cambio de guardia en junio de 1989 en Sudán, donde el golpe de Estado del general Umar al-Bashir sentó las bases de un régimen híbrido islamista-militar en Jartum, inauguró una nueva era de relaciones con este país.

De esta manera, al iniciarse la década de los noventa, Gaddafi, poniendo un irónico epílogo al desvanecimiento de sus ensoñaciones panarabistas, tenía sus relaciones ampliamente normalizadas con el mundo árabe-musulmán, si bien las efusividades se limitaban a Siria, Sudán e Irán.

En todo este tiempo, Gaddafi compensó el fracaso de sus proyectos de unidad árabe con una multiplicación de su aventurerismo africano, presente desde que en la década anterior se apoyara en la Uganda de Idi Amin Dada, al que visitó en Kampala en marzo de 1974, para extender la "marea verde del Islam" por los estados negros de mayoría cristiana. El panarabismo, que no podía dejar de ser laico, fue reemplazado en la agenda del inquieto líder de la Jamahiriya por el panislamismo.

Entre octubre de 1978 y abril de 1979, cientos de soldados libios, con desastrosos resultados, -por cuanto sufrieron un alto número de muertos, heridos y prisioneros-, plantearon la única resistencia apreciable a la invasión cristiana del Ejército tanzano y los exiliados ugandeses, que terminaron derrocando al musulmán Amin; antes de fijar su exilio definitivo en Arabia Saudí, el expulsado dictador ugandés estuvo un año acogido a la hospitalidad de Libia, que en 1986 jugó un papel fundamental en la conquista militar de Kampala por el opositor Yoweri Museveni.

Gaddafi se dedicó a enviar emisarios, asesores y agentes por doquier. Hasta los años noventa, sus intrigas y apadrinamientos fueron visibles en países como Somalia, Liberia o Burkina Faso, favoreciendo respectivamente al señor de la guerra Muhammad Farah Aydid, al capitán golpista y luego presidente Blaise Compaoré y al notorio criminal internacional de guerra Charles Taylor, el cabecilla guerrillero devenido presidente de su país, por citar algunos casos conocidos. El liberiano Taylor y el sierraleonés Foday Sankoh, líder de la tenebrosa guerrilla del Frente Revolucionario Unido y compinche del primero, comenzaron sus andaduras subversivas recibiendo entrenamiento en campamentos libios.

Pero su mayor implicación fue en la guerra civil de Chad, donde en 1980 intervino militarmente en apoyo de su protegido local, Goukouni Oueddei, y contra el cabecilla profrancés, Hissène Habré, a fin de asegurarse la franja fronteriza de Aouzou, presumiblemente rica en uranio y petróleo, que se había anexionado en 1973 en virtud de una cesión secreta del entonces presidente chadiano, François Tombalbaye. Desde que llegó al poder en 1969, Gaddafi había respaldado activamente la rebelión norteña musulmana del Frente Nacional de Liberación del Chad (FROLINAT), alzada en armas contra el Gobierno sureño cristiano y de la que habían sido miembros tanto Oueddei como Habré.

En noviembre de 1980, Oueddei, presidente desde el año anterior del Gobierno de Unión Nacional de Transición (GUNT), recobró todo el poder en la capital, N’Djamena, gracias exclusivamente al contingente expedicionario libio, que nutrían 4.000 soldados pertrechados con tanques, lanzacohetes, morteros, helicópteros, cazabombarderos y bombarderos de fabricación soviética.

Embriagado por su éxito militar, Gaddafi entró en conversaciones políticas con Oueddei en aras de una "fusión" estatal libio-chadiana que debía ser la primera pieza en el puzzle de una vasta república islámica norteafricana, desde Senegal en el océano Atlántico hasta Sudán en el mar Rojo. La grandiosa declaración perturbó a los gobiernos afectados por el nuevo sueño geopolítico del líder libio, a Francia y al propio Oueddei, que se plegó a las presiones de París y reclamó a su incómodo protector la repatriación de sus soldados. En noviembre de 1981, a regañadientes pero obligado por el ambiente de hostilidad general, Gaddafi ordenó evacuar N’Djamena, permitiendo el despliegue de una Fuerza Interafricana de Paz formada por soldados de Zaire, Senegal y Nigeria.

La retirada de las tropas libias al extremo norte de Chad puso en bandeja la contraofensiva desde Sudán de Habré, que en junio de 1982 entró victoriosamente en la capital y puso en fuga a Oueddei, arrojado de nuevo a los brazos de su valedor norteño. Oueddei, el rebelde, y Habré, el presidente, siguieron combatiéndose con saña con los papeles invertidos, pero los verdaderos realizadores del drama chadiano eran sus respectivos padrinos, Gaddafi y François Mitterrand, que entablaron un durísimo pulso geopolítico en la antigua colonia gala no exento de puntos oscuros y extraños cambalaches. En junio de 1983, cuando el aplastamiento de Oueddei parecía inminente, Gaddafi intervino de nuevo en socorro de su peón. Esta segunda invasión de Chad se apuntó como primer triunfo la captura de la estratégica población de Faya Largeau, capital de la región de Bourkou-Ennedi-Tibesti y en lo sucesivo el cuartel general de las fuerzas libias, que establecieron un verdadero protectorado al norte del paralelo 16.

Los tomas y dacas fueron sucediéndose, pero a la larga se impuso el sofisticado dispositivo militar francés, que consiguió mantener a raya a la infantería libia sin llegar al choque directo en tierra y, tras un frenético intercambio de raids y bombardeos aéreos, neutralizar a su aviación. Un acuerdo de retirada conjunta de tropas adoptado personalmente por Gaddafi y Mitterrand en noviembre de 1984 en Creta con los buenos oficios del primer ministro socialista griego, Andreas Papandreou, fue incumplido por el libio, prolongando de esta manera la guerra.

La contienda chadiana consumía vorazmente los limitados recursos de Libia y el presumible descalabro sobrevino en 1987. En enero, Oueddei, tras denunciar que la ayuda libia a su causa no era en absoluto desinteresada sino que escondía una verdadera agresión a Chad con propósitos anexionistas, consumó con Habré una reconciliación que venía fraguándose desde meses atrás y se revolvió contra Gaddafi. El nuevo frente unido chadiano, con la eficaz protección de la aviación francesa, se lanzó a la reconquista del norte del país, infligiendo a las tropas libias derrota tras derrota. En marzo, Gaddafi encajó la pérdida de Faya Largeau, tremenda derrota que le costó unas 5.000 bajas entre muertos y prisioneros. Todo Bourkou-Ennedi-Tibesti fue liberado y en agosto los chadianos incluso tomaron el control, aunque por poco tiempo, de la propia franja de Aouzou.

El 11 de septiembre de 1987 Gaddafi, derrotado, aceptó el alto el fuego negociado por la Organización para la Unidad Africana (OUA) y la salida de sus quebrantadas huestes de Chad, salvo de Aouzou. El 25 de mayo de 1988 reconoció al régimen de N’Djamena y el 3 de octubre siguiente restableció las relaciones diplomáticas libio-chadianas. El 31 de agosto de 1989, por último, sendas delegaciones de alto nivel acordaron en Argel solventar las diferencias territoriales por medios políticos, dándose un año de plazo antes de someter la cuestión de Aouzou al arbitraje del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. El 13 de febrero de 1994 la corte de la ONU iba a fallar que la soberanía de la franja correspondía a Chad, y Trípoli no tuvo más remedio que evacuar el territorio.

El laudo del Tribunal de La Haya puso un lapidario colofón a la sangrienta saga chadiana de Gaddafi, cuyo balance no podía calificarse más que de completa y absoluta debacle. En este sentido, de nada le sirvieron al líder libio sus untuosas atenciones al nuevo líder de N’Djamena desde diciembre de 1990, Idriss Déby, un coronel rebelde del Ejército chadiano alzado en una exitosa ofensiva guerrillera contra Habré. Como tantos otros hombres fuertes africanos, Déby había recibido cobijo y adiestramiento en Libia.

El prosovietismo, la solidaridad con el Irán jomeinista (un envite que para muchos observadores constituía un auténtico misterio) y el panislamismo africano o "imperialismo verde" de Gaddafi, alarmaron sobremanera a Estados Unidos. El 2 de diciembre de 1979, 2.000 libios, instigados por las autoridades e imitando el proceder de los estudiantes iraníes en Teherán, asaltaron e incendiaron la Embajada estadounidense en Trípoli. La legación estaba sin embajador desde 1972 y con motivo de esta agresión fue clausurada. El 29 de diciembre el Gobierno norteamericano declaraba a Libia "Estado patrocinador del terrorismo".

La malquerencia estadounidense por Gaddafi no se remontaba exactamente hasta el golpe de septiembre de 1969; durante un tiempo aún, y pese al desalojo de la base de Wheelus y de las nacionalizaciones revolucionarias, el coronel libio (al igual que los baazistas irakíes) había sido visto con interés por Washington a causa de su antimarxismo; así, se da por cierto que la CIA le ayudó a desbaratar un complot de personas de su círculo de confianza en diciembre de 1969.

Tras tomar posesión en enero de 1981, la Administración republicana de Ronald Reagan acusó sistemáticamente a la Jamahiriya de dar cobijo a terroristas internacionales, de financiar sus atentados y de sostener campamentos de adiestramiento de grupos revolucionarios y movimientos de liberación de todo el mundo, campaña que, a la luz del número y disparidad de las organizaciones subversivas acogidas a este patrocinio –algunas de las cuales abrazaban ideologías que poco o nada tenían que ver con la imperante en la Jamahiriya Libia-, no parecía seguir ninguna lógica estructurada. Así, los instructores, las armas y el dinero libios afluyeron con generosidad al IRA norirlandés, la ETA vascoespañola, los separatistas musulmanes de Filipinas, el ala paramilitar del Congreso Nacional Africano en Sudáfrica o los Panteras Negras de Estados Unidos, aunque los principales beneficiarios fueron los grupos extremistas palestinos.

En mayo de 1981, como reacción a la recepción de Gaddafi por Brezhnev en Moscú, el Departamento de Estado cerró la "oficina popular" libia en Washington y expulsó de Estados Unidos a todo el personal diplomático del país árabe. En agosto siguiente, Gaddafi, volviendo a dejar a un lado un inveterado escrúpulo ideológico, jugó a fondo la carta filocomunista participando en Adén en una cumbre con dos dictadores marxistas y clientes de Moscú, el etíope Mengistu Haile Mariam y el suryemení Ali Nasser Muhammad. El encuentro alumbró un Tratado Tripartito de Amistad y Cooperación que rebosaba retórica antiimperialista de la Guerra Fría y del enfrentamiento entre los bloques.

Justamente al finalizar la cumbre prosoviética de Adén, el 19 de agosto, la tensión se disparó con el incidente aéreo sobre el golfo de Sirte, en el que dos Sujoi libios fueron derribados por dos F-14 de la VI Flota en el Mediterráneo. Según Trípoli, sus aparatos abrieron fuego primero contra los estadounidenses porque estos, en el curso de un ejercicio naval, estaban sobrevolando ilegalmente el espacio aéreo libio e ignoraron las órdenes de retirada; según Washington, las maniobras tenían lugar sobre aguas internacionales y los F-14 no hicieron más que defenderse de una agresión injustificada. En diciembre de 1981 el Gobierno estadounidense pidió a todos sus ciudadanos que abandonaran Libia y canceló los pasaportes para viajar al país árabe. En marzo de 1982 la escalada subió otro peldaño con la imposición de un boicot a las importaciones de crudo libio y de un embargo a las exportaciones estadounidenses de tecnología industrial.

En marzo de 1984, Gaddafi, dispuesto a tensar la cuerda en su forcejeo con Reagan respondiendo a sus sanciones económicas y sus advertencias militares con alardes y bravuconería, amenazó con permitir la instalación en su país de bases soviéticas; en realidad, el Kremlin, obsesionado con la inminencia de una guerra nuclear con Estados Unidos, mantenía sus reservas para no alimentar la verbosidad arrebatada de un dirigente al que, en realidad, veía con escepticismo por su carácter independiente e imprevisible. Moscú dio asimismo largas a la petición libia de firmar un tratado de amistad y cooperación (como los que disfrutaban Siria e Irak), que habría conllevado una obligación de asistencia defensiva soviética en caso de agresión occidental.

En 1984 el Reino Unido se sumó al acoso rompiendo las relaciones diplomáticas a raíz del mortal disparo recibido por una policía británica desde el interior de la oficina popular libia en Londres mientras vigilaba una manifestación anti Gaddafi organizada por el opositor Frente Nacional para la Salvación de Libia (FNSL). En cuanto a la guerra de Chad, en la que Francia se atribuyó con el beneplácito de Estados Unidos un papel de gendarme frente al expansionismo libio en el área saheliana, fue aprovechada por la superpotencia americana para socavar la capacidad militar de la Jamahiriya con operaciones de apoyo logístico e inteligencia.

Los acontecimientos se precipitaron a finales de 1985. En diciembre, los soviéticos accedieron a instalar en varios puntos de la costa libia baterías de misiles tierra-aire (SAM) de largo alcance, que se añadieron a las unidades de misiles balísticos tácticos Scud. El 27 de de ese mes se produjo el doble ataque terrorista contra los mostradores de las aerolíneas israelí El Al y estadounidense TWA en los aeropuertos de Roma y Viena, con un balance de 19 civiles muertos; Washington imputó la masacre al disidente palestino Abu Nidal y a la inteligencia libia. El secuestro poco antes por un comando del Frente de Liberación de Palestina del buque de pasajeros Achille Lauro dirigió también el foco de la sospecha a Trípoli, aunque esta conexión resultó más incierta. El 7 de enero de 1986, con el argumento de que Libia estaba detrás del dramático recrudecimiento del terrorismo revolucionario contra intereses occidentales e israelíes en Europa, Reagan anunció la ruptura total de las relaciones económicas y comerciales.

En marzo, la penetración de una fuerza de portaaviones en el golfo de Sirte, fuera del límite internacionalmente reconocido de las 12 millas náuticas pero dentro de aguas consideradas nacionales por Trípoli, desencadenó unas furiosas escaramuzas navales que ocasionaron el hundimiento o la destrucción de varias unidades de la Armada libia provistas de lanzamisiles y de sistemas de radares costeros. Gaddafi reclamó al mundo árabe que se atacaran los intereses estadounidenses allá donde se encontraran y el 5 de abril, como respondiendo al llamamiento del líder libio, la discoteca de Berlín Occidental La Belle, frecuentada por soldados de Estados Unidos, fue volada con un explosivo plástico con el resultado de tres muertos, dos de ellos militares norteamericanos, y más de 200 heridos.

Al punto, la Casa Blanca acusó directamente a Gaddafi del atentado y como pruebas presentó unos mensajes de télex interceptados en los que alguien en Libia felicitaba al representante diplomático en Berlín Oriental por el éxito de la operación. Reagan ordenó entonces a la Fuerza Aérea que diera una contundente lección militar a Gaddafi. Así, el 15 de abril de 1986, tres escuadrones despegados de los portaaviones de la VI Flota y de bases en el Reino Unido atacaron con bombas y misiles siete grandes objetivos militares concentrados en Trípoli y Bengasi.

En el raid, breve pero intenso, resultaron destruidos una veintena de aviones libios y un número indeterminado de instalaciones militares. Varios edificios civiles y diplomáticos en Trípoli también fueron alcanzados. Pero más gravedad revistió la muerte de unas 40 personas, 15 de ellas civiles. Gaddafi sufrió la agresión en sus propias carnes: advertido por teléfono por el Gobierno de Mata (o quizá por el Gobierno de Italia, como se ha filtrado recientemente) de que los aviones estaban sobrevolando sin autorización su espacio aéreo y que se dirigían en derechura hacia Trípoli, el dirigente reunió a su familia y se dispuso a abandonar su residencia en el complejo militar de Bab Al Aziziya, al sur de la capital. La operación de puesta a salvo no había concluido cuando comenzaron a caer las primeras bombas. Gaddafi escapó sano y salvo, pero una esquirla mató a su hija adoptiva de 15 años, Hanna, mientras que dos hijos biológicos resultaron heridos. La familia entera quedó en estado de shock. El bombardeo de su cuartel general no podía interpretarse más que como un intento del Gobierno norteamericano de liquidar físicamente a Gaddafi.

El ataque aéreo provocó un amplio rechazo internacional. La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución de condena por lo que constituía una violación de la Carta de la ONU y el derecho internacional, mientras que el Movimiento de Países No Alineados, la Liga Árabe y la OUA hicieron suyos los durísimos términos de la reacción oficial Libia.

Gaddafi, aunque aturdido, ardía de ganas de revancha y su primer contragolpe, desencadenado a las pocas horas de ser atacado, fue lanzar dos misiles Scud contra la estación que la Armada estadounidense tenía en la isla italiana de Lampedusa; los artefactos erraron su objetivo y no causaron daños. Tras esta respuesta simbólica, Gaddafi comedió sus exhibiciones de fuerza en el Mediterráneo y rodeó de una mayor discreción su activismo africano, máxime después de la derrota en Chad. En apariencia, el bombardeo de abril había surtido algún efecto. Se habló incluso de un profundo impacto psicológico en Gaddafi, que arrastraba tras de sí toda una rumorología de hombre sensible e impresionable, tras sus formas belicosas y altaneras.

El conflicto libio-estadounidense rebrotó esporádicamente, con nuevos picos de agitación como el encontronazo militar de enero de 1989 sobre el golfo de Sirte, repetición del acaecido en 1981 y que supuso el derribo de dos MiG libios, o la acusación de producir secretamente armas químicas en una planta industrial en Rabta. Pero la tensión puramente militar fue decreciendo, al tiempo que Gaddafi moderaba paulatina y sutilmente sus invectivas antioccidentales. El líder libio se cuidó muy mucho de volver a enfrentarse directamente a la superpotencia americana.

Sin embargo, en la más estricta clandestinidad, el coronel siguió aferrado al terrorismo como arma indirecta e insidiosa de revancha. El 21 de diciembre de 1988 un Boeing 747 de la compañía Pan Am que realizaba la ruta Londres-Nueva York se desintegró en pleno vuelo por el estallido de una bomba; los restos en llamas cayeron sobre la localidad escocesa de Lockerbie y la tragedia costó en total la vida a 270 personas de 21 nacionalidades, si bien la mayoría eran estadounidenses o británicas. En un principio se sospechó de Irán, que habría pagado a Estados Unidos con la misma moneda por el derribo en julio anterior sobre el estrecho de Ormuz de un Airbus de su aerolínea estatal con el resultado de 290 muertos, pero las investigaciones terminaron hallando pruebas concluyentes de la implicación de dos agentes de inteligencia libios, a los que la justicia escocesa acusó formalmente en noviembre de 1991.

La mano criminal de Trípoli se posó también sobre el vuelo de la aerolínea francesa UTA que el 19 de septiembre de 1989, mientras hacía la ruta Brazzaville-N'Djamena-París, quedó truncado por otro artefacto explosivo detonado sobre el desierto del Sáhara, cerca de la localidad nigerina de Teneré: en este segundo siniestro perecieron 170 personas. En esta ocasión, la investigación judicial identificó como presuntos autores intelectuales del atentado a seis funcionarios y agentes libios, uno de los cuales era nada menos que Abdullah Sanusi, cuñado de Gaddafi y vicedirector de los servicios de inteligencia; como hizo con los incriminados en el desastre de Lockerbie, Gaddafi se negó a extraditar a estos acusados a la vez que negaba la tenencia de cualquier responsabilidad en las acciones terroristas.

Por otro lado, en 1987 Gaddafi concedió refugio a Abu Nidal, expulsado de Damasco por Assad, cuya organización siguió perpetrando atentados y asesinatos. Según investigaciones periodísticas, Gaddafi estableció un estrecho vínculo de amistad con el sanguinario y paranoico disidente palestino (considerado por muchos investigadores un agente doble a sueldo del Mossad israelí), hasta que las circunstancias internacionales le aconsejaron deshacerse de él, mandándolo a Irak.


5. Años 90: inhibición exterior y dificultades domésticas; la oposición al régimen

En 1980 los novelistas Dominique Lapierre y Larry Collins caracterizaron a Gaddafi en su best seller de política-ficción El quinto jinete como un iluminado delirante que está a punto de sumir a Nueva York en el apocalipsis nuclear haciendo estallar una bomba de hidrógeno escondida por sus secuaces en Manhattan. Como botones de muestra del grado de demonización que Gaddafi alcanzó en Occidente y en Estados Unidos en particular, pueden servir las afirmaciones que de él hicieron, en 1981 y 1986 respectivamente, el entonces vicepresidente con Reagan, George Bush padre, y Reagan mismo: para ellos, Gaddafi era "un megalómano capaz de desencadenar la tercera guerra mundial con el único fin de aparecer en la primera página de los periódicos" y el "perro loco de Oriente Próximo".

El dictador libio fue uno de los personajes más estridentes, imprevisibles y denostados de la escena internacional durante dos décadas. Diez años antes que el presidente irakí Saddam Hussein y veinte antes que el terrorista saudí Osama bin Laden, el fundador y líder absoluto de la Jamahiriya Libia recibió el papel, interpretado por él, daba la impresión, con verdadero gusto las más de las veces, de pesadilla de Occidente y supervillano internacional.

Pero al estrenar su tercera década en el poder, el cincuentón en ciernes enfrió sus arrebatos de juventud, adquirió una cualidad inédita en él, la paciencia, restringió sus pronunciamientos públicos y, en definitiva, optó por la inhibición. Si en 1973, durante la cuarta guerra árabe-israelí, había mostrado cicatería militar con la excusa de que Sadat no le había puesto al tanto de sus planes bélicos, Gaddafi exhibió una actitud sumamente prudente a lo largo de la crisis internacional provocada por Saddam Hussein en agosto de 1990 con su invasión de Kuwait. Trípoli se abstuvo de apoyar a Irak con expresiones de solidaridad y de hecho le pidió que desocupara el emirato, pero ni condenó la invasión ni aceptó sumar tropas al dispositivo militar panárabe para la defensa de Arabia Saudí, el cual, con Egipto y Siria a la cabeza, fue aprobado por la Liga Árabe en una votación que registró como únicos votos contrarios los de Libia y la OLP.

Como se anticipó arriba, Gaddafi mantuvo rotas las relaciones con Bagdad desde el comienzo de la guerra contra Irán en septiembre de 1980 hasta el 12 de septiembre de 1987. La consolidación del eje Trípoli-Teherán en junio de 1985 con la firma de una "alianza estratégica" pilló a Saddam completamente enfangado en una terrible guerra de desgaste con el enemigo persa. Ni antes ni después existieron grandes simpatías mutuas entre dos dictadores conocidos, entre otras cosas, por sus desmedidos egos. Ahora, cuando los países árabes tenían que posicionarse sobre la agresión de Irak y Kuwait y sobre la vasta ofensiva militar multinacional que, con la autorización de la ONU y el liderazgo de Estados Unidos, aguardaba a Saddam, Gaddafi se escudó tras sus fórmulas terceristas y una ambigua postura antibelicista. Ni con unos ni con otros, no tuvo ambages en desdeñar como "locos" a las dos partes en conflicto.

Con escasa convicción y menor repercusión, el coronel protagonizó un intento de mediación basado en una propuesta de cuatro puntos: la evacuación irakí de Kuwait; el despliegue en el emirato de fuerzas de pacificación de la ONU; la instalación en Arabia Saudí de un dispositivo de seguridad árabe-islámico en lugar de los ejércitos occidentales; y la celebración de una reunión conciliatoria entre Saddam y el rey Fahd, cita que el monarca saudí se apresuró a rechazar. Su "solución árabe" a la crisis del Golfo no fue escuchada, pero, por lo menos, la súbita satanización del dictador irakí le reportó el beneficio de pasar a un tranquilo segundo o tercer plano en el pensamiento de las opiniones públicas occidentales.

Por otro lado, la aportación de Gaddafi al proceso de paz de Oriente Próximo emprendido por palestinos, jordanos, sirios e israelíes tras el final de la Guerra del Golfo en 1991 no fue ni constructiva ni boicoteadora, sino simplemente inexistente: a lo largo del tortuoso proceso, el líder libio, que mantenía intacta su fobia antiisraelí, se limitó a recordar de cuando en cuando su total rechazo a unas negociaciones políticas que le parecían una pérdida de tiempo.

Opacada por su hiperactividad exterior y, en los primeros años, hasta la fundación de la Jamahiriya en 1977, por su ímpetu doctrinario y legislador, la historia de la oposición interna al régimen de Gaddafi ha discurrido rodeada de rumores, secretismo y bastantes certezas, pero parcas en detalles. La larga, muy larga secuencia de complots golpistas, algunos ejecutados pero aplastados, otros desarticulados a tiempo y algunos más sólo insinuados, arrancó inmediatamente después del movimiento revolucionario del 1 de septiembre de 1969.

Ya en diciembre de 1969 Gaddafi, como se apuntó arriba, con la posible ayuda de la CIA, malogró un movimiento en su contra; los presuntos cabecillas, los ministros de Defensa, Adam Said Hawaz, y del Interior, Musa Ahmad, dos tenientes coroneles que no eran miembros del CMR, fueron arrestados y sus carteras idas a manos respectivamente del propio Gaddafi y del segundo oficioso del CMR, el coronel Abdel Salam Jallud, convertido de paso en viceprimer ministro.

Por cierto que Jallud, un año más joven que Gaddafi y amigo suyo desde la infancia, afianzó su posición en julio de 1972 con su ascenso a primer ministro, función que desempeñó hasta la puesta en marcha del Comité General Popular en 1977; durante una década más, el esquivo número dos de la Jamahiriya, retratado por medios internacionales como un pragmático y un realista permeable a la desafección, continuó en la brecha como miembro del Secretariado del Congreso General Popular, organizador de los comités revolucionarios, supervisor del sector petrolero y ejecutor de misiones diplomáticas de alto nivel. Por épocas, fue ministro del Interior, de Economía y de Finanzas, antes de renunciar a todos sus cometidos gubernamentales en 1979. Sus relaciones con Gaddafi fueron como mínimo ambiguas, hasta que el líder, temeroso de su poder e influencia, decidió enfrentársele y apartarlo de la escena.

El segundo sobresalto para Gaddafi sobrevino en julio de 1970, cuando Abdullah Abid Sanusi, un primo lejano del ex rey Idris y otros destacados miembros de un clan aristocrático de Fezzan fueron acusados de conspirar contra la República. Los años 1971 y 1972 estuvieron dominados por los juicios a los principales representantes del antiguo régimen, reos de los cargos de traición y corrupción.

Uno de los más peligrosos levantamientos contra Gaddafi tuvo lugar en 1975, cuando el ministro de Planificación, miembro del CMR y mayor del Ejército Umar Mihayshi, secundado por una treintena de oficiales, encabezó una intentona golpista con un trasfondo de discrepancias sobre la política económica. En 1977 y de nuevo en 1979 el régimen fusiló a varias decenas de miembros de las Fuerzas Armadas. Al mismo tiempo, Gaddafi, cumpliendo su ultimátum para que volvieran a casa con una declaración de arrepentimiento y se entregaran a los comités revolucionarios so pena de ser "liquidados", desató contra la reorganizada comunidad de opositores en el exilio una brutal guerra sucia que dejó un reguero de asesinatos clandestinos en capitales de Europa occidental.

Sin abandonar el espectro civil pero dentro de Libia, el endurecimiento ideológico y policial del régimen, así como las transformaciones socioeconómicas, que penalizaron a las antiguas élites, estimuló actitudes resistentes entre los estudiantes, los intelectuales, ciertos clanes tradicionales, sectores religiosos ortodoxos y algunos círculos profesionales. La abundante represión registrada ya en estos años desmentía a Gaddafi cuando transmitía la idea de que su flamante Jamahiriya era un Estado monolítico.

En la década de los ochenta la oposición a Gaddafi tuvo un rostro insistentemente militar. En agosto de 1980 la revuelta de un destacamento en Tobruk fue aplastada sin contemplaciones; se habló de ejecuciones masivas y de la mano negra de Francia. El 8 de mayo de 1984 se produjo un frustrado asalto contra el recinto fortificado de Bab Al Aziziya; el comando atacante, armado con lanzagranadas y ametralladoras, fue neutralizado por fuerzas lealistas, tropas regulares y milicianos de los comités revolucionarios, antes de poder consumar el magnicidio. El ataque fue reivindicado por el FNSL, uno de los varios grupos de la oposición en el exilio que operaban en aquellos años y que no hacían ascos a la subversión armada y el terrorismo; en su caso, el FNSL gozaba del apoyo de la CIA y tenía su retaguardia en Sudán, aunque, poco después, el derrocamiento de Numeiry en un golpe de Estado dispersó sus efectivos. La disparidad ideológica y programática de los grupos opositores, incapaces de articular un frente unido con un mínimo de efectividad, ahorró a Gaddafi mayores peligros.

Gaddafi respondió a la intentona de 1984 con purgas en las Fuerzas Armadas, una nueva campaña de liquidaciones de exiliados en Europa y, más trascendente para la evolución de su régimen, la apertura de un frente de hostilidad contra Jallud, cuyas autoridad e influencia estaba dispuesto a cercenar. Esta lucha por el poder, que incluyó algún exilio encubierto, críticas abiertas e intentos de alcanzar un modus vivendi, terminó con la derrota de Jallud, que en 1993 fue marginado totalmente de la política y un año más tarde, según medios occidentales, puesto bajo arresto domiciliario, a la vez que su clan tribal, el Migariha, caía en desgracia. Los reveses militares en la guerra de Chad estimularon asimismo el resentimiento y las defecciones en la oficialidad castrense.

Gaddafi siempre salía airoso de los embates internos, pero tras la Guerra del Golfo en 1991 tuvo que hacer frente a una acumulación de problemas bastante inquietante para la estabilidad de su régimen. Por de pronto, la extinción de la URSS le privó de un valioso protector diplomático justo cuando llegaba el momento de rendir cuentas por las fechorías terroristas cometidas en la década anterior.

El 21 de enero de 1992 el Consejo de Seguridad de la ONU condenó expresamente los atentados de Lockerbie y Teneré, y conminó a Trípoli a que "contribuyera a la eliminación del terrorismo internacional" y colaborara plenamente para el establecimiento de responsabilidades por aquellos dos actos terroristas; implícitamente, le exigía que entregara a la justicia escocesa a los dos agentes libios incriminados en la voladura del avión de la Pan Am. Dos meses después, el 31 de marzo, con diez votos a favor, ninguno en contra y cinco abstenciones, la resolución 748 tomaba nota de la inacción del régimen libio y, en consecuencia, le imponía a partir del 15 de abril un paquete de sanciones aéreas y diplomáticas más un embargo de armas. Las sanciones fueron reforzadas por otra resolución aprobada el 11 de noviembre, la 883, centrada en la congelación de haberes financieros.

El castigo era severo, pero, puesto que no tocaba a las exportaciones de petróleo, verdadera savia vital de la Jamahiriya y que tenían como clientes mayoritarios a los propios países occidentales, Gaddafi se libró de un estrangulamiento que pudo haber sido letal. En agosto de 1996 Estados Unidos reforzó unilateralmente las sanciones con el instrumento de la Ley Kennedy-D’Amato, que preveía represalias económicas contra las firmas comerciales, de Estados Unidos o de cualquier otro país, que invirtieran en Libia e Irán, dos rogue states que, denunciaba Washington, fomentaban el terrorismo internacional y la proliferación de armas de destrucción masiva.

El chaparrón internacional sobre Gaddafi coincidió con otra secuencia de movimientos subversivos en los que asomó con nitidez el elemento religioso, sin dejar de manifestarse el militar. Por algún tiempo, sobre Libia revoloteó el fantasma de una gran insurrección armada fundamentalista, al estilo de la que estaba desangrando Argelia. Partidas islamistas sostuvieron serios enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, sobre todo en Cirenaica, y Gaddafi se inquietó lo suficiente como para llamar a "exterminar como perros rabiosos" a los integristas que osaran alzarse contra su modelo del Islam.

En octubre de 1993 Gaddafi aplastó una potente tentativa de golpe realizada por una alianza de oficiales y notables tribales; los golpistas pretendían asesinarle a él y a todos sus lugartenientes principales. En julio de 1996 trascendió que unos disturbios en el curso de un partido de fútbol en Trípoli habían degenerado en una especie de revuelta popular contra el régimen. Y el 1 de junio de 1998 unos maquis supuestamente islamistas tendieron en Darnah, entre Bengasi y Tobruk, una emboscada a Gaddafi cuando se dirigía por carretera a Egipto para visitar a Mubarak; los pistoleros ametrallaron la comitiva y, según el grupo que reivindicó la acción, abatieron a cuatro guardaespaldas; otra fuente indicó que Gaddafi salió con bien de la celada gracias a que una valiente joven de su célebre escolta particular, reclutada entre muchachas de probadas virtudes revolucionarias y morales (para entrar en esta selecta y aguerrida guardia femenina había que ser virgen), protegió con su cuerpo a su jefe, perdiendo a cambio la vida. Días después, Gaddafi negó de redondo que se hubieran producido bajas entre sus filas, que a él le hubiesen herido y que se hubiese producido el atentado, tan siquiera.


6. Principio de superación del ostracismo y consolidación de la dictadura; los hijos del líder

Los actos del vigésimo séptimo aniversario de la Revolución, el 1 de septiembre de 1996, congregaron en Trípoli a Mubarak y a Assad, en representación del mundo árabe, y a un ramillete de presidentes del África negra: Compaoré de Burkina Faso, Déby de Chad, Museveni de Uganda, Jerry Rawlings de Ghana, Lansana Conté de Guinea, Alpha Oumar Konaré de Malí e Ibrahim Baré Maïnassara de Níger. Este plantel de estadistas recordó que el líder libio, pese a la marginación internacional, conservaba intacta una red de países amigos, fundamentalmente africanos.

El 24 de agosto de 1998 Estados Unidos y el Reino Unido aceptaron que los acusados de Lockerbie fueran juzgados por un tribunal escocés y con la legislación penal escocesa pero en los Países Bajos, entendido como país neutral. Tres días después, por la resolución 1.192, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió que las sanciones serían suspendidas tan pronto como se realizase la entrega de los ciudadanos libios. El 19 de marzo de 1999, al cabo de un prolongado tira y afloja en el que medió positivamente el presidente sudafricano Nelson Mandela, Gaddafi accedió finalmente a someter a los dos hombres al tribunal escocés de La Haya; en caso de ser hallados culpables, los reos ingresarían también en una prisión holandesa. El 5 de abril tuvo lugar la extradición y las sanciones de la ONU quedaron en suspenso, aunque Estados Unidos mantuvo las suyas.

La superación del conflicto con la ONU alivió la carga que la prohibición de las comunicaciones áreas, el embargo de maquinaria de la industria petrolera y la congelación de activos en el extranjero habían supuesto para la economía libia, y por otro lado supuso el final de la cuarentena diplomática de la Unión Europea, que el 18 de mayo de 1998 había acordado con Estados Unidos la salvaguardia de sus inversiones en Libia frente a la ley Kennedy-D’Amato.

El 15 de abril de 1999 una delegación libia acudió como invitada a la III Conferencia Euromediterránea de ministros de Exteriores en Stuttgart, Alemania. El 7 de julio siguiente, el Reino Unido anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas, tras 15 años de ruptura, luego de acceder Trípoli a colaborar en el esclarecimiento de la muerte de la agente policial en 1984; la Jamahiriya aceptó su "responsabilidad general" en el crimen y el pago de una compensación económica a la familia de la víctima. El 13 de septiembre, los ministros de Exteriores de la UE revocaron las medidas restrictivas tomadas en 1992. Y el 2 de diciembre Gaddafi recibió al primer ministro italiano Massimo D’Alema, en la primera visita de un jefe de Gobierno occidental desde 1992, ocasión que el anfitrión aprovechó para hacer su más clara denuncia del terrorismo hasta la fecha.

El final de las sanciones de la ONU y la UE galvanizó la confianza de Gaddafi en su férula interior. En 2000, el líder abroncó a los miembros del Congreso General Popular por el uso disoluto de la renta petrolera e impulsó una serie de medidas encaminadas a acelerar el incipiente proceso de privatizaciones, descentralizar la administración del Estado, racionalizar la hipertrofiada y derrochadora función pública, y atraer las inversiones extranjeras en el sector energético. El modelo de planificación socialista ya no era aceptable para Gaddafi, que incluso contemplaba la supresión de los subsidios al consumo de energía y los alimentos básicos.

En junio de 2003, un enérgico llamamiento del líder para que se procediera a la "abolición del sector público" y se colocara a la industria petrolera y a la banca bajo un modelo mixto de gestión compartida con participación de "compañías no estatales" provocó la destitución del secretario general del Comité General Popular, Mubarak Abdallah ash-Shamij. Su sustituto, Shokri Ghanem, un experto educado en Estados Unidos y hasta ahora ministro de Economía, recibió del líder luz verde para conferir un impulso decisivo a unas reformas que apuntaban a un horizonte de libre mercado en Libia. De las varias metamorfosis experimentadas por Gaddafi, la económica era probablemente la más importante por el impacto que podría causar en la vida diaria de sus gobernados y en la sociedad en su conjunto.

La reforma económica de tintes liberales estaba en marcha, pero el sistema político seguía tan petrificado como siempre. Sin embargo, en abril de 2004 Gaddafi, por sorpresa, pidió al Congreso General Popular que aboliera las leyes de excepción adoptadas en 1971 y 1972, y prometió estudiar las recomendaciones hechas por Amnistía Internacional luego de que una delegación de la ONG pudiera visitar a presos políticos libios. En marzo de 2005 urgió a la nación a que "permitiera a las libertades florecer", pero se reafirmó en las excelencias de la "genuina democracia" que imperaba en la Jamahiriya. En marzo de 2006 el régimen excarceló y amnistió a 130 presos islamistas.

Por otro lado, el aparente desvanecimiento de los desafíos golpistas y subversivos, por primera vez desde 1969, permitió a un más relajado Gaddafi restar opacidad a su faceta de padre de familia. La prole tenida con la primera mujer y con la segunda cónyuge, Safiyya Ferkash, una miembro de los Sanusi y enfermera de profesión matrimoniada con el coronel cuando sólo tenía 14 años, se estaba haciendo mayor y empezó a adquirir presencia pública y puestos de responsabilidad en las más dispares esferas.

Gaddafi tiene ocho hijos. El primogénito, Muhammad, retoño único del primer matrimonio, no desarrolló en apariencia un interés por la política aunque sí por los negocios, hasta convertirse en el jefe del monopolio estatal de los correos y las telecomunicaciones, la General Post and Telecom Company (GPTC, creada en 1984), al frente de la cual se declaró resuelto a conseguir que cada ciudadano libio tuviera en propiedad un teléfono móvil; para ese fin, en 2004 puso en marcha la operadora de telefonía celular Libyana, que empezó a prestar sus servicios en paralelo a las actividades de Al Madar, una operadora preexistente y propiedad igualmente de la GPTC. Gran aficionado a los deportes, Muhammad practica el fútbol y el submarinismo, y en la actualidad preside también el Comité Olímpico Libio.

Un perfil bastante más conspicuo adquirió el segundo varón y primero de los siete hijos tenidos por Gaddafi con Safiyya, Saif al-Islam Muammar. Nacido en 1972 y formado como arquitecto y economista en Trípoli, Viena y Londres –donde, según parece, llevó un estilo de vida digno de un multimillonario playboy- Saif ha trabajado para entidades del Estado y por su cuenta, como dueño de su propia empresa de ingeniería y construcción. En 1998 creó la Fundación Internacional Gaddafi para Asociaciones Caritativas (GIFCA), una ONG dedicada a la coordinación del trabajo social y las actividades humanitarias y de beneficencia en Libia.

Renombrada en 2003 como Fundación Internacional Gaddafi para la Caridad y el Desarrollo (GICDF), su ONG ha permitido a Saif desplegar un activo rol diplomático y de relaciones públicas en nombre de su padre y el régimen, con intervenciones sonadas en la liberación de rehenes por captores musulmanes y en la negociación de las compensaciones económicas a los familiares de las víctimas de los atentados aéreos, aunque en este terreno no ha dejado de sostener la tesis de la "inocencia" de los compatriotas juzgados y condenados por esos crímenes.

Detrás asimismo del grupo de comunicación privado Al Gad, que cuenta con un canal de televisión, dos emisoras de radio y dos periódicos, Saif al-Islam ha sido retratado con insistencia como un reformista y un modernizador sinceramente preocupado con los problemas sociales y medioambientales de su país, y hasta comprometido con las causas de los Derechos Humanos y la democratización del régimen fundado por su padre, quien en 2006 escuchó en silencio sus críticas al sistema político de la Jamahiriya por, entre otras cosas, tener amordazada a la sociedad civil. El desencantado rapapolvo de Saif se produjo dos años después de asegurar que su padre albergaba el deseo de que "en Libia todo sea democrático, desde la A hasta la Z", y de expresar su confianza en el que el liderazgo político satisficiera los deseos del pueblo libio de "modernizar la economía, reformar el sistema y profundizar la democracia directa".

Considerado durante varios años el más firme candidato a heredar el liderazgo del Estado, en un sistema donde no existe ninguna previsión sucesoria legal ni se ha señalado nunca a un delfín oficial de Gaddafi, que desde la preterición de Jallud manda sobre una plana de altos funcionarios y oficiales cercanos al anonimato, el cosmopolita y sofisticado Saif arrojó un grueso manto de incertidumbre sobre sus opciones de futuro en agosto de 2008, al cabo de sus decisivas actuaciones en los casos de las compensaciones por terrorismo y la liberación de las enfermeras búlgaras acusadas de infectar de sida a sus pacientes. Entonces, anunció su decisión de no intervenir más en los asuntos del Estado, donde ya había concluido las tareas que se había encomendado, y negó expresamente que él fuera un heredero en la sombra. El mentís rechazaba que pudiera pasar en Libia lo que en Siria en 2000, cuando el joven Bashar al-Assad sucedió a su fallecido padre, Hafez al-Assad.

Los hermanos menores de Saif al-Islam no disfrutan de su renombre, aunque algunos de ellos han causado quebraderos de cabeza a Gaddafi por su comportamiento rebelde y pendenciero. El tercer hijo, Al-Saadi, yerno de un antiguo jefe militar de los servicios de inteligencia, se dio a conocer como un entusiasta del fútbol, deporte en el que intentó alcanzar el estrellato como jugador profesional y como alto ejecutivo. Se asegura que los graves incidentes registrados en Trípoli en 1996 en el contexto de un partido de fútbol fueron provocados por los guardaespaldas de Saadi, al disparar contra una multitud de asistentes al encuentro que se puso a abuchearle.

En 2000 Saadi empezó a jugar en la liga de fútbol profesional de su país, en los equipos Al Ahly de Trípoli y Al Ittihad, y fue reclutado para la selección nacional de Libia. En 2003 fichó por el Perugia Calcio, primer jalón de una aventura deportiva en la liga italiana que le permitió vestir también las camisetas del Udinese y la Sampdoria, pero con un balance paupérrimo: en cuatro temporadas, sólo jugó dos partidos y no metió ningún gol; además, en 2003 dio positivo en un control antidopaje cuando seguía siendo suplente en el banquillo del Perugia. Entre 2002 y 2003 fue miembro del consejo de administración de la Juventus de Turín, donde había adquirido un paquete minoritario de acciones del club. Simultáneamente, presidía la Federación Libia de Fútbol. En 2007, agotada la edad para la profesión de futbolista, Saadi se concentró en el mundo de los negocios, dirigiendo la productora de películas World Navigator Entertainment y planificando ambiciosos proyectos urbanísticos.

El cuarto de los Gaddafi, Motassim, emuló a su ascendiente haciendo una carrera militar en la que alcanzó el grado de teniente coronel. En 2002 marchó apresuradamente a Egipto, supuestamente por su connivencia con una oscura conspiración golpista. Perdonado por su padre, retornó a Libia, donde se reincorporó al Ejército y recibió un puesto oficial como consejero de seguridad nacional.

Hannibal al-Gaddafi trabajó en la Compañía Nacional de Transporte Marítimo antes de dar una publicidad negativa al apellido familiar por su escandalosa conducta en varias ciudades europeas, donde ha protagonizado altercados públicos en estado de ebriedad y conducciones temerarias con sus vehículos de lujo; sus guardaespaldas, además, no han tenido reparos en enfrentarse físicamente a los policías dispuestos a prender a su jefe. En mayo de 2005, una violenta pelea con su entonces novia, la modelo Aline Skaf, que estaba embarazada de su primer hijo, en un hotel parisino le valió una condena por agresiones; la justicia francesa le impuso entonces una pena en suspenso de cuatro meses de prisión y una fuerte multa económica.

En julio de 2008 Hannibal y Aline, convertida ya en su esposa, fueron detenidos por la Policía suiza en un hotel de Ginebra acusados de maltratar a unas empleadas domésticas. Hannibal pasó una noche entre rejas y obtuvo la libertad sin cargos tras abonar una fianza de 330.000 euros, pero en Trípoli, Gaddafi montó en cólera y ordenó el embargo de petróleo al país centroeuropeo y el boicot a sus productos, hasta que el Gobierno de Berna no pidiera perdón por los arrestos. El incidente diplomático fue a más, y en abril de 2009 el Gobierno libio terminó presentando contra el Estado helvético una querella civil por violación del derecho consular, uso desproporcionado de la fuerza y trato vejatorio a Hannibal, por lo que reclamaba una indemnización equivalente a la fianza pagada. Trípoli amenazó asimismo con repatriar todos los fondos libios depositados en bancos suizos.

Los hijos menores de Gaddafi son Saif al-Arab, quien en 2007 armó otro escándalo a puñetazo limpio en una discoteca alemana, Jamis, que ejerce de oficial de policía, y Aisha, nacida en 1980. La única hija del coronel, que aparece en algunas fotos luciendo una larga melena rubia, está casada con un oficial del Ejército primo de su padre y está formada como abogada, profesión que ejerció en 2004 como miembro del equipo de defensores legales de Saddam Hussein durante su juicio por crímenes contra la humanidad en Bagdad.


7. Nuevo perfil de panafricanista y mediador de conflictos

El bienio 1998-1999, además del comienzo del deshielo en las relaciones con Occidente, marcó también el retorno triunfal de Gaddafi a la alta política regional, pero no la de Oriente Próximo, escenario que, tras tantas decepciones (la más reciente, la constatación de la escasísima solidaridad árabe durante la condena de la ONU, que la Liga Árabe se avino a acatar), ya no parecía interesarle, si no la del continente negro, donde empezó a esgrimir un vehemente panafricanismo en el sentido más clásico de la noción, despojada ya de veleidades panislamistas y de actitudes belicistas. La nueva visión de Gaddafi de una África supranacional, de una pieza, sin articulaciones geopolíticas por cuestiones de lengua, cultura colonial o religión, así como su talante conciliador y su afán por arreglar conflictos encarnizados en diversos puntos del continente, causaron sorpresa por doquier.

El 6 de febrero de 1998 Gaddafi auspició en Trípoli la creación de una Comunidad de Estados Sahelo-Saharianos (CEN-SAD) con el fin de desarrollar la cooperación económica de la zona y articular, a un plazo largo, un área de libre comercio. Junto con Libia organizaron la CEN-SAD Burkina Faso, Malí, Níger, Chad y Sudán, y Gaddafi, con toda lógica, fue elegido primer presidente de turno de la organización. Transcurrida una década, la Comunidad contaba ya con 28 miembros, esto es, toda la mitad norte de África salvo Argelia, Etiopía y Camerún.

Este desplazamiento hacia el sur de los intereses exteriores libios se hizo a costa de la UMA, que no terminaba de coger ritmo, ni siquiera como foro regular de consultas, debido a la profunda desconfianza que anidaba entre sus dirigentes, con la añeja cuestión saharaui y el problema de la contención del islamismo como telón de fondo. Desde la última cumbre presidencial, la celebrada en Túnez en enero de 1990, la UMA se encontraba "en el congelador", según indicó el propio Gaddafi.

En la XXXV Asamblea (cumbre) ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la OUA, celebrada en Argel del 12 al 14 de julio de 1999 y primera a la que asistía desde 1977, Gaddafi intentó mediar entre Eritrea y Etiopía para que pusiesen término a la sangrienta y descabellada guerra que venía enfrentándoles desde hacía más de un año por una disputa fronteriza, pero sin ocultar sus intentos de atraerse a los eritreos, que habían alcanzado la independencia de Etiopía en 1993 con la protección estadounidense, y de conciliarlos de paso con el régimen islamista-militar de Sudán, a su vez escenario de una crudelísima guerra civil que también venía conociendo los intentos pacificadores del dirigente libio.

En Argel se decidió la celebración en Trípoli de una cumbre extraordinaria de la OUA. Transcurrido los días 8 y 9 de septiembre de 1999, el encuentro fue usado por Gaddafi para conmemorar el trigésimo aniversario de la Revolución y para consagrarse como actor de primer orden en la construcción de la unidad africana y la mediación de conflictos. Entonces, Gaddafi pidió el establecimiento, a ejemplo de los europeos y de acuerdo con las previsiones del Tratado de Abuja de 1991, de los elementos aglutinadores de una verdadera unión política, a saber, una comisión ejecutiva, un parlamento, un banco central y un tribunal de justicia. El líder presentó el proyecto como una fórmula para evitar la marginación del continente en las grandes tendencias internacionales y para salvaguardar la integridad y la soberanía de los estados debilitados por los conflictos internos.

En la XXXVI Asamblea ordinaria de la OUA, discurrida en Lomé del 10 al 12 de julio de 2000, la propuesta de Gaddafi de crear unos "estados unidos federales de África" fue aceptada bajo la forma matizada de una Unión Africana (UA), cuya puesta en marcha requería la ratificación del Acta Constitutiva –adoptada el 11 de julio- por al menos dos tercios de los 53 estados miembros de la OUA. En una cumbre extraordinaria celebrada en Sirte el 1 y el 2 de marzo de 2001, los mandatarios proclamaron con unanimidad la próxima creación de la UA.

En julio de 2001, la XXXVII Asamblea ordinaria de la OUA, reunida en Lusaka, Zambia, ultimó los detalles para la implementación del Acta y el establecimiento de los órganos (Asamblea de jefes de Estado y de Gobierno, Parlamento Panafricano, Comisión, Consejo Ejecutivo de ministros, Comité de Representantes Permanentes, Tribunal de Justicia, Consejo de Paz y Seguridad, Consejo Económico, Social y Cultural, etc) de la Unión. Aunque el anfitrión del histórico evento era el presidente zambiano, Frederick Chiluba, de paso último presidente anual de turno de la OUA, el estrellato recayó en Gaddafi, que recibió vítores y el tributo encomiasta del secretario general de la ONU, el ghanés Kofi Annan.

El nacimiento oficial de la UA, el 9 de julio de 2002 en Durban, Sudáfrica, en la primera Sesión Ordinaria de la Asamblea de la organización, distó, empero, de satisfacer plenamente a Gaddafi, que constató el escepticismo de varios presidentes con la visión de que todos los estados africanos fueran a fusionarse en uno sólo en algún momento del futuro. Dos países fundamentales, Sudáfrica y Nigeria, potencias regionales en las áreas centro-occidental y meridional del continente, no ocultaban sus reservas, que a muchos les parecían mero realismo. Otros observadores destacaron la incapacidad de los presentes para discutir seriamente realidades mucho más tangibles y acuciantes, como la devastadora guerra en Congo-Kinshasa, la pandemia de sida o la sequía, azotes que no entendían de fronteras.

En Durban, Gaddafi pactó con el anfitrión de la cumbre y primer presidente de turno de la UA, Thabo Mbeki, una suavización de sus críticas al Nuevo Partenariado para el Desarrollo de África (NEPAD), ambicioso plan multilateral por el que los países del Norte rico se comprometían a multiplicar sus ayudas e inversiones en África en la medida en que los destinatarios fueran eliminando la corrupción, abrazaran las prácticas democráticas y la buena gobernanza, respetaran los Derechos Humanos y no se desviaran del desarrollo sostenible. Tan sólo unas semanas atrás, y precisamente durante la recepción en Trípoli a un Mbeki en visita oficial, Gaddafi había arremetido violentamente contra el NEPAD, tachándolo de "proyecto de colonialistas y racistas". Ahora, dijo aceptar el NEPAD, pero sin imposiciones ni exigencias de los donantes. El libio no se privó de aleccionar a los presentes en su turno de intervención: "¡África para los africanos! ¡Esta tierra es nuestra! ¡Sois los amos de vuestro continente, marcháis hacia la gloria!", les arengó.

Gaddafi recibió también de sus pares africanos el mandato de coordinar el tortuoso proceso de paz en la región de los Grandes Lagos, en la que por propia iniciativa ya venía mediando con algunos resultados. Así, acogió por separado, y luego arregló un encuentro a tres, al presidente de la República Democrática del Congo (ex Zaire), Laurent Kabila (viejo favorecido de la Jamahiriya en sus años de guerrillero contra el régimen de Mobutu Sese Seko), y a su enemigo ugandés, Museveni (quien, como se apuntó arriba, era otro mandamás agradecido a Trípoli). Aunque la inicial presencia de tropas chadianas del lado de Kabila en 1998 fue descrita como una intervención belicista por delegación de Libia, a lo largo de 1999 Gaddafi insistió en el envío de una fuerza panafricana de interposición entre los múltiples contendientes de la embrollada y catastrófica Segunda Guerra del Congo.

El Gaddafi amante de la paz quedó puesto en entredicho a mediados de diciembre de 2002, precisamente cuando todos los países extranjeros con tropas en el Congo habían aceptado retirarse y el diálogo intercongoleño ultimaba un acuerdo global de cese de hostilidades y reparto del poder; entonces, el Gobierno de Kinshasa denunció ante el Consejo de Seguridad de la ONU que fuerzas libias, así como abundante material bélico, habían penetrado en el norte del país en apoyo del grupo rebelde pro-ugandés comandado por Jean-Pierre Bemba. Por lo que se veía, el líder libio continuaba practicando su rancia afición a la intriga transfronteriza y a la urdimbre de caprichosas alianzas con personajes en la picota, que no terminaban de dibujar un cuadro coherente de amigos y enemigos.

Entre mayo de 2001 y diciembre de 2002 la injerencia militar de Trípoli fue directa y sin tapujos en la República Centroafricana, donde un contingente libio de entre 100 y 300 hombres, investido del mandato de la CEN-SAD, defendió y sostuvo en el poder al presidente Ange-Félix Patassé, acosado por una serie de agresivas insurgencias e intentos golpistas; la retirada de los libios de Bangui el 31 diciembre de 2002 (justo días después de su denunciada incursión en el lindante Congo-Kinshasa, lo que puso en evidencia, una vez más, el vínculo contagioso entre los conflictos de estos dos países), selló el destino del Gobierno de Patassé, que en marzo de 2003 fue derrocado por el general rebelde François Bozizé.

En otro escenario bien distinto, Filipinas, en agosto de 2000 el régimen libio jugó fuerte la carta de la rehabilitación ante Occidente con el pago de un millón de dólares en concepto de rescate a la organización islamista separatista de la isla de Jolo, Abu Sayyaf, por cada uno de los doce rehenes, la mayoría turistas europeos, que tenía retenidos desde abril. La operación, vivamente agradecida por las capitales concernidas (París y Berlín), fue realizada por la fundación de Saif al-Islam. Ya en 1996 Gaddafi había mediado con éxito entre el Gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Nacional de Mindanao, otro ejemplo de intervención conciliadora en un país donde antes, al contrario, instigara el conflicto.

En octubre de 2000 Gaddafi recuperó parte del protagonismo perdido en el mundo árabe con su visita al recién entronizado Abdallah II de Jordania en el puerto de Aqaba (en su primer viaje al Reino hachemí en 17 años), al novísimo presidente sirio en Damasco y a la familia real saudí en Riad, un desplazamiento que pocos años antes habría sido inconcebible. Con todo, y sin demérito de las buenas relaciones con Mubarak, se marginó de la cumbre extraordinaria que la Liga Árabe celebró en El Cairo los días 21 y 22 de ese mes para analizar la crítica situación en Palestina, donde arreciaban las violencias de la Segunda Intifada, con el argumento de que los asistentes no estaban dispuestos a adoptar una respuesta enérgica contra Israel.

El portazo de octubre de 2000 fue el preámbulo de desaires mayores y llenos de desprecio. El 24 de octubre de 2002 el Gobierno libio anunció que la Jamahiriya se disponía a abandonar la Liga Árabe. No se facilitó una explicación oficial de tan drástica decisión, aunque funcionarios libios indicaron que la Liga había demostrado reiteradamente su ineficiencia a la hora de lidiar con crisis como el interminable conflicto entre Irak y Estados Unidos y la Segunda Intifada palestina.

Además, Gaddafi había encajado con patente desagrado la histórica oferta de paz lanzada a Israel por el príncipe saudí Abdullah (regente de hecho de Arabia Saudí por la enfermedad de su hermanastro Fahd) en marzo anterior, en una cumbre extraordinaria de la Liga en Beirut cuajada de ausencias, por la que el Estado judío obtendría colectivamente del mundo árabe reconocimiento, seguridad y "relaciones normales", así como el fin de las hostilidades en Palestina, a cambio de la devolución de todos los territorios ocupados en 1967 y la aceptación del Estado palestino con capital en Jerusalén oriental. Tras la cumbre de Beirut, Gaddafi instó a "la calle árabe" a distanciarse de los "inválidos" regímenes de Oriente Próximo.

Finalmente, Libia no se retiró de la Liga Árabe, pero las relaciones con Arabia Saudí se deterioraron hasta hacerse trizas. El 1 de marzo de 2003 Gaddafi y Abdullah sostuvieron un grave altercado en la sesión plenaria de la cumbre que la Liga celebraba en el balneario egipcio de Sharm El Sheij para discutir la inminente invasión anglo-estadounidense de Irak. Hasta que la televisión egipcia cortó la emisión, todo el mundo pudo ver a Gaddafi acusando a los saudíes de haber hecho un "pacto con el diablo" cuando en 1990 invitaron a Estados Unidos a estacionar tropas en su país, y al airado Abdullah, quien, interrumpiendo el parlamento del libio y apuntándole con el dedo, le espetó: "Arabia Saudí no es un agente del colonialismo; no hables de lo que no sabes (…)¿Quién exactamente te llevó a ti al poder? Eres un mentiroso y tu tumba te está esperando". Atendiendo as súplicas egipcias, Gaddafi se quedó hasta el final de la cumbre, pero regresó a Trípoli tan malhumorado que volvió a anunciar sus ganas de romper con la Liga y llamó a consultas al embajador libio en Riad.

En mayo de 2004, durante la cumbre de Túnez, Gaddafi volvió a hacer un desplante a la Liga Árabe al escenificar una de sus espantadas de la sala de sesiones justo cuando tenía la palabra el secretario general de la organización, Amr Moussa, antiguo ministro de Exteriores de Egipto. "¿Cuál es el significado de esta reunión árabe? ¿Cómo puede esta cumbre reunirse mientras dos presidentes árabes están en prisión?", protestó el libio antes de levantarse e irse, en referencia a Saddam Hussein, detenido por los estadounidenses tras su derrocamiento, y a Arafat, cercado por los israelíes en su cuartel de Ramallah.

El 22 de diciembre siguiente, Riad retiró a su embajador en Trípoli y ordenó al representante libio hacer las maletas como consecuencia de las revelaciones hechas por un mando de los servicios secretos libios detenido en Arabia Saudí y por un radical musulmán de Estados Unidos, interrogados por las policías de los respectivos países, sobre su participación en un complot organizado por el régimen libio para asesinar al príncipe Abdullah y del que Gaddafi, según ellos, estaba plenamente al tanto. Es más, la supuesta operación criminal habría sido montada por Gaddafi inmediatamente después de su enfrentamiento con Abdullah en la cumbre de Sharm El Sheij en 2003. Para el Gobierno libio, el asunto del complot no era más que una invención. Tras un año de mutuo boicot, los embajadores retornaron a las capitales en diciembre de 2005.

En marzo de 2005, en la cumbre de la Liga en Argel, el líder libio volvió a dar la nota, desairando esta vez al presidente de la Autoridad Nacional Palestina y líder de la OLP tras la muerte de Arafat, Mahmoud Abbas, al llamar "idiotas" a palestinos e israelíes por su incapacidad para comprender que la solución de su interminable conflicto pasaba por la integración de las dos comunidades en un solo Estado. En 2003 Saif al-Islam se encargó de elaborar el concepto de un Estado binacional árabe y judío secularizado, para el que propuso el pomposo nombre de "República Federal de Tierra Santa". Su padre incorporó la idea a un Libro Blanco, donde se refirió a la hipotética entidad como "Isratina".

para el fin de semana.....

INTIMIDAD
Un argentino se encontraba haciendo el amor con su novia cuando ella dice: - Ay, ¡dios mio! El responde: - Bueno... en la intimidad me podés llamar Oscar.

QUE ES EL EGO
El argentinito que todos llevamos dentro.

¿POR QUE HAY TANTOS CASOS DE SIETEMESINOS EN ARGENTINA?
Porque ni su madre los aguanta nueve meses.

REBUSQUE
Había dos amigos Argentinos en Miami Beach que cansados de golpear puertas y no conseguir laburo se quedaron sin plata y sin pasaje de vuelta. Ante tal situación deciden levantarse temprano y pedir plata en la calle para sobrevivir . Al final del día uno le dice al otro: ¿Cuánto juntaste loco? Unos $20 dólares y usé un cartel que decía: "No tengo trabajo, tengo mujer y cuatro hijos para mantener". ¿Y vos? Bueno, yo junté $ 2,000 ¿Cómo hiciste? Bueno... usé un cartel gigante que decía: "Me faltan $6 dólares para volverme a Argentina " y la gente contenta no paraba de darme. (Enviado por El Conde)

AYUDA
¿Qué le tiran a un argentino cuando se está ahogando?
¡El resto de la familia!

¿CUAL ES EL JUGUETE FAVORITO DE LOS ARGENTINOS?
El yo-yo.

¿EN QUE SE DIFERENCIA UN ARGENTINO DE UN TERRORISTA?
En que el terrorista tiene simpatizantes.

MATERNIDAD
En una maternidad están un senegalés, un sueco y un argentino. La enfermera sale y dice: - "Tenemos un problema ... Se nos confundieron los bebés y ahora no sabemos cuál es cuál. Tenemos 2 blancos y uno negro." Los tres nuevos papás deciden sacar a la suerte para ver quién escoge primero a su bebé, ... y gana el sueco. El sueco entra a la maternidad, y sale con el bebé negro. El senegalés le dice: -"Mirá, el bebe es negro, yo soy negro, mi esposa es negra, así que este bebé es mío, agarrá uno de los blancos." El sueco lo mira y le dice- ¿Estás loco? ¡Mirá si me toca el argentino!

AMOR AFONICO
Le dice un argentino a su esposa: - Querida, hoy voy a hacer el amor afónico." La esposa intrigada responde: - "Che, qué bueno... ¿y cómo es eso?" - A lo que el argentino contesta: "¡Sin vos!"

ARGENTINITO
Un argentinito le dice a su papá: - ¡Papá, papá!... cuando crezca quiero ser como vos. El padre todo orgulloso le contesta: - Y sí... no me sorprende... pero, ¿por qué exactamente? - ¡Para tener un hijo como yo!

FIESTA
Dos argentinos en el exterior están por entrar a una fiesta: - Che, ¿qué te parece si les decimos que somos argentinos? - No, dejá... que se jodan.

RELATOR
En un partido de fútbol entre Colombia y Argentina cuyo marcador es 0 a 0, un relator de fútbol argentino dice: - Colombia cero goles... ¡ARGENTINA CERO GOLAZOOOS!

HUMILDAD
Alguien le dice a un argentino, en una mañana de sol: -Oiga, qué mañana tan bonita. A lo que el argentino responde: -Gracias, gracias, se hace lo que se puede.

DISCUSION
Discutían un gallego y un argentino: -Ustedes los gaitas son todos unos cagones, viejo. -¡Anda que vosotros los argentinos! ¡Si hasta habéis perdido la guerra de las Malvinas! -Pero, ¿qué decís, bolú? ¬¡Nosotros no perdimos! ¡Salimos segundos!

¿POR QUE LOS ARGENTINOS SE CREEN DIOSES?
Porque nadie los puede ver.

¿COMO LLAMAN A LOS ARGENTINOS EN GALICIA?
-Ni idea.
-Espermatozoides.
-¿Por qué?
-Porque sólo trabaja uno de cada 3.000.000.

HINCHA PELOTAS
El argentino intenta comprar unos cigarrillos...
-Bueeeenas. ¿Usted es el dueño de este quiosco?
-Buenos días tenga usted. Verá: esto no es un quiosco, aquí lo llamamos estanco.
-Esteee, a ver, déme cigarrillos de...
-¡Que no los llamamos cigarrillos! Los llamamos pitillos.
-Bueno, y déme también unos fósforos.
-Aquí no los llamamos fósforos, sino cerillas.
-Está bien. Déme unos encendedores.
-Que aquí no los llamamos encendedores. Los llamamos mecheros.
-Dígame, viejo: ¿Y cómo llaman aquí a los hincha pelotas?
-No los llamamos. Vienen solos por Aerolíneas Argentinas.

¿QUE DIFERENCIA HAY ENTRE UN ARGENTINO Y UNA PILA?
La pila tiene un lado positivo.

VIRUS
Les quiero advertir a todos sobre un nuevo virus, sería el equivalente al que recientemente atacó en USA e hizo estragos en varias empresas importantes. El Virus Norteamericano viaja en un e-mail con el título " I love you " y una vez que se instala en tu máquina, lo primero que hace es abrir tu libreta de direcciones y se auto envía a las direcciones que allí figuran, luego de esto, procede a borrar la información que hay en el disco rígido, inutilizando así su máquina. El Virus Argentino es conocido con el nombre de "TE AMO", no viaja por mail ni por Internet, sino que lo hace en tren, subterráneo y/o colectivo, lo primero que se siente es una débil pero ronca voz, que susurra al oído "TE AMO", y luego continúa diciendo "TE AMO A ROMPER EL CULO SI DECÍS UNA PALABRA". Al darnos vuelta nos encontramos con unos rostros poco amigables, con posibles cicatrices, brazos tatuados, pelos en estilo corto o largo, que acto seguido pasan a tomar no solo tu libreta de direcciones, sino también tu billetera, tu reloj, cadenita y cuanto adminículo pseudo valioso poseas. Luego de esto, desaparecen como la sombra. ¡¡A cuidarse!!

¿COMO COMIENZAN LOS ARGENTINOS SUS CARTAS DE AMOR?
"Ya sé que me extrañás..."

¿QUÉ RESULTA DEL CRUCE ENTRE UN GALLEGO Y UNA ARGENTINA?
Un conserje que se cree dueño del edificio.

MEDICOS
En un congreso de médicos, un médico judío comenta: "La medicina en Israel está tan avanzada, que nosotros le sacamos un cerebro a una persona, se lo ponemos a otra y en 6 semanas ya está buscando trabajo." Un médico alemán comenta: Eso es nada, en Alemania le sacamos un corazón a una persona, se lo ponemos a otra y en 4 semanas ya está buscando trabajo." Un doctor ruso comenta: "Eso también es nada. En Rusia la medicina está tan avanzada, que le sacamos las bolas a una persona, se la ponemos a otra y en dos semanas ya ambas están buscando trabajo." A lo que un médico argentino responde: "No nos llegan ni al dedo del pie. ¿Saben qué? Ustedes están muy atrasados. Nosotros en Argentina, agarramos un hombre sin cerebro, sin corazón y sin bolas, lo pusimos de Presidente, y ahora... todo el país está buscando trabajo." (Enviado por Chocolate)

JESUS
El pastor predicando en una capilla de Buenos Aires les dice a los feligreses..... "Hermanos, para comprender la verdadera humildad del Sr. Jesucristo, sólo tenemos que observar lo siguiente.....Jesús era tan, pero tan humilde que para demostrarlo fue a nacer en el desierto del Medio Oriente ¡habiendo podido nacer en el Gran Buenos Aires! (Enviado por Delfino Castro-Mexicano)

CASAMIENTO
¿Por qué a los argentinos se les complica para poder casarse? Es que es bastante difícil que encuentren a alguien que los quiera tanto como se quieren a ellos mismos.

EGO
¿Cómo hace un argentino para hacer el amor con la persona que más quiere? Se masturba.

RELAMPAGOS
¿Por qué los argentinos salen cuando está relampagueando? Porque creen que Dios les está sacando fotos.

UNIVERSIDAD
¿Cuál es la mejor universidad del mundo? ¡Aerolíneas Argentinas!
¿Por qué? Porque en Argentina son cajeros de banco o secretarias, y cuando llegan al exterior son directores de cine, profesores de literatura o psicoanalistas.

LOQUITOS
Tarde de sol. Discutían los loquitos en el hospicio gallego. Manolo, subido en un banco, gritaba: -¡Soy el Mesías! ¡He venido a salvaros! ¡He venido a repartir paz y alegría! Dios me ha encargado que os diga...
-¡Pará, pará, pará un cachito -dijo el argentino- que yo no te encargué un carajo! Si querés hablá por vos, pero a mí no me metás, ¿ta claro?

JUSTICIA
El ministro argentino no pudo contener la risa. Estaba en un acto oficial en Bolivia y alguien le presentó al Ministro de Marina. -¡Ja, ja, ja! ¿Un Ministro de Marina boliviano? Pero si Bolivia no tiene mar! -¿Y ustedes acaso no tienen Ministro de Justicia?

EGO
Un argentino es un señor español que se cree un norteamericano millonario y que, en realidad, no es más que un pobre italiano y por eso sufre como un judío.

PRISIONERO
El antropólogo argentino es capturado en las selvas brasileñas. Los caníbales lo meten en una gran olla para cocinarlo. Cada tanto, el cocinero pincha al antropólogo con un enorme tenedor. El jefe de la tribu interviene: -¡Ya está bien! No continúes pinchando al prisionero. Estamos cocinándolo. Con eso ya está bien. No lo tortures con tu tenedor. -No es tortura, jefe. Es que este argentino hijo de puta se está comiendo todo el arroz!

TRIUNFO
El gallego le pregunta al argentino: -Dime, Oscar, ¿es cierto que a los argentinos se os sube inmediatamente el triunfo a la cabeza? -No... se nos sube antes.

DEUDA EXTERNA
El presidente de Argentina reúne a todo el mundo en el palacio de justicia, a toda la prensa y medios de comunicación para anunciar algo importante, entonces llega y dice: -Pueblo argentino, les tengo 2 noticias, una buena y una mala. Entonces todo el mundo: -¿Cuál es la buena? -La buena es que ya pagamos la deuda externa con Estados Unidos. -¿Y la mala? -¡Pues que tenemos quince días para desocupar el país!

JUBILADOS
Dos jubilados argentinos están haciendo cola en la puerta de un banco para cobrar sus escuálidos haberes. Uno de ellos, cansado de esperar bajo los rayos del sol, le dice al otro: -Mira, ¡me cansé! Me voy al ministerio de economía a insultar al Ministro. Al rato nomás, el jubilado vuelve. El otro le pregunta: -¿Por qué volviste tan rápido? -La cola para putear al ministro era muchísimo más larga que ésta...

ESTADISTICAS
Según recientes estadísticas, de cada 10 argentinos, 11 se sienten superiores a los otros 10.

REZO
En un avión hay tres curas, un brasilero, un americano y un argentino. De repente, una de las turbinas del avión se incendia. El padre americano reza para que la otra no se incendie, pero igual se incendia. Los pilotos agarran los únicos paracaídas que habían y saltan. Entonces el padre americano reza de nuevo y le pide a Dios que por algún milagro lo salve. Este salta y se estrella contra el piso. El padre brasilero también reza y luego salta, pero igual se mata. Ahí el padre argentino le reza a Dios: - Señor, se que vos me vas a salvar, no dejarías que el mejor de tus fieles muera. Este salta y justo cuando estaba por estrellarse contra el piso, se abren las nubes y una mano lo agarra. - ¡A éste lo mato YO!

PERSERVATIVOS
Se encontraba el presidente Argentino en su despacho, cuando recibe una llamada de su homólogo desde Francia: - Queguido pgesidente. Tenemos un situación complicada aqui en Fgancia. Se nos han acabo los pgesegvativos. Y con esto del Sida... usted sabe. Podgía usted enviagnos una pagtida de condones, ¿pog favog? - No es necesario que pida por favor. Ya mismo le hago enviar todos los que necesite. - Eso si, -continúa el presidente Francés- Tienen que seg grandes. Usted sabe que nosogtos los fganceses... - ¡Pero por favor! Quedate tranquilo, che. Cuelga el presidente argentino y acto seguido, llama inmediatamente a su secretario. - Mirá: tenemos que hacerle un favor a un amigo. Ordena en el ministerio que corresponda que fabriquen diez millones de condones. Que los hagan tan grandes como sea posible. - ¿Algo más, presidente? - Sí... que a cada uno le impriman: "Industria Argentina". - ¿Algo más? - Sí, que pongan también “Small”.

EGO
Un argentino estaba viendo Buenos Aires desde un mirador, en ese momento se le acerca un amigo y le pregunta: - Che... ¿qué estás haciendo? - Estoy observando como se ve la ciudad sin mi.

JUEGOS OLIMPICOS
Juegos Olímpicos: Final de la prueba de regatas. El público asiste desde arriba de un puente por debajo del cual pasan el río y los botes... Al llegar la primera embarcación un grupo de arriba del puente les grita: - ¡Remen boludos! ¡Hijos de puta! Los remeros miran extrañados y siguen. Llega el segundo bote y los de arriba del puente, lo mismo: - ¡Guachos de mierda! ¡Hijos de puta! Remennnnnnnnnnnnnnn............ Los del bote miran asustados y siguen. Pasa la embarcación que venía tercera y los de arriba otra vez: - ¡Putos! ¡Soretes! Remen Cornudosssssssssssssssssssss...... Uno de los remeros extenuado por el esfuerzo se levanta y contesta: ¡Porqué no te vas a la concha de tu madre! ¡Pelotudo! Hijo de remilputaaaaa....... Y los de arriba dicen: - ¡Son esos, son esos!... ¡¡¡¡Arr-gen-ti-na!!!!, ¡¡¡¡Arr-gen-ti-na!!!!

MOSCAS
Discuten un rabe y un argentino. Cada vez que pasa una mosca el rabe la atrapa y se la come. A la tercera vez, pasa una mosca y la atrapa el argentino. -¿Desde cuándo ustedes los argentinos comen moscas? -Yo no las como. ¡Las vendo! ¿Querés comprar?

SAN PEDRO
Dios, aburrido, decidió un día que San Pedro recibiría a los postulantes al cielo cambiando cada semana de nacionalidad. La semana que a San Pedro le tocó ser argentino, se escucharon diálogos como éste : -Hija mía. Estás ante San Pedro y no debés mentir. Decime : ¿has sido pecadora en la Tierra? -Sí. -¿Mucha orgía, mucha droga, mucho alcohol, mucho desenfreno? -¡Sí! -¿Y por qué no viniste antes, guachita?

martes, septiembre 22, 2009

para hoy que llueve una lectura importante

Biografía

Erich FrommErich Fromm nació en Frankfurt, Alemania en 1900. Su padre era un hombre de negocios y, según Erich, más bien colérico y con bastantes cambios de humor. Su madre estaba deprimida con frecuencia. En otras palabras, como con unos cuantos de los autores que hemos revisado en este libro, su infancia no fue muy feliz que digamos.

Como Jung, Erich provenía de una familia muy religiosa, en este caso de judíos ortodoxos. El mismo se denominó más tarde un “místico ateo”.

En su autobiografía, Beyond the Chains of Illusion (Más Allá de las Cadenas de la Ilusión) Fromm habla de dos eventos acontecidos en su adolescencia temprana que le condujeron hacia este camino. El primero tiene que ver con un amigo de la familia:

Tendría ella más o menos como unos 25 años; era hermosa, atractiva y además pintora; la primera pintora que conocía. Recuerdo haber escuchado que había estado comprometida pero luego de un tiempo había roto su compromiso; recuerdo que casi siempre estaba en compañía de su padre viudo. A él le recuerdo como un hombre insípido, viejo y nada atractivo; algo así (quizás porque mi juicio estaba basado de alguna manera por los celos). Entonces un día oí la tremenda noticia: su padre había muerto e inmediatamente después ella se había suicidado, dejando un testamento que estipulaba que su deseo era ser enterrada al lado de su padre (p. 4 en inglés).
Como pueden imaginar, esta noticia sorprendió al joven Erich, en ese momento con 12 años, y le lanzó a esa pregunta que muchos de nosotros nos haríamos: “¿por qué?”. Más tarde, encontraría algunas respuestas (parcialmente, como admitió) en Freud.

El segundo evento fue incluso más fuerte: la Primera Guerra Mundial. A la tierna edad de 14 años, pudo darse cuenta de hasta dónde podía llegar el nacionalismo. A su alrededor, se repetían los mensajes: “Nosotros (los alemanes, o mejor los alemanes cristianos) somos grandes; Ellos (los ingleses y aliados) son mercenarios baratos”. El odio, la “histeria de guerra”, le asustó, como debía pasar.

Por tanto, se encontró nuevamente queriendo comprender algo irracional (la irracionalidad de las masas) y halló algunas respuestas, esta vez en los escritos de Karl Marx.

Para finalizar con la historia de Fromm, recibió su doctorado en Heidelberg en 1922 y empezó su carrera como psicoterapeuta. Se mudó a los EEUU en 1934 (¡una época bastante popular para abandonar Alemania!), estableciéndose en la ciudad de Nueva York, donde conocería muchos de los otros grandes pensadores refugiados unidos allí, incluyendo a Karen Horney, con quien tuvo un romance.

Cerca del final de su carrera, se mudó a ciudad Méjico para enseñar. Ya había hecho un considerable trabajo de investigación sobre las relaciones entre la clase económica y los tipos de personalidad de allí. Murió en Suiza en 1980.


Teoría

Tal y como se sugiere en su biografía, la teoría de Fromm es más bien una combinación de Freud y Marx. Por supuesto, Freud enfatizó sobre el inconsciente, los impulsos biológicos, la represión y demás. En otras palabras, Freud postuló que nuestro carácter estaba determinado por la biología. Por otro lado, Marx consideraba a las personas como determinados por su sociedad y más especialmente por sus sistemas económicos.

Fromm añadió a estos dos sistemas deterministas algo bastante extraño a ellos: la idea de libertad. Él animaba a las personas a trascender los determinismos que Freud y Marx les atribuían. De hecho, Fromm hace de la libertad la característica central de la naturaleza humana.

Como dice el autor, existen ejemplos donde el determinismo opera en exclusividad. Un buen ejemplo sería el determinismo casi puro de la biología animal, al igual que dice Freud, por lo menos aquellas especies simples. Los animales no están ocupados en su libertad; sus instintos se hacen cargo de todo. La marmota, por ejemplo, no necesita un cursillo para decidir que van a ser cuando sean mayores; ¡serán marmotas!.

Un buen ejemplo de determinismo socio-económico (al igual que considera Marx), es la sociedad tradicional de la Edad Media. De la misma manera que las marmotas, pocas personas de esta etapa necesitaban consultorías profesionales: tenían el destino; esa Gran Cadena del Ser, para decirles qué hacer. Básicamente, si tu padre era un labrador, tú serías labrador. Si tu padre era rey, tú también llegarías a serlo. Y si eras una mujer, bueno, solo existía un papel para la mujer.

En la actualidad, miramos la vida de la Edad Media o vemos la vida como un animal y simplemente nos encogemos de miedo. Pero la verdad es que la falta de libertad representada por el determinismo social o biológico es fácil: tu vida tiene una estructura, un significado; no hay dudas, no hay motivo para la búsqueda de un alma; simplemente nos adaptamos y nunca sufrimos una crisis de identidad.

Históricamente hablando esta simple pero dura vida empieza a perfilarse durante el Renacimiento, donde las personas empiezan a considerar a la humanidad como el centro del universo, en vez de Dios. En otras palabras, no solamente nos llevamos de ir a la iglesia (o a cualquier otra institución tradicional) para buscar el camino que vamos a seguir. Después vino la Reforma, que introdujo la idea de cada uno de nosotros éramos responsables individualmente de la salvación de nuestra alma. Y luego sobrevinieron las revoluciones democráticas tales como la Revolución Americana y la Francesa. En este momento parece que estamos supuestos a gobernarnos a nosotros mismos. Posteriormente vino la Revolución Industrial y en vez de trillar los cereales o de hacer cosas con nuestras manos, teníamos que vender nuestro trabajo a cambio de dinero. De repente, nos convertimos en empleados y consumidores. Luego vinieron las revoluciones socialistas tales como la rusa y la china, que introdujeron la idea de la economía participativa. Además de ser responsable de tu manutención, tenías que preocuparte de tus empleados.

Así, tras casi 500 años, la idea del individuo, con pensamientos, sentimientos, consciencia moral, libertad y responsabilidad individuales, se estableció. Pero junto a la individualidad vino el aislamiento, la alienación y la perplejidad. La libertad es algo difícil de lograr y cuando la tenemos nos inclinamos a huir de ella.

Fromm describe tres vías a través de las cuales escapamos de la libertad:

Autoritarismo. Buscamos evitar la libertad al fusionarnos con otros, volviéndonos parte de un sistema autoritario como la sociedad de la Edad Media. Hay dos formas de acercarse a esta postura: una es someterse al poder de los otros, volviéndose pasivo y complaciente. La otra es convertirse uno mismo en un autoritario. De cualquiera de las dos formas, escapamos a una identidad separada.

Fromm se refiere a la versión más extrema de autoritarismo como masoquismo y sadismo y nos señala que ambos se sienten compelidos a asumir el rol individualmente, de manera que aunque el sádico con todo su aparente poder sobre el masoquista, no es libre de escoger sus acciones. Pero existen posturas menos extremas de autoritarismo en cualquier lugar. En muchas clases, por ejemplo, hay un contrato implícito entre estudiantes y profesores: los estudiantes demandan estructura y el profesor se sujeta en sus notas. Parece inocuo e incluso natural, pero de esta manera los estudiantes evitan asumir cualquier responsabilidad en su aprendizaje y el profesor puede evadirse de abordar las cuestiones verdaderamente de interés en su campo.

Destructividad. Los autoritarios viven una dolorosa existencia, en cierto sentido, eliminándose a sí mismos: ¿si no existe un yo mismo, cómo algo puede hacerme daño?. Pero otros responden al dolor volviéndolo en contra del mundo: si destruyo al mundo, ¿cómo puede hacerme daño?. Es este escape de la libertad lo que da cuenta de la podredumbre indiscriminada de la vida (brutalidad, vandalismo, humillación, crimen, terrorismo…).

Fromm añade que si el deseo de destrucción de una persona se ve bloqueado, entonces puede redirigirlo hacia adentro de sí mismo. La forma más obvia de auto destructividad es por supuesto, el suicidio. Pero también podemos incluir aquí muchas enfermedades como la adicción a sustancias, alcoholismo o incluso la tendencia al placer de entretenimientos pasivos. Él le da una vuelta de tuerca a la pulsión de muerte de Freud: la auto destructividad es una destructividad frustrada, no al revés.

Conformidad autómata. Los autoritarios se escapan de su propia persecución a través de una jerarquía autoritaria. Pero nuestra sociedad enfatiza la igualdad. Hay menos jerarquía en la que esconderse que lo que parece (aunque muchas personas las mantienen y otras no). Cuando necesitamos replegarnos, nos refugiamos en nuestra propia cultura de masas. Cuando me visto en la mañana, ¡hay tantas decisiones que tomar!. Pero solo necesito ver lo que tienes puesto y mis frustraciones desaparecen. O puedo fijarme en la TV que, como un horóscopo, me dirá rápida y efectivamente qué hacer. Si me veo como…, si hablo como…, si pienso como…, si siento como…cualquier otro de mi sociedad, entonces pasaré inadvertido; desapareceré en medio de la gente y no tendré la necesidad de plantearme mi libertad o asumir cualquier responsabilidad. Es la contraparte horizontal del autoritarismo.

La persona que utiliza la conformidad autómata es como un camaleón social: asume el color de su ambiente. Ya que se ve como el resto de los demás, ya no tiene que sentirse solo. Desde luego no estará solo, pero tampoco es él mismo. El conformista autómata experimenta una división entre sus genuinos sentimientos y los disfraces que presenta al mundo, muy similar a la línea teórica de Horney.

De hecho, dado que la “verdadera naturaleza” de la humanidad es la libertad, cualquiera de estos escapes de la misma nos aliena de nosotros mismos. Como lo dice Fromm:

El hombre nace como una extrañeza de la naturaleza; siendo parte de ella y al mismo tiempo trascendiéndola. Él debe hallar principios de acción y de toma de decisiones que reemplacen a los principios instintivos. Debe tener un marco orientativo que le permita organizar una composición consistente del mundo como condición de acciones consistentes. Debe luchar no solo contra los peligros de morir, pasar hambre y lesionarse, sino también de otro peligro específicamente humano: el de volverse loco. En otras palabras, debe protegerse a sí mismo no solo del peligro de perder su vida, sino de perder su mente (Fromm, 1968, p. 61, en su original en inglés. N.T.).
Yo añadiría aquí que la libertad es de hecho una idea compleja, y que Fromm está hablando aquí de una “verdadera” libertad personal, más que de una libertad meramente política (usualmente llamada liberalismo): la mayoría de nosotros, ya seamos libres o no, tendemos a acariciar la idea de libertad política, dado que supone que podemos hacer lo que queramos. Un buen ejemplo sería el sadismo sexual (o masoquismo) que tiene una raíz psicológica que condiciona el comportamiento. Esta persona no es libre en el sentido personal, pero agradecerá una sociedad políticamente libre que diga que aquello que hace los adultos entre ellos no es de su incumbencia. Otro ejemplo nos concierne a muchos de nosotros en la actualidad: nosotros podemos estar peleando por nuestra libertad (en el sentido político), y aún cuando lo consigamos, tendemos a ser conformistas y más bien irresponsables. ¡Tenemos el voto, pero fallamos en su aplicación!. Fromm tiende mucho a la libertad política; pero es bastante insistente en que hagamos uso de esa libertad y ejercer la responsabilidad inherente a ella.

Familias

Escoger la forma en la cual escapamos de la libertad tiene bastante que ver con el tipo de familia en la que crecemos. Fromm describe dos tipos de familias no productivas.

Familias simbióticas. La simbiosis es la relación estrecha entre dos organismos que no pueden vivir el uno sin el otro. En una familia simbiótica, algunos miembros de la familia son “absorbidos” por otros miembros, de manera que no pueden desarrollar completamente sus personalidades por sí mismos. El ejemplo más obvio es el caso donde los padres “absorben” al hijo, de forma que la personalidad del chico es simplemente un reflejo de los deseos de los padres. En muchas sociedades tradicionales, este es el caso con muchos niños, especialmente de las niñas.

El otro ejemplo es el caso donde el niño “absorbe” a sus padres. En este caso, el niño domina o manipula al padre, que existe esencialmente para servir al niño. Si esto les suena extraño, déjenme asegurarles que es bastante común, especialmente en las sociedades tradicionales y particularmente en la relación entre el hijo y su madre. Dentro de este contexto de cultura particular, es incluso necesario: ¿de qué otra manera aprende el niño el arte de la autoridad que necesitará para sobrevivir como adulto?.

En realidad, prácticamente todo el mundo de una sociedad tradicional aprende como ser tanto dominante como sumiso, ya que casi todo el mundo tiene a alguien por encima o debajo de él en la jerarquía social. Obviamente, el escape autoritario de la libertad está estructurado en tal sociedad. Pero, obsérvese que por mucho que pueda ofender nuestros modernos estándares de igualdad, esta es la forma en que las personas hemos vivido por cientos de años. Es un sistema social bastante estable, que nos permite un gran monto de amor y amistad y billones de personas lo secundan.

Familias apartadas. De hecho, su principal característica es su gélida indiferencia e incluso su odio helado. Aún cuando el estilo familiar de “repliegue” ha estado siempre con nosotros, ha llegado solo a dominar algunas sociedades en los últimos pocos cientos de años; esto es, desde que la burguesía ( la clase comerciante) arribó a la escena con fuerza.

La versión “fría” es la más antigua de las dos, propia del norte de Europa y partes de Asia, y en todas aquellas partes donde los comerciantes han sido considerados como una clase formidable. Los padres son muy exigentes con sus hijos, de los cuales se espera que persigan los más altos estándares de vida. Los castigos no son cuestión de un coscorrón en la cabeza en medio de una discusión durante la cena; es más bien un proceso formal; un ritual completo que posiblemente envuelve romper la discusión y encontrarse en el bosque para discutir el tema. El castigo es radical y frío, “por tu propio bien”. De forma alternante, una cultura puede utilizar la culpa y la retirada de afecto como castigo. De cualquiera de las maneras, los niños de estas culturas se tornan hacia el logro en cualquiera que sea la noción de éxito que éstas posean.

El estilo puritano de familia defiende la huida destructiva de la libertad, lo cual es internalizado a menos que algunas circunstancias (como la guerra) no lo permitan. Yo añadiría aquí que este tipo de familias propulsa una forma más rápida de perfeccionismo (viviendo según las reglas) que es también una forma de evitar la libertad que Fromm no menciona. Cuando las reglas son más importantes que las personas, la destructividad es inevitable.

El segundo tipo de familias apartadas es la familia moderna, y se puede hallar en la mayoría de los lugares más avanzados del mundo, de manera especial en EEUU. Los cambios en las actitudes de la crianza infantil a llevado a muchas personas a estremecerse ante el hecho de un castigo físico y culpa en la educación de sus hijos. La nueva idea es a criar a tus hijos como tus iguales. Un padre debe ser el mejor “compi” de su hijo; la madre debe ser la mejor compañera de su hija. Pero, en el proceso de controlar sus emociones, los padres se vuelven bastante indiferentes. Ya no son, de hecho, verdaderos padres, solo cohabitan con sus hijos. Los hijos, ahora sin una auténtica guía adulta, se vuelven a sus colegas y la “media” en busca de sus valores. Esta es, por tanto, ¡la superficial y televisiva familia!.

El escape de la libertad es particularmente obvia aquí: es una conformidad autómata. Aunque todavía esta familia está en minoría en el mundo (salvo, por supuesto, en la TV), esta es una de las principales preocupaciones de Fromm. Parece ser el presagio del futuro.

¿Qué hace a una familia buena, sana y productiva?. Fromm sugiere que ésta sería una familia donde los padres asumen la responsabilidad de enseñar a sus hijos a razonar en una atmósfera de amor. El crecer en este tipo de familias permite a los niños aprender a identificar y valorar su libertad y a tomar responsabilidades por sí mismos y finalmente por la sociedad como un todo.

El inconsciente social

Pero nuestras familias la mayoría de las veces sólo son un reflejo de nuestra sociedad y cultura. Fromm enfatiza que embebemos de nuestra sociedad con la leche de nuestra madre. Es tan cercana a nosotros que con frecuencia olvidamos que nuestra sociedad es tan sólo una de las múltiples vías de lidiar con las cuestiones de la vida. Muchas veces creemos que la manera en que hacemos las cosas es la única forma; la forma natural. Lo hemos asumido tan bien que se ha vuelto inconsciente (el inconsciente social, para ser más precisos ? también llamado inconsciente colectivo, aunque esta expresión está atribuida a otro autor. N.T.). Por esta razón, en muchas ocasiones creemos que estamos actuando en baso a nuestro propio juicio, pero sencillamente estamos siguiendo órdenes a las que estamos tan acostumbrados que no las notamos como tales.

Fromm cree que nuestro inconsciente social se entiende mejor cuando examinamos nuestros sistemas económicos. De hecho, define, e incluso nombra, cinco tipos de personalidad, las cuales llama orientaciones en términos económicos. Si lo desea, puede aplicarse un test de personalidad hecho a partir de los adjetivos que Fromm usa para describir sus orientaciones. Haga clic aquí para verlo.

La orientación receptiva. Estas son personas que esperan conseguir lo que necesitan; si no lo consiguen de forma inmediata, esperan. Creen que todas las cosas buenas y provisiones provienen del exterior de sí mismos. Este tipo es más común en las poblaciones campesinas, y también en culturas que tienen abundantes recursos naturales, de manera que no es necesario trabajar demasiado fuerte para alcanzar el sustento propio (¡aún cuando la naturaleza pueda repentinamente limitar sus fuentes!). También es fácil encontrarlo en la escala más inferior de cualquier sociedad: esclavos, siervos, familias de empleados, trabajadores inmigrantes…todos ellos están a merced de otros.

Esta orientación está asociada a familias simbióticas, especialmente donde los niños son “absorbidos” por sus padres y con la forma masoquista (pasiva) de autoritarismo. Es similar a la postura oral pasiva de Freud; a la “leaning-getting” de Adler (acomodada) y a la personalidad conformista de Horney. En su presentación extrema puede caracterizarse por adjetivos como sumiso y anhelante. De forma más moderada, se presenta con adjetivos como resignada y optimista.

La orientación explotadora. Estas personas esperan conseguir lo que desean a través de la explotación de otros. De hecho, las cosas tienen un valor mayor cuanto sean tomadas de otros: la dicha es preferiblemente robada, las ideas plagiadas, y el amor se consigue basándose en coerción. Este tipo es más común en la historia de las aristocracias y en las clases altas de los imperios coloniales. Piénsese por ejemplo en los ingleses en la India: su posición estaba basada completamente en su poder para arrebatar a la población indígena. Alguna de sus características más notables es la habilidad de mantenerse muy cómodos ¡dando órdenes!. También la podemos encontrar en los bárbaros pastores y pueblos que se apoyan en la invasión (como los Vikingos.

La orientación explotadora está asociada al lado “chupóptero” en la familia simbiótica y con el estilo masoquista del autoritarismo. Es el oral agresivo de Freud, el dominante de Adler y los tipos agresivos de Horney. En los extremos, son sujetos agresivos, seductores y engreídos. Cuando están mezclados con cualidades más sanas, son asertivos, orgullosos y cautivadores.

La orientación acaparadora. Las personas que acumulan tienden a mantener consigo esas cosas; reprimen. Consideran al mundo como posesiones y como potenciales posesiones. Incluso los amados son personas para poseer, mantener o comprar. Fromm, perfilando a Marx, relaciona este tipo de orientación con la burguesía, la clase media comerciante, así como los terratenientes ricos y los artistas. Lo asocia particularmente con la ética laboral protestante y con grupos puritanos tales como los nuestros.

La retención está asociada a las formas más frías de familias apartadas y con destructividad. Yo añadiría aquí que existe también una clara relación con el perfeccionismo. Freud llamaría a este tipo de orientación el tipo anal retentivo; Adler (hasta cierto punto), le llamaría el tipo evitativo y Horney (más claramente) el tipo resignado. En su forma pura, significa que eres terco, tacaño y poco imaginativo. Si perteneces a una forma menos extrema, serías resolutivo, económico y práctico.

La orientación de venta. Esta orientación espera vender. El éxito es una cuestión de cuán bien puedo venderme; de darme a conocer. Mi familia, mi trabajo, mi escuela, mis ropas; todo es un anuncio, y debe estar “perfecto”. Incluso el amor es pensado como una transacción. Solo en esta orientación se piensa en el contrato matrimonial (estamos de acuerdo en que tú me darás esto y lo otro y yo te daré aquello y demás). Si uno de nosotros falla en su acuerdo, el matrimonio se anulará o se evitará (sin malos sentimientos; incluso ¡podríamos ser muy buenos amigos!. De acuerdo con Fromm, es la orientación de la sociedad industrial moderna. ¡Esta es nuestra orientación!.

Este tipo moderno surge de la fría familia apartada, y tiende a utilizar la conformidad autómata para escapar de la libertad. Adler y Horney no tienen un equivalente en sus teorías, pero quizás Freud sí: sería por lo menos algo cercano a la vaga personalidad fálica, el tipo que vive sobre la base del flirteo. En un extremo, la persona “que se vende” es oportunista, infantil, sin tacto. En casos más moderados, se perciben como resueltos, juveniles y sociales. Nótese que nuestros valores actuales se nos expresan a través de la propaganda: moda, salud, juventud eterna, aventura, temeridad, sexualidad, innovación…estas son las preocupaciones del “yuppie”. ¡Lo superficial lo es todo!.

La orientación productiva. Existe, no obstante, una personalidad más sana, a la que Fromm ocasionalmente se refiere como la persona que no lleva máscara. Esta es la persona que sin evitar su naturaleza social y biológica, no se aparta nunca de la libertad y la responsabilidad. Proviene de una familia que ama sin sobresaturar al sujeto; que prefiere las razones a las reglas y la libertad sobre la conformidad.

La sociedad que permita un crecimiento de este tipo de personas no existe aún, de acuerdo con Fromm. Por supuesto, que él tiene una idea de cómo debería ser. Lo llama socialismo comunitario humanista, ¡menudo bocado! Y desde luego no está compuesto por palabras que precisamente sean muy bienvenidas en EEUU; pero déjenme explicarme: Humanista significa que está orientado a seres humanos y no sobre otra entidad estatal superior (en absoluto) o a algún ente divino. Comunitario significa compuesto de pequeñas comunidades (Gesellschaften, en alemán), como opuesto a un gran gobierno central corporativo. Socialismo significa que cada uno es responsable del bienestar del vecino. Además de comprensible, ¡todo esto es muy difícil de argumentar bajo el idealismo de Fromm.

Fromm dice que las primeras cuatro orientaciones (a las cuales otros llaman neurótica) viven el modo (o modelo) de tenencia. Se centran en el consumo, en obtener, en poseer…Se definen por lo que tienen. Fromm dice que el “yo tengo” tiende a convertirse en el “ello me tiene”, volviéndonos sujetos manejados por nuestras posesiones.

Del otro lado, la orientación productiva vive en el modo vivencial. Lo que eres está definido por tus acciones en el mundo. Vives sin máscara, viviendo la vida, relacionándote con los demás, siendo tú mismo.

Dice que la mayoría de las personas, ya acostumbradas al modo de tenencia, usan el verbo tener para describir sus problemas: “Doctor, tengo un problema: tengo insomnio. Aunque tengo una bonita casa, niños estupendos y un matrimonio feliz, tengo muchas preocupaciones.” Este sujeto busca al terapeuta para que le quite las cosas malas y que le deje las buenas; casi igual que pedirle a un cirujano que te quite las piedras de tu vesícula. Lo que deberías decir es más como “estoy confuso. Estoy felizmente casado, pero no puedo dormir…”. Al decir que tienes un problema, estás evitando el hecho de que tú eres el problema; una vez más estás evitando la responsabilidad de tu vida.

Orientación Sociedad Familia Escape de la libertad
Receptivo Sociedad campesina Simbiótica (passiva) Autoritario (masoquista)
Explotador Sociedad aristocrática Simbiótica (activa) Autoritario (sádico)
Acaparadora Sociedad burguesa Apartada (puritana) Perfeccionista a destructivo
De venta Sociedad moderna Apartada (infantil) Conformista autómata
Productiva Socialismo Comunitario Humanista Amorosa y razonable Libertad y responsabilidad reconociea y aceptada

Maldad

Fromm siempre estuvo interesado en tratar de comprender a las personas verdaderamente malévolas de este mundo; no solamente a aquellas que sencillamente eran estúpidas, estaban mal guiadas o enfermas, sino a aquellas con total conciencia de maldad en sus actos, fuesen llevados a cabo como fuere: Hitler, Stalin, Charles Manson, Jim Jones y así sucesivamente; desde los menos hasta los más brutales.
Todas las orientaciones que hemos mencionado, productivas y no productivas; sea en el modo de tenencia o de ser, tienen una cosa en común: todas constituyen un esfuerzo para vivir. Igual que Horney, Fromm creía que incluso el neurótico más miserable por lo menos está intentando adaptarse a la vida. Son, usando su palabra, biófilos, amantes de la vida.

Pero existe otro tipo de personas que él llama necrófilos (amantes de la muerte). Tienen una atracción pasional de todo lo que es muerte, destrucción, podredumbre, y enfermizo; es la pasión de transformar todo lo que está vivo en lo no-vivo; de destruir por el solo hecho de destruir; el interés exclusivo en todo esto es puramente mecánico. Es la pasión de “destrozar todas las estructuras vivientes”.

Si nos trasladamos al pasado cuando estábamos en el instituto, podemos visualizar algunos ejemplos: aquellos que eran unos verdaderos aficionados a las películas de terror. Estas personas podrían haber diseñado modelos y artilugios de tortura y guillotinas y les encantaba jugar a la guerra. Les encantaba explotar cosas con sus juegos de química y de vez en cuando torturaban a algún pequeño animal. Les encantaban las armas y eran manitas con todos los artilugios mecánicos. A mayor sofisticación tecnológica, mayor era su felicidad. Beavis y Butthead (los personajes de la televisión musical famosa) están modelados bajo este esquema.
Recuerdo haber visto en una ocasión una entrevista en la televisión, cuando la pequeña guerra que tuvo lugar en Nicaragua. Había un montón de mercenarios americanos dentro de los “Contras” y uno en particular llamó la atención del reportero. Era un experto en municiones (ése que vuela puentes, edificios y por supuesto, ocasionalmente, soldados enemigos). Cuando se le preguntó cómo se había involucrado en este tipo de trabajo, sonrió y le dijo al reportero que quizás a él no le gustaría escuchar su historia. Ya sabes, cuando era niño, le gustaba poner petardos en la parte trasera de pequeños pájaros que había capturado; encendía la mecha, les dejaba ir y veía como explotaban en el aire. Este hombre era un necrofílico. (Un ejemplo adicional y gráfico más cercano podemos verlo en el personaje de Sid en la película Toy Story. N.T.).

Fromm hace algunas sugerencias sobre cómo surge este tipo de sujetos. Dice que debe existir algún tipo de influencia genética que les previene de sentir o responder a los afectos. También añade que deben haber tenido una vida tan llena de frustraciones que la persona se pasa el resto de su vida inmerso en la rabia. Y finalmente, sugiere que deben haber crecido con una madre también necrófila, de manera que el niño no ha tenido a nadie de quien recibir amor. Es muy posible que la combinación de estos tres factores provoque esta conducta. Aún así, subsiste la idea de que estos sujetos son plenamente conscientes de su maldad y la mantienen. Desde luego, son sujetos que necesitan estudiarse más profundamente.


Biófilo Necrófilo
Modo tenencia
Receptivo
Explotador
Acaparadore
De venta
Modo vivencia Productiva


Discusión

De alguna forma, Fromm es una figura de transición, o si lo prefiere, un teórico que aúna otras teorías; para nosotros, de forma eminente, une las teorías freudianas con las neo-freudianas que hemos visto (especialmente a Adler y Horney) y las teorías humanistas que discutiremos más adelante. De hecho, está tan cerca de ser un existencialista, que ¡casi no importa!. Creo que el interés en sus ideas será mayor de la misma manera en que la psicología existencial hace.

Otro aspecto de su teoría es único de él: su interés en las raíces económicas y culturales de la personalidad. Nadie anterior ni posteriormente a él lo ha dicho de una forma tan directa: nuestra personalidad es hasta una extensión considerable, un reflejo de tales cuestiones como clase social, estatus minoritario, educación, vocación, antecedentes religiosos y filosóficos y así sucesivamente. Esta ha sido una representación no demasiado afortunada, aunque se puede deber a su asociación con el marxismo. Pero es, creo, inevitable que empecemos a considerarla más y más, especialmente como una contrapartida al incremento de la influencia de las teorías biológicas.


Referencias

Fromm es un escritor excelente y excitante. Podemos encontrar las bases de sus teorías en Escape from Freedom (1941) y en Man for Himself (1947). Si interesante tratado sobre el amor en el mundo moderno es el llamado The Art of Loving (1956). Mi libro favorito de todos es The Sane Society (1955), el cual debió de hecho haberse llamado “la sociedad insana” ya que prácticamente en su totalidad está dirigido a demostrar cuán loco está nuestro mundo actualmente, y como esto nos lleva a dificultades psicológicas. También ha escrito “el libro” sobre la agresión, The Anatomy of Human Destructiveness (1973), que incluye sus ideas sobre necrofilia. Ha escrito muchos otros grandes libros, incluyendo algunos sobre la Cristiandad, el Marxismo y el Budismo Zen.

Todos estos libros se encuentran traducidos al castellano como sigue: “El Escape de la Libertad”; “Hombre por Sí Mismo”; “El Arte de Amar”; “La Sociedad Sana”; “La Anatomía de la Destructividad Humana”. Para mayor información, existen cerca de 2950 referencias a Fromm y su teoría en castellano en Internet; tan solo teclee en cualquier buscador la palabra “Fromm”.N.T.

domingo, septiembre 20, 2009

Yo estoy a favor de la libertad de expresion.




La propuesta de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual busca legislar para garantizar el ejercicio universal de recibir, difundir, investigar y proporcionar opiniones a la comunidad.


La norma es el resultado de un proceso interdisciplinario de consulta en el que se tuvieron en cuenta los avances internacionales en la materia.

Antes de ingresar al Congreso de la Nación, el texto será discutido por distintos actores en toda la República Argentina.

Los ejes sobresalientes de la ley propuesta son los siguientes:

1) Proporcionar un marco legal.


La reglamentación está destinada a dar contenido normativo a la radiodifusión en todas sus formas, incluyendo los sistemas pagos o gratuitos.

2) Crear un organismo colegiado.


Se creará la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AUFER) encargada de aplicar, interpretar y hacer cumplir la ley. Sus miembros serán designados por una Comisión bicameral y el Poder Ejecutivo de la nación. Existirá también un Consejo Federal cuyos miembros provinciales van a representar a los prestadores privados, a las emisoras universitarias, a los medios públicos y a los trabajadores de prensa.

3) Universalizar la comunicación para ampliar los medios comunitarios.


Las cooperativas podrán prestar servicios de comunicación siempre y cuando se garantice una porción del mercado a un competidor. La intención de esta norma es regularizar los medios regionales y establecer un régimen abierto. Las universidades podrán tener su medio de comunicación sin restricciones y los medios estatales mostrarán autonomía de los gobiernos.

4) Evitar monopolios y oligopolios.


A tal fin, el proyecto prevé tres modelos de gestión de medios: privada comercial, estatal o privada sin fines de lucro. Además las reglamentaciones deberán favorecer la pluralidad de mensajes.

5) Distribuir las licencias.


Cada concesionario podrá tener diez licencias. Ninguna empresa deberá superar una audiencia nacional al 35 por ciento del total de habitantes.

6) Difundir el cine nacional.


Una Cuota mínima de pantalla para el cine argentino será prevista en la ley para las señales de televisión que deberán emitir películas nacionales y favorecer la producción local.

7) Reservar el espacio audiovisual a organizaciones sin fines de lucro.


El 33 por ciento del espectro será destinado a esos grupos.

8) Divulgar masivamente los eventos deportivos trascendentes para el país.


Los partidos de fútbol y otros encuentros olímpicos que sean de interés para la Argentina se transmitirán por la televisión abierta de acceso libre.



1) Comparando los conceptos de “libertad de expresión”:


La ley vigente limita esa facultad por las necesidades de la Seguridad Nacional debido a que fue sancionada en el gobierno de facto.

El proyecto propuesto de Servicios de Comunicación Audiovisual garantiza el derecho humano universal a la información y a la libertad de expresión como lo prevé la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

2) Comparando las definiciones sobre “las autoridades de aplicación”:


La norma vigente establece que el organismo que regula a la radio y televisión está integrado por militares, servicios de inteligencia y empresarios.

En cambio, el proyecto de ley propone que el ente sea dirigido por un órgano colegiado compuesto por representantes de la legislatura nacional, de la segunda y tercera minoría y representantes del Poder Ejecutivo Nacional. También establece un Consejo multisectorial y participativo integrado por miembros de las Universidades, de las Asociaciones sin fines de lucro, de los trabajadores, etc.

3) Acerca de los monopolios y oligopolios:


Ley vigente 22.285: admite esas instancias en los medios de comunicación. El Estado tiene una participación subsidiaria ya que solo puede dar servicio en áreas geográficas no rentables para los privados.

La nueva ley impide la formación de monopolios y oligopolios, promoviendo el pluralismo del espectro y de los servicios de Comunicación Audiovisual. El Estado Nacional, las Provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los municipios tendrán asignadas frecuencias.

4. Sobre el plazo de licencias:


La antigua 22.285 establece que las licencias duran 15 años y pueden prorrogarse por 10 más.

La propuesta actual aconseja que duren 10 períodos y se podrán extender previa realización de audiencias públicas.

5. ¿Qué dice una y otra sobre los requisitos para ser titular de una licencia?:


Ley vigente 22.285: exige requisitos personales basados en la posesión de riqueza y preferencia de aspectos patrimoniales.

En cambio el proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual establece que para ser titular de una licencia se ponderarán criterios de idoneidad y de arraigo en la actividad. Excluirá a quienes hayan sido funcionarios jerárquicos de gobiernos de facto, atendiendo a la importancia de los medios en la construcción del Estado de Derecho y la vida democrática.

6. Sobre los contenidos de interés público:


La ley vigente permite la codificación de las transmisiones deportivas, impidiendo el acceso abierto a la mayoría de la población.

La norma propuesta en la actualidad prevé que los partidos de fútbol relevantes puedan ser transmitidos por televisión abierta.

7. Las cooperativas también estarán presentes en este debate acerca del pasado y futuro:


La participación de esas asociaciones estuvo prohibida hasta el año 2005. En la actualidad mantienen algunas restricciones.

El proyecto de ley a debatir establece un régimen abierto para los cooperativistas.

8. ¿Qué definen ambas reglamentaciones acerca del cine nacional?:


Ley vigente 22.285: No está previsto.
Proyecto de Ley: fija una cuota de pantalla de cine nacional como lo hicieron países como Francia o Brasil.



Más de 300 organizaciones sociales, sindicales, de derechos humanos, de pequeñas y medianas empresas, y comunitarias de la comunicación trabajaron durante años en pos de la unidad y modificación de la ley.

Nucleados en la Coalición por una Radiodifusión Democrática, en 2004 suscribieron 21 puntos cuyo contenido se convirtió en símbolo de todos los debates en esta materia.

Este es el trabajo colectivo, producto de extensas jornadas de diálogo y consensos:

1.-
Toda persona tiene derecho a investigar, buscar, recibir y difundir informaciones, opiniones e ideas, sin censura previa, a través de la radio y la televisión, en el marco del respeto al Estado de derecho democrático y los derechos humanos.

2.- La radiodifusión es una forma de ejercicio del derecho a la información y la cultura y no un simple negocio comercial. La radiodifusión es un servicio de carácter esencial para el desarrollo social, cultural y educativo de la población, por el que se ejerce el derecho a la información.

3.- Se garantizará la independencia de los medios de comunicación. La ley deberá impedir cualquier forma de presión, ventajas o castigos a los comunicadores o empresas o instituciones prestadoras en función de sus opiniones, línea informativa o editorial, en el marco del respeto al estado de derecho democrático y los derechos humanos. También estará prohibida por ley la asignación arbitraria o discriminatoria de publicidad oficial, créditos oficiales o prebendas.

4.- Las frecuencias radioeléctricas no deben transferirse, venderse ni subastarse. Nadie debe apropiarse de las frecuencias. Las frecuencias radioeléctricas pertenecen a la comunidad, son patrimonio común de la humanidad, y están sujetas por su naturaleza y principios a legislaciones nacionales así como a tratados internacionales. Deben ser administradas por el Estado con criterios democráticos y adjudicadas por períodos de tiempo determinado a quienes ofrezcan prestar un mejor servicio. La renovación de las licencias estará sujeta a audiencia pública vinculante.

5.- La promoción de la diversidad y el pluralismo debe ser el objetivo primordial de la reglamentación de la radiodifusión. El Estado tiene el derecho y el deber de ejercer su rol soberano que garanticen la diversisdad cultural y pluralismo comunicacional. Eso implica igualdad de género e igualdad de oportunidades para el acceso y participación de todos los sectores de la sociedad a la titularidad y gestión de los servicios de radiodifusión.

6.- Si unos pocos controlan la información no es posible la democracia. Deben adoptarse políticas efectivas para evitar la concentración de la propiedad de los medios de comunicación. La propiedad y control de los servicios de radiodifusión deben estar sujetos a normas antimonopólicas por cuanto los monopolios y oligopolios conspiran contra la democracia, al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el pleno ejercicio del derecho a la cultura y a la información de los ciudadanos.

7.- El público tendrá derecho a acceder a una información plural, así como a la diversidad cultural. Para ello se deberá garantizar la indemnidad intelectual y estética de los trabajadores de la comunicación y de todos aquellos que participan en la producción de bienes culturales.

8.- En los casos de una integración vertical u horizontal de actividades ligadas, o no, a la comunicación social, se deberán establecer regulaciones que promuevan el pluralismo, respeten las incumbencias profesionales y derechos intelectuales de los artistas y demás trabajadores de la comunicación y el espectáculo.

9.- Deberá mantenerse un registro público y abierto de licencias. El registro deberá contener los datos que identifiquen fehacientemente a los titulares de cada licencia, y los integrantes de sus órganos de administración además de las condiciones bajo las cuales fue asignada la frecuencia. Las localizaciones radioeléctricas no previstas en los planes técnicos deberán ser puestas en disponibilidad a pedido de parte con la sola demostración de su viabilidad técnica.

10.- No podrán ser titulares de licencias de servicios de radiodifusión ni integrantes de sus órganos directivos, quienes ocupen cargos electivos oficiales nacionales, provinciales o municipales, funcionarios públicos de los distintos poderes, miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad, como así tampoco aquellos que hayan tenido participación comprometida con violaciones a los derechos humanos.

11.- Existen tres tipos de prestadores de servicios de radiodifusión: públicos, comerciales y comunitarios de organizaciones de la Sociedad Civil sin fines de lucro. Quedará prohibido todo tipo de discriminación o cercenamiento a causa de la naturaleza jurídica de la organización propietaria, en cuanto a potencia, cantidad de frecuencias disponibles o limitaciones a los contenidos. Todos los servicios de radiodifusión podrán contratar publicidad en igualdad de condiciones, ya que así se respetan los derechos humanos económicos, sociales y culturales.

12.- Los medios estatales deberán ser públicos y no gubernamentales. Deberán proveer una amplia variedad de programación informativa, educativa, cultural, de ficción y de entretenimiento garantizando la participación ciudadana y la atención a las necesidades de la población. En todas las regiones del país se destinará una frecuencia a la recepción gratuita del canal de TV pública nacional y de Radio Nacional; y de igual forma se reservará al menos una frecuencia para una radio y una emisora de TV provincial y una emisora de FM municipal . Los servicios de la radiodifusión universitaria constituyen un sistema público de gestión autónoma y se reservará no menos de una frecuencia de radiodifusión a cada una de las Universidades públicas nacionales.

13.- Los planes técnicos deberán reservar al menos el 33% de frecuencias, en todas las bandas, para entidades sin fines de lucro. En estos casos tendrá que prevalecer como criterio de asignación de frecuencias el plan de servicios y la inserción de las entidades en su comunidad.

14.- La ley establecerá cuotas que garanticen la difusión sonora y audiovisual de contenidos de producción local, nacional y propia. Esto implica producción realizada por actores, músicos, directores, periodistas, artistas, investigadores y técnicos argentinos, y reglamentará la obligación de inversión en producción propia y en la compra de derecho de antena de películas nacionales.

15.- La explotación de los servicios de radiodifusión es indelegable y debe ser prestada por el propio titular de la licencia.

16.- Las repetidoras y cadenas deben ser una excepción a la regla de modo tal de priorizar el pluralismo y la producción propia y local, salvo para las emisoras estatales de servicio público o la emisión de acontecimientos de carácter excepcional.

17. La publicidad sonora y audiovisual será de total producción nacional y deberá siempre diferenciarse de los contenidos de la programación, no estará incluida en esta, se difundirá en tandas claramente identificadas al inicio y al final por la señal distintiva del medio y no inducirá a estafas y engaños a la comunidad.

18. Los sistemas de distribución de señales deberán incluir en su grilla de canales las emisoras de TV de aire de la localidad, el canal público nacional y un canal con producción informativa local y propia.

19. La autoridad de aplicación deberá respetar en su constitución el sistema federal y estará integrada además por organizaciones de la sociedad civil no licenciatarias y por representantes de las entidades representativas de los trabajadores de los medios y de las artes audiovisuales.

20.- Se creará la figura de la "Defensoría del público", con delegaciones en las provincias, que recibirá y canalizará las inquietudes de los habitantes de la Nación. Deberá incluirse un capítulo que garantice los derechos del público. Estos podrán ser ejercidos directamente por los habitantes de la Nación o a través de la defensoría del público.

21. En la nueva ley se deberá contemplar la normalización de los servicios de radiodifusión atendiendo a las necesidades de aquellos impedidos de acceder a una licencia por las exclusiones históricas de la ley 22.285 y la administración arbitraria de las frecuencias por parte del Estado nacional.